Historia
La
Congregación de las Hijas de Santa Ana es fundada por la Beata Ana
Rosa Gattorno, mujer fuerte que en su triple experiencia de esposa,
madre y fundadora encuentra la unidad del amor en total donación a
Dios y al prójimo.
Nace
en Génova Italia el 14 de Octubre de 1831. Es bautizada el ,mismo día
con el nombre de Rosa María Benedicta. A los 11 años hace la Primera
Comunión y el 19 de abril de 1843 recibe la Confirmación.
Dotada de una especial inclinación al bien, goza en la oración y en la
caridad hacia los pobres. Al fin de su adolescencia empieza a pensar
en su futuro, pues no faltan propuestas matrimoniales y a pesar de su
inclinación a la piedad, por obediencia a la voluntad de Dios
manifestada en su padre y en su confesor contrae matrimonio con
Jerónimo Custo el5 de Noviembre de 1852. Llega a ser madre de 3 hijos:
Carlota, Alejandro y Francisco. Queda viuda el 9 de Marzo de 1858 y se
dedica completamente al cuidado de sus hijos, de sus ancianos padres y
a las obras de misericordia.
El
mes de Febrero de 1864 después de un año de riguroso ayuno a pan y
agua, en el silencio de su cuarto, donde cada noche se sumerge en
profunda oración y meditación ante su "Sumo Bien", como llama al
Crucifijo, absorta en El, y casi sin darse cuenta de lo que hace
escribe y redacta una especie de Reglamento, dividido en pocos puntos
normativos; guarda el papel y continua rezando. Pasado el tiempo tiene
un extraño sentimiento, un impulso interior la lleva hacer algo no
bien definido paro necesario y estimulante.
Reza, pide luz, se asusta, mas no puede cerrar el corazón al impulso
interior y se dirige al Santo Padre para compartir su sentir y buscar
aliento.
Es
recibida en audiencia por el Papa IX el 3 de Enero de 1866, expone
cuanto el Señor le pide y toda su angustia para ejecutarlo: "Santidad
no puedo abandonar a mis hijos" expresa llorando, el Papa, como
reprochándolo afirma: "Si no haces la voluntad de Dios tendrá
remordimiento toda tu vida", Rosa en una arranque de generosidad
responde: "Santidad quiero hacer la voluntad de Dios". Es así que el 8
de Diciembre de 1866, obediente a la voz de Dios y a la del Papa funda
la Congregación de las Hijas de Santa Ana en Placencia, Italia.
De
su sí fueron engendrados en el corazón de la Iglesia otros "si",
tantos cuantos son las Hijas de Santa Ana en el mundo. La Familia
Religiosa de Rosa, como lo profetizó Pío IX se multiplica extiende
rápidamente por todo el mundo. Apenas a un año de la fundación
numerosas jóvenes piden entrar a la nueva Congregación, pero aún se
precisa un reglamento por lo cual la Madre pasa por indecibles e
interminables sufrimientos. Ayudada por la presencia de un doctor y
santo sacerdote, Padre Juan Bautista Tornatore, de la compañía de San
Vicente de Paul, obtiene la aprobación definitiva de la Santa Sede el
día de Santa Ana de 1892 con ocasión del 25 aniversario de su
vestición Religiosa.
En
1878 manda las Primeras Misioneras a Bolivia y de este modo la paloma
emprende su vuelo hasta posarse en lo 5 continentes. El 6 de Mayo de
1900 en Roma cumple su peregrinaje terreno.
Hoy
como nuevos brotes, las Hijas e Hijos de Santa Ana Contemplativos y
las Hijas de Santa Ana Seculares.
Por
sus virtudes heroicas, Madre Rosa Gattorno, el 9 de Abril del 2000 es
beatificada por el Papa Juan Pablo II, en Roma.
Nuestra espiritualidad
Arraigadas
por medio de la Santa Madre de María, en la espiritualidad de los
"Pobres de Yavhé", las Hijas de Santa Ana siguen a Cristo el "Pobre"
por excelencia, y contemplando a María - que "sobresale entre los
humildes y pobres del Señor" - viven su consagración en pobreza de
corazón que para ellas, más que la práctica de una virtud, es el modo
de ser, de vivir y de existir que califica su presencia en el mundo e
informa su estilo de vida familiar y apostólico. (Constitución H.S.A.
art. 6,b).
Insertada por tanto en la Espiritualidad Bíblica, "en un clima
familiar, determinado por una íntima comunión de oración y de vida,
las Hijas de Santa Ana viven las actitudes fundamentales de los
pobres, animadas por la fe, la esperanza y la caridad, en la sencillez
y prudencia, humilde y mansedumbre......" (Constitución art. 10,b).
Virtudes todas que se empeñan a vivir desde una específica óptica:
La
fe
como llamada de Dios que comporta profundizar el propio, cultivando el
compromiso de una alianza más íntima con Dios, creyendo en el mensaje
de su Palabra, acogiéndola y guardándola en su corazón, esforzándose
de descubrir en los acontecimientos cotidianos la voluntad de Dios.
La esperanza
como
vivencia de la presencia del Señor en la certeza gozosa de que Dios es
su única herencia, abandonándose a su amor y aceptando con gozo de
participar en el misterio pascual de Cristo.
La
caridad alcanzada por el amor del Padre, en Jesús, a través del
Espíritu, cumple la voluntad del Padre, busca su gloria, sirve a los
hermanos expresando el amor del Padre, cuya fuerza encuentra en la
oración en la Eucaristía y en la comunión fraterna.
La
sencillez que lleva
a la H.S.A. a pensar, hablar y actuar con rectitud y sinceridad,
huyendo toda ficción y astucia.
La
prudencia teniendo presente a Jesús cual criterio de
discernimiento, la lleva a juzgar según los criterios del Evangelio.
La
humildad que Jesús manifiesta en actitud filial con su
Padre, y en disponibilidad de servicio con sus hermanos, buscando los
últimos lugares y sirviendo a todos con bondad.
La
mansedumbre cual irradiación de la humildad expresa la
misericordia, la bondad, la paciencia, convencidas que sólo la bondad
desinteresada construye un mundo nuevo, libre de egoísmo y de orgullo.
Idea apostólica de la función
Las
formas para actuar la Pobreza evangélica en la Iglesia son
inagotables, como la multiforme acción del Espíritu Santo, el cual por
medio de la madre de María ha influido en el Instituto una
espiritualidad de espera en la segunda venida de Cristo centrada en la
Pobreza y expresada constantemente en una solicita y presurosa
DONACIÓN MATERNA. Por eso en el misterio de la Iglesia Virgen y
Madre, la Hija de Santa Ana virgen por su consagración a Dios con un
corazón indiviso, participa de la fecundidad espiritual de la Iglesia
resaltando lo más delicados matices del Rostro Materno de Dios: y como
Ana y María capaz de engendrar a Cristo en el corazón de los hombres,
se dona en el sacrificio silencioso y escondido hasta haciéndose
víctima de su donación.
La
presencia de Ana que fue premiada con la más dichosa de las
maternidades; bajo su guía y presencia materna, la Congregación no es
otra cosa que la prolongación de la familia que Ella formó junto a
Joaquín y María. Por eso las Hijas de Santa Ana están llamadas a vivir
en un ESPÍRITU DE FAMILIA estrechando vínculos de amistad en la
caridad fraterna, alimentando la esperanza de alcanzar un mismo
ideal.
Madre Rosa aceptando y viviendo intensamente este Don de Dios desea
que el Instituto en fidelidad a este llamado:
-
Trabaje por el incremento de la Santa Fe.
-
De
la vida para hacer conocer y amar a Dios por todo el mundo
·
Por
aquellos que no lo conocen
·
Por
aquellos que habiéndolo conocido se han alejado de El
·
Por
aquellos que lo aman para que aumenten su favor y se santifiquen.
-
Sirva a Jesús en las más pobres, concretamente en los abandonados,
enfermos, miserables, los niños abandonados, las niñas en peligro y
niños del pueblo; ofreciéndoles la enseñanza de la fe a servicio de
su conversión y de cuanto los haga personas realizadas, buenos
cristianos y buenos ciudadanos.
-
Reaviva la fe, ore, trabaje, y ofrezca por la conversación de los
pecadores.
-
Vaya a misiones para llevar la Palabra de Dio, la enseñanza de la
Iglesia, catequizar a los pueblos enseñando a amar, conocer y
venerar al verdadero Dios, a la Iglesia y a su Vicario.
-
Trabaje ahí conde las exigencias del Reino de Dios las llame
privilegiando a los Iglesias y zonas pobres de presencia religiosa.
Por
lo tanto las hijas de Santa Ana en el mundo se dedican a las diversas
obras que nacieron desde los orígenes y muy disponibles a las nuevas
formas de servicio que el cambio social - eclesial requiere en el
sector socio - sanitario, socio - educativo, misionero, como: enfermos
de VHS, drogadictos, jóvenes desorientados cuidando así de la vida en
todas sus manifestaciones, en sintonía con las raíces del Carisma.
Servicio a la Iglesia particular
En
nuestro empeño de " colaborar en la Iglesia y con la Iglesia en la
obra salvífica " (Artículo 1º Constitucional). Y de cultivar nuestra
maternidad a imitación de Santa Ana la madre de la Inmaculada, como
María la madre de Jesús, buscamos:
En
los diversos servicios que prestamos, que los interlocutores se
sientan integrados en la comunidad eclesial, empeñados en la
edificación de la Iglesia y por la dilatación del reino de Dios en su
propio ambiente.
De
responder a las exigencias de la parroquia colaborando en algunos
servicios pastorales como en la:
a)
Pastoral Familiar:
Se promueve y organizan encuentros formativos sobre la base de
situaciones comunes que facilitan a las familias ayudarse
recíprocamente a descubrir el plan de Dios sobre ellas y a asumir las
repercusiones del Evangelio en la vida familiar y comunitaria se a
nivel zonal de la parroquia como con las familias de los niños del
proyecto "Adopción a Distancia" promovido por la Congregación.
b)
Pastoral
Juvenil Vocacional: Se tiende a acompañar y a comprometer a
los jóvenes para hacerlos crecer como discípulos de Cristo, al
servicio los unos de los otros y de la comunidad, cual elección
fundamental del ser cristiano y fundamento de toda elección vocacional
y especifica.
c)
Pastoral
Catequética: Se participa en la catequesis de niños y de
adolescentes con encuentros semanales comprometiendo a los padres con
encuentros periódicos y donde es posible preparándolos a ser
catequistas de sus propios hijos.
d)
Pastoral
Ministerial: Se colabora en la formación de laicos a
ministerios específicos, como la de los catequistas.
e)
Pastoral
Carismática: Se acompaña a grupos del "Movimiento de la
Esperanza" que participan de nuestro carisma fundacional y se les
ayuda a comprometerse como miembros vivos de la Iglesia doméstica y
parroquial.
f)
Pastoral
Social: Se asiste a personas de la tercera edad ayudándolas a
vivir esta etapa de su vida con serenidad y esperanza.
Casa de Formación
Calle Fray Nicolás de Zamora 69
Tel. (442) 225-27-93
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