DIGNITAS PERSONAE

Intervención en la presentación de la Instrucción en el Hospital del Sagrado Corazón.


Pbro. Dr. Javier Coellar Ríos

Es un vivo placer el que el que experimentamos seguramente en estos momentos al vernos rodeados de un grupo tan selecto de personalidades del campo católico para presentar y tomar el compromiso de difundir la valiosa instrucción Dignitas Personae sobre algunas cuestiones de Bioética, de la Congregación de la Doctrina de la Fe

Es un hecho que en los últimos años las ciencias biomédicas han avanzado de forma considerable. Estos avances han abierto nuevas perspectivas, pero también han suscitado serios interrogantes que no fueron explícitamente afrontados en ciertos documentos magisteriales como la Instrucción Donum vitae (22 de febrero de 1987), Encíclica Evangelium vitae, sobre el valor inviolable de la vida humana (25 de marzo de 1995). Después de un par de décadas el documento Dignitas personae (8 septiembre de 2008) constituye una referencia ética esencial para todos y en especial a los profesionales de los distintos ámbitos sanitarios, ya que en él se incluyen serias afirmaciones en sus tres partes fundamentales:

Primera parte: recuerda algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de importancia fundamental

Segunda parte: afronta problemas relativos a la protección donde se enmarcan las técnicas de asistencia a la fertilidad, la fecundación in vitro o el congelamiento de embriones

Tercera parte: examina nuevas propuestas terapéuticas que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano, como son la terapia génica, la utilización del “material biológico” humano de origen ilícito, o el uso terapéutico de las células troncales.

  • A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de la persona. Este principio fundamental, que expresa un gran “sí” a la vida humana, debe ocupar un lugar central en la reflexión ética sobre la investigación biomédica.

  • Las culturas humanas y las tradiciones religiosas y culturales, en las que se inscribe el documento, muestran generalmente una gran reverencia por la vida.

  • En nuestro tiempo se olvida que las personas enfermas o minusválidas no son una especie de categoría aparte. Es necesario eliminar las barreras culturales, económicas y sociales que socavan el pleno reconocimiento y la tutela de las personas minusválidas y enfermas.

  • Para examinar las nuevas cuestiones se han tenido siempre presentes los aspectos científicos correspondientes, aprovechando los estudios llevados a cabo por la Pontificia Academia para la Vida y las aportaciones de un gran número de expertos, para confrontarlos con los principios de la antropología cristiana.

  • La Instrucción está dirigida a los fieles cristianos y a todos los que buscan la verdad. Cuando la Iglesia propone principios y valoraciones morales para la investigación biomédica sobre la vida humana, se vale de la razón y de la fe, contribuyendo así a elaborar una visión integral del hombre y de su vocación, capaz de acoger todo lo bueno que surge de las obras humanas y de las tradiciones culturales y religiosas, que frecuentemente muestran una gran reverencia por la vida.

  • Se trata por tanto de una "Instrucción y naturaleza doctrinal" emanada por la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobada expresamente por el Santo Padre Benedicto XVI. La Instrucción pertenece pues a los documentos que "participan del magisterio ordinario del Sumo Pontífice", que ha de ser acogido por los fieles "con asentimiento religioso"

La nueva palabra que la Iglesia acaba de pronunciar sobre algunas cuestiones de bioética no es, como pudiera parecer, (como inicia la conclusión) una mera colección de negativas. Quienes lean la Instrucción en su integridad lo podrán comprobar mejor. Lo verdaderamente negativo es la aplicación de unas técnicas que abusan del ser humano y que le niegan su dignidad de persona, siempre con el pretexto de mejorar la vida y de curar. La palabra del documento viene a desenmascarar los pretextos y las falacias. “Detrás de cada “no” brilla, en las fatigas del discernimiento entre el bien y el mal, un gran “sí” al reconocimiento de la dignidad y del valor inalienable de cada singular e irrepetible ser humano llamado a la existencia” (37).

El documento otorga una enorme relevancia al embrión, para quien se pide el respeto debido a su condición humana. De esta afirmación, se deduce que no todo lo que puede hacerse en investigación biomédica es ético. De ahí que algunas prácticas y técnicas no sean conformes con la dignidad humana. Es el caso de la fecundación in vitro y la clonación de embriones o células embrionarias en las que el ser humano, en lugar de ser procreado, es producido. Además, estas técnicas comportan la manipulación, congelación o destrucción de numerosos embriones, es decir de seres humanos que se encuentran en las primeras fases de su desarrollo.

El documento del Vaticano constituye un mensaje esencial a los profesionales de la ciencia y la práctica médica para ponerse al servicio de la fragilidad del hombre, para curar enfermedades, aliviar el sufrimiento y extender los cuidados necesarios a toda la humanidad.

Tiene entre sus principios inspiradores el de la existencia de vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. Por tanto, los avances de las nuevas tecnologías biomédicas deben siempre ir orientadas hacia el reconocimiento de la dignidad humana en cualquier etapa de su desarrollo. La rapidez de los progresos científicos no pueden desviar la ética ni la ciencia hacia la cosificación de las personas, despojándolas de toda dignidad humana. Estas afirmaciones cobran especial relevancia en la nuestra sociedad actual ya que nuestra legislación se está convirtiendo en sumamente agresiva en contra de la vida (aborto, reproducción asistida, eutanasia).

De la lectura del texto emerge la necesidad de una “urgente movilización de las conciencias en favor de la vida”, y las razones por las que la Iglesia –desde la razón y la fe– promueve esta defensa de la dignidad humana. El texto concluye con unas conocidas palabras en las que Juan Pablo II comparaba la defensa de los que hoy no tienen voz con la que hizo la Iglesia en el pasado: “Así como hace un siglo la clase obrera estaba oprimida en sus derechos fundamentales, y la Iglesia tomó su defensa con gran valentía, proclamando los derechos sacrosantos de la persona del trabajador, así ahora, cuando otra categoría de personas está oprimida en su derecho fundamental a la vida, la Iglesia siente el deber de dar voz, con la misma valentía, a quien no tiene voz”. Carta a todos los Obispos de la Iglesia sobre la intangibilidad de la vida humana (19 de mayo de 1991).

En un mundo que parece haber perdido el sentido de la dignidad de la persona, la bioética católica hace un eco de un anuncio profético e imperativo y hace sentir su voz de defensa de la vida humana en toda circunstancia y en toda condición. Respetar la vida humana es un compromiso fundamental de todos nosotros, porque ha sido puesta por el Creador en nuestras manos, confiada a nuestra responsabilidad, a nuestra sabiduría y a nuestro amor.

Muchas gracias.

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