El Concilio Vaticano II nos enseña que: “La
Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho
con el cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia,
nunca ha dejado de tomar y repartir a los fieles el pan de vida que
ofrece la mesa de la palabra de Dios y del cuerpo de Cristo” (DV
21).
La Iglesia crece y se construye al escuchar la
palabra de Dios... Dios, a su vez, se vale de la comunidad de fieles
que celebran la Liturgia, para que su palabra se propague y sea
conocida y su nombre sea alabado por todas las naciones.
Todo el año litúrgico, pero sobre todo en los tiempos de Pascua, de
Cuaresma y de Adviento, la selección y distribución de las lecturas
tiende a que, de modo gradual, los cristianos conozcan más
profundamente la fe que profesan y la historia de la salvación.
La lectura del evangelio para los domingos y fiestas
se propone en un ciclo de tres años. Cada año va marcado por una de
las letras A, B, C. Todos aquellos años que son múltiplos de 3
llevan la letra C, haciendo de cuenta que el primer ciclo comenzó
con el primer año de la era cristiana. Tendremos entonces que el año
1 sería A; el año 2, B; el año 3, C. Los ciclos se cuentan a partir
de la primera semana de Adviento que cae a fines del año civil
precedente. El ciclo A tiene como característica la lectura de
Mateo; el B, la de Marcos; el C, la de Lucas.
El año litúrgico que ahora comenzamos está marcado
con la letra A, por tanto, el evangelio dominical que se ha de leer
será el de san Mateo. Para lograr una buena interpretación del
texto, conviene que tengamos en cuenta de manera sencilla pero
clara, algunos elementos particulares del evangelista y la comunidad
a la que escribe.
1. Evangelio de san Mateo
La tradición declara que el autor del El evangelio de
san Mateo, es el publicano de Cafarnaún llamado Leví, convertido en
uno de los doce (Mt 9,9). Sin embargo, los datos del mismo evangelio
apoyan más la suposición de que su autor fue un cristiano
perteneciente a la segunda generación, que conocía la lengua griega,
y que estaba muy bien familiarizado con el Antigua Testamento.
Escribe el evangelio en lengua griega, hacia los años 80-90 d. C.,
en medio de las comunidades de Siria-Palestina, quizás en Antioquia
de Siria. Este evangelio tiene un carácter catequético, fue el más
leído y comentado en los primeros siglos de la Iglesia. Contiene, al
igual que san Marcos, las grandes des líneas de la vida de Jesús,
pero alterna los relatos con los discursos. San Mateo reproduce de
manera más completa que san Marcos la enseñanza de Jesús (elemento
en común con san Lucas), e insiste en el tema del “reino de los
Cielos”.
2. La comunidad de san Mateo
Es una comunidad de la segunda generación de
cristianos, uno de sus principales problemas era la organización
interna. Es una comunidad compuesta especialmente por cristianos
procedentes de judaísmo que conocen bien la Escritura. El
evangelista al componer su obra, quiere dar respuesta a los
problemas con los que se enfrentaba aquella comunidad:
Hacia el exterior,
la comunidad vive un enfrentamiento con el judaísmo. El capítulo 23
es un pasaje propio de san Mateo en el que se marcan las diferencias
entre los cristianos y los fariseos, y se hace una descripción
descalificadora del comportamiento de los fariseos. Existe un
enfrentamiento y ruptura entre la Iglesia cristiana y la Sinagoga
judía. Es evidente que la situación que se refleja en este y muchos
otros pasajes, va más allá del enfrentamiento de Jesús con los
maestros de la ley y los fariseos de su tiempo, o con los jefes de
los sacerdotes, quienes representan a los judíos del año 80 con los
que se enfrenta la comunidad del evangelista.
Algunas comunidades cristianas que después de la
resurrección continuaban unidas de alguna manera al judaísmo, poco a
poco se fueron diferenciando de él, y adquirieron una fisonomía
propia. Después de la destrucción Jerusalén y su templo en el año 70
d. C., el judaísmo que había sido mucho más plural, se replegó sobre
el grupo de los fariseos y maestros de la ley, adoptando una postura
intransigente con los demás grupos judíos, y muy especialmente con
los cristianos, que fueron expulsados de las sinagogas e incluso
perseguidos. La comunidad a la que se dirige san Mateo ha roto ya
definitivamente con el judaísmo, es una ruptura que va acompañada de
un enfrentamiento polémico. El evangelista quiere mostrar que en la
persona y en la obra de Jesús se realiza el cumplimiento de todas
las Escrituras.
Hacia el interior,
la situación interna de la comunidad era también problemática. Se
estaba acabando el entusiasmo de los primeros años, algunos se
habían dejado atrapar por los criterios de este mundo (Mt 24,42-44);
además el retraso de la venida del Señor obligaba a los discípulos a
vivir según el ejemplo de Jesús, y la Iglesia tenía que organizarse.
Al principio, los integrantes de la comunidad eran en su mayoría de
origen judío, pero después la mayoría estaba constituida por
cristianos de origen pagano. Estos dos grupos se reflejan en el
relato de la infancia de Jesús, cuando presenta la figura de José y
la de los magos. José aparece en todo momento como el judío justo,
que ha sabido acoger a Jesús sin ser infiel a la ley de Moisés
(Mt 1,18-25); los magos, por su parte, representan a los paganos,
que se han puesto en camino, han descubierto a Jesús a través de los
judíos, y han venido a adorarlo (Mt 2,1-12). Los paganos son siempre
presentados de forma positiva en este evangelio: el centurión y la
mujer pagana a quienes Jesús alaba por su fe (Mt 8,5-13; 15,21-28).
La composición plural de la comunidad se refleja
también en las diferentes posturas ante la interpretación de la ley
de Moisés. Algunos pensaban que la interpretación que hacían los
maestros de la ley ya no era válida (Mt 5,17-48; 15,1-20), otros la
aceptaban con algunas reservas (Mt 23,1-7). Sobre la misión, para
algunos , el anuncio del evangelio sólo era para los miembros del
pueblo de Israel (Mt 10,5-6; 15,24), otros pensaban que, al rechazar
el mensaje los judíos, había llegado la hora de anunciar la buena
nueva a todos los pueblos (Mt 28,18-20). Algunos se preocupaban de
la observancia sólo externa de los preceptos (Mt 15,1-20), otros
ponían todo su empeño en la mera alabanza (Mt 7,21-23).
Mateo en su evangelio trata de hallar un punto de
encuentro, reunió diversas tradiciones, presentando a Pedro como el
gran maestro que recibe en diversas ocasiones una instrucción
especial de Jesús (Mt 16,16-19; 17,24-27), por tanto, puede servir
de árbitro en caso de discusión.La comunidad tenía la tentación de
seguir la estructura de poder de las sinagoga judías, donde los
diferentes puestos establecían una jerarquía entre sus miembros.
Mateo advierte a su comunidad sobre ese peligro (Mt 23,1-7), y
propone una organización alternativa, siguiendo el modelo de las
relaciones familiares, en las que se practicaba la solidaridad
recíproca. La comunidad cristiana no es una pirámide de poder y
privilegios, es una fraternidad en la que todos se sienten hermanos,
hijos de un mismo Padre (Mt 23,8-12).
3. El mensaje de san Mateo
Mateo responde la situación que estaba viviendo su
comunidad mostrando que Jesús es el Mesías, explicando que la
Iglesia ha heredado la misión de Israel, e invitando a los
cristianos a vivir según las enseñanzas de Jesús. Su evangelio puede
caracterizarse como una instrucción narrativa sobre la venida del
reino de los Cielos. Recurre frecuentemente a los textos del Antiguo
Testamento para probar que la Ley y los Profetas se cumplen, no sólo
se realizan en cuanto se esperaba, sino que alcanzan una perfección
que los corona y los supera. Se aplica una interpretación nueva y
más interior.
Para san Mateo Jesús es el Hijo de Dios y Dios
con nosotros desde el principio, el “Emmanuel”. El título de Hijo de
Dios aparece en los momentos decisivos del relato: el bautismo
(3,17); la confesión de fe de Pedro (16,16); la transfiguración
(17,5); el proceso de Jesús y su crucifixión (26,63). Unido a éste
título está otro, Hijo de David que aparece diez veces en
virtud del cual Jesús aparece como el nuevo Salomón, sabio y
curador. Jesús habla como la sabiduría encarnada (11,25-30). El
título de Hijo del Hombre proviene del libro de Daniel (4,17;
7,13-14) se encuentra en estrecha relación con el tema del reino.
Este reino de los Cielos (de Dios) ha sido
preparado y anunciado por la antigua alianza; debe establecer entre
los hombres la autoridad soberana de Dios como Rey finalmente
reconocido, servido y amado. El anuncio de la venida del reino
comporta una conducta humana que se expresa en la búsqueda de la
justicia y la obediencia de la Ley. La justicia es la
respuesta humana de obediencia a la voluntad del Padre (3,15;
5,6.10; 6,1; 21,32).
La
Ley (Torá), mosaica queda afirmada (5,17-20), pero la
interpretación que le dan los fariseos ya no vale, sino la que da
Jesús, , quien insiste sobre todo en los preceptos éticos, en el
Decálogo y en los grandes mandamientos del amor a Dios y al prójimo.
En san Mateo se distingue un interés explícito por
la Iglesia (16,18; 18,17) la comunidad de creyentes, a la que
procura dar principios de conducta y jefes autorizados. Mateo no se
hace ninguna ilusión respecto de la Iglesia. El que menos se piensa
puede claudicar, los profetas pueden decir mentira (7,15), en la
Iglesia santos y pecadores se hayan mezclados (13,33-43; 22,11-14;
25). No obstante la Iglesia es enviada en misión al mundo entero
(28,18-20). Los rechazados del antiguo Israel (21, 31-32) junto con
los gentiles convertidos, se convierten en el nuevo pueblo de Dios
(21,43).
Es comprensible que este evangelio tan completo y
también estructurado, fue recibido y utilizado con predilección por
la Iglesia naciente.