1. LECTURA DEL EVANGELIO (Mt
24,37-44)
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos: ‘Así como sucedió en tiempos de Noé, así también
sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la
gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el
arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a
todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces,
de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro
será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una
será tomada y la otra dejada. Velen, pues, estén preparados, porque
no saben que día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un
padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría
vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa.
También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo
piensen, vendrá el Hijo del hombre’.”
Esta parte del evangelio de san Mateo
es parte del último discurso, describe la conducta de vida que
prevalecerá entre los hombres el día que venga el “Hijo del hombre”.
En consecuencia exhorta a los cristianos a estar vigilantes para no
ser sorprendidos.
Jesús se aplica a sí mismo el título
de “Hijo del hombre”, término semítico utilizado por el profeta
Daniel (7,13-14), es un título que designa a un ser celeste al que
se le dará el Reino de Dios, se le identifica con el Mesías. De esta
manera Jesús actualiza en su persona esta profecía. La venida del
“Hijo del hombre” será la parusía, la llegada de Jesús que vendrá
por segunda vez en un futuro glorioso para instaurar el reino
definitivo y eterno (1Tes 4,16-17).
El día que Jesús venga por segunda
vez, será como en los días de Noé. La gente estará ocupada en sus
quehaceres cotidianos, no especifica aquí que sean acciones
pecaminosas, aunque en el contexto del diluvio sabemos que la gente
se había dado a toda clase de pecados sin escuchar a Dios. Su falta
consistía en no prestar atención al peligro inminente. También
cuando venga Jesús la mayoría de la gente ni siquiera sospechará la
catástrofe que se le viene encima. Se previene a los discípulos
contra el interés por los asuntos del mundo que hace olvidar la
parusía.
Cuando venga el “Hijo del hombre” un
hombre será tomado y uno dejado, una mujer será tomada y otra
dejada. Dos hombre trabajan la tierra o dos mujeres muelen trigo,
tienen la misma ocupación y exteriormente parecen iguales, sólo Dios
conoce la diferencia y lo pondrá de manifiesto en la parusía. La
venida de Jesús supondrá un discernimiento, aquellos que no estén
preparados perecerán como ocurrió en el diluvio, Jesús llevará
consigo a quienes están dispuestos para ello.
Ante este desconocimiento del día y
de la hora, la única actitud posible es estar en vela y preparados.
Noé estaba preparado porque escuchó la voz de Dios, y aunque el
diluvio llegó de improviso no lo sorprendió. Jesús llegará sin
previo aviso como el ladrón en la noche (1Tes 5,2). Al padre que
vigila su casa no le tomará desapercibido el ladrón que también
llega de improviso. Los dos ejemplos insisten en el descuido de los
contemporáneos de Noé y del amo de la casa; en la llegada imprevista
del diluvio y del ladrón, y en la ruina que provocan ambos
acontecimientos. Lo mismo le sucederá a la comunidad cristiana si,
confiada en la tardanza de su Señor, se descuida y deja de estar
vigilante.
2. REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE
DIOS
Nos preguntamos: ¿Qué dice a mi vida la Palabra de
Dios? ¿Qué cuestionamientos nos hace?
Debemos situarnos en el tiempo
litúrgico que estamos iniciando, el tiempo de “adviento”. Adviento
es una palabra que viene del latín “adventus”, que significa
“venida”. Con el adviento iniciamos un nuevo año litúrgico, en este
tiempo Iglesia nos invita a prepararnos para celebrar con alegría el
nacimiento de Jesús en Belén. Sin embargo, los dos primeros domingos
del adviento nos invitan a dirigir nuestra mirada al final de los
tiempos, cuando venga por segunda vez el Señor Jesús como Juez
glorioso lleno de poder.
En este domingo el evangelio nos
habla de la segunda venida de Jesucristo, quien “vendrá con gloria
para juzgar a vivos y a muertos y su reino no tendrá fin”, como
rezamos en el credo. Cuando Jesús vino por primera vez, nació y
vivió como hombre sin dejar de ser Dios (como Hijo de hombre), con
sus palabras y sus señales milagrosas hizo presente entre nosotros
el Reino de Dios; con su pasión, muerte y resurrección nos alcanzó
el perdón de nuestros pecados, nos dio la salvación. En el presente
nos toca a cada uno aceptar y vivir esa salvación, de esa manera
nos preparamos para el encuentro futuro y la salvación definitiva,
que nos dará cuando vuelva por segunda vez.
La segunda venida “adviento” es una
certeza, Jesús lo anuncia en el evangelio. Pero nadie sabe ni el día
ni la hora en que llegará. En la comunidad a la que escribe san
Mateo veían que la segunda venida de Jesús se retrasaba, había por
parte de los cristianos abandono, dejadez, rutina y enfriamiento de
la fe. Creo que esto mismo sucede en nuestros días, agregando algo
todavía más grave, hoy se vive una gran indiferencia religiosa. Cada
persona está metida en sus asuntos particulares, muchas veces
ocupados sólo de negocios materiales sin dirigir la mirada a las
cosas del cielo que son las que tienen consistencia eterna. Es
necesario un profundo discernimiento cotidiano que nos lleve a
descubrir la presencia de Dios que actúa todos los días de nuestra
vida.
El consejo que Jesús nos da este
domingo es a estar vigilantes y preparados, para que cuando llegue
de repente como un ladrón no nos encuentre desprevenidos. Lejos de
asustarnos con la llegada de Jesús debemos fortalecer nuestra
esperanza, y mientras llega es necesario vivir según sus enseñanzas.
La comunión final con Jesús que es nuestra vocación, la vivimos
desde ahora por la oración, la vivencia de los sacramentos y la
caridad con los necesitados. Aprovechemos este tiempo tan hermoso de
las fiestas navideñas para renovar nuestra fe y vivir la caridad.
3. A QUÉ ME COMPROMETE LA PALABRA
QUE HE ESCUCHADO
-
¿Qué cambios debo hacer en mi vida,
para vivir la enseñanza del evangelio?
-
Participar en
algún retiro o reflexión, que me ayude a vivir este tiempo de
preparación a celebrar cristianamente la navidad.
-
Hacer una buena
confesión de mis pecados, motivado por el deseo verdadero de vivir
un proceso de conversión.
-
Si tengo algún
vicio o una actitud negativa, buscar los medios necesarios y
adecuados para lograr la superación.
-
Ayudar con
generosidad, a aquellas personas que tienen algún vicio o
adicción, siendo comprensivos y tolerantes.
-
Vivir la
caridad cristiana compartiendo mis bienes si fuera necesario, con
las personas más pobres.
-
Participar con
entusiasmo y constancia en la celebración eucarística dominical.
-
Intensificar la
oración personal y familiar en nuestros hogares, haciendo crecer
el amor y la fraternidad.
-
Visitar a los
enfermos para fortalecer su fe y su esperanza en la vida eterna
con Cristo.
4. ORACIÓN FINAL (Salmo 94)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos
salva;
entremos a su presencia dándole
gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la
tierra,
son suyas las cumbres de los
montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus
manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador
nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en
Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron
a prueba
y dudaron de mí, aunque habían
visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y
dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre y al Hijo y al
Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén.