DOMINGO I DE ADVIENTO CICLO “A”


Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma

 

1. LECTURA DEL EVANGELIO (Mt 24,37-44)

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Así como sucedió en tiempos de  Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada. Velen, pues, estén preparados, porque no saben que día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre’.” 

Esta parte del evangelio de san Mateo es parte del último discurso, describe la conducta de vida que prevalecerá entre los hombres el día que venga el “Hijo del hombre”. En consecuencia exhorta a los cristianos a estar vigilantes para no ser sorprendidos. 

Jesús se aplica a sí mismo el título de “Hijo del hombre”, término semítico utilizado por el profeta Daniel (7,13-14), es un título que designa a un ser celeste al que se le dará el Reino de Dios, se le identifica con el Mesías. De esta manera Jesús actualiza en su persona esta profecía. La venida del “Hijo del hombre” será la parusía, la llegada de Jesús que vendrá por segunda vez en un futuro glorioso para instaurar el reino definitivo y eterno (1Tes 4,16-17). 

El día que Jesús venga por segunda vez, será como en los días de Noé. La gente estará ocupada en sus quehaceres cotidianos, no especifica aquí que sean acciones pecaminosas, aunque en el contexto del diluvio sabemos que la gente se había dado a toda clase de pecados sin escuchar a Dios. Su falta consistía en no prestar atención al peligro inminente. También cuando venga Jesús la mayoría de la gente ni siquiera sospechará la catástrofe que se le viene encima. Se previene a los discípulos contra el interés por los asuntos del mundo que hace olvidar la parusía. 

Cuando venga el “Hijo del hombre” un hombre será tomado y uno dejado, una mujer será tomada y otra dejada. Dos hombre trabajan la tierra o dos mujeres muelen trigo, tienen la misma ocupación y exteriormente parecen iguales, sólo Dios conoce la diferencia y lo pondrá de manifiesto en la parusía. La venida de Jesús supondrá un discernimiento, aquellos que no estén preparados perecerán como ocurrió en el diluvio, Jesús llevará consigo a quienes están dispuestos para ello. 

Ante este desconocimiento del día y de la hora, la única actitud posible es estar en vela y preparados. Noé estaba preparado porque escuchó la voz de Dios, y aunque el diluvio llegó de improviso no lo sorprendió. Jesús llegará sin previo aviso como el ladrón en la noche (1Tes 5,2). Al padre que vigila su casa no le tomará desapercibido el ladrón que también llega de improviso. Los dos ejemplos insisten en el descuido de los contemporáneos de Noé y del amo de la casa; en la llegada imprevista del diluvio y del ladrón, y en la ruina que provocan ambos acontecimientos. Lo mismo le sucederá a la comunidad cristiana si, confiada en la tardanza de su Señor, se descuida y deja de estar vigilante. 

 

2. REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS 

 

Nos preguntamos: ¿Qué dice a mi vida la Palabra de Dios? ¿Qué cuestionamientos nos hace?

Debemos situarnos en el tiempo litúrgico que estamos  iniciando, el tiempo de “adviento”. Adviento es una palabra que viene del latín “adventus”, que significa “venida”. Con el adviento iniciamos un nuevo año litúrgico, en este tiempo Iglesia nos invita a prepararnos para celebrar con alegría el nacimiento de Jesús en Belén. Sin embargo, los dos primeros domingos del adviento nos invitan a dirigir nuestra mirada al final de los tiempos, cuando venga por segunda vez el Señor Jesús como Juez glorioso lleno de poder.  

En este domingo el evangelio nos habla de la segunda venida de Jesucristo, quien “vendrá con gloria para juzgar a vivos y a muertos y su reino no tendrá fin”, como rezamos en el credo. Cuando Jesús vino por primera vez, nació y vivió como hombre sin dejar de ser Dios (como Hijo de hombre), con sus palabras y sus señales milagrosas hizo presente entre nosotros el Reino de Dios; con su pasión, muerte y resurrección nos alcanzó el perdón de nuestros pecados, nos dio la salvación. En el presente nos toca a cada uno aceptar  y vivir esa salvación, de esa manera nos preparamos para el encuentro futuro y la salvación definitiva, que nos dará cuando vuelva por segunda vez. 

La segunda venida “adviento” es una certeza, Jesús lo anuncia en el evangelio. Pero nadie sabe ni el día ni la hora en que llegará. En la comunidad a la que escribe san Mateo veían que la segunda venida de Jesús se retrasaba, había por parte de los cristianos abandono, dejadez, rutina y enfriamiento de la fe. Creo que esto mismo sucede en nuestros días, agregando algo todavía más grave, hoy se vive una gran indiferencia religiosa. Cada persona está metida en sus asuntos particulares, muchas veces ocupados sólo de negocios materiales sin dirigir la mirada a las cosas del cielo que son las que tienen consistencia eterna. Es necesario un profundo discernimiento cotidiano que nos lleve a descubrir la presencia de Dios que actúa todos los días de nuestra vida. 

El consejo que Jesús nos da este domingo es a estar vigilantes y preparados, para que cuando llegue de repente como un ladrón no nos encuentre desprevenidos. Lejos de asustarnos con la llegada de Jesús debemos fortalecer nuestra esperanza, y mientras llega es necesario vivir según sus enseñanzas. La comunión final con Jesús que es nuestra vocación, la vivimos desde ahora por la oración, la vivencia de los sacramentos y la caridad con los necesitados. Aprovechemos este tiempo tan hermoso de las fiestas navideñas para renovar nuestra fe y vivir la caridad.

 

 

3. A QUÉ ME COMPROMETE LA PALABRA QUE HE ESCUCHADO

  • ¿Qué cambios debo hacer en mi vida, para vivir la enseñanza del evangelio?  

  • Participar en algún retiro o reflexión, que me ayude a vivir este tiempo de preparación a celebrar cristianamente la navidad.

  • Hacer una buena confesión de mis pecados, motivado por el deseo verdadero de vivir un proceso de conversión.

  • Si tengo algún vicio o una actitud negativa, buscar los medios necesarios y adecuados  para lograr la superación.

  • Ayudar con generosidad, a aquellas personas que tienen algún  vicio o adicción, siendo comprensivos y tolerantes.

  • Vivir la caridad cristiana compartiendo mis bienes si fuera necesario, con las personas más pobres.

  • Participar con entusiasmo y constancia en la celebración eucarística dominical.

  • Intensificar la oración personal y familiar en nuestros hogares, haciendo crecer el amor y la fraternidad.

  • Visitar a los enfermos para fortalecer su fe y su esperanza en la vida eterna con Cristo.

 

4. ORACIÓN FINAL (Salmo 94) 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

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