"Turris fortissima nomen Domini ad ipsam cucurrit iustus, et exaltabitur"


Directorio


6 de Agosto del 2006


 

C O M U N I Ó N     Q U E R É T A R O

Servicio Informativo de la Diócesis de Querétaro

Santiago de Querétaro, Qro., 6 de agosto de 2006 / Fiesta de la Transfiguración del Señor

N° 442 Año 8 Director: Pbro. Francisco F. Gavidia Arteaga


OPINIÓN

Voz sacerdotal: La Verdad de la Palabra Amor

Para pensar: Transfiguración

Rincón de los jóvenes: Jóvenes Incomprendidos

Suele suceder: Paz Perfecta


Voz sacerdotal...

LA VERDAD DE LA PALABRA AMOR

Creo que la palabra Amor es una de las palabras que más utilizamos en nuestro vocabulario, y quizás también la que muchas veces «más mal utilizamos».

Cuántas veces se coloca la palabra «amor» a situaciones o cosas que no tienen nada que ver con la verdadera realidad de lo que significa.

Hay quienes hablan incluso de «pecados de amor», pero en realidad si hablamos de pecado, se podrá hablar de «falta de amor», porque no se ama o por allí se ama mal. Pero no me imagino nunca que se pueda hablar de pecado de amor, como si se hubiera amado demasiado, ya que el verdadero amor es el que ama totalmente y para siempre, y eso está muy lejos de ser un «pecado» en todo caso.

No debemos tener miedo de hablar de la palabra Amor, pero en lo que realmente significa, no sólo en una parte de lo que abarca o en un sentido muchas veces desviado.

Como Iglesia nunca debemos dejar de hablar del Amor, si bien es muy difícil hacerlo, y mucho más mostrarlo, ya que el Amor no es sólo cuestión de palabras, de sentimientos solamente, de «hacerlo» como también muy mal se utiliza para referirse a una de las expresiones del Amor. El amor es algo que se trasmite por la propia experiencia, por la vida, por ese saber «darse» sin esperar nada a cambio.

En estos tiempos en muchos de nuestros países se habla de «educación sexual», incluso muchas veces atacando a la misma Iglesia que, dicen, no quiere «debatir sobre este tema», y no es así, hace mucho tiempo que desde la Iglesia venimos hablando sobre el tema, pero no sólo para referirnos a lo que en definitiva queda reducido a una genitalidad, con sus intereses mezquinos, sino que hablamos de «Educación para el Amor», y no reducimos al Amor a sólo una expresión de placer, donde muchas veces se centra la atención en el «todo vale».

El «arte de amar» es muy grande y muy difícil de vivir y practicar, y sin embargo se habla muy poco en profundidad del tema, y muchas veces queda reducido al «mal uso» que hacemos del «término».

Hay que saber distinguir entre «amor» y «afecto sensible» que puedo tener a un persona, ya que «amar» es buscar la plena felicidad del que amo, siendo un don, un darse, y no pedir ni esperar nada a cambio. El afecto sensible muchas veces está lleno de lo que «siento» por el otro y de lo que «me puede dar».

El Amor verdadero es sólo entendido desde Dios, que ha creado al hombre para «su gloria», pero debemos entender bien cuál es la «gloria» de Dios, que no es otra cosa que la Felicidad del Hombre, por eso el profundo y verdadero amor no puede estar más que en la entrega al otro, buscando que «el otro» sea plenamente feliz. 

Padre Oscar Pezzarini


Para Pensar...

TRANSFIGURACIÓN

Transfigurar al hombre es mostrar su dignidad y reconocer la dignidad de los otros, es mostrarnos los unos y los otros como hermanos e hijos del Padre. Sólo en la cumbre de la fraternidad, el auténtico objetivo de toda la historia humana, sólo en el amor por encima de la simple justicia -¡nunca por debajo de ella o al margen!- puede resplandecer un día la auténtica gloria y la dignidad del hombre, de todos los hombres. No basta con la igualdad, tan lejos todavía. Hace falta el amor. Porque el hombre sólo da la medida cuando es hombre con el hombre, cuando es un hombre para todos los hombres y no un depredador. El que no ama no se conoce a sí mismo, ni a los demás, no sabe cuál es su dignidad y su vocación. Tampoco reconoce a Dios y a su Hijo, Jesucristo.


Rincón de Jóvenes... 

JÓVENES INCOMPRENDIDOS

El evangelio nos muestra a Jesús joven, ya que refleja su vida entre los treinta y los treinta y tres años. Un joven consciente y responsable de su vocación y misión. Sin embargo, también puede decirse que, a esa edad, ya estamos ante la presencia de un joven maduro, casi adulto.

Entonces, si buscamos en otra etapa, podemos encontrar al Jesús adolescente, a sus doce años (Lc 2, 41-52), momento propicio en Israel para tomar decisiones de vida, característico de las sociedades premodernas en las que era necesario madurar tempranamente.

Se advierte un problema y un conflicto con la generación de sus padres; incluso hay una reprimenda: ¿Por qué nos has hecho esto… estábamos angustiados...

Y la respuesta de Jesús: ¿Por qué me buscaban, no sabían que debía ocuparme de los asuntos de mi Padre?

Se advierte cierta incomprensión de María y de José ante la vocación y misión de Jesús.

No podemos decir que es la misma incomprensión de los padres actuales hacia sus hijos, pero es una manera de notar que Jesús pasa por las mismas situaciones de todo joven. Él, aunque incomprendido, hace lo que cree que debe hacer y sabe crecer en edad, sabiduría y gracia.

Sería deseable que los jóvenes de hoy fueran incomprendidos por cosas que valen la pena, como Jesús, y no por tonterías, modas pasajeras o adhesión a valores contrarios al evangelio y a la promoción humana.


Suele suceder...

PAZ PERFECTA

Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron.

El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, el miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio de del rugir del la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido.... Paz perfecta.

¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?

El Rey escogió la segunda. ¿Sabes porqué?

«Porque,» explicaba el Rey, «Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.»

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