"Turris fortissima nomen Domini ad ipsam cucurrit iustus, et exaltabitur"


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C O M U N I Ó N     Q U E R É T A R O

Servicio Informativo de la Diócesis de Querétaro

Santiago de Querétaro, Qro., 10 de diciembre de 2006

N° 460 Año 8 Director: Pbro. Francisco F. Gavidia Arteaga


 

OPINIÓN


Editorial

MUROS Y MARES, DOS MODOS DE NO MORIR EN EL INTENTO

Cuando Moisés lideraba a los que habían sido esclavizados por los egipcios en busca de la tierra prometida, entre muchos obstáculos, se encontró con el mar. Entre el mar y los egipcios se jugaba la fidelidad de Dios a aquel grupo de hombres y mujeres que huían de la muerte (Éxodo 14, 15-31).

Cuando releo y traigo este texto a los acontecimientos que vivimos con la emigración de hermanos africanos hacia Europa me pregunto: ¿Puede estar Dios entre el mar que separa Europa de África? ¿Dónde está la fidelidad del Dios de la alianza que hace su apuesta por la vida? ¿Quién extiende los brazos para partir el mar? ¿Tendremos que ser nosotros?

En otro pasaje, ahora en el libro de Josué, se sigue narrando la búsqueda del lugar de la Vida: la tierra prometida a Moisés. La vicisitud en este relato no es el mar, ahora son muros, los muros de Jericó que impiden el paso hacia un lugar para vivir en libertad y dignidad (Josué 5, 13 - 7, 26). En esta situación el mismo Dios que les ha ayudado en el paso por el mar les ayuda a derribar el muro, la muralla, para que puedan continuar en su camino a la tierra prometida que mana miel y leche (Éxodo 33, 3).

Ver, escuchar, saber que miles de hermanos de sangre latinoamericana siguen muriendo en el intento por llegar a Estados Unidos de Norteamérica. Enterarme de políticas de estado que construyen un muro para no dejar pasar a los «inmigrantes» latinoamericanos que van hacia «el norte», me pregunto: ¿Puede existir Dios para estos hermanos en ese desierto y en ese muro? ¿Dónde están las trompetas que derriban muros? ¿Quiénes han de tocar las trompetas destructoras de muros?

Sé que no basta con indignarse, pero si no nos indignamos ante los muros y los mares que producen la muerte de quienes quieren optar por vivir, lejos estamos de ver a Dios. En el mar y en los muros Dios actuó a favor de la vida, a favor de los que intentan no morir, su opción es la vida.

Una predicación que concientice, un testimonio de acogida en nuestras comunidades y una teología de la movilidad humana pueden ser nuestras trompetas que derriban muros y nuestros brazos abiertos que abren el mar para los que no quieren morir en el intento de alcanzar la vida.


Rincón de Jóvenes...

PROBLEMÁTICA A LA QUE SE ENFRENTA LA MADRE SOLTERA

La problemática a la que se enfrenta la madre soltera es muy dolorosa, en primer lugar porque no cuenta con el apoyo del esposo, se encuentra sola ante la llegada de un bebé que en la mayoría de los casos no se tenía planeado. 

Desgraciadamente muy pocas veces la madre soltera encuentra un apoyo incondicional con las personas allegadas a ella, la mayoría de las veces surgen reclamos por parte de la familia y se siente rechazada y poco comprendida, por consiguiente, el dolor aumenta porque cuando se espera la protección de nuestros seres queridos y no se tiene, la soledad y la melancolía la pueden invadir. 

La frustración también se apodera de la madre pues al ser un evento que no se tenía planeado, pueden llegar a quedar proyectos inconclusos en su vida, por ejemplo: una carrera o un trabajo truncado por la maternidad. 

La madre soltera comienza a sentir la responsabilidad económica que no es compartida por el cónyuge como debería de ser, por el contrario, sabe que ella es la única encargada de la manutención de su hijo y su situación económica comienza a sufrir estragos, los gastos aumentan. 

El tiempo tendrá que ser repartido entre el trabajo y el cuidado de su hijo. El problema es que la mayoría de las veces los abuelos asumen el rol de padres y el niño sufre una inestabilidad constante al no tener claro quien es su autoridad. 

Por estas razones es importante ayudar a las mujeres que enfrentan solas este papel de ser madres y padres a la vez, es necesario comprenderlas, brindarles apoyo para que puedan en medida de lo posible desempeñar bien este papel tan difícil.


Suele suceder...

CONCURSO DE ÁRBOLES

La municipalidad organizó un concurso de árboles decorados para Navidad. La gente tenía que adornar de la mejor manera posible el árbol que estaba frente a su casa o departamento.

El premio consistía en la mano de obra y la pintura para el frente de la vivienda. El jurado tenía previsto expedirse el 8 de diciembre, y muchos se entusiasmaron con la propuesta.

Los departamentos del centro fueron decorados con luces, estrellas, cintas doradas y todos los adornos imaginables. Caminar allí era una fiesta de luz y color. Cada edificio competía con el vecino y se esforzaba por poner muchos adornos.

Cuando los habitantes de un barrio humilde vieron esto, pensaron que no valía la pena esforzarse, ya que no podían competir con tanto brillo.

Sin embargo, los chicos que jugaban a la pelota en la plaza de ese barrio decidieron que, aunque no ganaran, ellos tendrían su árbol. Como no tenían un árbol de Navidad, se pusieron a adornar al que más querían, es decir, uno de los que servía de arco y donde colgaban las camperas y bolsos cuando iban a jugar.

No era el más lindo, pero era el más importante para ellos. El segundo problema era buscar elementos para decorarlo. Mientras discutían, pasó una maestra de la escuela, que iba con las bolsas del supermercado, y preguntó qué hacían.

Apenas le contaron, la maestra dejó las bolsas en el suelo y les preguntó para qué armaban el árbol.

–Para ganar el concurso y así, poder pintar el barrio– respondieron los chicos.

–¿Sólo para eso quieren armar el arbolito?

Se miraron entre sí y uno, tímidamente, dijo:

–La catequista nos contó que el arbolito recuerda que la Navidad es una fiesta para todos...

–¡Eso mismo! –gritó Pedro, interrumpiéndolo– ¡Ya sé!

Y propuso que cada uno llevara algo para darle a alguien que no tuviera con qué festejar la Navidad: un sobre de jugo, un pan dulce, galletas o un turrón. ¡Bien envuelto por si llovía! El 24 de diciembre se iba a desarmar y a repartir las cosas en el hogar de niños que estaba a la vuelta y entre las familias más carentes.

Poco a poco, el árbol se fue llenado de cosas. La gente del barrio, avisada por los chicos, fue colgando algo cada vez que pasaban de regreso del supermercado.

Llegó un momento en que hubo que colocar cajas para guardar los alimentos, porque las ramas del árbol estaban por romperse.

El barrio no ganó el premio de pintura, porque el jurado nunca se dio cuenta de que ese era un árbol de Navidad.

Pero los chicos del hogar tuvieron una de las mejores navidades de su vida, y los chicos del barrio vieron todo lo que podían hacer con un poco de imaginación y generosidad. 

La historia del concurso de árboles navideños no es real. ¡Qué lástima! ¿No?

¿Qué haría falta para que comprendiéramos que la verdadera Navidad se festeja compartiendo con los demás y, especialmente, con los que menos tienen? 

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