"Turris fortissima nomen Domini ad ipsam cucurrit iustus, et exaltabitur"


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C O M U N I Ó N     Q U E R É T A R O

Servicio Informativo de la Diócesis de Querétaro

Santiago de Querétaro, Qro., 15 de octubre de 2006

N° 452 Año 8 Director: Pbro. Francisco F. Gavidia Arteaga

También puede consultar Comunión Querétaro en: http://comunionqro.obispado.info


PORTADA

OPINIÓN

ACTIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR OBISPO

AVISOS GENERALES

LITURGIA

EL CAMINAR DE NUESTRA IGLESIA

CATEQUESIS: A PROPÓSITO DE SAN RAFAEL GUÍZAR

DIRECTORIO

 

OPINIÓN

Voz sacerdotal: El Cabreo

Rincón de los jóvenes: El joven de hoy...

Suele suceder: Cristianos en barbecho

Para pensar: Tu cruz


Voz Sacerdotal

EL CABREO

Así titulaba un artículo un periodista en un periódico nacional. Las tres palabras centrales eran “cabreo”, “agravio” y “queja”. Hay personas -y él citaba a uno de sus amigos- que su estado permanente es el cabreo y que su relación con el mundo es “desde el agravio”, por eso, para ellos “la queja es un extraño bálsamo”. Lo peor que les puede suceder es que todo vaya bien, porque entonces no tendrán motivo ni para el cabreo, ni para el agravio, ni para la queja. Todos conocemos personas así. Pero el articulista, después de la descripción dicha, concluía: “Dios pertenece a este arquetipo psicológico”. Hay dos clases de cabreo. El cabreo de la persona descontenta consigo mismo y con toda la humanidad. Su cabreo le brota del vinagre acumulado en su corazón. Y el cabreo que brota del amor. Dios es Amor. El cabreo de Dios fluye del amor que nos tiene a todos los seres humanos, al ver que nos ofrece un camino que lleva al sentido, a la alegría, a la esperanza y… no le hacemos caso, y rechazamos el tesoro que nos quiere regalar. Ante esta situación, Jesús, el Hijo de Dios, es capaz de ir más allá del cabreo, es capaz de llorar: “¡Jerusalén, Jerusalén, cuantas veces quise reunirte como la gallina a sus polluelos y no quisiste!”. ¡Cuantos padres, ante situaciones fuertes de sus hijos, saben de este segundo tipo de cabreo!

Pero el amor es capaz de vivir otras actitudes. A Jesús le lleva a alegrase por el regreso a casa del hijo menor, a mostrar entrañas de misericordia ante la multitud cansada, a gozar con la gente humilde y sencilla, a echar una mano a unos novios en apuros, a prometer el paraíso y la felicidad total al ladrón arrepentido y a todos los que dan de comer al hambriento…y nunca está “eternamente enojado”. Son las cosas del amor.

Lo importante en Dios es el amor, no el vinagre. Todo le brota de su ancho corazón.  

Manuel Santos, OP


Suele suceder...

CRISTIANOS EN BARBECHO

Estudiábamos en la escuela que el barbecho era utilizado en las tierras donde la falta de minerales y alimento para las plantas era escaso. Y consistía en dejar un año la tierra sin cultivar para que se repusiera. Así el que tenía un campo lo dividía por la mitad y sembraba cada mitad en años alternos. Y la tierra descansaba un año en espera de dar mejor fruto al siguiente año.

Parece que hoy en día la mayoría de los cristianos estamos en ese plan. En espera de tener tiempo y fuerzas para dar fruto. Cuando tengamos tiempo, daremos unos frutos excelentes y mientras vamos pasando la vida, incluso a veces añorando un encuentro con el Señor como tuvo Saulo camino de Damasco.

Vivimos relajadamente, cogiendo fuerzas, dejando las cosas del Reino para una ocasión más propicia y así vamos en este discurrir de días que llamamos vida. Pero esa vida, no está llena de Vida, esa Vida que nació de la cruz no permitimos que se arraigue en nosotros. Daremos la vida por Cristo como el nos pide, pero pensamos que será en un acto lleno de heroísmo y mártires por causa de Cristo y mientras llega el momento pues vivimos sin más preocupaciones.

Pues llegará el día que debamos dar la vida por Cristo con nuestra acción y daremos un paso atrás y esconderemos la cabeza bajo la tierra como un avestruz, porque si no somos fieles en lo poco, no seremos fieles en lo mucho. Dar la vida, supone vivir de cara a los demás, supone hacer el trabajo diario sin escaquearse, colaborar en casa los padres con los hijos y los hijos con los padres, descubrir en el esposo la novedad del matrimonio, y a través de esos pequeños detalles de vida, ir descubriendo a Aquel que va sustentando toda nuestra existencia y no pensemos en morir mártires un día sino en morir día a día alegrando la vida de aquellos que nos rodean con la esperanza de Aquel que nos alimenta y nos ganó la vida eterna.


Rincón de Jóvenes

EL JOVEN DE HOY, COMO EL DE TODOS LOS TIEMPOS, BUSCA LA FELICIDAD.

AUNQUE, A VECES, LA BUSCA DONDE NO ESTÁ...

 

Felices los jóvenes que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Aquéllos que, a pesar de todo, cultivan sueños e ideales. Aquéllos que no se amilanan, aunque choquen contra la barrera de una sociedad competitiva y egoísta.

Aquéllos que no se conforman diciendo que las cosas ocurren porque «por algo será».

Felices los que no agachan la cabeza fácilmente, sino que reclaman por la dignidad propia y la de los demás.

Felices los que no se alegran con la injusticia, si bien los beneficia, y son capaces de decir la verdad, aunque no les convenga.

Felices los jóvenes que son justos en su accionar cotidiano y jamás esconden los hechos y las palabras que testimonian y hablan del respeto por los derechos del hombre.

 


Para Pensar...

TU CRUZ

Un joven, ya no daba más con sus problemas. Cayó de rodillas, rezando, «Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada».

El señor, como siempre, acudió y le contestó, «Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras».

El joven suspiró aliviado. «Gracias, Señor» dijo, e hizo lo que le había dicho. Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba. Después, vio una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared. «Señor», susurró, «quisiera esa que está allá». Y el Señor contestó, «Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar».

Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, siempre es útil mirar a nuestro alrededor y ver las cosas con las que se enfrentan los demás. Verás que debes considerarte más afortunado de lo que te imaginas.

Cualquiera que sea tu cruz, cualquiera que sea tu dolor, siempre brillará el sol después de la lluvia.

 

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