C O M U N I Ó N Q U E R É T A R O
Servicio
Informativo de la Diócesis de Querétaro
Santiago
de Querétaro, Qro., 15 de octubre de 2006
N° 452 Año
8 Director: Pbro. Francisco F. Gavidia Arteaga
También puede consultar
Comunión Querétaro en:
http://comunionqro.obispado.info
VOZ DE NUESTRO PASTOR
Monseñor Rafael Guízar y Valencia:
Obispo y Misionero Santo
Entre los
días 29 de Mayo y 7 de Junio de 1950 ocurrieron en la ciudad de Xalapa,
Veracruz, acontecimientos que conmovieron a la población católica del
Estado y de gran parte de la República mexicana.
El día 30 de
mayo en la mañana, fue invitado el Dr. Carlos Aceves y quedó maravillado
de la forma en que aparecía el cadáver debajo de ese velo de blancura de
nieve y opinó que el cadáver no debía ser tocado y que debería
reinhumarse tal como estaba en la caja,
reza el acta oficial de los hechos levantada con la ocasión de la
exhumación de los restos mortales del quinto Obispo de Veracruz Mons.
Rafael Guízar Valencia.
De la misma opinión fueron los médicos empleados de Salubridad: que
no se tocara el cuerpo. Optaron «prudencialmente» por lo más fácil:
ocultar el hecho y guardar silencio. En realidad, muchos de ellos no
creyentes, no sabían qué hacer; estaban desconcertados y algunos
avanzaron hipótesis absurdas para explicar lo acontecido, pero la
Providencia se valió de algún «indiscreto» que dio la noticia de que el
cadáver de Mons. Rafael Guízar Valencia estaba incorrupto, después de
más de diez años de haber sido sepultado y haber sido hallado
prácticamente nadando en agua.
La fama de santidad que rodeó la vida y la muerte del quinto Obispo de
Veracruz, antecedió y contribuyó a la difusión este acontecimiento
extraordinario. Las filas de los fieles venidos de todo el Estado y de
numerosas regiones de la República duraron siete días en paciente e
ininterrumpida formación, hasta que el cadáver, ante testigos oficiales,
el Excmo. Sr. Arzobispo de Xalapa Mons. Manuel Pío López, ante su
Vicario General Pbro. Dr. Justino de la Mora y ante el Cabildo
metropolitano y numerosos sacerdotes y fieles, fue reinhumado en la
capilla de Santa Teodora de la Santa Iglesia Catedral, donde actualmente
es venerado como Beato y el próximo 15 de Octubre será canonizado por su
Santidad Benedicto XVI.
Monseñor Rafael Guízar Valencia viene a enriquecer la gloriosa corona de
Santos y Mártires con que la Iglesia que peregrina en México rinde
tributo de adoración a Dios Uno y Trino, a Cristo Rey presente en la
Santa Eucaristía, y honor a Santa María de Guadalupe quien cuida y
protege la fe de sus hijos. El hecho de que Mons. Guízar haya sido
Obispo y Misionero a la vez en tiempos tan difíciles como fueron los de
la persecución religiosa, adquiere una relevancia particular; es una
invitación a todos, pastores y fieles, a caminar por las sendas de la
santidad, cualesquiera que sean las dificultades de nuestra vida. En
nuestra diócesis, en el poblado de Tlacote, la parroquia está dedicada a
Mons. Rafael Guízar Valencia y allí se conservan algunas de sus
reliquias.
EL SANTO OBISPO DE VERACRUZ: SAN RAFAEL
GUÍZAR Y VALENCIA
Monseñor Rafael Guízar y
Valencia, gran evangelizador, será canonizado hoy 15 de octubre de 2006.
La canonización de Mons. Rafael Guízar y Valencia es la culminación de un
proceso que tuvo inicio en abril de 1974, con la Introducción de la Causa
y en noviembre de 1981 con el reconocimiento de las Virtudes Heroicas, a
solicitud de la Arquidiócesis de Xalapa (México).
El Papa Juan Pablo II declaró
beato a monseñor Guízar y Valencia en enero de 1995, en la Basílica de San
Pedro, luego de que al obispo mexicano se le acreditara un milagro en la
misma diócesis de Xalapa en favor de una persona a quien fisiológicamente se
le había declarado estéril.
Ahora
será ascendido a los altares por un milagro realizado en el 2003 a favor del
recién nacido Rafael de Jesús Barroso Santiago. El milagro se produjo cuando
la madre se encomendó a Monseñor Rafael Guízar para que su hijo naciera sin
el paladar hendido que había reportado el equipo médico a través de un
estudio de ultrasonido. La Comisión Médica, el 18 de mayo de 2005, comprobó
la cura milagrosa del labio leporino que padecía el feto desde el seno
materno a las 31 semanas de su gestación, y que no apareció en el niño
recién nacido. El congreso de los Teólogos Consultores, aprobó el milagro el
15 de noviembre de 2005.