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CARTA PASTORAL N° 5/ 1996/
DEL SR. OBISPO DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE
QUERÉTARO
SOBRE LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS: CRISTO AYER, HOY Y
SIEMPRE.
LA CELEBRACIÓN DEL TERCER MILENIO DE LA ENCARNACIÓN
Al Presbiterio Diocesano
A los miembros de la Vida Consagrada
A todos los Fieles Laicos
Salud, paz y
bendición en el Señor Jesucristo.
1.
Con el favor de Dios llevaremos a cabo nuestra VII Asamblea
Diocesana de Pastoral el próximo 20 de noviembre del presente año, de
1996. En esta asamblea queremos tomarle el pulso a nuestro caminar
eclesial para hacer una evaluación del proceso que ha seguido la
aplicación del Plan Diocesano de Pastoral, sobre todo, tratar de abrir
nuevos horizontes pastorales para prepararnos a celebrar dignamente el
Gran Jubileo del año 2000.
2.
Nos proponemos enfatizar la mirada hacia el futuro,
porque la finalidad del Gran Jubileo de la encarnación del Hijo e Dios
en el seno de la Santa María Virgen consiste en celebrar a Jesucristo
revitalizando nuestra fe y vida cristiana, lo cual lleva consigo
necesariamente un examen de conciencia no sólo personal sino
comunitario, como pueblo peregrino de Dios.
3.
Los últimos pasos de este
caminar han sido trazados por el Plan Diocesano de Pastoral, que ahora
debe recibir nuevo impulso de dos documentos de gran relieve pastoral:
el Proyecto Pastoral 1996-2000 (PP), del Episcopado Mexicano, y la
carta apostólica Hacia el Tercer Milenio (TMA), del Papa Juan
Pablo II. Ambos documentos nos permitirán apreciar los logros,
detectar las carencias y abrir nuevos espacios pastorales, tanto
diocesanos como parroquiales, a la vida abundante de gracia que el
Señor ofrece al mundo mediante el sacramento de salvación que es la
Iglesia.
4.
La finalidad más inmediata
de la presente carta pastoral es preparar y servir de apoyo a la VII
Asamblea Diocesana y, posteriormente, proporcionar a los agentes de
pastoral y a los grupos parroquiales material de reflexión y análisis
para revitalizar el plan de pastoral. Como la carta apostólica
Hacia el Tercer Milenio, del Papa Juan Pablo II, no es un
documento fácil, me propongo tocar algunos de los elementos más
relevantes que sostienen y justifican sus propuestas pastorales y
espirituales. También he procurado tener en cuenta las sugerencias que
recibí del presbiterio en el último retiro y las propuestas hechas por
los señores decanos en la reunión del pasado 20 de agosto. Añadiré
algunas preguntas para reflexionar en grupo y algún párrafo del
Proyecto Pastoral 1996-2000 de la CEM para irnos familiarizando
con él.
Tema
Primero: La plenitud de los tiempos
5.
San Pablo dice que el
nacimiento del Hijo de Dios de María santísima tuvo lugar “en la
plenitud de los tiempos” (cf Ga 4, 4). Esta expresión de la Biblia
apunta a un tiempo anterior de preparación y de espera que, casi como
de repente, llega a su madurez o plenitud y luego se prolonga hacia el
futuro. La imagen que subyace en esta expresión es la de la mujer que
concibe un hijo en su entrañas, lo alimenta en lo oculto de su seno y
lo da a luz. El nacimiento de un niño lleva a su plenitud el
maravilloso proceso de gestación de una mujer y la convierte en madre.
6.
Ese proyecto de Dios se
inició en el Antiguo Testamento, con la promesa que le hizo a Abraham
de darle una descendencia numerosa por medio de la cual llegaría su
bendición a todos los pueblos de la tierra (cf Gn 12, 1-3). La promesa
se cumplió cuando María dio a luz al Salvador de todos los hombres, a
Jesucristo Nuestro Señor. El Antiguo Testamento estaba preñado de
Jesucristo y el Nuevo Testamento lo presenta radiante y glorioso como
Salvador del mundo. Jesucristo es el único “hijo de mujer” cuyo
nacimiento fue preparado y anunciado con anticipación, trayendo al
mundo “una gran alegría” (Lc 2, 10).
7.
Con la encarnación del
Hijo de Dios, el tiempo y la historia han llegado a su madurez, a su
plenitud. En ese omento Dios entra en el tiempo del hombre y hace de
la historia humana una historia de salvación. No puede haber
momento más importante, ni mayor cercanía de Dios con el hombre. Nunca
el hombre podrá recibir mayor honor ni mayor gracia: “Hemos visto
su gloria, gloria del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de
verdad” (Jn 1, 14). La encarnación del Verbo es culmen y centro de
la historia humana; por eso el tiempo se comenzó a contar antes y
después del nacimiento de Cristo. El tiempo quedó preñado de
eternidad.
8.
No es posible,
pues, esperar un acontecimiento mayor ni una salvación distinta de la
que nos trajo Cristo con su venida. Podemos mejorar nuestra vida
cristiana, debemos conocer mejor su Evangelio y preocuparnos por
llevarlo a todos los hombres, pero no tenemos por qué esperar otra
salvación u otro salvador. El hecho fundamental ya está realizado y
cumplido en Cristo y por Cristo; oramos y nos esforzamos para que su
obra salvadora se manifieste entre nosotros y en el cosmos, con todo
su esplendor: “Ahora somos ya hijos de Dios, pero aún no se ha
manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos
semejantes a él, porque lo veremos tal como es” (1 Jn 3,2). Ésa
será su segunda venida gloriosa, que en la Biblia se llama parusía.
Todo lo que se predique distinto o contrario a esta enseñanza:
reencarnación, ciclos cósmicos, mensajes astrales, Nueva Era, etc., es
ignorancia, falta de fe o llanamente superstición.
Para reflexionar en grupo:
-
Uno del grupo explique
qué significa “plenitud de los tiempos”.
-
¿Es correcto decir que
estamos en “los últimos tiempos”? ¿Por qué? Vea Hb 1, 1-2.
-
¿En su parroquia hay
católicos que crean en la reencarnación, que sigan la Nueva Era, que
consulten su horóscopo, las cartas, etc.?
Diga cuáles supersticiones
existen en su comunidad.
La voz de
nuestros obispos: “Nuestra opción
fundamental en este Proyecto Pastoral es: Proclamar a Jesucristo, vida
y Esperanza de México, comprometiéndonos a trabajar, en el espíritu de
la Nueva Evangelización y del Jubileo del Año 2000, por una Iglesia
más evangelizada y misionera, una sociedad más justa y solidaria, una
cultura de la vida y de la esperanza” (PP
5). Coméntelo.
Tema
Segundo: Cristo, plenitud y centro de
la revelación
9.
El Concilio Vaticano II enseña que “la economía
cristiana, por ser alianza nueva y definitiva, nunca pasará, ni hay
que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación
de Jesucristo Nuestro Señor (cf 1 Tm 6, 14; Tt 2, 13)” (DV 4). Por
eso, todo lo que necesitamos para nuestra salvación está contenido en
la Palabra de Dios, presente en la Sagrada Escritura y en la tradición
viva de la Iglesia. Ninguna revelación “privada”, atribuida a algún
santo o a la Sma. Virgen, puede tener el mismo valor salvífico que la
revelación “pública”, es decir, la hecha para toda la Iglesia y que se
“cerró” con la muerte de los apóstoles. Las revelaciones “privadas”,
en caso de ser auténticas (y Dios puede servirse de los santos o de su
Madre Santísima para hacerlo), sólo pueden recordarnos y animarnos a
cumplir lo ya mandado por Cristo y contenido en el Evangelio, en las
enseñanzas y en la vida de la Iglesia. Cristo es la Palabra de Dios
hecha hombre y, en Cristo, el Padre nos ha dicho todo lo que tenía que
decirnos: “Éste es mi Hijo amado: ¡Escúchenlo!” (Lc 9, 35).
Él es “el camino, la vedad y la vida” (Jn 14, 6), el único camino
verdadero hacia la vida.
10.
Podemos tener la certeza de que no estamos solos en
este mundo, ni vamos caminando sin rumbo, ni venimos a esta tierra por
acaso. Venidos de Dios, él nos conoce por nuestro nombre, tiene un
proyecto para nuestra vida y, lo más consolador, él está con nosotros
y nos acompaña en nuestro caminar. El Hijo de Dios, al hacerse hombre,
se hizo peregrino con nosotros hacia el Padre. Para los cristianos, sí
hay camino al andar. Cristo lo recorrió antes y los sigue recorriendo
con nosotros: “Si Dios está con nosotros, ¿quién podrá estar contra
nosotros?” (Rm 8, 31). Aquí radica la solidez de nuestra esperanza
y la certeza de nuestra victoria. Los cristianos somos un pueblo de
vencedores.
11.
Cristo, mediante el misterio de su encarnación, muerte y resurrec-
ción, es el centro de nuestra fe, de nuestra vida y de nuestra
historia. Esto es lo que celebra el calendario litúrgico de la
Iglesia, enseñándonos así algo muy importante: el deber de
santificar el tiempo y de guardar las fiestas cristianas,
especialmente el domingo o día del Señor. El tiempo de nuestra
vida está cargado de la presencia de Dios y debemos aprovecharlo
alabando al Señor, ganándonos el pan con nuestro trabajo, haciendo el
bien a los hermanos, y no malgastarlo en francachelas, glotonerías,
banalidades. A esto le llama la santa Biblia vivir en la presencia
del Señor. Cristo es el centro del tiempo y de la historia, la
plenitud de la revelación y el Señor de nuestra vida.
Para reflexionar en grupo:
-
¿Va usted a misa “cuando
le nace” o cuando debe?
-
¿Qué diría a quienes no
van a misa los domingos? ¿Quién le organiza a usted el domingo: la
televisión, el fútbol, el club, el partido político, los amigos...
o el Señor Jesucristo?
-
¿Es cierto que “un mundo
nos vigila”?
Uno del grupo explique qué
es la Divina Providencia.
La voz de nuestros obispos:
“Somos hombres de
fe que creemos en la fidelidad del Dios de las promesas, por eso vemos
con serenidad nuestro futuro. Creemos que el Dios que conduce nuestra
historia es el Dios del amor, y el amor es siempre digno de
confianza. Quien se siente amado tiene esperanza en un futuro mejor,
porque sabe que el amor es perseverante y su duración no tiene fin”
(PP 10). Coméntelo.
Tema
Tercero: Cristo y las religiones
12.
El Santo Padre quiere que se incremente el
“diálogo interreligioso” y “realizar encuentros comunes”
con las grandes religiones del mundo (cf TMA 53). Con esto el Papa se
propone subrayar dos cosas de suma importancia:
a) el
aprecio y respeto que siente la Iglesia por todos los que buscan
sinceramente a Dios por diversos caminos, en las grandes religiones, y
b) que
todas esas religiones, en su búsqueda del bien y de la verdad, y en su
anhelo de felicidad, tienden a encontrarse y a lograr su plenitud en
el cristianismo: “El Verbo encarnado es el cumplimiento del anhelo
presente en todas las religiones de la humanidad” (TMA 6). Cristo,
en cierto modo, ya está presente en lo que hay de bueno en todas esas
religiones.
13.
En las religiones no cristianas es el hombre quien
busca a Dios, y lo hace “como a tientas” (cf Hch 17, 27), con
muchas dificultades y no sin errores y desviaciones. En el
cristianismo, al contrario, es Dios quien sale al encuentro del hombre
y lo busca para que viva con Él. En el cristianismo la iniciativa es
de Dios, no del ser humano. Existe, pues, una diferencia notable. No
es cierto que todas las religiones sean iguales, aunque en todas se
pueden encontrar elementos de verdad y de bondad que debemos
reconocer, porque todo lo bueno y verdadero, aunque exista fuera del
ámbito visible de la Iglesia, viene del Espíritu Santo. Y como éste es
el mismo Espíritu de Jesucristo, la perfección de todas las religiones
está en Jesucristo, Salvador del mundo.
14.
El respeto que debemos a los hombres que practican
y se adhieren a las grandes religiones del mundo no se contradice con
la certeza que tenemos los cristianos de poseer la verdad ni implica
soberbia, porque la fe es un don que hemos recibido gratis de Dios.
Más bien, nos obliga a dar gracias a Dios y a llevar una vida de
acuerdo con la verdad del Evangelio que poseemos, a fin de que los
hombres “viendo vuestras buenas obras glorifiquen al Padre que está
en los cielos” (Mt 5, 16). Ciertamente, la falta de testimonio de
los dis- cípulos de Cristo es motivo de alejamiento de muchos hombres
de él.
Para reflexionar en grupo:
-
Pregunte a su párroco
qué significa “economía cristiana”, “revelación pública” y
“revelación privada”. Ponga un ejemplo de revelación privada.
-
Enumere las grandes
religiones no cristianas y diga cuál es su diferencia fundamental
con el cristianismo.
-
Explique por qué no
todas las religiones son iguales y qué juicio merecen los que
invocan todavía a Tlaloc, van a cargarse de “energía” a Teotihuacan
o a la Peña de Bernal, etc.
La voz de nuestros obispos:
“La presencia y
la acción de la Iglesia están encaminadas a que llegue a todos la vida
nueva que Jesús nos transmite por su Espíritu. Cuando los corazones se
abren y se dejan transformar por la Palabra de Dios, surgen
comunidades cristianas, vivas y dinámicas, las cuales, a semejanza de
la Iglesia primitiva, viven de tal modo la caridad fraterna que se
convierten en un signo convincente y atractivo que invita a los
hombres a formar parte de la Iglesia de Jesucristo”
(PP 24). Coméntelo.
Tema
Cuarto: La libertad religiosa
15.
“En materia religiosa, ni se obligue a nadie a
actuar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a
ella, pública o privadamente, solo o asociado con otros”
(DH 2), enseña el Concilio. La libertad que tiene todo hombre o mujer
de creer y practicar su fe es un derecho humano fundamental. Nadie
puede ser obligado ni impedido a hacerlo y, por eso, a este derecho se
le ha llamado “libertad religiosa”.
16.
Debemos notar que, para el Concilio Vaticano II,
esta libertad religiosa no aprueba ni favorece el “indiferentismo”
religioso, pues no dice que todas las religiones sean iguales o que
todas sean verdaderas. La libertad religiosa rechaza toda injerencia
externa y violenta para obligar o prohibir a una persona o a una
comunidad el profesar una creencia y vivir conforme a ella, salvos
siempre los derechos de los demás y la paz social. Si hubiera personas
o grupos religiosos que quisieran imponer su doctrina, ellos mismos
estarían negando la libertad religiosa. Éste parece ser el caso de
algunas sectas fundamentalistas agresivas. Estos grupos o sectas no
pueden equipararse con las grandes religiones de las que hablamos en
el tema anterior.
17.
Este principio conciliar se complementa con otro de
no menor importancia que dice: “Todos los hombres están obligados a
buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiera a Dios ya su
Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla” (DH 1).
Todas las religiones buscan encaminar al hombre hacia el bien y hacia
Dios, el máximo bien. Por eso, si Dios habla al hombre, si sale a su
encuentro y le dice cómo quiere ser adorado y obedecido para el propio
bien del hombre, éste tiene el grave deber de escucharlo y obedecerlo.
Dios ofrece la salvación a todos y no niega la fe a quien lo busca con
sinceridad.
18.
Por esta razón el cristiano, que ya conoce la
verdad y al Dios verdadero, tiene el grave deber de obedecer el
mandato de Cristo y “predicar el Evangelio a toda criatura, hasta
los confines de la tierra” (cf Mc 16, 15). Esto debe hacerse con
firmeza, pero con respeto a las personas y a su cultura, porque “la
verdad del Evangelio no se impone sino por la fuerza de la misma
verdad, que penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas”
(DH 1). La razón última de este convencimiento y de esta actitud
radica en que Jesucristo es “la luz verdadera que alumbra a todo
hombre que viene a este mundo” (Jn 1, 9). La Iglesia no obliga a
nadie a creer. Es el mismo hombre quien se obliga a sí mismo, por su
propio bien, a buscar la verdad y, una vez encontrada, a seguirla.
Ésta es la verdad que hace libre al hombre.
Para reflexionar en grupo:
-
¿Sabe a qué se debió la
persecución religiosa en México?
-
¿Sabe cuáles son las
deficiencias y restricciones a la libertad religiosa que contiene la
nueva Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público?
-
Analice de qué manera
atentan algunas sectas contra la libertad religiosa de las personas.
La voz de nuestros obispos:
“Queremos
proclamar, con nuestra vida y con nuestra palabra, que Jesucristo es
el centro del cosmos y de la historia, que Él da sentido a nuestra
vida y a la misión de la Iglesia, bajo el impulso del Espíritu Santo.
Así trataremos de superar las múltiples idolatrías que nos esclavizan
y así queremos responder a los desafíos de la sociedad mexicana y
defender el derecho de creer y de esperar la vida revelada por el
Padre en su único Hijo” (PP 60).
Coméntelo.
Tema Quinto:
El acontecimiento cristiano,
hecho irrepetible e irreducible
19.
“Existe la urgente necesidad de ilustrar y
profundizar la verdad sobre Cristo como único Mediador entre Dios y
los hombres, y como único Redentor del mundo, distinguiéndolo bien de
los fundadores de otras religiones, en las cuales también se
encuentran elementos de verdad, que la Iglesia considera con respeto,
viendo en ellas un reflejo de la Verdad que ilumine a todos los
hombres” (TMA 38). Obedeciendo al Santo
Padre, vamos a tratar de “ilustrar y profundizar más la verdad
sobre Cristo” para no igualarlo con cualquier otro fundador
religioso, ni confundir al cristianismo con cualquier otra religión
por más elaborad que sea.
20.
Ya dijimos que el respeto por las
grandes religiones no debe llevarnos al “indiferentismo” religioso.
En efecto, en el cristianismo tenemos, en primer lugar, no una
doctrina ni una enseñanza moral, sino una persona: Jesucristo. El
nuevo Catecismo de la Iglesia Católica comienza citando a san Juan:
“Padre, ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios
verdadero, y a tu enviado Jesucristo” (Jn 17, 3). El centro de
nuestra fe y el corazón del cristianismo es una persona que se llama
Jesucristo, que nació de la Virgen María, que padeció y murió en
tiempos de Poncio Pilato, que resucitó al tercer día de su muerte y
ahora vive ante el Padre intercediendo por nosotros. Los budistas
predican las enseñanzas islámicas, pero no a Mahoma; los marxistas
siguen la doctrina económica de Marx, pero no a Carlos Marx.
“Nosotros, en cambio, predicamos a Cristo, y a Cristo crucificado”
(1 Co 1, 23).
21.
A este Cristo histórico, muerto y resucitado, ahora
glorioso y presente en su Iglesia, es al que servimos, predicamos y
adoramos los católicos. Quien no ame, adore e imite a Jesucristo, no
puede llamarse cristiano. San Pablo usa una expresión muy dura: “Si
alguno no ama al Señor, sea maldito” (1 Co 16, 22), pues Cristo es
la bendición del Padre para nosotros. Es claro que Cristo predicó su
Evangelio, nos propuso su doctrina y nos enseño a vivir conforme a la
voluntad del Padre mediante sus mandamientos. La doctrina cristiana es
sublime y la moral cristiana es saludable para la humanidad. Ni Cristo
es igualable a otro fundador religioso, ni la moral cristiana es
superada por alguna otra. El “hecho cristiano” es único, irrepetible e
irreductible a cualquier otro hecho religioso.
22.
Algo muy importante se sigue de todo esto, ye s que
el cristianismo no puede reducirse a una serie de acciones
humanitarias y al cultivo de ciertos valores. La Iglesia católica no
es una asociación filantrópica o de beneficencia, aunque haga el bien
en abundancia. Ella es, antes que nada, la esposa de Cristo, su
cuerpo místico. La Iglesia es un misterio: tiene su origen, su vida y
su destino en Dios. “Por Cristo, con Cristo y en Cristo” damos
al Padre todo honor y toda gloria, y amamos y servimos a nuestros
hermanos. Por eso lo llamamos Nuestro Señor, el Kyrios, “el
mismo ayer, hoy y por los siglos” (cf Hb 13, 8).
Para reflexionar en grupo:
-
¿En
qué se diferencia y supera el cristianismo a otras religiones?
-
Explique uno del grupo
qué significa el que Cristo sea “El Señor”, y diga quién manda en su
vida.
-
¿Qué idea tienen de la
Iglesia los maestros de su escuela, los líderes políticos, los
medios de comunicación?
-
¿Cree usted que conocen
a la verdadera Iglesia de Jesucristo?
La voz de nuestros obispos:
«Con la entrada de Cristo al mundo, el Padre nos
dijo el Sí definitivo (cf 2Co 1, 20)
que garantiza su decisión irrevocable de salvación en beneficio de
todos. El nacimiento de Jesús es el comienzo del “Evangelio” o anuncio
de Buenas Noticias; todo lo que él hizo y dijo no fue sino el
testimonio de que comenzaba el “año de gracia” (cf Lc 4, 19) o tiempo
en que se cumplían las profecías antiguas, fundamento de la esperanza
de Israel» (PP 12). Coméntelo.
Tema
Sexto: ¿Qué es un jubileo?
23.
Ya hemos hablado de la importancia del tiempo para
el cristiano y del deber de santificarlo, de descubrir y
agradecer a Dios su presencia en medio de nosotros. Esta costumbre
viene del pueblo de Dios desde el Antiguo Testamento. Vamos a leer un
pasaje del libro del Levítico: “Durante seis años sembrarás tu
campo, podarás tu viña y recogerás tus frutos, pero el séptimo año
será año de descanso absoluto para la tierra en honor del Señor” (Lv
25, 3-4). Más adelante leemos: “Contarás siete semanas de años,
siete por siete, o sea cuarenta y nueve años. El día diez del séptimo
mes harán sonar la trompeta. El día de la expiación harán que resuene
la trompeta por toda su tierra. Declararán santo este año cincuenta y
proclamarán la liberación de todos los habitantes del país. Será para
ustedes año jubilar y podrán volver cada uno a su propiedad y a su
familia [...] En el año jubilar cada uno recobrará sus propiedades”
(Lv 25, 8-10.13).
24.
El año séptimo era llamado año sabático o de
descanso, y el año cincuenta era llamado año jubilar, de gran
júbilo y alegría, porque en ese año se devolvían las propiedades, los
esclavos recobraban la libertad, se perdonaban las deudas y se dejaba
descansar la tierra, significando con esto que Dios era el dueño de
todo. De esta manera se comenzaba de nueve y se reordenaba la vida
social, para que hubiera equilibrio y equidad en el pueblo de Dios.
25.
Jesús inaugura su vida pública como su jubileo,
como la inauguración del año de gracia del Señor. Oigamos este
pasaje maravilloso de san Lucas: «Llegó a Nazaret, donde se había
criado. Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado, y se
levantó para hacer la lectura [...] encontró el pasaje donde está
escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido
para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar
la liberación a los cautivos y a dar vista a los ciegos, a libertar a
los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor” [...] Y
comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido ante ustedes esta profecía»
(Lc 4, 16-19.21).
26.
Comenta el Papa en su carta: “El jubileo, para
la Iglesia, es verdaderamente este año de gracia, año de perdón de los
pecados y de las penas por los pecados, año de reconciliación entre
los adversarios, año de múltiples conversiones y de penitencia
sacramental y extrasacramental” (TMA 14). “El término jubileo
expresa alegría; no sólo alegría interior, sino júbilo que se
manifiesta exteriormente, ya que la venida del Hijo de Dios es un
suceso exterior, visible, audible y tangible (1 Jn 1, 1). Es
justo, pues, que toda expresión de júbilo por esta venida tenga una
manifestación exterior. Indica que la Iglesia se alegra por la
salvación” (TMA 16).
27.
Este jubileo de Jesús incluye como elemento
determinante el evangelizar a los pobres; por eso “se debe
subrayar más decididamente la opción preferencial de la iglesia por
los pobres y marginados” y debe haber “un compromiso por la
justicia y la paz, en un mundo como el nuestro marcado por tantos
conflictos y por intolerables desigualdades sociales y económicas”
(TMA 51). El jubileo cristiano comienza con la reconciliación y el
perdón de las ofensas sigue con la devolución de los bienes tomados al
prójimo y la remisión de las deudas, y culmina con el gozo de la
liberación y de la salvación. El Santo Padre concluye recordándonos
que “las riquezas de la creación se deben considerar como un bien
común a toda la humanidad [...] el año jubilar debe servir al
restablecimiento de la justicia social” (TMA 13).
Para reflexionar en grupo:
-
¿Cuáles son los
elementos más importantes de un jubileo?
Puede leer Dt 15, 1-15.
¿A cuánto asciende la deuda
externa de México?
¿Quién la causó, quién
es el responsable y quién la está pagando?
¿Conoce usted a alguien que
levante la voz a favor de los pobres del mundo como lo hace el
Papa? Coméntelo.
La voz de nuestros obispos:
«Creemos que es sincera nuestra aceptación de Jesús
muerto y resucitado cuando se manifiesta en la disposición para el
servicio. Quienes quieren ser discípulos auténticos de Cristo Jesús se
preocupan especialmente de “anunciar a los pobres la Buena Noticia
[...] proclamar la liberación a los cautivos [...] dar libertad a los
oprimidos” (Lc 4, 18-19). Ahora que
nos acercamos a la celebración del Jubileo del año 2000, el Papa nos
urge a vivir ese ideal que Cristo anunció en la sinagoga de Nazareth
al “proclamar el año de gracia del Señor” (Ibid.), en una verdadera
preocupación y compromiso hacia los que más sufren. No puede ser
auténtica y madura nuestra fe cuando no transforma nuestra vida
personal y social de acuerdo con los valores del Evangelio (cf TMA
12) y no se traduce en obras (cf St 2, 14)» (PP. 28).
Coméntelo.
Tema
Séptimo: Los riesgos que debemos
evitar
28.
1º) Las sectas.
El final de un siglo, y más de un
milenio, no deja de crear cierto ambiente de expectación, de
fascinación y hasta de temor, bastante irracional a veces, causado por
lo desconocido. Por eso se desarrolla la tendencia casi irresistible
de buscar seguridades, no importa de dónde vengan y aunque sean
momentáneas. Se pierde de vista lo amplio y lo grande, se desconfía de
todo y se busca apoyo en lo inmediato, no importa que sea un calvo
ardiendo.
29.
En un ambiente así florecen con facilidad los
grupos cerrados y las sectas, sobre todo las de corte apocalíptico y
alarmista. Perturban la conciencia de la gente, crean expectativas e
inducen a temores irracionales hacia el futuro para poder ofrecer una
seguridad y protección momentáneas mediante la pertenencia a un grupo
reducido y hasta fervoroso. Es evidente que este fervor y esta
protección no se pueden mantener por mucho tiempo. No se puede vivir
sanamente en el temor, ni un grupo reducido y una doctrina fatalista e
incoherente pueden sostener toda la vida y dar respuesta a los grandes
interrogantes de la existencia. De aquí resulta un sentimiento de
frustración que puede tener dos salidas: el abandono del grupo,
terminando en la indiferencia y hasta increencia religiosa, o el
endurecimiento del líder, que estrecha su círculo mediante amenazas
para evitar que lo abandonen sus seguidores. Se llega así al
fanatismo, enfermedad religiosa y social que no raras veces desemboca
en la agresión o en la autoinmolación.
Para reflexionar en grupo:
-
¿Conoce usted alguna
secta alarmista que predique el fin del mundo? Descríbala.
-
¿Por qué una secta no
puede dar una respuesta coherente y sólida a los grandes
interrogantes de la existencia?
-
¿Conoce católicos que
hayan abandona la Iglesia?
¿Qué les diría?
La voz de nuestros obispos:
“Es indispensable
llevar a los católicos a la adhesión personal a Cristo y a la Iglesia
para responder al ataque delas sectas y nuevos grupos religiosos,
afianzando la devoción al misterio de la Eucaristía, a la Sagrada
Escritura leída en la fe de la Iglesia, a la Santísima Virgen, Madre
de Cristo y Madre de la Iglesia, y fortaleciendo la comunión y
obediencia al Papa y al propio Obispo” (PP
73). Coméntelo.
30.
2º) El milenarismo.
El milenarismo es la doctrina que predica un
reinado de mil años, y milenaristas son los grupos que difunden estas
enseñanzas y viven en una constante angustia esperando el fin del
mundo ya próximo. Estos movimientos o grupos religiosos se apoyan en
una interpretación material y fundamentalista de algunos textos
bíblicos, especialmente del Apocalipsis (20, 1-10), que anuncian la
venida de Cristo y su reinado por mil años. El fenómeno del
milenarismo fundamentalista florece siempre que la humanidad pasa por
una situación crítica con altas dosis de angustia personal y social,
momentos de violencia generalizada, cambios en los modelos culturales,
descubrimientos de nuevos territorios o hallazgos astronómicos, final
de siglo, de milenio o de era astrológica. Es, pues, un fenómeno
recurrente y complejo.
31.
La interpretación milenaria del Apocalipsis siempre
fue rechazada por la Iglesia y es tan vieja como la propia Iglesia.
Son de la misma catadura los antiguos ebionitas y montanistas y los
recientes testigos de Jehová, mormones, adventistas y los inventores
de la Nueva Era. La razón de tal rechazo es muy sencilla: el libro del
Apocalipsis usa un lenguaje de tipo simbólico; los mismos números no
indican cantidades ni fechas, sino cualidades y periodos. Por eso
“mil años” significa un tiempo largo y prolongado, como los 144 000 (=
12 x 12 x 1000) significa una multitud incontable. El Papa nos
advierte que con la celebración del Gran Jubileo “no se quiere
inducir aun nuevo milenarismo, como se hizo por parte de algunos al
final del primer milenio” (TMA 23).
32.
Hay, pues, que estar sobre aviso y no esperar
acontecimientos cósmicos espectaculares. El año 2000 no será
ciertamente muy distinto en el calendario civil del año 1999 o del
2001. No se trata de esperar novedades cósmicas o astronómicas, sino
de un adviento espiritual para prepararnos a celebrar a
Jesucristo y darle gracias por el don de la redención. Desde el
momento de su santa encarnación en el seno de María Santísima, el año
de gracia ha comenzado a correr para la humanidad y se extenderá hasta
que Dios quiera y permita, para ofrecer a los hombres de todas las
razas y lenguas, esparcidos por todo el mundo, el acceso a la
salvación. Pero la salvación ya se realizó, “de una vez por todas”
(Hb 9, 12), por medio de Jesucristo, y quienes esperan otra salvación
“quieren crucificar de nuevo al Hijo de Dios” (cf Hb 6, 6).
Para reflexionar en grupo:
-
¿Hay
ideas y secta milenaristas en su comunidad? Coméntelo en grupo y
describa lo que enseñan y hacen.
-
Lea Hebreos 9,24-28 y la
nota explicativa de su Biblia. Coméntelo.
-
Pídale por favor a su
sacerdote que le explique de manera más amplia el sentido simbólico
del Apocalipsis, especialmente de los números y fechas y algunos
nombres, vgr. Harmagedón, el 666, número de la bestia, etc.
La voz de nuestros obispos:
“Estamos en la
etapa final de este siglo y de este milenio, es el momento de abrir el
corazón a las inspiraciones del Espíritu Santo. María, vida, dulzura y
esperanza nuestra, es la Estrella que guía con seguridad nuestros
pasos al encuentro del Señor” (PP 153).
Coméntelo.
33.
3º) La banalización.
El festejado del año 2000 es Jesucristo,
«verdadero Dios y verdadero hombre, Señor del cosmos y también
Señor de la Historia, de la que es “Alfa y Omega” (Ap 1, 8; 21, 6),
“el Principio y el Fin” (Ap 21, 6)» (TMA 5). No podemos olvidar
que la Iglesia trata de festejar a Jesucristo, “Redentor del mundo,
el único Mediador entre Dios y los hombres porque no hay bajo el cielo
otro nombre por el que podamos ser salvados (cf Hch 4, 12)” (TMA
4), de manera que el Jubileo “deberá confirmar en los cristianos de
hoy la fe en el Dios verdadero revelado por Cristo, sostener la
esperanza prolongada en la espera de la vida eterna, vivificar
la caridad comprometida activamente en el servicio a los
hermanos” (TMA 31). Se trata, pues, de poner en el centro de
nuestra celebración a Jesucristo y de festejarlo renovando nuestra
vida teologal de fe, esperanza y caridad.
34.
El Jubileo del año 2000 debe ser una fiesta
cristiana y celebrarse cristianamente. Una gran tentación será la
banalización, como suele suceder con todo lo cristiano cuando cae en
manos de los mercaderes del comercio, del turismo y de la televisión.
Así ha pasado con las fiestas más queridas para los cristianos: en la
Navidad, por ejemplo, ya no es el nacimiento de Jesús el centro de la
celebración, sino el extranjerizante y grotesco Santa Clos; en la
Semana Santa lo que se anuncia y vende son playa y sol, y lo que menos
interesa es que el Hijo de Dios haya dado su vida por nosotros. Hasta
las celebraciones “religiosas” de esos días se convierten en
espectáculos y pasatiempos, más que en memorial celebrativo del máximo
misterio de nuestra fe. En una palabra, corremos el peligro de vaciar
de su contenido cristiano el Jubileo del año 2000.
35.
A este deterioro de la fe se le suele llamar
“secularismo” y muchos católicos lo viven y hasta lo miran con
complacencia. Han hecho de su vida cristiana algo trivial, o, como
dice el Papa, “han perdido el sentido trascendente de la existencia
humana, y sufren el extravío en el campo moral, incluso en los valores
fundamentales del respeto a la vida y a la familia” (TMA 36). Son
católicos de relumbrón, a quienes las enseñanzas del Magisterio de la
Iglesia sobre el respeto a la vida, sobre el aborto, los
anticonceptivos, la fidelidad matrimonial, la justicia social, etc.,
poco les importa. A esos descuidados hijos de la Iglesia el Papa los
exhorta a examinar “qué parte de responsabilidad deben reconocer
frente a la desbordante irreligiosidad, por no haber manifestado el
genuino rostro de Dios, a causa de los defectos de su vida religiosa,
moral y social” (TMA 36). San Pablo decía que cristianos así sin
“enemigos de la cruz de Cristo” (Flp 3,18).
Para reflexionar en grupo:
-
La Navidad y Semana
Santa que celebra su familia, su comunidad, ¿son cristianas?
-
¿Qué piensa regalarle su
parroquia a Jesucristo para el año 2000? Platíquelo con su párroco.
-
Describa cómo se celebra
la fiesta patronal de su parroquia o pueblo, y distinga los
elementos cristianos de los comerciales, paganos, etc.
La voz de nuestros obispos:
“A pesar de su
extraordinaria capacidad para la transmisión de valores y para forjar
una nueva cultura, constatamos que los medios de comunicación entre
nosotros, con frecuencia trasmiten y fomentan antivalores,
manipulación de la verdad, degradación de la mujer, consumismo,
hedonismo, desintegración familiar y violencia”
(PP 129). Coméntelo.
Tema
Octavo: La Iglesia santa de los
pecadores
36.
El Santo Padre nos exhorta, como preparación al
Gran Jubileo, al arrepentimiento y a la penitencia por nuestros
pecados. Este tema es delicado, principalmente porque es más fácil
acumular culpas en otros que reconocer y enmendar las propias. Esto
sucede sobre todo cuando, sin perspectiva histórica, se juzgan
acciones del pasado o cuando, como en nuestra patria, se ha vivido un
anticlericalismo feroz. Cualquier defecto de un hijo de la Iglesia se
convierte en festín para los medios de comunicación, siempre al
servicio de los poderosos.
37.
Nuestra fe y experiencia nos enseñan que, mientras
caminamos por este mundo, estamos expuestos a las caídas y al polvo
del camino. “Si decimos que no tenemos pecados, nos engañamos a
nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”, dice san Juan
(1 Jn 1, 8). Por eso la Iglesia nos exhorta a pedir perdón por los
pecados, en primer lugar por los pecados personales: “Yo confieso
que he pecado mucho...”. Quien no reconoce primero su pecado, no
tiene ningún derecho de inculpar a los demás.
38.
Pero aquí se impone una distinción: una cosa es la
Iglesia tal y como la pensó y quiso Jesucristo, y otra la condición de
cada uno de sus miembros. La Iglesia, en cuanto Iglesia de Jesucristo,
es santa e inmaculada, porque es su esposa y su cuerpo místico. Su
cabeza es Cristo, el Santo de Dios, y en ella circulan la gracia y la
vida de Cristo; tiene la santa palabra de Dios y los santos
sacramentos, y es morada del Espíritu Santo. Por todo esto la llamamos
nuestra santa Madre la Iglesia.
39.
Pero la Iglesia santa abraza en su seno a los
pecadores. El Papa es claro: “La Iglesia, siendo santa por su
incorporación a Cristo, no se cansa de hacer penitencia
©...ª
Ella reconoce siempre como suyos, delante de Dios y delante de los
hombres, a los hijos pecadores” (TMA
33). No es la Iglesia, somos sus hijos quienes pecamos y la manchamos;
ella, en cambio, no se avergüenza de nosotros, sino que nos acoge
maternal y cariñosa, y nos invita a la penitencia. Nuestra santa Madre
de la Iglesia, herida por los pecados de sus hijos, los invita a unir
sus lágrimas penitenciales a las suyas incontaminadas.
40.
En concreto, el Papa nos invita a pedir perdón a
Dios por las siguientes culpas de sus hijos:
1º
Lo pecados contra la unidad de la Iglesia:
“Entre los pecados que exigen mayor compromiso de penitencia y de
conversión han de citarse ciertamente aquellos que han dañado la
unidad querida por Dios para su pueblo”... “Es necesario hacer
enmienda, invocando con fuerza el perdón de Cristo” (TMA 34).
2º
El pecado de intolerancia y violencia: “Otro capítulo doloroso
sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al
arrepentimiento, está constituido por el consentimiento manifestado,
especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso
de violencia en el servicio a la verdad” (TMA 35).
3º
Los pecados del presente: “A las puertas del
nuevo milenio los cristianos deben ponerse humildemente ante el Señor
para interrogarse sobre las responsabilidades que ellos tienen también
en relación con los males de nuestro tiempo” (TMA 36). Y el Papa
enumera algunos:
-
“La indiferencia
religiosa que lleva a muchos hombres de hoy a vivir como si Dios no
existiera”.
-
“La falta de
discernimiento, que a veces llega a ser de aprobación de no pocos
cristianos frente a la violación de fundamentales derechos humanos
por parte de regímenes totalitarios”.
-
“La corresponsabilidad
de tantos cristianos en graves formas de injusticia y de marginación
social”.
-
“El examen de
conciencia debe mirar también a la recepción del Concilio, ese gran
don del Espíritu a la Iglesia al final del segundo milenio”
(TMA 36).
Para reflexionar en grupo:
-
¿Conoce alguna institución, distinta de
la Iglesia, que pida perdón por sus pecados? ¿Es justo denigrar a la
Iglesia por las faltas de algunos de sus hijos?
-
Señale los casos más notables de
violación a los derechos humanos y diga cuál es la responsabilidad
de los cristianos al respecto.
-
¿Qué decir de los cristianos que se
abstienen de votar, o que votan por determinado candidato o partido
sólo para salvar sus propios intereses?
-
Diga cuáles son los documentos más
importantes del Concilio Vaticano II y de qué tratan.
La voz de nuestros
obispos:
“Ciertamente los desafíos que se presentan hoy a la Iglesia son
numerosos y desproporcionados ante nuestros recursos y capacidades. En
todo México sufrimos las consecuencias del pecado que impide la
promoción integral de cada persona y lastima la dignidad de nuestro
pueblo. Se trata del pecado que deforma y degrada nuestros valores
culturales, el pecado que se introduce en la misma Iglesia, como
comunidad y en cada uno de nosotros y así paraliza o debilita nuestra
labor evangelizadora”
(PP 149). Coméntelo.
Tema
Noveno: La Iglesia de los santos y de
los mártires
41.
La Iglesia de Jesucristo sigue produciendo frutos
de santidad. Si abraza todavía en su seno a los pecadores, muchísimos
de sus hijos llevan una vida ejemplar de imitación a Jesucristo, una
vida de virtud y santidad. El calendario litúrgico da testimonio de
innumerables hijos de la Iglesia elevados al honor de los altares y
celebra, con particular esplendor, la Solemnidad de Todos los
Santos, de todos los que ya han conseguido la plenitud de la
salvación. Esa Iglesia del cielo es la más importante, y a ella
esperamos unirnos algún día. Pero también en la Iglesia peregrinante
por esta tierra hay muchos frutos de santidad: en matrimonios
cristianos, en jóvenes generosos, en hombres y mujeres consagrados al
servicio de Dios y de sus hermanos. Los pecados se notan mucho, pero
los frutos de santidad son más numerosos.
42.
Un particular testimonio de la santidad de la
Iglesia son sus mártires. La Iglesia nació del costado del Crucificado
y esa sangre sigue corriendo en la Iglesia, fecundándola, mediante la
sangre de sus mártires. Oigamos las hermosas palabras del Santo Padre:
«La Iglesia del primer milenio nació de la sangre de los mártires:
“La sangre de los mártires es semilla de cristianos” (Tertuliano)»
(TMA 37). Si no hubiera sido por esa siembra, la Iglesia no hubiera
podido crecer y fortalecerse como lo hizo al final del primer milenio.
Pero ahora, añade el Papa, “al término del segundo milenio, la Iglesia
ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires
©...ª
Es un testimonio que no hay que dejar olvidar”
(TMA 37). Es un deber cristiano recoger el clamor
de justicia que los mártires elevan a Dios desde el altar, como dice
el Apocalipsis:
«Vi
debajo del altar, con vida, a los degollados
por causa de la
Palabra de Dios y
por haber dado el
testimonio debido.
Y gritaban con
fuerte voz, diciendo:
“Señor santo y
veraz, ¿cuándo nos harás justicia y
vengarás la
muerte sangrienta que nos dieron
los habitantes de
la tierra?”
Se les entregó
entonces un vestido blanco
a cada uno y se
les dijo:
Aguarden un poco
todavía.
Aguarden hasta
que se complete el número de sus compañeros y
de sus hermanos
que, como ustedes,
van a ser
martirizados» (Ap 6,9-11).
43.
El Papa nombra a México dos veces en su carta (Nos.
22 y 24) y, una de ellas, a propósito de la persecución religiosa en
la cual numerosísimos fieles católicos: jóvenes, sacerdotes,
religiosos y religiosas, fueron perseguidos y derramaron su sangre por
mantenerse firmes en su fe. Recientemente el Santo Padre beatificó al
sacerdote mártir Miguel Agustín Pro sj y a otros 23 sacerdotes
mártires del clero secular, así como a dos jóvenes de la Acción
Católica y a un padre de familia que dejó viuda e hijos huérfanos.
Son la gloria de la Iglesia de México.
44. A estos mártires
hay que sumar los innumerables fieles católicos, matrimonios,
familias, obispos, etc., que soportaron la persecución por mantenerse
firmes y defender su fe católica. Estos mártires y confesores, dice el
Papa, “manifiestan la vitalidad de las Iglesias locales
©...ª
El mayor homenaje que todas las Iglesias tributarán a Cristo en el
umbral del tercer milenio será la demostración de la omnipotente
presencia del Redentor mediante frutos de fe, esperanza y caridad en
hombres y mujeres de tantas lenguas y razas, que han seguido a Cristo
en las distintas formas de vocación cristiana”
(TMA 37).
Para reflexionar en grupo:
-
Uno del grupo narre
algún episodio de la persecución religiosa en México.
-
Diga por lo menos diez
nombres de mártires y confesores mexicanos beatificados por el Papa
Juan Pablo II recientemente.
-
¿Quién fue el
protomártir mexicano?
-
¿Podría usted decir cómo
se manifiesta todavía el espíritu persecutorio contra la Iglesia en
nuestra patria?
La voz de
nuestros obispos: “La educación
laicista que ha prevalecido en México ha debilitado el valor de la
presencia y el amor de Dios entre nosotros y ha propiciado el divorcio
entre la fe y la vida” (PP 1235).
Coméntelo.
Tema
Décimo: Caminemos con María hacia el
Gran Jubileo
45.
El Santo Padre nos presenta este tiempo de
preparación hacia el Gran Jubileo como un tiempo de Adviento “que
nos prepara el encuentro con Aquel que era, que es y que
constantemente viene” (cf Ap 4, 8) (TMA 20). El personaje bíblico
que mejor expresa toda la riqueza espiritual del Adviento es María
Santísima; por eso, nos recuerda el Papa: “El Año Mariano (1988)
fue como una anticipación del Jubileo, incluyendo en sí mucho de lo
que se deberá expresar plenamente en el año 2000” (TMA 26). La
Virgen Santísima es, pues, nuestra mejor guía hacia el tercer milenio.
46.
El Papa Juan Pablo
II, hace aquí una “advertencia profética” que no debemos dejar
pasar: “Es difícil –dice– no advertir cómo el Año Mariano
precedió muy de cerca los acontecimientos de 1989”, es decir, el
derrumbe del nacionalsocialismo y de los regímenes totalitarios que en
él se amparaban. No olvidemos que fueron acontecimientos inesperados y
llevados a cabo sin violencia; por eso, añade el Santo Padre, “son
sucesos que sorprenden por su envergadura y especialmente por su
rápido desarrollo” (TMA 27). Sin duda que aquí el Papa tiene en
mente la convicción de María en el Magníficat: “Derribó del trono a
los poderosos y enalteció a los humildes” (Lc 1, 52). Estas
palabras de María se cumplieron una vez celebrado el Año Mariano: el
poderosos imperio socialista se derrumbó como estatua de pies de
barro. ¿No será ésta una invitación a redoblar nuestra súplica
confiada a María para que ahora se cumpla lo que a continuación Ella
señala en su canto: “Colmó de bienes a los hambrientos –la
inmensa mayoría de la humanidad– y a los ricos, los despidió
sin nada” (Lc 1, 53)? ¿No debemos esperar un mundo más justo para
el tercer milenio? Dios no puede dejar de escuchar el clamor de sus
pobres.
47.
De esta convicción y expectativa se deduce la
propuesta de que “María Santísima estará presente de un modo, por
así decir, ‘transversal’ a lo largo de toda la fase preparatoria”
(TMA 43). La presencia de María “atraviesa” todo el tiempo de
preparación del Gran Jubileo: el primer año en el misterio de su
maternidad divina: “¡En su seno el Verbo se hizo carne!” (TMA
48); y, en el último, como “hija predilecta del Padre”, pues
“El Padre ha elegido a María para una misión única en la historia de
la salvación: ser Madre del mismo Salvador” (TMA 54).
48.
Nosotros también, a ejemplo del Papa y con sus
palabras, «confiamos esta tarea de toda la Iglesia a la materna
intercesión de María, Madre del Redentor. Ella, la Madre del amor
hermoso, será para los cristianos que se encaminan hacia el gran
Jubileo del tercer milenio la Estrella que guía con seguridad sus
pasos al encuentro del Señor. La humilde muchacha de Nazaret, que hace
dos mil años ofreció al mundo el Verbo encarnado, orienta hoy a la
humanidad hacia Aquel que es “la luz verdadera, aquella que ilumina a
todo hombre” (Jn 1, 9)» (TMA 59).
Para reflexionar en grupo:
-
Comentar esta frase del
Papa: “Nunca en la historia del hombre tanto dependió, como
entonces, del consentimiento de la criatura humana” (TMA 2). ¿A
quién se refiere? ¿Por qué?
-
¿Por qué la presencia de
María debe “atravesar” toda la preparación del año 2000?
-
¿Qué podemos esperar de
María como gracia especial? Vea TMA 51.
La voz de
nuestros obispos: «En el Tepeyac,
Santa María de Guadalupe nos muestra gran ternura y preocupación
maternal ofreciéndonos “amor, compasión, auxilio y defensa”
(Nic. Mop. 30). Hemos experimentado la
fidelidad de su compromiso evangelizador en las más graves crisis de
nuestra historia. Compadeciéndose de todos los moradores de esta
tierra, a través del mensaje a Juan Diego y por su misma imagen, nos
hace sentir su presencia, alentando la esperanza y protegiendo la vida
de sus hijos: “no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y
angustia. ¿No soy yo tu salud? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”
(Nic. Mop. 120-121)»
(PP 32). Coméntelo y lea también el No. 33.
Epílogo
49.
Es indispensable que esta Carta Pastoral se estudie
en todas las instancias y niveles de la Pastoral Diocesana: en las
Parroquias, Colegios, Casas de Formación; en los Movimientos y Grupos
Apostólicos, en los Consejos Parroquiales y que se tome en cuenta por
los responsables de las prioridades pastorales. Donde se juzgue
oportuno, se harán adaptaciones apropiadas la medio y a las
necesidades concretas de los participantes, pero sin desvirtuar el
contenido esencial.
50.
Hay temas poco conocidos y nunca estudiados entre
nosotros como son, por ejemplo, los que inician este escrito; pero el
Papa es enfático y habla de la “urgente necesidad” (TMA 38) de
abordarlos. No debemos de escatimar esfuerzos, pues se trata de lo
central y medular de nuestra fe.
51.
Mucho tendremos que enderezar, pero más lo que nos
queda por descubrir y aprender, pues el misterio de Cristo es
insondable, y su vigencia para la salvación del mundo no es sólo de
Ayer, sino que lo es Hoy –el hoy de la Iglesia– y lo
será Siempre.
Santiago de
Querétaro, Qro., Noviembre 20 de 1996.
† Mario de Gasperín Gasperín
VIII Obispo de Querétaro
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