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Nuestro Sr. Obispo
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CARTA PASTORAL N° 8/ 2002/
DEL SR. OBISPO DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE
QUERÉTARO
LA PARROQUIA, CENTRO DE COMUNIÓN Y ESCUELA DE SANTIDAD
A los Hermanos Presbíteros y
Diáconos
A los miembros de la Vida Consagrada
A los todos
los fieles católicos de la Diócesis de Querétaro
Salud, paz y bendición en el Señor Jesucristo.
1. Introducción
¡Duc in altum!
1.1
Hace veintitrés años que el entonces recién
elegido romano pontífice el Papa Juan Pablo II, pronunció como primer
mensaje al mundo ¡No
tengan miedo! ¡Ábranle las puertas a Cristo!
Ahora, en los inicios del Tercer Milenio, con renovado entusiasmo, nos
dice: ¡Duc in altum!, ¡Remen mar adentro!
y nos invita, en nombre de Cristo, a echar las redes para que la pesca
sea abundante (cf Lc 5, 4-6). El Gran Jubileo de la Encarnación fue un
acontecimiento de gracia singular; aunque el signo de la Puerta Santa se
cerró, la puerta que es Cristo sigue abierta de par en par y, cruzado ya
el umbral de la esperanza
debemos internarnos en alta mar para lanzar las redes del Evangelio:
la nueva evangelización.
Profecía del futuro
1.2
El Gran Jubileo que celebramos no sólo es
memoria del pasado
que debemos agradecer, sino profecía del
futuro que estamos llamados a construir.
La gracia jubilar tiene que hacerse operativa y traducirse en planes
concretos de acción. El mundo, a decir del Papa Pablo VI,
más necesita de testigos que de maestros;
y a la Iglesia, más que predicadores, le urgen pastores que entreguen la
vida por sus ovejas. Entrega que se hace día a día, con acciones
concretas y no con discursos. A esta acción concertada, ordenada y
enraizada en la realidad, le llamamos Plan Diocesano de Pastoral
(PDP).
Continuación de la encarnación
1.3
En cada Iglesia particular, congregada en
torno al Obispo, está presente y actúa la única y verdadera Iglesia de
Jesucristo la Iglesia Católica.
Este encarnarse de la Iglesia en el tiempo y en el
espacio refleja, en definitiva, el movimiento mismo de la Encarnación.
Es, pues, el momento de que cada Iglesia, reflexionando sobre lo que el
Espíritu ha dicho al Pueblo de Dios en este especial año de gracia,...
analice su fervor y recupere un nuevo impulso para su compromiso
espiritual y pastoral
(NMI 3). Lo que hemos ya realizado, nos mueve a la alabanza y acción de
gracias; pero lo que falta, no nos permite frenarnos ni, mucho menos
mirar hacia atrás, con el peligro de vernos excluidos del Reino de Dios
(cf Lc 9, 62) por eso tenemos que emprender una eficaz programación
pastoral postjubilar (NMI 15).
Caminar con esperanza
1.4 Impresiona gratamente que un
pontífice octogenario, con imposi- bilidades físicas para moverse, tenga
el ánimo tan alerta y entusiasta y nos invite a acelerar el paso pues,
nos dice, nos espera
una apasionante tarea de renacimiento espiritual
(NMI 29); de modo que nuestra andadura, al
principio de este nuevo milenio, deber ser más rápida al recorrer los
caminos del mundo (NMI 58). Porque toda
hora es buena, toda ocasión propicia y toda edad apta para anunciar el
Reino de Dios. El Hijo de Dios, muerto y resucitado, es el Señor de la
historia y sigue presente sosteniendo y guiando a su Iglesia; Él es
el fundamento profundo de toda nuestra
acción pastoral (NMI 15). Su Espíritu está
en nosotros y genera esa esperanza que no
defrauda (Rm 5, 5).
¡Caminemos, pues, con esperanza!.
2.
Prioridad de la Parroquia
La
parroquia
2.1 Desde el inicio de la
elaboración del Plan Diocesano de Pastoral hemos puesto especial
atención en la parroquia, porque esta institución es
la misma Iglesia que vive
entre las casas de sus hijos e hijas
(CFL 26) y donde se
ofrece a los fieles lo necesario para su salvación. En la Carta Pastoral
Del encuentro con Jesucristo a la
solidaridad con todos,
los obispos de México afirmamos que
es absolutamente
indispensable que llevemos a cabo una reflexión sobre la situación que
viven las parroquias en nuestra nación y hagamos todo lo posible para
que sean efectivamente la presencia comunitaria de Cristo más cercana a
la casa y a la sociedad... partiendo del principio fundamental de que la
parroquia tiene que seguir siendo una comunidad eminentemente
eucarística
(No. 175; EA 41). Ya me referí a la parroquia en mi Segunda Carta
Pastoral (1993), subrayando los aspectos de
comunidad de fe y de
culto al servicio de la comunión.
Ahora quiero hacerlo considerando su vocación a ser
centro de comunión y escuela de santidad,
según las indicaciones
pastorales del Papa Juan Pablo II en su carta apostólica
Novo Millennio Ineunte
(6 de Enero del 2001).
Acontecimientos eclesiales relevantes
2.2
A
partir de la proclamación del Plan Diocesano de Pastoral, la Diócesis de
Querétaro ha avanzado un largo trecho tal y como lo hemos podido
comprobar en las diversas asambleas y evaluaciones realizadas en el
trayecto de más de una década. Los acontecimientos eclesiales que hemos
vivido en sintonía con toda la Iglesia, nos han servido para actualizar
constantemente nuestro PDP. Entre los más significativos podemos
recordar la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
celebrada en Santo Domingo, República Dominicana, en octubre de 1992,
sobre
La
Nueva Evangelización, la Promoción Humana y la Cultura Cristiana;
la proclamación del Gran Jubileo hecha por el Papa Juan Pablo II en la
carta apostólica
Tertio Millennio
Adveniente de
noviembre de 1994, especialmente los tres últimos años dedicados a cada
una de las Divinas Personas, y el Gran Año Jubilar en honor de la
Santísima Trinidad y de la Eucaristía; el Proyecto Pastoral de la
Conferencia del Episcopado Mexicano 1996-2000, titulado:
Jesucristo, Vida y
Esperanza de México,
publicado el mes de Abril de 1996; la exhortación apostólica postsinodal
Ecclesia in
America sobre
El Encuentro
con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la
solidaridad en América,
entregada en la Basílica de Guadalupe por el mismo Santo Padre el 22 de
enero de 1999, durante su cuarta visita apostólica a México, y
actualizada y aplicada a nuestra patria en la carta pastoral de los
obispos Del
encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos
del 25 de Marzo del 2000. Sobresalió entre nosotros la Misión Diocesana
y la celebración de los Congresos Eucarísticos, juntamente con las
peregrinaciones para ganar la indulgencia jubilar y la visita de las
reliquias de Santa Teresita del Niño Jesús, recién proclamada Doctora de
la Iglesia, que se convirtió en una verdadera lluvia de bendiciones
celestiales como Ella misma lo prometió. Estos acontecimientos de gracia
fueron ocasión propicia que aprovechamos para reforzar las prioridades
del Plan Diocesano de Pastoral.
Espíritu y
vida
2.3
Este caminar diocesano en comunión con la
Iglesia universal, ha sido una rica experiencia que nos ha permitido ir
interiorizando los valores espirituales que entraña y transmite el Plan
de Pastoral; en efecto, no se trata de una mera organización externa,
sino de un espíritu y
de una vida que se experimenta y se
comunica de manera orgánica, ordenada. Este
espíritu y vida lo
hemos encontrado en la santa Palabra de Dios, escuchada, meditada y
hecha oración en la Lectio Divina
así como en la Liturgia de las Horas;
en la adoración al Santísimo Sacramento del Altar en las
Horas santas, y
mediante la celebración cuidada de la santa
Eucaristía. Hemos
invocado siempre la presencia e intercesión maternal de la Virgen
Santísima, maestra y guía solícita en el seguimiento de su Hijo. Este
alimento espiritual ha ido sosteniendo y haciendo crecer en nosotros los
pastores y también en los fieles la fuerza y la vida divina que nos
conduce a la salvación. En una palabra, el Plan Diocesano de Pastoral,
elaborado en comunión y participación bajo la guía del Espíritu Santo y
la conducción de su Pastor diocesano, ha sido para todos una experiencia
de fe y una escuela de comunión y de espiritualidad eclesial.
Documentos programáticos
2.4
Después de este largo camino, se necesita
hacer un alto no para detenerse en totalidad, sino para tomar nuevo
impulso y precisar las metas de la marcha. Para eso tenemos tres
instrumentos de apoyo de suma importancia: la exhortación apostólica
postsinodal del Papa Juan Pablo II:
La Iglesia en América
publicada en enero de 1999, la carta pastoral del episcopado mexicano:
Del encuentro con Jesucristo a la
solidaridad con todos de marzo del 2000,
que incorpora las propuestas del Romano Pontífice a la realidad social y
eclesial de México, y la reciente carta apostólica del Papa Juan Pablo
II: Novo Millennio Ineunte,
que actualiza y aplica la gracia del Gran Jubileo a la Iglesia al
comienzo del nuevo milenio, invitándonos a remar mar adentro –¡Duc
in altum! (Lc 5,
4)–, y a echar las redes en el nombre de Jesús. Estos documentos son
programáticos y de largo alcance, y deben marcar el rumbo pastoral de la
Iglesia que peregrina en México y en toda América en los inicios del
Tercer Milenio. Por esta razón los cito con generosidad.
La realidad
2.5 Como la
acción pastoral de la Iglesia incide en la realidad concreta –somos la
Iglesia del Verbo Encarnado–, hay otros acontecimientos que,
necesariamente, debemos tener en cuenta: como son el incremento de la
pobreza con sus lastimosas secuelas; la creciente inseguridad, violencia
e impunidad, y el fenómeno de la migración que tanto afecta a las
familias, a la cultura y a la fe de los mexicanos. Todo esto como fruto
del deterioro moral y de la corrupción generalizada propiciada, por
tantos años, desde lo alto del poder. Los atentados terroristas del 11
de septiembre pasado que afectaron al país más poderoso del mundo, nos
hablan de una realidad que se derrumba con sus ídolos e ideologías, y de
un futuro incierto, plagado de venganzas y miedos, pero que nosotros,
los cristianos, debemos fecundar con la esperanza que nos da el
Resucitado y transformar con el amor y el perdón que brotan de la Cruz.
Por otra parte, aquí en México, el cambio de algunas autoridades ha
despertado en muchos una leve esperanza de mejorar, aunque los repetidos
tropiezos generan desencanto y ensombrecen el difícil camino de la
incipiente democracia. Las rivalidades políticas de los partidos y los
resentimientos de los desplazados, agravan la situación con mayor
sufrimiento para los humildes. A los pastores y a los fieles católicos,
Cristo, el Buen Pastor, nos sigue invitando a salir al encuentro de sus
ovejas para superar estos desafíos y dar cumplimiento a sus esperanzas,
que son las de un cielo y una tierra nuevos, donde habite la paz como
fruto de la justicia.
La
globalización
2.6
No sólo estamos viviendo una época de
cambio sino una auténtico cambio de época; se trata más bien de la
irrupción del futuro –prometedor e inseguro a la vez– que de la
continuación o transformación del pasado. Los exponentes del fenómeno
son la innovación informática y la revolución genética junto con las así
llamadas liberación sexual y liberación femenina. Se está generando un
nuevo paradigma espacio-temporal para el hombre del Tercer Milenio, que
se conoce como
globalización. Es un
evento que no tiene
sólo una expresión económica, aunque sea la más conocida y sentida; sino
social y cultural, y por ende religiosa. No sólo se modifica el mundo y
el entorno por la tecnología, sino que se transforma el hombre mismo y,
por tanto, el sujeto de la evangelización y el destinatario de la acción
pastoral de la Iglesia. Los paradigmas de comportamiento social, de
comunicación y de comprensión, han cambiado. Por ejemplo, los pobres ya
no se miden únicamente por la carencia de bienes, sino también por la (im)posibilidad
de lograr capacidades, oficios y libertades; así, aunque ganen lo mismo,
son cada día más pobres. Hoy el pobre no es sólo el que no tiene, sino
el imposibilitado a tener, el excluido de todo y por todos. El número de
los desplazados y emigrantes por razones económicas, políticas, étnicas
y religiosas crece todos los días. Hay, también, una
globalización perversa;
casi con dimensiones satánicas, del mundo de la droga, de la
pornografía, del comercio sexual infantil y del terrorismo y tráfico de
armas. La globalización, como fenómeno humano y cultural, no debe ser
condenada sino redimida, y los cristianos debemos asumir la
responsabilidad. Urge, por tanto, crear una
cultura globalizada de la solidaridad (EA
55) y de los valores éticos y cristianos. La vocación universal a la
santidad es la respuesta adecuada al fenómeno inédito de la
globalización, pues son precisamente los santos quienes trascienden las
fronteras locales, temporales y culturales de la humanidad. Por eso
dice el Papa, la santidad es más que nunca
una urgencia pastoral
(NMI 30).
Iglesia de mártires y santos
2.7
Un acontecimiento sobresaliente para la
Iglesia de Jesucristo que peregrina en estas tierras, fue la
canonización de los 27 santos mexicanos: una religiosa: Santa María de
Jesús Venegas; un sacerdote diocesano: San José María de Yermo y Parrés,
y los 25 Mártires de la persecución religiosa del siglo pasado: 22
sacerdotes diocesanos y tres fieles laicos de la Acción Católica, uno de
ellos padre de familia. Éste ha sido, sin lugar a dudas, un especial
regalo de la Providencia divina a nuestra patria, que autentifica la fe
y la piedad que se vive en numerosos hogares, que se enseña en los
seminarios y se transmite en las parroquias. Por eso, los obispos de
México hemos señalado el día primero de noviembre, Solemnidad de
todos los Santos en el calendario litúrgico, como la fecha oportuna
para celebrar anualmente la
Jornada de Oración por la Santidad en México.
Como ha dicho el Papa: Poner la
programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena
de consecuencias (NMI
31).
La gracia
jubilar
2.8
Aunque es imposible hacer un recuento de
las gracias recibidas durante el Año Jubilar por tratarse de algo
espiritual, sin embargo, por el interés que ha despertado y que se ha
hecho manifiesto en actos externos como las peregrinaciones y las
celebraciones penitenciales y de acción de gracias, bien podemos decir
que fue verdaderamente
un año de gracia del Señor
para la Iglesia y de bendición para la humanidad entera.
Un río de agua viva, aquel que continuamente brota
del trono de Dios y del Cordero (Ap 22,
1), se ha derramado sobre la Iglesia
(NMI 1), y tiene que fecundar y renovar nuestro Plan Diocesano de
Pastoral.
Espíritu
quebrantado y ánimo agradecido.
2.9
Por todo esto, con ánimo agradecido y con
espíritu quebrantado y humillado a causa de nuestras limitaciones y
pecados, iniciamos el Nuevo Milenio cristiano dispuestos a colaborar
con nuevo ardor,
con nuevos métodos y nuevas expresiones
en la obra evangelizadora de la Iglesia. Es necesario que todos,
pastores y fieles, tengamos un encuentro
con Jesucristo, camino de conversión, comunión, solidaridad y misión en
México (subtítulo, Carta Pastoral). Se
nos pide, en una palabra, la conversión
pastoral (SD 30).
3.
La conversión pastoral
Llamado del
Santo Padre
3.1
En la asamblea plenaria celebrada en
noviembre del 2000, reflexionamos sobre el capítulo tres de la
exhortación apostólica
La Iglesia en América,
que trata acerca de la conversión. Nos sirvió para trabajar a lo largo
de casi un año en la revisión de nuestro caminar diocesano. Tenemos
ahora las indicaciones pastorales del Papa en su carta apostólica
Novo Millennio Ineunte,
que es un documento programático para la Iglesia universal y que debemos
acoger con obediencia filial y gratitud.
En la causa del Reino, nos dice, no hay tiempo para mirar para atrás, y
menos para dejarse llevar por la pereza. Es mucho lo que nos espera y
por eso tenemos que emprender una eficaz programación pastoral
postjubilar (NMI
15). Es evidente que todo este rico contenido doctrinal y pastoral
tenemos que adaptarlo y hacerlo nuestro, teniendo en cuenta la realidad
diocesana y las propuestas y sugerencias que han brotado de los
decanatos, de las parroquias, de los movimientos y, sobre todo, de la
última Asamblea Diocesana de Pastoral.
La conversión
3.2
La palabra metanoia que emplea el Nuevo
Testamento para referirse a la conversión, dice el Papa,
no es sólo un modo distinto de
pensar a nivel intelectual, sino de la revisión del propio modo de
actuar a la luz de los criterios evangélicos
(EA 26). Se trata de nuevo ardor,
de nuevos métodos
y de nuevas
expresiones en la vida personal y
comunitaria de la Iglesia. Así lo explicita el documento de Santo
Domingo: La Nueva Evangelización exige la
conversión pastoral de la Iglesia. Tal conversión debe ser coherente con
el Concilio. Lo toca todo y a todos: en la conciencia y en la praxis
personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y de autoridad;
con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más
claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación
universal (SD 30).
La conversión
pastoral
3.3 La
conversión pastoral
implica, por tanto, una conversión, en la conciencia y conducta de cada
uno, y también en las estructuras y dinamismos pastorales; una
conversión de los pastores y de los fieles a la vez, y no por separado,
sino en sintonía y comunión. Esta conversión de pastores y fieles
propiciará la renovación de los dinamismos y estructuras parroquiales.
Es una conversión en la que se genera una
nueva vida, en la que no hay separación entre la fe y las obras en
respuesta cotidiana a la universal llamada a la santidad, pues cuando
existe esta división, el cristianismo es sólo nominal
(EA 26). Esto quiere decir que la conversión pastoral tiene una
expresión social y comunitaria que debe abarcar
todos los ambientes y dimensiones de su vida (del
cristiano), especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la
obtención del bien común (EA 27). Un signo
de esta conversión pastoral consiste en la
incorporación efectiva de los fieles laicos, hombres y mujeres, en la
vida eclesial y en el compromiso social
(Carta pastoral Del Encuentro con Jesucris- to...., No. 118),
pues la renovación de la Iglesia en América no será posible sin la
presencia activa de los laicos
(EA, 44).
Vocación a la
santidad
3.4
La espiritualidad de comunión es la
expresión eclesial de la conversión y de la vocación universal a la
santidad de los discípulos de Jesucristo, y no debe considerarse como
algo extraordinario
en el sentido de algo reservado a un grupo o categoría especial de
fieles, sino que es la manera ordinaria y común de vivir la fe, de ser
cristiano, en cualquier estado o condición de vida en que se desarrolle
la existencia. Es el sentido obvio de la invitación de Jesús:
Sean perfectos como el Padre celestial es perfecto
(Mt 5, 48), de manera que las dificultades
e incomprensiones que los fieles laicos experimentan al momento de dar
testimonio público de la fe son parte del camino de santificación que
Jesucristo les propone al momento de invitarlos a su seguimiento
(Carta pastoral, No. 272).
Los
bienaventurados
3.5
El documento de Santo Domingo describe de
manera hermosa este llamado a la santidad. Dice:
La Iglesia es comunidad santa en
primer lugar por la presencia en ella del Cordero que la santifica por
su Espíritu. Por eso, sus miembros deben esforzarse cada día por vivir,
en el seguimiento de Jesús y en obediencia al Espíritu, para ser santos
e inmaculados en su presencia, en el amor
(Ef 1, 4). Estos son los hombres y mujeres
nuevos que América Latina y el Caribe necesitan: los que han escuchado
con corazón bueno y recto el llamado a la conversión y han renacido por
el Espíritu Santo según la imagen perfecta de Dios, que llaman a Dios
Padre y expresan su amor a Él en el reconocimiento de sus hermanos, que
son bienaventurados porque participan de la alegría del Reino de los
cielos, que son libres con la libertad que da la verdad y solidarios con
todos los hombres, especialmente con los que más sufren
(SD 32).
Escuela de
santidad
3.6
Hacer de la
Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que
tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles
al designio de Dios y responder a las profundas aspiraciones del mundo
(NMI 43); lo cual
quiere decir que es urgente que cada parroquia se convierta en un centro
y una escuela operante de santidad: santidad en los ministros y santidad
en las familias e individuos que componen la comunidad parroquial. Esta
santidad parroquial no es un “añadido” a la actividad pastoral y
apostólica, sino su alma y su vida, pues se
trata de uno de los puntos centrales de la Constitución dogmática sobre
la Iglesia del Concilio Vaticano II. La santidad es la meta del camino a
la conversión, pues ésta no es un fin en sí misma, sino proceso hacia
Dios, que es santo. Ser santos es imitar a Dios y glorificar su nombre
en las obras que realizamos en nuestra vida
(cf Mt 5, 16) (EA 30). Las canonizaciones que ha hecho el Santo Padre
nos muestran la santidad presente y operante en la Iglesia, y nos
estimulan a alcanzarla. La remodelación del Santuario de Nuestra Señora
de los Dolores de Soriano, con sus anexos para retiros, quiere ser un
instrumento de evangelización y una escuela de espiritualidad a
disposición de las parroquias y movimientos apostólicos diocesanos.
El santo de
Dios
3.7
Esta santidad se origina en aquel que es
el Santo de Dios
( Mc 1, 24), el mismo que se proclamó
el camino, la verdad y la vida
(Jn 14, 16), y la luz que ilumina a todo
hombre que viene a este mundo (Jn 1, 18).
Jesús es el origen, la fuente y el camino que conduce a la santidad.
Esto debe exponerse y explicarse a los fieles con toda claridad, de modo
que la centralidad de Jesucristo en el culto, la devoción y la vida de
la comunidad parroquial y del cristiano, sea algo patente a propios y
extraños. Nadie debe dudar o ignorar cuál es la fuente y el origen de la
santidad en la Iglesia. Cada cristiano es, por definición, seguidor e
imitador de Cristo contempladores de su
rostro para poder,
no sólo hablar, sino hacérselo ver a los demás
(NMI 16).
La fe crece por la palabra de Dios
3.8
El acceso a Jesucristo se nos da por el don
de la fe recibida en el bautismo, pero debe alimentase y crecer, en
primer lugar, mediante la escucha, meditación y estudio de la Palabra de
Dios hecha oración y alabanza en la liturgia de la Palabra, en la
liturgia de las Horas y mediante la
Lectio Divina. Es tan
importante esta conversión
de los católicos a la Sagrada Escritura, que el Concilio
recomienda insistentemente a todos los fieles,
especialmente a los religiosos, la lectura asidua de la Escritura para
que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo
(Flp 3, 8), pues, desconocer la Escritura
es desconocer a Cristo
(S. Jerónimo) (DV 25).
La Escritura,
sustento y vigor de la Iglesia
3.9
A nosotros los pastores, el Concilio
Vaticano II nos insiste que
toda la predicación de la Iglesia, como toda la
religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritura,
pues ella es sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus
hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual
(DV 21). De modo que, si los fieles no
tienen acceso fácil a la Sagrada Escritura, se les priva del sustento y
vigor que necesita su fe para traducirse en obras. De ninguna manera
será legítimo el reclamo a los fieles de falta de coherencia entre su fe
y su vida, si antes no se les ha proporcionado este alimento sólido y
vigoroso de la Palabra de Dios. El proceso que ha seguido nuestro Plan
Diocesano de Pastoral ha buscado ser un ejemplo ilustrativo que ayude a
pastores y fieles a este encuentro con Jesucristo vivo en su santa
Palabra. Alimentarnos de la Palabra para
ser servidores de la Palabra en el compromiso de la evangelización, nos
dice el Papa, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al
comienzo del tercer milenio
(NMI 40).
Inculturación del
Evangelio
3.10
La palabra de Dios crecía y el número de los
discípulos se multiplicaba (Hch 6, 7). Con
éstas y semejantes expresiones el libro de los Hechos de los Apóstoles
nos describe la fuerza de la palabra divina,
viva y eficaz, más penetrante que una espada de doble
filo (Hb 4, 12), es decir, capaz de
penetrar y trasformar toda la cultura y todas las culturas. La
evangelización lleva necesariamente a la misión.
El cristianismo del Tercer Milenio debe responder cada vez mejor a esta
exigencia de la inculturación. Permaneciendo plenamente uno mismo, en
total fidelidad al anuncio evangélico y a la tradición eclesial, llevará
también consigo el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que
ha sido acogido y arraigado (NMI 40).
Nosotros tenemos un modelo precioso del
Evangelio perfectamente inculturado
(Juan Pablo II) en la persona y
mensaje de Santa María de Guadalupe. La inculturación del Evangelio,
para que sea auténtica y eficaz, debe fundamentarse en la fidelidad al
hombre y a Dios.
Acciones:
Para que este acercamiento a la santa Palabra de Dios sea
posible a la comunidad parroquial, señalo a los señores párrocos y
rectores de templos los siguientes medios:
-
Celebrar con frecuencia la Liturgia de las Horas
con los fieles.
-
Crear
en cada comunidad una Escuela Bíblica Parroquial, con cursos sencillos
y básicos de estudios bíblicos.
-
Hacer grupos o círculos bíblicos utilizando el
método de la Lectio Divina.
-
Poner en el templo una Biblia o un Leccionario para
que los fieles puedan leer un pasaje de la santa Escritura, por
ejemplo, cuando visitan al Santísimo Sacramento.
-
Imponer como penitencia sacramental la recitación
de un salmo o la lectura de un pasaje bíblico, sobre todo del
Evangelio.
-
Recomendar la entronización de la Sagrada Escritura
en los hogares y la lectura en familia de un pasaje bíblico cada día.
-
Enviar a algunos feligreses a prepararse en la
Escuela Bíblica Diocesana “Verbum Vitae”,
y facilitarles Biblias y material bíblico de estudio.
El sacramento de la Reconciliación
3.11 El encuentro
con Jesucristo vivo en el Sacramento de la Reconciliación y de
la penitencia, es indispensable para experimentar su misericordia,
poder ser misericordiosos y crecer en santidad.
En este camino de conversión y de búsqueda de la
santidad, dice el Papa, deben fomentarse los medios ascéticos que
existieron siempre en la práctica de la Iglesia, y que alcanzan la
cima en el Sacramento del perdón, recibido y celebrado con las debidas
disposiciones. Sólo quien se reconcilia con Dios es protagonista de
una auténtica reconciliación con y entre los hermanos
(EA 32). Santo es aquel que ha logrado y vive la reconciliación con
Dios, con los hermanos y con la creación.
Reavivar la conciencia del pecado.
3.12 Sin lugar a dudas,
la celebración del Año Jubilar mucho ha contribuido a renovar la
práctica de la penitencia sacramental y a despertar la conciencia del
pecado, no sólo dormida sino deformada que existe en la sociedad
contemporánea, incluidos, por desgracia, muchos católicos. La
formación de la recta conciencia en los fieles es una tarea
impostergable de los pastores, y requiere de
una renovada valentía pastoral
(NMI 37). Es preciso continuar e intensificar esta instrucción y
práctica, inculcando los medios tradicionales de ascesis y de
penitencia, que pertenecen al acervo espiritual de la Iglesia y que
gozan aún del aprecio del pueblo cristiano.
¡No debemos rendirnos, queridos hermanos
sacerdotes, ante las crisis contemporáneas! Los dones del Señor –y
los Sacramentos son de los más preciosos– vienen de Aquél que conoce
bien el corazón del hombre y es el Señor de la historia,
afirma el Papa (NMI 37).
Acciones:
Para
facilitar esta práctica penitencial, podemos enumerar los siguientes
medios:
-
Las celebraciones comunitarias de la penitencia,
según lo establece el Ritual de este Sacramento y con las
condiciones que la Santa Iglesia establece.
-
Ofrecer oportunamente a los fieles el Sacramento
de la Reconciliación y una conveniente variedad de confesores. Fijar
y observar los horarios de confesión.
-
Ilustrar la conciencia de los fieles con una
clara doctrina sobre el pecado y sus consecuencias individuales y
sociales, y enseñarles el método práctico de examinar su conciencia
y confesarse.
-
Aprovechar la riqueza del rito penitencial (no
sacramental) de la Santa Misa, utilizando las fórmulas que ofrece el
misal para los diversos tiempos litúrgicos.
-
Ofrecer a los fieles las prácticas penitenciales
tradicionales como son el rezo del Viacrucis y de los salmos
penitenciales, las peregrinaciones, los ayunos, la limosna, las
obras de misericordia y las oraciones indulgenciadas.
-
Habilitar convenientemente las sedes
confesionales y la capilla penitencial, según las nuevas normas
litúrgicas, la higiene y la comodidad.
-
Recordar el deber de llevar una vida sobria,
haciendo uso moderado de los bienes y experimentando la alegría de
dar.
4.
Eclesiología y
Espiritualidad de Comunión
Espiritualidad de comunión
4.1
En el itinerario espiritual
que nos traza la exhortación apostólica Ecclesia in America y
que retoma la Carta pastoral del Episcopado Mexicano Del encuentro
con Jesucristo a la solidaridad con todos, el punto central es la
comunión. En efecto, la obra salvífica de Cristo se realiza en
la comunión, pues fue voluntad divina salvarnos no individualmente y
como por separado, sino formando un sólo pueblo, una comunidad de
salvación llamada Iglesia. Iglesia quiere decir comunión. Tanto
el encuentro con Cristo como la conversión son para llevarnos a
la comunión y, si ésta es verdadera, a la solidaridad y
a la misión.
Un solo corazón y una sola alma
4.2
La comunión expresa el
misterio mismo de la Iglesia, su esencia más profunda, según lo enseña
el Papa Juan Pablo II: Otro aspecto importante en que será
necesario poner un decidido empeño programático, tanto en el ámbito de
la Iglesia universal como de las Iglesias particulares, es el de la
comunión (koinonía), que encarna y manifiesta la esencia misma del
misterio de la Iglesia. La comunión es el fruto y la manifestación de
aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en
nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf Rm 5, 5),
para hacer de todos nosotros un solo corazón y una sola alma (Hch
4, 32). Realizando esta comunión de amor, la Iglesia se manifiesta
como sacramento, o sea, como signo e instrumento de íntima unión con
Dios y de unidad del género humano (NMI 42).
Triple nivel de la
comunión
4.3
La eclesiología y
espiritualidad de la comunión se viven en un triple nivel:
Trinitario: La
eclesiología y espiritualidad de la comunión hunden sus raíces, como
la misma Iglesia, en el misterio trinitario: Somos un pueblo
congregado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y
nuestro destino final será participar de esta misma vida divina en
el seno de la Trinidad: Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo
en ti, que ellos también estén unidos a nosotros (Jn 17, 21).
Fraterno:
Consagrados al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por el Bautismo,
formamos la familia de los hijos de Dios hermanados en Cristo por
obra del Espíritu; somos así miembros unos de otros en la
esplendorosa riqueza del “Cuerpo Místico de Cristo” de modo que un
hermano es siempre alguien que me pertenece.
Solidario: Esta
realidad se expresa y vive cuando hacemos espacio en nuestra vida al
hermano que sufre y nos ayudamos unos a otros a llevar las cargas
haciendo de la solidaridad la expresión operante de la caridad
(Carta pastoral, No. 223).
Sin esta
“espiritualidad”, sin esta moción interior y docilidad al Espíritu,
sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos
externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma,
máscaras de comunión más que sus medios de expresión y crecimiento
(NMI 43).
Los espacios de la comunión
4.4 La
carta apostólica sobre el Nuevo Milenio tiene un párrafo de capital
importancia. Dice el Papa: En el entramado de la vida de cada
Iglesia, la comunión ha de ser patente en las relaciones entre
obispos, presbíteros y diáconos, entre pastores y todo el pueblo de
Dios, entre clero y religiosos, entre asociaciones y movimientos
eclesiales. Para ello se deben valorar cada vez más los organismos de
participación previstos por el Derecho Canónico, como los Consejos
Presbiterales y Pastorales. Éstos, como es sabido, no se inspiran en
los criterios de la democracia parlamentaria, puesto que actúan de
manera consultiva no deliberativa; sin embargo, no pierden por ello su
significado e importancia. En efecto, la teología y la espiritualidad
de la comunión aconsejan una escucha recíproca y eficaz entre pastores
y fieles, manteniéndolos por un lado unidos a priori en todo lo que es
esencial y, por otro, impulsándolos a confluir normalmente incluso en
lo opinable hacia opciones ponderadas y compartidas (NMI 45). Es
en la parroquia donde deben confluir e integrarse los consagrados y
consagradas, los movimientos y grupos apostólicos y, mediante la
parroquia, en el decanato y así en la pastoral diocesana; cada
parroquia contará con su Plan Parroquial de Pastoral, enriquecido con
los dones y carismas de sus miembros. El párroco debe ver con interés
y aprecio los institutos de formación y servicio que existen en su
territorio, como son los colegios, asilos, hospitales y obras de
asistencia y prestarles la atención espiritual que necesitan, pues
son sus feligreses.
El
gran desafío de la Iglesia
4.5
Aquí tenemos, claramente
descrito, el ideal que perseguimos en nuestro Plan Diocesano de
Pastoral que, con palabras del Documento de Puebla, comenzamos a
elaborar hace más de una década en comunión y participación. En
él se expresa y actualiza, el aquí y ahora de la acción pastoral, el
designio salvífico de Dios para los fieles. Si alguno –persona,
movimiento, instituto, etcétera.– se rehúsa a participar, o si alguien
impide a otro hacerlo, ciertamente no está colaborando en la
edificación de la Iglesia ni está sirviendo al Reino de Dios. Lo dice
expresamente el Papa: Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de
la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el
milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y
responder también a las profundas esperanzas del mundo (NMI 43). Y
en la homilía de la misa de clausura del X Sínodo General Ordinario de
los Obispos, dijo: La fuerza de la Iglesia está en la comunión, su
debilidad en la división y en el enfrentamiento.
Acciones:
Debemos
educarnos para la comunión, aprenderla como todo aprendizaje con
acciones concretas. Señalo algunas:
-
La oración en común, tanto litúrgica como de
piedad popular. Jesús educó a sus discípulos enseñándolos a orar. El
párroco debe ser maestro y pedagogo de la oración comunitaria.
-
Invitar a la oración cuando hay situaciones que
afectan a la comunidad (sequía, hambre, guerra, etcétera) usando
los formularios litúrgicos.
-
Hacer las colectas en beneficio de la Iglesia
universal (Misiones, Óbolo de San Pedro, Clero indígena, etcétera),
las obras comunes del Episcopado (Misioneros de Guadalupe,
Universidad Pontificia), de la Iglesia diocesana (Diezmo, Seminario,
evangelización) y la caridad fraterna sacerdotal (Ccyas).
-
Fortalecer las instituciones de comunión como son
los diversos Consejos, los Decanatos, los Retiros, Ejercicios
espirituales y las Semanas de estudio en común.
-
Obras de servicio comunitario en la parroquia:
dispensarios médicos, cooperativas, comedores.
Todas estas
acciones, y otras similares, expresan la espiritualidad de la comunión
como principio educativo –dice el Papa– en todos los lugares donde se
forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del
altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se
construyen las familias y las comunidades (NMI 43).
La santa Eucaristía
4.6 El encuentro
sacramental con Jesucristo vivo tiene su expresión máxima en la
celebración de la santísima Eucaristía, pues en ella se contiene
todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra
Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres,
vivificada y vivificante por el Espíritu Santo; por eso, los otros
sacramentos, así como los ministerios eclesiásticos y obras de
apostolado, están íntimamente relacionados con la sagrada Eucaristía y
a ella se ordenan (Presbyterorum Ordinis 5b). La sagrada
Eucaristía es la fuente primaria y original de la comunión eclesial,
pues la participación del cuerpo y sangre de Cristo hace que
pasemos a ser aquello que recibimos (San León Magno) y en ella
se manifiesta el símbolo de aquella caridad y unidad del Cuerpo
místico, sin la cual no puede haber salvación (Lumen Gentium
26).
La parroquia, comunidad eucarística
4.7 Es necesario, pues,
que la parroquia sea una comunidad eminentemente eucarística y
que la celebración de tan augusto sacrificio y sacramento sea el
centro de la vida cristiana y la inspiración y apoyo de toda la
actividad pastoral y apostólica. Si bien existen algunos movimientos o
asociaciones que se refieren en particular a la santa Eucaristía, todo
movimiento u obra de apostolado tiene que estar centrado en la
celebración y adoración de tan gran Sacramento. La parroquia,
nos recuerda el Papa, sin el culto eucarístico, como su corazón
palpitante, se vuelve estéril (23-XI-01); por tanto, debe
renovarse continuamente, partiendo del principio fundamental de que la
parroquia tiene que seguir siendo primariamente comunidad eucarística
(EA 41); por eso, todas las demás comunidades, deben referirse en su
acción pastoral a la parroquia y encontrar allí acogida y aliento.
La Eucaristía, fuente de renovación parroquial
4.8 Queda
perfectamente claro que la renovación parroquial comienza con la
renovación de la fe y del culto que rindan pastores y fieles a la
santa Eucaristía. Este principio, añade el Papa, implica que
las parroquias están llamadas a ser receptivas y solidarias, lugar de
la iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe,
abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios,
organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de los
movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad
cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y
supraparroquiales y a las realidades circunstantes (EA 41). En
este denso párrafo, el Romano Pontífice, recogiendo las propuestas
sinodales, nos traza un programa de renovación parroquial a partir de
la santa Eucaristía, sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo
de caridad. Es, pues, la sinaxis eucarística el centro de toda la
asamblea de los fieles que preside el presbítero... Enseñen, por
tanto, a fondo a los fieles a ofrecer a Dios Padre la Víctima en el
sacrificio de la Misa y a hacer, juntamente con ella, oblación de su
propia vida (PO 5) y a obtener así su santificación. Es evidente
que la santificación del Día del Señor, sobre todo con la misa
dominical, especialmente la que por deber grave de justicia ha de
ofrecer el párroco por sus fieles (cf c. 534) y celebrar con especial
solemnidad, debe ser la expresión máxima del cumplimiento de este
precepto. El domingo, memorial de la Pascua del Señor, es el día en
que se actualiza su sacrificio, se alimenta la fe, se fortalece la
comunidad y se renueva la creación con la presencia del Resucitado y
la fuerza de su Espíritu. Al final de cada Eucaristía los fieles
deberían de poder exclamar: ¡Hemos visto al Señor! (Jn 20, 25).
Lo santo a los santos.
4.9 El
presbítero y los fieles deben expresar mediante signos externos su fe,
su aprecio y respeto a la santa Eucaristía. Al celebrar estos santos
misterios, debemos tener presente la advertencia del Señor a sus
ministros de ser santos para poder tratar las cosas santas, y
acercarse a la zarza ardiente del amor de Cristo con el alma limpia y
quitadas las sandalias. A los pastores se nos pide que la casa de
oración, en que se celebra y se guarda la santísima Eucaristía y se
congregan los fieles, y en que se adora, para auxilio y consuelo de
los fieles, la presencia del Hijo de Dios, salvador nuestro, debe
estar nítida, dispuesta a la oración para las sagradas solemnidades
(PO 5). Allí el texto conciliar nos remite a San Jerónimo, quien pedía
se diera a los cálices sagrados y a los santos velos la misma
veneración que se da al cuerpo y sangre del Señor (Epístola 114,
2).
Pedagogía del signo
y de la imagen
4.l0
Directorio para el Ministerio y Vida de los Presbíteros es más
explícito cuando nos recuerda que, en una sociedad cada vez más
sensible a la comunicación a través de signos e imágenes, el sacerdote
cuidará adecuadamente todo lo que puede aumentar el decoro y el
aspecto sagrado de la celebración. Es importante que en la celebración
eucarística haya un adecuado cuidado de la limpieza del lugar, del
diseño del altar y del sagrario, de la nobleza de los vasos sagrados,
de los ornamentos, del canto, de la música, del silencio sagrado,
etcétera. De hecho, la falta de atención a estos aspectos simbólicos
de la liturgia, y aún peor, el descuido, la prisa, la superficialidad
y el desorden, vacían de significado y debilitan la función de
aumentar la fe. El que celebra mal, manifiesta la debilidad de su fe y
no educa a los demás en la fe (No. 49). Somos hijos y herederos de
un pueblo de particular sensibilidad religiosa y artística; debemos,
pues, recobrar el gusto por el arte sagrado en todas sus
manifestaciones –música, arquitectura, pintura, escultura, etcétera–
puesto que son medios muy aptos de evangelización, que ayudan a elevar
la mente y el corazón a Dios y a expresar sentimientos de piedad y
adoración.
Acciones:
Para acatar estas
advertencias, señalo algunos medios prácticos:
-
Revisar los manteles, albas, capa pluvial y
ornamentos para que estén limpios, en buenas condiciones y completos
los colores litúrgicos.
-
Mandar dorar y pulir los cálices, copones,
custodia, vinajeras, platillo de la comunión, evitando los plásticos
y todo material poco digno.
-
Cuidar el aseo de la capilla y del altar del
Santísimo Sacramento, que el Sagrario sea digno y seguro, con la
lámpara encendida y la cortinilla decorosa.
-
La nave del templo y las bancas deben de estar
limpias y cómodas, de modo que los asistentes se sientan a gusto. Es
indispensable tener un buen sonido y hacer uso correcto, no
agresivo, del micrófono.
-
Los trajes de los ministros deben estar limpios,
a su medida, y enseñarlos a llevar correctamente el incensario, a
tocar la campanilla y a hacer la genuflexión.
-
Procurar que existan los libros litúrgicos
necesarios, que estén en buenas condiciones, y que las comunidades
menores vayan adquiriendo los indispensables.
-
Revisar y preparar con los coros y cantores los
cánticos que se ejecutarán durante la celebración para evitar
sorpresas y abusos. Utilizar el Cantoral Litúrgico del Seminario y
seguir sus normas prácticas.
-
Celebrar una liturgia apropiada para los niños,
para los jóvenes y para los indígenas.
-
Cuidar la puntualidad del celebrante y educar en
la misma, en el orden y en la limpieza a la comunidad. La asamblea
litúrgica exige un comportamiento y un vestido digno.
-
En la sacristía debe guardarse silencio y
respeto, de modo que el sacerdote y los ayudantes se preparen
espiritualmente a la celebración de los divinos misterios.
La preparación para la misa incluye la selección de los
textos, procurando evitar la improvisación y ofreciendo a los fieles
la riqueza del misal.
La Cultura cristiana
4.11 El Papa ha
insistido en la parroquia como centro de irradiación de cultura
cristiana; como un lugar privilegiado para que “el modo de ser” del
cristianismo se haga vida en la sociedad: Una fe que no se hace
cultura es una fe no aceptada plenamente, no pensada enteramente, no
vivida fielmente, ha repetido una y otra vez. Los pastores debemos
sentir en nuestra conciencia el peso de este certero diagnóstico.
Somos los primeros responsables de que el Evangelio se haga cultura.
Caigamos en la cuenta que el hombre moderno no sólo ha intentado hacer
desaparecer a Dios de la razón, sino de la memoria. Para muchos
católicos, Dios es algo poco relevante en su vida, hasta
superfluo. Se trata de una apostasía silenciosa, escondida detrás de
la indiferencia tranquila de la cultura de la inmanencia que invade la
vida. Una verdadera pastoral de la cultura es fundamental para la
nueva evangelización.
Acciones:
Siguiendo
algunas de las indicaciones del Pontificio Consejo para la Cultura,
propongo a los señores párrocos:
-
La formación de círculos de lectura y reflexión,
seleccionando libros, periódicos –El Observador por supuesto– y
revistas de calidad literaria y contenido cristiano. Formar una
biblioteca y hemeroteca parroquial y editar el propio boletín
informativo.
-
Tener un cine club con debate; lo mismo con
películas rentadas o programas de televisión, de modo que se eduque
el buen gusto y el sentido crítico.
-
Formar grupos musicales, de teatro y de artes
plásticas que fomenten la cultura con obras educativas de calidad
literaria y artística.
5.
Acción pastoral por la familia y los
pobres
La pastoral familiar
5.1 Es de
todos conocido el empeño que el Santo Padre ha puesto en tutelar y
promover la institución familiar como fruto natural del sacramento del
matrimonio; su naturaleza y misión de célula fundamental de la
sociedad, de santuario de la vida, de escuela de humanidad y de
iglesia doméstica. Todas estas denominaciones manifiestan su capital
importancia tanto para la sociedad como para la Iglesia y, por tanto,
para la acción pastoral. Más aún, este cuidado pastoral debe hacerse
hoy en día más acucioso e intenso a causa de los ataques que padece de
parte de los gobiernos, de los medios de comunicación y de los grandes
intereses políticos y económicos transnacionales que, con sus
políticas antinatalistas y hedonistas, la hacen blanco de agresiones
cada día mayores.
El Evangelio de la vida
5.2 La
Iglesia responde a esta cultura de la muerte con el Evangelio
de la vida, con la buena noticia de que la vida es un don esplendoroso
de Dios desde su inicio en la concepción hasta su término natural; que
el hombre es imagen e hijo de Dios, único ser a quien Dios ama por sí
mismo, y que el derecho a la vida es el derecho primero y
fundamental que sustenta todos los demás. Por tanto, que la santa
Iglesia es el pueblo de la vida y para la vida cuyo origen y
destino final es Dios.
Promotoras de su propio
desarrollo
5.3
Por todo esto, la pastoral
familiar debe ocupar un primerísimo lugar ya que en ella se apoyan y
sustentan otras ramas como son las pastorales matrimonial, vocacional
y juvenil. Habrá que buscar que las familias mismas sean cada vez
más conscientes de la atención debida a los hijos y hacerse promotoras
de una eficaz presencia eclesial y social para tutelar sus derechos
(NMI 47). Pensemos, por ejemplo, en los agravios que sufren las
familias en el campo de la educación o de la salud. El magisterio de
la Iglesia eleva su voz defendiendo estos derechos, pero si las
familias no los reclaman, seguirá triunfando la manipulación y la
injusticia.
Acciones:
Para una
mejor atención a las familias, proponemos:
-
Organizar el Equipo parroquial de pastoral
familiar.
-
Fundar la Escuela para Padres, al menos una por
decanato.
-
Promover los movimientos que apoyan a las
familias: Movimiento familiar cristiano, Encuentros matrimoniales,
Familia educadora en la fe, etcétera.
-
Instrucción pre-matrimonial, Paternidad
responsable (Bi- llings), Acompañamiento a matrimonios jóvenes,
Consultoría matrimonial, etcétera.
-
Celebración de la Semana de la familia y del Día
de la vida.
-
Preparar y celebrar dignamente el sacramento del
matrimonio, superando lo meramente ceremonial y “social”.
Los pobres: presencia
de Cristo
5.4 La
opción preferencial por los pobres es una opción de la Iglesia
porque lo es de Jesucristo. Él, en efecto, siendo rico se hizo
pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8, 9).
Así, optar por los pobres es imitar a Jesús y, al mismo tiempo, optar
por Jesús presente en ellos. La identificación que Cristo hace de su
persona con el prójimo desnudo, hambriento, sediento, enfermo,
encarcelado (cf Mt 25, 35-36) no es una simple invitación a la
caridad: es una página
de cristología, que ilumina el misterio de Cristo,
y nos está diciendo dónde y cómo Cristo quiere ser reconocido y
servido. Por eso, sobre esta página, la Iglesia comprueba su
fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la
ortodoxia
(NMI, 49). En una palabra, los pobres son presencia, son “sacramento”
vivo de Cristo; sobre ellos también nos dice: éstos son mi cuerpo.
Gran escándalo
5.5
Se trata, pues, de una opción teológica y espiritual que, sin
exclusión, privilegia a quienes el mundo rechaza y menosprecia, como
lo hizo con Jesús. La reciente globalización ofrece grandes
posibilidades de progreso a pocos afortunados, dejando no sólo a
millones y millones de personas al margen del progreso, sino a vivir
en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la
dignidad humana (NMI 50). Para un discípulo verdadero de Cristo,
esta situación al inicio del Tercer Milenio, debe ser considerada como
escandalosa e intolerable; por eso, el cristiano que se asoma a
este panorama, debe aprender a hacer un acto de fe en Cristo
interpretando el llamamiento que Él dirige desde este mundo de la
pobreza, llamado que requiere de nosotros una mayor creatividad, una
nueva imaginación de la caridad (Ibid). Es una opción no
política ni económica, sino de fe, con profunda incidencia
en la vida.
La casa de los pobres
5.6 Una
acción pastoral en este sentido, será la más grande y eficaz
presentación de la buena nueva del Reino para que el mundo crea y
para que nuestro mensaje sea creíble, pues tenemos que actuar de tal
manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como
en su casa (Ibid). En una palabra, la parroquia debe
ser la casa de los pobres. Las acciones gubernamentales han
sido hasta ahora insuficientes y frustrantes. Es necesario enseñar con
el ejemplo: La parroquia debe ser escuela de solidaridad. Porque es
posible, es obligatorio ayudar a los pobres a salir de su miseria con
sus propias fuerzas, según decía la Madre Teresa de Calcuta: Tengan
confianza en los pobres: tienen muy poco, pero saben hacer mucho.
Acciones:
El panorama
es tan amplio como las necesidades de nuestros fieles. La Iglesia, en
su larga historia, ha sido inventora y promotora de formas
variadísimas de caridad. Los santos y santas, apremiados por el amor
de Cristo, nos han dado ejemplo de creatividad. Es indispensable que
cada parroquia emprenda acciones concretas de diversos tipos, según
propuse en la carta circular 8/95. Recuerdo algunas:
-
Acciones promocionales: Estudio sobre la doctrina
social de la Iglesia, cooperativas de ahorro y de consumo, huertos
familiares, microcréditos, etcétera.
-
Acciones asistenciales: Comedores parroquiales
para los pobres, dispensarios médicos, medicina natural, hospedaje
para migrantes, etcétera.
-
Acciones solidarias: Costear una operación
quirúrgica, dar algunas becas para estudios, quitar focos de
infección, campañas de reforestación, etcétera.
-
Cada decanato deberá implementar sus pastorales
específicas: migrantes, indígenas, campesinos, obreros, etcétera.,
según sus necesidades pastorales.
6.
Bajo la protección de la Virgen
María
La Virgen María,
modelo de santidad
6.1 La Virgen María, está unida a su Hijo con un
vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma
prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija
predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo; con el don de una
gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las demás
criaturas, celestiales y terrenas (LG 53). Pero, como hija de
Adán, es también proclamada como miembro excelentísimo y
enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo
de la misma en la fe y en la caridad, a quien la Iglesia católica,
instruida por el Espíritu Santo, venera, como madre amantísima, con
afecto de piedad filial (Ibid). Por eso es en la Iglesia
modelo perfecto de santidad. Ella muestra no sólo que la santidad es
posible para nosotros, sino que intercede ante su divino Hijo para que
adquiramos esa misma santidad: escuchando la palabra de Dios y
poniéndola en práctica (Lc 8, 21).
Mediación maternal
6.2 Uno es el mediador entre Dios y los hombres, el
hombre Cristo Jesús (1 Tm 2, 5); María Santísima, en cambio, por
haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles,
ejerce una misión maternal especial respecto a todos los hombres, que
en nada obscurece la única mediación de su Hijo, sino que se apoya
en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de ella misma
saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los
creyentes con Cristo, la fomenta (LG 60). Este papel singular de
la Virgen María debe ser expuesto con toda claridad y firmeza a los
fieles, evitando cualquier extremo pernicioso. Puesto que la
santidad es la clave del ardor de la nueva evangelización (SD 32),
María Santísima no es sólo modelo de santidad en la Iglesia, sino la
primera Evangelizadora y la Estrella de la nueva evangelización. Por
eso, con gran acierto, en nuestros pueblos el Evangelio ha sido
anunciado, presentando a la Virgen María como su realización más alta
(DP 282), de modo que Ella ha llegado a ser la Madre educadora
en la fe, que cuida de que el Evangelio nos penetre, conforme nuestra
vida diaria y produzca frutos de santidad (Ibid). La
espiritualidad mariana, especialmente la que dice relación con el
misterio de los Dolores de la Virgen Santísima, debe inspirar nuestra
pastoral diocesana.
Modelos insignes de santidad
6.3 Las recientes canonizaciones que el Santo Padre ha
hecho de numerosos hijos de la Iglesia, entre ellos de veintisiete
compatriotas nuestros, muestra a las claras los frutos de santidad que
adornan a la Iglesia en México. Estos hijos insignes de la Iglesia
constituyen un estímulo valioso para que, pastores y fieles,
procuremos seguir su ejemplo apoyados en su intercesión. Las fiestas
patronales, tanto diocesanas como parroquiales, deben ser para todos
una invitación constante a la santidad. Por eso, es necesario celebrar
estas festividades con entusiasmo, purificán- dolas de las adherencias
menos cristianas que las suelen empañar. En cada fiesta patronal, la
Esposa de Cristo debe brillar sin mancha ni arruga, presagio y
anticipo de la Jerusalén celestial. Son, pues, una ocasión
privilegiada para catequizar y entusiasmar a los fieles en la búsqueda
de su común vocación a la santidad. La Solemnidad de todos los Santos
debe recobrar su significado litúrgico, y no otra cosa debería hacerse
en el bautizo al escoger un nombre no ajeno al sentir cristiano
(cf c. 855), de modo que, en lo posible, cada bautizado tenga un Santo
Patrono en el cielo.
7.
Conclusión
El fundamento es Cristo
Después de dos mil años
de la venida del Redentor, la Iglesia celebra y vive su obra salvadora
como si hubiera sucedido hoy y animada por esta experiencia, retoma
hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo (NMI 28), porque
el misterio de Cristo es el fundamento de nuestra acción pastoral
(Ibid. 15). Invito, pues, a todos, pastores y fieles, a volver
nuestra mirada humilde y confiada hacia el que traspasaron (Jn
19, 37) para encontrar allí la fuerza y la luz necesarias para
proseguir nuestro caminar diocesano, anunciar y obtener la salvación.
Que cada uno se fije en cómo construye. Nadie puede poner otro
cimiento que el ya puesto, que es Cristo Jesús. Sobre este cimiento
uno coloca oro, otro plata, piedras preciosas, madera, hierba, paja.
La obra de cada uno quedará patente, pues el Día Aquel la mostrará:
aparecerá con fuego, y el fuego comprobará la calidad de la obra de
cada uno (l Co 3, 10-14). Al Señor Jesús sea el honor, el poder y
la gloria por siempre. Amén.
Santiago de Querétaro, Qro.,
Solemnidad de Santa María Madre de Dios, 1 de Enero del 2002.
† Mario de Gasperín Gasperín
VIII
Obispo de Querétaro
Pbro. Carlos Chávez Castro
Secretario
Canciller
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