Trabajar por la
Paz y el Desarrollo
COMUNICADO DE LOS OBISPOS DE LA
PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE EL BAJÍO
Con motivo de los recientes hechos de violencia
en los estados de Guanajuato y Querétaro
20
de julio 2007
“El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”
decía el Papa Paulo VI (Populorum Progressio, 76-77). Esta afirmación
tiene muchas implicaciones. Una de las más importantes consiste en
descubrir que el desarrollo disminuye las violencias, y que la paz, a
su vez, facilita el desarrollo.
Los obispos latinoamericanos hemos dicho recientemente
que “la paz es un bien preciado pero precario que debemos cuidar,
educar y promover todos en nuestro continente. Como sabemos, la paz no
se reduce a la ausencia de guerras ni a la exclusión de armas (…)
sino a la generación de una ‘cultura de paz’ que sea fruto de un
desarrollo sustentable, equitativo y respetuoso de la creación”
(Aparecida, 542).
Por ello, convencidos de que Cristo mismo nos ha
anunciado que la violencia no es la que tiene la última palabra sino
la paz que brota de la justicia y del amor, los obispos de la
Provincia eclesiástica de El Bajío deseamos expresar nuestro mayor
pesar por los lamentables y arteros actos de violencia que se han
realizado en diversas instalaciones de PEMEX, y que han lastimado no
solo a esta importante empresa paraestatal sino a muchas mujeres y
hombres que laboran en diversas industrias que han sido vulneradas por
falta de suministros necesarios para su adecuado desempeño. Afectar a
través de la violencia a familias trabajadoras en sus empleos, en sus
ingresos, en sus legítimas expectativas de mejora, es un grave pecado
que clama al cielo.
Los mexicanos somos concientes de las múltiples
inequidades que existen en nuestra sociedad. Sin embargo, nuestro
pueblo ama la paz, la verdad y detesta la promoción de la división,
del encono o de la violencia como métodos para la resolución de
conflictos. Esta actitud se debe a que de manera gradual, pero
sostenida, nuestra nación, a lo largo de su difícil historia, ha
asimilado valores que brotan del aprecio y respeto a la dignidad
humana, en especial, de quienes son pobres y marginados.
Sin necesidad de grandes discursos los mexicanos
sabemos que la violencia es un camino perverso que termina lastimando
a todos, y particularmente a quienes de manera falsa pretende
reivindicar. En este sentido, exhortamos a nuestras autoridades
civiles a que no claudiquen en su deber de informar con veracidad y
oportunidad a la población cuando se suscitan situaciones como las
referidas. Una alianza positiva entre Gobierno y sociedad a favor de
la paz y de un Estado de Derecho solo se puede edificar a partir del
compromiso oportuno y radical con la verdad, con el bien y con la
justicia.
El Papa Benedicto XVI nos recuerda: “no hay duda de
que las condiciones para establecer una paz verdadera son la
restauración de la justicia, la reconciliación y el perdón. De esta
toma de conciencia, nace la voluntad de transformar también las
estructuras injustas para establecer respeto de la dignidad del hombre
creado a imagen y semejanza de Dios… Como he tenido ocasión de
afirmar, la Iglesia no tiene como tarea propia emprender una batalla
política, sin embargo, tampoco puede ni debe quedarse al margen de la
lucha por la justicia” (Sacramentum Caritatis, 89). Por ello, los
discípulos de Jesucristo no podemos ser indiferentes a estos hechos.
La conciencia cristiana mira con atención la realidad y los
acontecimientos que vivimos para proponer desde esa situación una
verdad más grande que cualquier diferencia, herida o tensión: la
necesidad de trabajar por amor y con amor por el desarrollo de todos,
la urgencia de mostrar que existen siempre vías pacíficas para
construir el bien común.
1. A los responsables de informar a la ciudadanía con
veracidad les pedimos que hagan llegar con prontitud la información
que ayude a tranquilizar a la opinión pública. La claridad en la
información es uno de los pilares fundamentales en la relación
confiada entre gobierno y sociedad.
2. A los ciudadanos les pedimos que no se dejen
influir por noticias interesadas en causar espectacularidad, pero que
en el fondo favorecen indirectamente la violencia. Como hemos señalad
en este comunicad, quienes hayan sido los autores intelectuales y
materiales de estos atentados no buscan en verdad la reivindicación de
las clases populares; su método es favorecer el pánico. Si leemos con
detenimiento la situación caeremos en la cuenta que solo buscan
intereses ajenos a la superación de la pobreza.
3. A las familias que han sido afectadas de manera
directa o indirecta a causa de la violencia, y en general, a todos
aquellos que sufren por no gozar de oportunidades de desarrollo
acordes a su dignidad, los obispos de la Provincia Eclesiástica de El
Bajío les expresamos nuestra solidaridad más sincera y oramos para que
el Señor los bendiga y los guarde en estos momentos de zozobra y de
carencia.
4. Finalmente, invitamos a todos a contribuir a la
construcción de una paz auténtica basada en la verdad, en la justicia,
en el compromiso por el desarrollo y en el respeto irrestricto a los
derechos de cada ser humano sin excepción. Solo cuando todos como
sociedad trabajamos por la paz y el desarrollo aseguramos que nuestra
nación se consolide sobre cimientos verdaderos, capaces de resistir
las pruebas, y de crear caminos de verdadera reconciliación y
liberación como Cristo nos enseña: “Bienaventurados los constructores
de la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”
Con nuestro saludo y bendición.
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† José G. Martín Rábago
Arzobispo de León
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†
Mario De
Gasperín Gasperín
Obispo de
Querétaro
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† Lázaro Pérez Jiménez
Obispo de Celaya |
† José de Jesús Martínez Zepeda
Obispo de Irapuato |