MENSAJE A FAVOR DE LA PAZ 2012
1. En
la sagrada liturgia de este día invocamos a Santa María, Madre de
Dios, por cuya intercesión rogamos al Señor, por boca del salmista,
al iniciar este nuevo año, que “tenga piedad de nosotros, y que nos
bendiga; que vuelve sus ojos a nosotros. Que la tierra conozca su
bondad y los pueblos su obra salvadora” (del Salmo, 66).
2. Es este un grito de un hombre angustiado, que no
encuentra salida a sus problemas y a su vida, y que recurre a la
“misericordia” del Señor, para así obtener su “bendición”. Bien
sabía el autor que nosotros vivimos de la bondad amorosa y gratuita
de Dios, que necesitamos cada día contar con su bendición. Para
conseguirla, le pedimos que “vuelva sus ojos” a nosotros, porque tal
parece que nos ha dado la espalda; que ya no nos mira con
benevolencia y que ha apartado su vista de nosotros. Pero “la
misericordia del Señor dura por siempre”. Dios no cambia y su
misericordia no tiene fin. Quienes cambiamos somos nosotros. Tenemos
que reconocer que nosotros hemos dado la espalda a Dios, porque nos
hemos olvidado de su obra salvadora, de su amor y su bondad
manifestados en Jesucristo.
3. Desde hace ya más de quinientos años el amor
misericordioso de Dios se nos ha manifestado por medio de Jesucristo
y de su santa Iglesia católica; por el anuncio de su evangelio y de
sus mandamientos; por la fe que recibimos por medio de santa María
de Guadalupe, la santa Madre del verdadero Dios, del Dueño de la
vida y de todo lo que existe. Le hemos volteado la espalda, porque
no es este el país que Dios espera de nosotros. Hemos cerrado la
puerta y las ventanas a Dios, y ya no respiramos el aire vivificador
de su Evangelio, y nos estamos ahogando en nuestras propias
aberraciones y miserias. Por eso, al menos nosotros aquí, le pedimos
de corazón, por intercesión de Santa María, Madre de Dios, que
“tenga piedad de nosotros, que vuelva a nosotros sus ojos
misericordiosos y que nos bendiga” restituyéndonos la paz; pues bien
sabemos que la paz es un don de Dios, y si no la tenemos, es que no
la merecemos. La paz, hay que pedirla y hay que practicarla.
4. Con ánimo contrito y espíritu humillado, pedimos
perdón y oramos por la paz. Como cada año, el santo Padre, nos envía
su “Mensaje de paz”, y ahora se refiere a la educación de los
jóvenes para que sean promotores y constructores de paz, comenzando
por la práctica de la justicia. Justicia y paz “se besan”, dice la
Biblia, es decir, van siempre juntas. Si no tenemos paz es porque no
practicamos la justicia. La primera violencia es la negación de la
justicia. Y la justicia comienza por el respeto a la vida, que es el
primero y principal de todos los derechos humanos.
5. Si observamos bien, cuando comenzaron a
practicarse las muertes de los infantes, entonces comenzó a
incrementarse la violencia entre los mayores. La Beata Madre Teresa
decía que legalizar el aborto era como declararle la guerra a la
humanidad. El Papa nos recuerda que “se ha de trasmitir a los
jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en
ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Este es un deber en
que todos estamos comprometidos en primera persona”. Así tendremos
paz. Todos debemos cambiar en mejor, pensando que es más redituable
hacer el bien que practicar el mal; el vicio es más caro que la
virtud. La virtud es el respeto debido a Dios, y “donde está Dios,
hay futuro”, decía el Papa en Alemania. Donde se oculta o se niega a
Dios, no hay paz.
6. Como ustedes saben, se anuncia la venida del Santo
Padre para finales del mes de Marzo de este año. Es una magnífica
noticia. Vendrá a postrarse ante la imagen de Cristo Rey, Príncipe
de la paz. Viene a orar por la paz, viene a invitarnos a ser
“constructores de paz”, viene a ofrecernos un mensaje de paz. Lo
vamos a recibir con respeto y con gratitud, como lo hicimos muchas
veces con el Papa Juan Pablo II, y también con sus reliquias hace
muy poco. Como dijo a sus paisanos, en el Parlamento alemán: “no he
venido aquí para alcanzar objetivos políticos o económicos, como
hacen los hombres de Estado, sino para encontrarme con la gente y
hablar con ella de Dios”.
7. El Papa viene a encontrarse con esta gente buena y
creyente del Bajío, donde no pudo venir el Beato Juan Pablo II, y
con todo el que quiera acercarse a él y escuchar su mensaje, que
consiste en “hablar de Dios”. El Papa habla de Dios, que es lo que
necesitamos y deseamos escuchar, para salir del atolladero en que
nos encontramos, porque “en Dios somos, nos movemos y existimos”.
Adorando al Dios verdadero, observando sus mandamientos y
practicando el amor y la justicia, es como nos llegará la
misericordia y la bendición de Dios. La paz.
8. Termina el Papa su mensaje diciendo a los jóvenes,
para que lo entendamos también los adultos: “Sed conscientes de
vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino
sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis
solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea
ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los
ojos a Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la Justicia y
la Paz”.
9. Hermanas y hermanos: Para este nuevo año que hoy
comienza, pedimos al Señor que nos bendiga y nos proteja, haga
resplandecer su rostro sobre nosotros, nos mire con benevolencia y
nos conceda su paz. Amén.
†
Mario De Gasperín
Gasperín
Obispo Emérito de Querétaro