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HOMILÍA DEL SR. OBISPO DR. D. MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN

EN LA MISA DE LA II PRE-ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL

Santiago de Querétaro, Qro., 5 de Mayo de 2009


EL BUEN PASTOR

Hermanos Presbíteros:

1.  Estamos celebrando esta semana a Cristo, nuestro pastor glorificado. Hablamos, sin duda, el domingo pasado a los fieles de Jesús, el Buen Pastor, y también de nuestro oficio pastoral, de ser sus representantes y ministros. Oramos en la liturgia con toda la Iglesia “a fin de que el pequeño rebaño de tu Hijo pueda llegar seguro a donde está ya su Pastor resucitado”. En esta súplica nosotros nos incluimos entre sus ovejas. Ahora completamos la plegaria pidiendo la gracia de “vivir plenamente la alegría de nuestra salvación” ya desde esta vida. Vivir con alegría nuestro ministerio pastoral. Que seamos alegres ministros de salvación, iconos vivientes de nuestro Pastor glorificado. 

2.  El obispo-pastor. Quiero recordar ante ustedes, “próvidos colaboradores del orden episcopal”, lo que la Iglesia, por boca del Pastor universal el papa Juan Pablo Segundo, nos ha dicho en el Sínodo del 2001: “Venerables y queridos hermanos, os repito la invitación que he dirigido a toda la Iglesia al principio del nuevo milenio: Duc in altum! Más aún, es Cristo mismo quien la repite a los sucesores de aquellos Apóstoles que la escucharon de sus propios labios y, confiando en Él, emprendieron la misión por los caminos del mundo: Duc in altum! (Lc 5,4). A la luz de esta insistente invitación del Señor ‘podemos releer el triple munus que se nos ha confiando en la Iglesia: munus docendi, sanctificandi et regendi.  

a)  Duc in docendo. “Proclama la palabra –diremos con el Apóstol-, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (“Tim 4,2).

b)  Duc in sanctificando. Las redes que estamos llamados a echar entre los hombres son ante todo los sacramentos, de los cuales somos los principales dispensadores, reguladores, custodios y promotores. Forman una especie de red salvífica que libera del mal y conduce a la plenitud de la vida.

c)  Duc in regendo. Como pastores y verdaderos padres, con la ayuda de los sacerdotes y de otros colaboradores, tenemos el deber de reunir la familia de los fieles y fomentar en ella la caridad y la comunión fraterna…”.  

3.  “Aunque se trate de una misión ardua y difícil, nadie debe desalentarse. Con san Pedro y con los primeros discípulos, también nosotros renovemos confiados nuestra sincera profesión de fe: ‘Señor, ¡en tu nombre, echaré las redes!’ (Lc 5,5). ¡En tu nombre, oh Cristo, queremos servir a tu Evangelio para la esperanza del mundo!” (Pastores Gregis, 5). Y añadía el Papa: “De este modo, viendo como hombres de esperanza y reflejando en su propio ministerio la eclesiología de comunión y misión, los Obispos deben ser verdaderamente motivos de esperanza para su grey… por eso predicamos la esperanza que brota de la Cruz: Ave Cruz spes unica!”.  Estas palabras del Sucesor de san Pedro son como el esbozo del examen del cual su Obispo tendrá que dar cuentas ante el Supremo Pastor de las ovejas. 

4.  El presbítero-pastor. También hubo in Sínodo dedicado exclusivamente a los presbíteros, con la consiguiente exhortación llamada Pastores dabo vobis. Hoy sólo quisiera hacer unas breves reflexiones sobre el desempeño de su ministerio sacerdotal y pastoral. Si la parroquia es la iglesia que está cerca de la casa de los fieles, el sacerdote, especialmente el párroco, es el rostro inmediato de Cristo para su feligresía. Como el obispo, el párroco no es la Iglesia, pero sí su imagen, donde se refleja el rostro de Cristo. Es muy importante no sólo el rostro, el semblante y la presentación personal del sacerdote con sus gestos de andar y vestir, sino también su entorno, comenzando por el curato, la oficina y el trato que el personal brinda a los fieles y a sus vicarios y colaboradores, para que nuestros curatos y parroquias sean esa “casa y escuela de comunión… donde los pobres -todos- se sientan en su casa”, como nos pedía el papa Juan Pablo segundo. El adjetivo que califica a nuestro Pastor es kalós, que no sólo significa bueno sino bello y hermoso. 44 veces habla san Pablo de la belleza de la fe, del evangelio y, de ésas, más de la mitad (24 veces), en sus cartas pastorales. Al final de su vida, sólo y abandonado en la cárcel, contempla su ministerio como “el bello combate de la fe”, una hermosa obra del misterio de la piedad” (2 Tim 3,16) de Dios. Pensemos en lo hermoso que es nuestro sacerdocio y en embellecer nuestro ministerio pastoral. 

5.  Aparejado con esto, el amor hacia nuestras ovejas nos debe abrir los ojos del alma y ver lo bueno y hermoso que existe en nuestra parroquia. A las ovejas cojas o enfermas, el pastor las carga sobre sus hombros y las cura, no las sacrifica ni las abandona o desprecia. Quisiera pensar que no tenemos derecho alguno para hablar mal de nuestro rebaño, porque por todos, pero especialmente por los pecadores, murió el Señor Jesús, de los cuales, decía san Pablo, “yo soy el primero”. Hablemos siempre bien de nuestro rebaño, así nos recomendaremos ante Dios a nosotros mismos. 

6.  Atención al lobo, pero más al mercenario. Los lobos son muchos y son los que hacen de nuestro cayado una cruz. Que sea la cruz de Cristo. En otro lugar, san Juan los llama “el mundo”, del cual dice que  está todo puesto bajo el signo del Maligno. No debemos ser ingenuos, ya que el mismo Jesús rehusó orar por él. Así como hay hijos de la salvación, también lo existen de la perdición. De éstos no debemos juzgar nosotros; entran en el misterio y juicio de Dios. Señalado este peligro externo actual y real, existe otro, tanto más grave cuanto más disfrazado se presenta. Es el mercenario. Es el enemigo del rebaño desde su interior, pues asume falsamente el puesto del pastor. No es pastor, dice Jesús; es usurpador por asalariado. Es el aliado del lobo, que arrebata, destroza y mata, “porque no le importan las ovejas”. Ninguna oveja puede ser ajena al cuidado del verdadero pastor; inclusive “las otras”, las ajenas tienen que ser atraídas  al único rebaño del único Pastor. 

7.  Somos pastores por gracia de Dios. Sin duda que el sacerdocio implica sacrificios, renuncias, penas y cruz. No lo podemos negar, pero tampoco exagerar. Los sufrimientos de esta vida no son nada en comparación con la gloria futura, decía san Pablo. La frustración sacerdotal puede originarse en nuestra supervaloración. Padecemos una inflación de autoestima en todos los ámbitos. Occidente está hinchado de soberbia, que casi revienta. “El mundo contamina a la Iglesia, a nuestro sacerdocio”, decía el Papa el domingo pasado. Debemos hablar más de Cristo y de su gracia, que de nosotros mismos y de nuestro ministerio. La “Llena de gracia” lo fue por su pequeñez; ella nos invita a hacer de nuestra vida sacerdotal un perenne magnificat, un cántico de alabanza a Dios porque ha visto nuestra pequeñez, no nuestros méritos. Esta gracia se consigue sólo con la oración. 

8.  Sacerdotes-Bernabé. Los testigos de la muerte de Esteban se convierten en misioneros en Fenicia, Chipre y Antioquia; comenzaron a predicar el Evangelio a los griegos… Son misioneros laicos que tienen un éxito insospechado, porque ”la mano del Señor estaba con ellos y muchos se convirtieron y abrazaron la fe”. Esto inquieta a Santiago y a la comunidad madre de Jerusalén. Bernabé, levita de Chipre que había vendido todo y entregado el producto a los Apóstoles, el que había también presentado al temido Saulo ante los Apóstoles; Bernabé, “hombre bueno y lleno del Espíritu Santo”, fue enviado a discernir el hecho  y ”viendo la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho… Así se ganó para el Señor una gran muchedumbre”. La generosidad, apertura y docilidad de Bernabé al Espíritu Santo, logró comprender, aceptar y llevar a la comunión y crecimiento de la Iglesia esta labor de los fieles laicos. San Bernabé apóstol es un modelo auténtico del ministerio de reconciliación y comunión eclesial. Dios nos conceda la gracia de ser entre nosotros y para con los fieles laicos Sacerdotes-Bernabé.

† Mario De Gasperín Gasperín

VIII Obispo de Querétaro

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