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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN LA ORDENACIÓN DIACONAL

Jalpan de Serra, Qro., 6 de Agosto de 2007


Hermanos presbíteros,

hermanas y hermanos todos en nuestra fe católica:

 

1. Agradezco a ustedes su presencia para acompañar a estos hermanos nuestros en su ordenación diaconal y para bendecir al Señor los años de mi servicio episcopal entre ustedes. En verdad, el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Y mi alegría es mayor porque han querido iniciar este año jubilar en este decanato y ciudad de Jalpan de Serra, a quien tanto debe la Iglesia por su fidelidad a Jesucristo y a quien nosotros los pastores tanto debemos también. Hermanos y hermanas serranos: ¡Me da mucho gusto el estar con ustedes para esta magna celebración! 

2. Escuchamos en la lectura de los Hechos de los Apóstoles la institución de los siete primeros Diáconos, ordenada por los Apóstoles de Jesús; como entonces, éstos diáconos, fortalecidos con el don del Espíritu Santo, ayudarán a su Obispo y a los Presbíteros en la predicación de la Palabra de Dios y en la proclamación el santo Evangelio; en el servicio al altar y en la distribución de la sagrada eucaristía, mostrándose, como Jesús, servidores de todos; podrán celebrar el sacramento del bautismo, asistirán a los matrimonios, llevarán el santo Viático, presidirán las exequias y dirigirán y animarán la oración de la Iglesia o Liturgia de las Horas; enseñarán al pueblo a orar y ejercitarán con especial esmero el ministerio de la caridad. En el desempeño de estos servicios se mostrarán siempre verdaderos discípulos de Jesús, “quien vino no a ser servido sino a servir y a entregar su vida por todos”.

3. Hermanos candidatos al diaconado: La Iglesia pide “que resplandezca en ustedes un estilo de vida evangélica, un amor sincero, la solicitud por los pobres y enfermos, una autoridad discreta, una pureza sin mancha y una observancia rigurosa de sus obligaciones espirituales”, para que los mandamientos del Señor “reflejados en sus costumbres y en su vida, suscite la imitación del pueblo santo de Dios”. Pide de Ustedes la imitación fiel del Señor Jesucristo, el Siervo de Dios; pide que edifiquen al pueblo de Dios y que nuca lo dañen con un mal ejemplo. 

4. En orden al desempeño eficaz de tan alto ministerio, la Iglesia les exige su promesa de guardar el sagrado celibato y de reconocer y obedecer, en sus legítimos superiores, la voluntad de Dios. Esta promesa la hacen delante de toda la comunidad, con plena conciencia y libertad. Nadie los obliga y ustedes lo prometen ante Dios y su conciencia, sabiendo que va de por medio el bien de la Iglesia y su propia salvación. 

5. Para poder cumplir con esta promesa, no basta la buena voluntad. Han recibido, sí, una esmerada formación y preparación intelectual, moral y espiritual en el Seminario; pero deben perseverar cultivando estos campos con la formación permanente y sobre todo, alimentando con la oración, la meditación de la Palabra de Dios y los santos Sacramentos, el “don que han recibido por la imposición de las manos del Obispo”, o sea, el Espíritu Santo. No nos pidiera la santa Iglesia tan alto compromiso, si no nos ofreciera un don mayor, el Espíritu Santo y sus siete sagrados dones. La Iglesia lo exige porque Dios lo da. 

6. Al celebrar esta ordenación diaconal aquí en al corazón de la sierra queretana, marcada por el espíritu misionero de los grandes evangelizadores de nuestra patria, sobre todo por el Beato Junípero Serra, no podemos menos de agradecer a la Providencia divina el regalo tan grande de la fe católica y encomendarlo a la protección de quienes los misioneros escogieron como patronos ante Dios de sus misiones. A su intercesión y cuidado encomendamos también a estos futuros diáconos:  

  • Que el diácono san Francisco de Asís, patrono de la misión de Tilaco, les conceda un espíritu de humildad y servicio a los más pobres, especialmente a los hermanos migrantes y a sus familias, así como un gran respeto y amor por la naturaleza y toda la obra de Dios.  

  • Que el arcángel San Miguel, patrono de la misión de Concá,  los proteja de los peligros, los defienda de las acechanzas del maligno y presente ante el altar del cielo sus oraciones, sacrificios y buenas obras en bien de la santa Iglesia.  

  • Que nuestra Señora de la Luz, patrona de la misión de Tancoyol, les muestre el fruto bendito de su vientre que es Jesucristo, verdadera luz del mundo, y los ayude a llevar la claridad del evangelio a quienes no lo conocen y viven todavía en las tinieblas de la idolatría o de la ignorancia religiosa.  

  • Que la Virgen Purísima, patrona de la misión de Landa, los conserve sin mancha de pecado; que interceda ante su divino Hijo para que guarden siempre su promesa del celibato sacerdotal y hagan de su persona una ofrenda agradable al Padre y, siendo limpios de corazón, puedan ver a Dios y mostrarlo a los demás.  

  • Al Apóstol Santiago, patrono de esta misión de Jalpan, le pedimos que nos mantenga siempre firmes en la fe y la doctrina de los Apóstoles y que como él, den testimonio con su vida del Evangelio de Jesucristo. Que la fe que él nos trajo en medio de los sufrimientos de la conquista, florezca en fidelidad a Jesucristo y a la santa Iglesia y en una vida mejor para todos. 

7. Nos acompaña, como gracia especial, en esta ocasión la piadosa imagen de nuestra Señora de los Dolores de Soriano, patrona de nuestra diócesis. Ella es la Virgen serrana, que desde Maconí peregrinó al santuario que le prepararon sus hijos –sacerdotes y fieles laicos– de esta diócesis junto a la antigua misión de Santo Domingo, en Colón, donde ahora luce como Patrona y Abogada nuestra ante su Hijo. Ella lleva en su rostro y en su corazón las señales dolorosas de la evangelización, de los sudores y lágrimas de los misioneros y de los sacerdotes y catequistas que han sembrado en estas tierras la semilla del Evangelio; de los sufrimientos de sus hijos que, por ganar su pan, tienen que emigrar, como Ella, a tierras extrañas, lejos de los suyos. A Ella encomendamos a las familias de este Decanato serrano, a los hermanos migrantes y a los más pobres y enfermos. Que Ella los cuide, proteja a sus familias, y que pronto los traiga a su hogar.

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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