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HOMILÍA DEL SR. OBISPO DR. D. MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN

EN LA MISA DEL JUEVES SANTO

Santiago de Querétaro, Qro., 9 de Abril de 2009


LA CENA DEL SEÑOR

Hermanas y hermanos: 

1. Hoy concluye la santa Cuaresma y se abre, con este pórtico glorioso de la celebración de la Cena del Señor, el Triduo sacro del Crucificado, del Sepultado y del Resucitado, el triunfo de nuestro Salvador Jesucristo sobre el pecado y sobre la muerte, máximos enemigos del género humano. 

2. Esta cena de pascua tuvo lugar “antes de entregarse a la muerte” y “la víspera de padecer”. La celebró el Señor Jesucristo reunido con sus discípulos, como ordenaba el ritual judío en recuerdo de su liberación. Se inmolaba el cordero pascual, se comían los panes ácimos, panes duros del sufrimiento, y las yerbas amargas de la aflicción padecida en Egipto durante cuatrocientos años. Dios tuvo oídos para los lamentos de su pueblo; tuvo ojos para mirar sus padecimientos; tuvo manos para extenderlas y sacarlos de la opresión y, sobre todo, tuvo corazón para compadecerse de sus dolores.  

3. Todo esto acontecía “en figura”, como signo y presagio de la gran liberación que realizaría Jesucristo, ya no sólo a favor de un pueblo, sino de toda la humanidad, ahora de nosotros. 

4. En esa Cena de despedida, Jesús anuncia su pascua, la verdadera, el “paso” que Él realizará de este mundo al Padre superando la dura prueba de la cruz, de la muerte y del sepulcro para llegar así, victorioso, a la gloria de la vida que no se acaba, a la Resurrección. 

5. Esta obra dolorosa y gloriosa al mismo tiempo, realizada de una vez para siempre en el Calvario hace dos mil años, tiene que extenderse y hacerse presente para todos los hombres mientras dure el tiempo y la actual humanidad. Para eso el Señor Jesús “inventó”, instituyó a su Iglesia y la fundamentó sobre el triple regalo que hoy conmemoramos y agradecemos: Constituyó a sus apóstoles sacerdotes de esta nueva y eterna alianza; instituyó la santa eucaristía como ”memorial” perenne de su sacrificio y nos dejó el mandamiento del amor fraterno como signo de pertenencia a su Iglesia. Son los tres dones que hoy la Iglesia recuerda, celebra y agradece a su Señor. 

6. En la Misa del santo Crisma renovamos todos los sacerdotes de la diócesis nuestros compromisos sacerdotales, agradeciendo a Jesús el habernos elegido entre los hermanos, para ser testigos privilegiados de su amor en el mundo. Sus sacerdotes aman a Jesucristo y están dispuestos a gastar su vida por ustedes en las cosas que se refieren a Dios, en medio de las variadas y difíciles circunstancias de nuestra diócesis y de sus parroquias. Dimos gracias a Jesús por el regalo que hizo a su Iglesia de su sacerdocio y del cual todos nos beneficiamos. No debemos olvidar que, en las cosas de la fe católica, todas las bendiciones pasan por las manos sacerdotales. 

7. El Mandamiento de Jesús, que nos amemos unos a otros como Él nos amó, es lo que predica y enseña la Iglesia. La Iglesia entera, sacerdotes y fieles, debemos ser instrumentos de perdón, de reconciliación y de paz. Nadie, fuera de la Iglesia, transmite este mensaje de perdón y misericordia. El amor es el lazo que nos une a Cristo y entre nosotros, y debe extenderse a toda la humanidad. Para que este mandato se grabara en la mente y en el corazón de los discípulos, el Señor Jesús se quitó su manto, se ciñó una toalla y lavó, como un esclavo cualquiera, los pies a los apóstoles y les dijo “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?... Yo les he dado ejemplo, para que como he hecho yo, también ustedes lo hagan”.  

8. El tercer regalo es la santa Eucaristía que estamos celebrando y que celebra la santa Iglesia en memoria del Señor “hasta que vuelva”, hasta que bebamos con Él el vino nuevo en Reino de Dios. El pan de la aflicción se convierte en Pan de vida; el cáliz con el vino rojo se convierte en la Sangre derramada para el perdón de los pecados. El cordero inmolado por los hijos de Israel es ahora el Cordero inocente y sin mancha, nacido de la Virgen Madre, cuyo sacrificio nos libera de la esclavitud del pecado y de su padre el diablo. De este Pan comemos y nos alimentamos; de este Vino nos nutrimos y con él somos fortalecidos en nuestro caminar por las cañadas oscuras, guiados por el Gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesucristo, presente en su Iglesia. 

9. Este es el triple regalo que el Señor Jesucristo hace a su Iglesia, a nosotros los católicos, para que por nuestro medio el mundo crea, creyendo espere, esperando ame, y así todos en Él tengan vida.

Mario De Gasperín Gasperín

VIII Obispo de Querétaro

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