Queridos hermanos y hermanas:
1. Iniciamos, con
al favor de Dios, nuestro camino al Tepeyac bajo la protección de
Santa María de Guadalupe, nuestra Madre, al encuentro de su Hijo
Jesucristo. Vamos, como lo hizo San Juan Diego, en busca que las
cosas divinas, de las enseñanzas de nuestro Dios y de nuestra santa
Madre la Iglesia, que nos enseñan nuestros sacerdotes. Nos mueve la
fe, la búsqueda de Dios, de su santa voluntad y el deseo de ser
mejores con nuestras familias, con nuestros prójimos para logar una
vida digna de los hijos de Dios de la Virgen María.
2. La palabra de
Dios de este Domingo nos presenta a Jesús que envía a sus discípulos
a anunciar la llegada del Reino de Dios. Van de dos en dos, no
solitarios, sino en compañía, representando al grupo de discípulos y
obedeciendo en mandato de Jesús. En la Iglesia nadie está solo.
Vivimos en fraternidad y nadie se manda solo, sino que todos
buscamos y obedecemos el mandato de Jesús. Todos hemos recibido un
mandato, una vocación que cumplir y ésta consiste en anunciar el
Reino de Dios, en decir y mostrar que Jesús está con nosotros, que
es nuestro Salvador y que somos hermanos.
3. Jesús los envió
también a expulsar los demonios. El Maligno no deja de mostrar su
presencia y actividad perversa de muchas maneras, especialmente en
nosotros mismos, con nuestras bajas pasiones y tentaciones que
padecemos; y en la sociedad con tantos hechos de violencia, de
injusticia y de corrupción moral que se ofrecen. La peregrinación
también ofrece tentaciones de soberbia, de envidia, de ser primeros,
de falta de solidaridad y de otras tentaciones que se presentan.
Debemos anunciar el Reino de Dios con nuestro testimonio cristiano.
Los peregrinos somos mensajeros de Jesús que predican con su ejemplo
durante todo el camino y después en su familia y en su comunidad.
4. Este año el
santo Padre el papa Benedicto XVI ha inaugurado el Año Sacerdotal.
Nosotros lo haremos solemnemente en el Bosque, con la ayuda de Dios
y la presencia de nuestro Presbiterio. Ya desde ahora los invito a
dar gracias por el don del sacerdocio cristiano, en especial por sus
sacerdotes, a escuchar su predicación y a obedecer sus indicaciones
en las cosas de Dios y de provecho para su salvación. Será un año de
grande provecho espiritual. Sin la guía espiritual de nuestros
sacerdotes estamos perdidos. Oremos por ellos y por el Seminario.
5. Imploramos la
protección de Santa María de Guadalupe sobre esta peregrinación y
sobre nuestras familias y sobre nuestra patria. Todos necesitamos de
todos y por eso caminamos en comunidad, oramos en fraternidad,
practicamos la solidaridad y queremos vivir la caridad en la verdad,
como nos los acaba de decir el Papa Benedicto. Con nuestra fe y con
nuestra conducta cristiana queremos contribuir el progreso de
nuestra patria. Esta es nuestra obligación y nuestra vocación. La
razón humana necesita ser purificada por la fe, para no
ensoberbecerse y esto vale para la razón económica y política, que
no deben creerse omnipotentes ni capaces de solucionar por sí solas
todos los problemas humanos. A su vez, la religión tiene siempre
necesidad de ser purificada por la razón, para mostrar su rostro
auténticamente humano. Debemos practicar nuestra religión con
coherencia, con prudencia y con respeto a los demás. (Ver, La
Caridad en la verdad, No. 56).
† Mario De Gasperín Gasperín
VIII Obispo de
Querétaro