ARRIBO DE LA PEREGRINACIÓN
AL TEPEYAC
Hermanas peregrinas,
Hermanos peregrinos
1. Hemos llegado al término de nuestra peregrinación,
pero no al término de nuestro caminar hacia la Casa del Padre. Aquí,
en la Casa de Nuestra Madre Santísima, hacemos como un alto, miramos
su imagen y dejamos que nos miren sus ojos; sin duda experimentamos
la caricia de sus manos que curan nuestras heridas; intuimos una
sonrisa de beneplácito en sus labios y, sobre todo, escuchamos cerca
de nosotros el palpitar de su corazón de Madre que nos dice: No
temas, no te angusties, que aquí estoy yo que soy tu Madre.
Sintámonos todos cobijados por el regazo de la Virgen Santísima en
su sagrada Imagen, y reavivemos las fuerzas para proseguir el gran
camino que es la vida cristiana.
2. Hoy la santa palabra de Dios nos habla de la
hospitalidad. Primero, de Abraham y su esposa Sara que preparan el
hospedaje para esos misteriosos tres personajes, que le traen a Sara
la promesa que, a pesar de sus esterilidad y vejez, pronto será
madre de un niño, el “hijo de la promesa” de donde vendrá Jesús, que
nos traerá a todos la bendición de Dios. Hacer el bien y practicar
la hospitalidad con el hermano necesitado, siempre nos acarrea la
bendición de Dios. Un hogar cristiano siempre tiene una puerta
abierta y una mano tendida hacia los demás. Ahora nosotros somos
huéspedes de nuestra Madre del Tepeyac.
3. En el Evangelio dos hermanas dan hospedaje a
Jesús, Marta y María. Una se afana, como es debido, por preparar la
comida y hacer que el huésped se sienta como en su casa; la otra,
María, está escuchando atenta las enseñanzas del Maestro. Jesús
acepta tanto el servicio activo de Marta como la escucha atenta de
María. Cuando surge la incomprensión entre las hermanas, Jesús le
dice a Marta que María “ha escogido la parte buena” con su
actitud, al escuchar atentamente la palabra de Dios. Esto quiere
decir, querida(o)s hermana(o)s peregrina(o)s que el trabajo, el
ajetreo de ganarse la vida, siempre fatigoso, debe estar acompañado
de la escucha atenta de la palabra de Dios. No olvidemos que Marta y
María son hermanas, están siempre unidas, y por tanto se necesita
siempre tanto la acción como la oración; el trabajo cotidiano y la
asistencia misa el domingo y la oración. “A Dios rogando y con el
mazo dando” decimos, porque Dios es siempre el que da el éxito.
4. Ahora que lleguen a su hogar, cuéntele a sus
hijos, a sus familiares y amigos esta experiencia hermosa de su
peregrinar y de su encuentro con Jesús en los bazos de Santa María
de Guadalupe. Compartan su experiencia con su familia y díganle a
todos que Santa María de Guadalupe, “La Patrona de nuestra Libertad”
como la llamó el Padre Morelos, no defrauda a nadie; que Ella cumple
su promesa y que ahora a todos somos un poco mejores. México es un
poco mejor. Que la paz que experimentan ahora en su corazón llene
sus vidas, su familia, su parroquia y su comunidad. Los católicos
hemos contribuido a “Que en Cristo, nuestra Paz, todos los mexicanos
tengamos una vida digna” de hijos de Dios. Es el deseo de Santa
María de Guadalupe y también de su Servidor.
† Mario De Gasperín Gasperín
VIII Obispo de Querétaro