Hermanas y
hermanos:
1. El papa Juan
Pablo II escribió una hermosa Exhortación Apostólica sobre señor san
José titulada: “La Figura y Misión de San José en la Vida de Cristo
y de la Iglesia” (1989). Sin duda que muchos habrán oído de ella y
la conocerán, pues es su santo patrono ante Dios; pero a todos nos
es necesaria y urgente la protección de señor san José, dada la
situación precaria y de agravio que padecen las familias católicas.
San José es, después de María y con María, la figura más importante
en la vida de Cristo y lo es también en la vida de la Iglesia, de
todos nosotros. Recorramos, pues, algunos pasos de la vida de San
José para que nos enseñe, junto con su esposa, a ser discípulos de
su hijo Jesucristo.
2. Cuando Isabel
recibió la visita de María, al saber ésta llevaba en su seno al
Mesías, le dice: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas
que te fueron dichas de parte del Señor!! (Lc 1,45). María es
proclamada feliz, dichosa por haber escuchado la palabra y cumplido
la voluntad de Dios. Lo mismo, dice el Papa, hizo señor san José,
como refiere san Mateo: “Despertado José del sueño, hizo como
el ángel del Señor le había mandado y tomó consigo a su esposa”
(1,24). La palabra de Dios, recibida en sueño, iluminó la duda de
José y obedeció: tomó a su esposa, aceptó el misterio de la
maternidad divina de María, obra del Espíritu Santo, aceptando
cuidar como padre a Jesús, “demostrando así una disponibilidad de
voluntad semejante a la de María” (Redemptoris Custos, 3).
3. Si la santísima
Virgen María avanzó durante toda su vida en la peregrinación de la
fe en el seguimiento de su Hijo. San José se unió en esta fe de
María, de modo que “al comienzo de esta peregrinación, la fe de
María se encuentra con la fe de José. Si Isabel dijo de la Madre del
Redentor: ‘Feliz la que ha creído’, en cierto sentido se puede
aplicar esta bienaventuranza a José, porque él respondió
afirmativamente a la Palabra de Dios, cuando le fue trasmitida en un
momento decisivo” (RC 3). Lo que hizo san José fue genuina
“obediencia de la fe” (Cf. Rm 1,5; 16, 26) y así se convirtió en
“depositario singular del misterio escondido desde los siglos en
Dios” (Cf Ef 3,9), la encarnación del Hijo de Dios.
4. Comienza,
pues, José a caminar junto con su esposa María acompañando a su Hijo
Jesucristo. Lo va a hacer ofreciendo su vida para acoger al
Salvador, preparar su nacimiento, cuidar sus primeros pasos, ver por
su sustento material y cooperar en su obra redentora. Es verdad que
esta “peregrinación de la fe, señor san José la concluirá antes que
María” (RC 6); sin embargo, el camino de la fe de san José sigue la
misma dirección del de María y acompaña a su Hijo hasta que fue
necesario, según el proyecto de Dios; después se retira
discretamente y descansa en brazos de Jesús y de María. Quiero
ahora, hermanas y hermanos, recorrer brevemente este camino de la fe
de señor san José, para que él, junto con su esposa, nos ayude a
servir, seguir e imitar a su hijo Jesucristo.
5. En el
nacimiento de Jesús en Belén, san José es con María testigo
privilegiado de que la “plenitud de los tiempos se ha cumplido”, de
que Dios cumple su Palabra; fue testigo presencial del cumplimiento
de las profecías y del acontecimiento más sublime de la historia
humana: de la encarnación del Hijo de Dios, recién nacido “de una
mujer por obra del Espíritu Santo”. Fue testigo de la humildad de
Dios al mismo tiempo que escuchaba en el cielo los coros angélicos
que cantaban su gloria. San José fue el gran testigo de la presencia
de Dios en la humildad de su hogar. Pienso que ustedes, papás,
tienen también la misión de enseñar a sus Hijos a recibir, amar y
adorar a Jesús en su hogar. Ustedes tienen también la encomienda de
hacer sentir a sus hijos en su hogar la presencia cariñosa de Dios.
6. En la
circuncisión, José cumple con su primer deber de padre de
ofrecer su Hijo a Dios. José sabe que Dios ha hecho una alianza con
su pueblo, que él es beneficiario de esta alianza y que debe cumplir
con todo lo mandado por Dios, aunque sea doloroso. Sabe y entiende
que Dios se ha unido con una promesa y con una alianza con Israel, y
que él debe acatar esta voluntad divina. Padres de familia, no deben
olvidar que sus hijos son regalo de Dios, que deben ofrecerlos al
Señor e instruirlos en su santa voluntad. Los papás tienen la
encomienda de enseñar los mandamientos de la ley de Dios a sus
hijos.
7. En la
imposición del Nombre, el niño recibe el nombre de Jesús,
indicado ya por el ángel, porque este Niño trae ya una misión
recibida de Dios: “Él salvará a su pueblo de sus pecados”. José, al
imponer el nombre a Jesús, reconoce su paternidad legal y acepta el
designio de Dios sobre ese Hijo: ser el Salvador. Así José se asocia
a la obra redentora de Jesús. También los papás deben aprender a
leer la voluntad de Dios sobre cada uno de sus hijos, porque cada
hijo o hija trae una misión de Dios que debe cumplir en este mundo.
Los padres cristianos no imponen, sino que ayudan a sus hijos a
descubrir su vocación. No olviden que el sacerdocio es una vocación
que Dios puede querer para sus hijos.
8. En la
Presentación y después en la permanencia de Jesús en el templo,
a los doce años, José y María comprendieron con mayor profundidad
el gran misterio que se escondía en su Hijo, que Jesús era el
verdadero “rescate” de la deuda de los hijos de Adán, de nosotros
los pecadores. Comprendieron que Jesús tenía que pagar la deuda del
hombre pecador, no con sacrificios de animales, sino derramando su
propia sangre. Simeón les recordó que su Hijo sería a la vez “luz
de las naciones” y “signo de contradicción”. En el templo también
recordó José que su hijo era sólo “prestado”, pero que su verdadero
Padre era el del cielo, de quien tendría que ocuparse en primer
lugar. Así la vida de José y de María participan de los gozos y las
esperanzas, de las alegrías y las tristezas de Jesús, como es
también la vida de la Iglesia. Sin duda, queridos papás, así es
también su vida familiar, mezcla de tristezas y alegrías; pero sepan
que Jesús está con sueldes Jesús. Con Jesús las alegrías crecen y
las penas disminuyen, como en la familia de Nazaret.
9. En la huida
a Egipto, José ve nuevamente probada su fe: “Levántate, toma al
niño y a su Madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te
diga, porque Herodes va a buscar el niño para matarlo” (Mt 2, 13).
Esto sucede después de la adoración de los Reyes de Oriente. ¡Qué
contraste en la vida de José y de María! Pero José calla y obedece:
“Tomó al niño y a su madre y huyó a Egipto” (Mt 2,14). Todo el poder
del imperio y el odio del poderoso contra un niño, contra una
familia pobre, desprotegida e inocente. Su única salvación es la
obediencia a la palabra de Dios, el cumplimiento de su voluntad. La
salvación nos llega a través de la Palabra de Dios. Sin duda ustedes
habrán experimentado en su vida contrastes semejantes. Pienso en las
familias de los emigrantes. En estas circunstancias de desamparo, de
peligro de la vida y hasta de amenazas de muerte, lo único que nos
queda es fiarnos en la santa Palabra de Dios y esperar en el Señor.
El Señor, a su tiempo -“hasta que yo te diga”, dijo a José-,
responderá. Es la oscuridad de la fe que también experimentó José.
10. El regreso
a Nazaret fue el triunfo de la fe y de la obediencia, al mismo
tiempo que de la prudencia de José: Llevó al niño a vivir en
Nazaret, porque todavía semilla del perseguidor estaba viva, como
sigue todavía acechando a las familias cristianas. La descendencia
de Herodes sigue todavía merodeando en los hogares cristianos, con
todas las campañas anti-vida. Después del regreso de Jerusalén,
“volvieron a Galilea y el niño crecía y se fortalecía, llenándose de
sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él” (Lc 2, 39-40).
Queridos padres de familia: Este es el programa de educación para
sus hijos: Que crezcan en la sabiduría de las cosas de Dios; que
cezcan en la amistad con Jesús; que crezcan sanos de cuerpo y de
espíritu para que sean buenos hijos de la Iglesia y buenos
ciudadanos. Ustedes son sus primeros educadores en la vida y en la
fe. La Iglesia los auxilia y el estado debe apoyarlos, no
sustituirlos, menos imponerles su ideología o su visión de la vida.
Debe estado debe respetar su fe y sus prácticas religiosas. Nadie
tiene derecho a impedirlas o hacer escarnio de ellas en la escuela o
en ninguna parte. Es un derecho humano básico y fundamental que se
debe respetar.
11. Finalmente,
queridos papás: Todo niño tiene derecho a tener un papá y una mamá,
y también hermanitos con quienes compartir la vida y el amor de sus
padres. “La Iglesia proclama que la vida familiar está fundada sobre
el matrimonio de un hombre y una mujer, unidos por el vínculo
indisoluble, libremente contraído, abierto a la vida humana en todas
sus etapas, lugar de encuentro entre generaciones y de crecimiento
en sabiduría humana” (Cardenal Bertone, Madrid 5/2/09). Sólo hay un
modelo válido de familia: el querido por Dios. El matrimonio y la
familia no son inventos humanos, sino un proyecto de Dios para
trasmitir la vida y su amor. Lo que Dios ha creado sabiamente no lo
debe descomponer el hombre torpemente. Los derechos humanos están
por encima de la política y del estado-nación; son supranacionales,
universales porque vienen de Dios. Ustedes, padres de familia, son
depositarios de esos derechos: a la vida, a la educación de sus
hijos y a la práctica religiosa. Así lo hicieron José y María con el
Niño Jesús.
12. Aquí, en la
santa Misa, vamos a venerar “en primer lugar la memoria de la
bienaventurada Virgen María” e inmediatamente “la de su
bienaventurado Esposo, señor san José”, porque “alimentó a Aquel que
los fieles comerían como Pan de vida eterna” (RC 16), en la santa
eucaristía. Ellos cuidaron la vida terrena de Jesús para que
nosotros, al recibirlo en la eucaristía, consigamos la vida
celestial. Que Ellos, Jesús María y José, acompañen y alienten la
vida de todos ustedes y de sus familias para lleguemos, junto con
ellos, a la casa del Padre. Que así sea.
† Mario De Gasperín Gasperín
VIII Obispo de
Querétaro