Nuestro Sr. Obispo


Escudo


Cartas Pastorales


Mensajes


Homilías


Circulares


Meditaciones


Entrevistas


Reseña del X Sínodo General Ordinario de los Obispos


Viacrucis Bíblico


 

 

HOMILÍA DEL SR. OBISPO DR. D. MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN

EN LA FIESTA DEL SEÑOR SAN JOSÉ

San José Iturbide, Gto., 19 de Marzo de 2009


Hermanas y hermanos: 

1. El papa Juan Pablo II escribió una hermosa Exhortación Apostólica sobre señor san José titulada: “La Figura y Misión de San José en la Vida de Cristo y de la Iglesia” (1989). Sin duda que muchos habrán oído de ella y la conocerán, pues es su santo patrono ante Dios; pero a todos nos es necesaria y urgente la protección de señor san José, dada la situación precaria y de agravio que padecen las familias católicas. San José es, después de María y con María, la figura más importante en la vida de Cristo y lo es también en la vida de la Iglesia, de todos nosotros. Recorramos, pues, algunos pasos de la vida de San José para que nos enseñe, junto con su esposa, a ser discípulos de su hijo Jesucristo. 

2. Cuando Isabel recibió la visita de María, al saber ésta llevaba en su seno al Mesías, le dice: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que te fueron dichas de parte del Señor!! (Lc 1,45). María es proclamada feliz, dichosa por haber escuchado la palabra y cumplido la voluntad de Dios. Lo mismo, dice el Papa, hizo señor san José, como refiere san Mateo: “Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado y tomó consigo a su esposa” (1,24). La palabra de Dios, recibida en sueño, iluminó la duda de José y obedeció: tomó a su esposa, aceptó el misterio de la maternidad divina de María, obra del Espíritu Santo, aceptando cuidar como padre a Jesús, “demostrando así una disponibilidad de voluntad semejante a la de María” (Redemptoris Custos, 3).  

3. Si la santísima Virgen María avanzó durante toda su vida en la peregrinación de la fe en el seguimiento de su Hijo. San José se unió en esta fe de María, de modo que “al comienzo de esta peregrinación, la fe de María se encuentra con la fe de José. Si Isabel dijo de la Madre del Redentor: ‘Feliz la que ha creído’, en cierto sentido se puede aplicar esta bienaventuranza a José, porque él respondió afirmativamente a la Palabra de Dios, cuando le fue trasmitida en un momento decisivo” (RC 3). Lo que hizo san José fue genuina “obediencia de la fe” (Cf. Rm 1,5; 16, 26) y así se convirtió en “depositario singular del misterio escondido desde los siglos en Dios” (Cf Ef 3,9), la encarnación del Hijo de Dios.  

4.  Comienza, pues, José a caminar junto con su esposa María acompañando a su Hijo Jesucristo. Lo va a hacer ofreciendo su vida para acoger al Salvador, preparar su nacimiento, cuidar sus primeros pasos, ver por su sustento material y cooperar en su obra redentora. Es verdad que esta “peregrinación de la fe, señor san José la concluirá antes que María” (RC 6); sin embargo, el camino de la fe de san José sigue la misma dirección del de María y acompaña a su Hijo hasta que fue necesario, según el proyecto de Dios; después se retira discretamente y descansa en brazos de Jesús y de María. Quiero ahora, hermanas y hermanos, recorrer brevemente este camino de la fe de señor san José, para que él, junto con su esposa, nos ayude a servir, seguir e imitar a su hijo Jesucristo.  

5. En el nacimiento de Jesús en Belén, san José es con María testigo privilegiado de que la “plenitud de los tiempos se ha cumplido”, de que Dios cumple su Palabra; fue testigo presencial del cumplimiento de las profecías y del acontecimiento más sublime de la historia humana: de la encarnación del Hijo de Dios, recién nacido “de una mujer por obra del Espíritu Santo”. Fue testigo de la humildad de Dios al mismo tiempo que escuchaba en el cielo los coros angélicos que cantaban su gloria. San José fue el gran testigo de la presencia de Dios en la humildad de su hogar. Pienso que ustedes, papás, tienen también la misión de enseñar a sus Hijos a recibir, amar y adorar a Jesús en su hogar. Ustedes tienen también la encomienda de hacer sentir a sus hijos en su hogar la presencia cariñosa de Dios.  

6. En la circuncisión, José cumple con su primer deber de padre de ofrecer su Hijo a Dios. José sabe que Dios ha hecho una alianza con su pueblo, que él es beneficiario de esta alianza y que debe cumplir con todo lo mandado por Dios, aunque sea doloroso. Sabe y entiende que Dios se ha unido con una promesa y con una alianza con Israel, y que él debe acatar esta voluntad divina. Padres de familia, no deben olvidar que sus hijos son regalo de Dios, que deben ofrecerlos al Señor e instruirlos en su santa voluntad. Los papás tienen la encomienda de enseñar los mandamientos de la ley de Dios a sus hijos. 

7. En la imposición del Nombre, el niño recibe el nombre de Jesús, indicado ya por el ángel, porque este Niño trae ya una misión recibida de Dios: “Él salvará a su pueblo de sus pecados”. José, al imponer el nombre a Jesús, reconoce su paternidad legal y acepta el designio de Dios sobre ese Hijo: ser el Salvador. Así José se asocia a la obra redentora de Jesús. También los papás deben aprender a leer la voluntad de Dios sobre cada uno de sus hijos, porque cada hijo o hija trae una misión de Dios que debe cumplir en este mundo. Los padres cristianos no imponen, sino que ayudan a sus hijos a descubrir su vocación. No olviden que el sacerdocio es una vocación que Dios puede querer para sus hijos.  

8. En la Presentación y después en la permanencia de Jesús en el templo, a los doce años,  José y María comprendieron con mayor profundidad el gran misterio que se escondía en su Hijo, que Jesús era el verdadero “rescate” de la deuda de los hijos de Adán, de nosotros los pecadores. Comprendieron que Jesús tenía que pagar la deuda del hombre pecador, no con sacrificios de animales, sino derramando su propia sangre.  Simeón les recordó que su Hijo sería a la vez “luz de las naciones” y “signo de contradicción”. En el templo también recordó José que su hijo era sólo “prestado”, pero que su verdadero Padre era el del cielo, de quien tendría que ocuparse en primer lugar. Así la vida de José y de María participan de los gozos y las esperanzas, de las alegrías y las tristezas de Jesús, como es también la vida de la Iglesia. Sin duda, queridos papás, así es también su vida familiar, mezcla de tristezas y alegrías; pero sepan que Jesús está con sueldes Jesús. Con Jesús las alegrías crecen y las penas disminuyen, como en la familia de Nazaret. 

9. En la huida a Egipto, José ve nuevamente probada su fe: “Levántate, toma al niño y a su Madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar el niño para matarlo” (Mt 2, 13). Esto sucede después de la adoración de los Reyes de Oriente. ¡Qué contraste en la vida de José y de María! Pero José calla y obedece: “Tomó al niño y a su madre y huyó a Egipto” (Mt 2,14). Todo el poder del imperio y el odio del poderoso contra un niño, contra una familia pobre, desprotegida e inocente. Su única salvación es la obediencia a la palabra de Dios, el cumplimiento de su voluntad. La salvación nos llega a través de la Palabra de Dios. Sin duda ustedes habrán experimentado en su vida contrastes semejantes. Pienso en las familias de los emigrantes. En estas circunstancias de desamparo, de peligro de la vida y hasta de amenazas de muerte, lo único que nos queda es fiarnos en la santa Palabra de Dios y esperar en el Señor. El Señor, a su tiempo -“hasta que yo te diga”, dijo a José-, responderá. Es la oscuridad de la fe que también experimentó José.

10. El regreso a Nazaret fue el triunfo de la fe y de la obediencia, al mismo tiempo que de la prudencia de José: Llevó al niño a vivir en Nazaret, porque todavía semilla del perseguidor estaba viva, como sigue todavía acechando a las familias cristianas. La descendencia de Herodes sigue todavía merodeando en los hogares cristianos, con todas las campañas anti-vida. Después del regreso de Jerusalén, “volvieron a Galilea y el niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él” (Lc 2, 39-40). Queridos padres de familia: Este es el programa de educación para sus hijos: Que crezcan en la sabiduría de las cosas de Dios; que cezcan en la amistad con Jesús; que crezcan sanos de cuerpo y de espíritu para que sean buenos hijos de la Iglesia y buenos ciudadanos. Ustedes son sus primeros educadores en la vida y en la fe. La Iglesia los auxilia y el estado debe apoyarlos, no sustituirlos, menos imponerles su ideología o su visión de la vida. Debe estado debe respetar su fe y sus prácticas religiosas. Nadie tiene derecho a impedirlas o hacer escarnio de ellas en la escuela o en ninguna parte. Es un derecho humano básico y fundamental que se debe respetar.

11. Finalmente, queridos papás: Todo niño tiene derecho a tener un papá y una mamá, y también hermanitos con quienes compartir la vida y el amor de sus padres. “La Iglesia proclama que la vida familiar está fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer, unidos por el vínculo indisoluble, libremente contraído, abierto a la vida humana en todas sus etapas, lugar de encuentro entre generaciones y de crecimiento en sabiduría humana” (Cardenal Bertone, Madrid 5/2/09). Sólo hay un modelo válido de familia: el querido por Dios. El matrimonio y la familia no son inventos humanos, sino un proyecto de Dios para trasmitir la vida y su amor. Lo que Dios ha creado sabiamente no lo debe descomponer el hombre torpemente. Los derechos humanos están por encima de la política y del estado-nación; son supranacionales, universales porque vienen de Dios. Ustedes, padres de familia, son depositarios de esos derechos: a la vida, a la educación de sus hijos y a la práctica religiosa. Así lo hicieron José y María con el Niño Jesús.

12. Aquí, en la santa Misa, vamos a venerar “en primer lugar la memoria de la bienaventurada Virgen María” e inmediatamente “la de su bienaventurado Esposo, señor san José”, porque “alimentó a Aquel que los fieles comerían como Pan de vida eterna” (RC 16), en la santa eucaristía. Ellos cuidaron la vida terrena de Jesús para que nosotros, al recibirlo en la eucaristía, consigamos la vida celestial. Que Ellos, Jesús María y José, acompañen y alienten la vida de todos ustedes y de sus familias para lleguemos, junto con ellos, a la casa del Padre. Que así sea.

Mario De Gasperín Gasperín

VIII Obispo de Querétaro

Este portal diocesano es un servicio diseñado y desarrollado por la RIIAL Querétaro                                                                                            Webmaster