Nuestro Sr. Obispo


Escudo


Cartas Pastorales


Mensajes


Homilías


Circulares


Meditaciones


Entrevistas


Reseña del X Sínodo General Ordinario de los Obispos


Viacrucis Bíblico


 

 

HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL FESTEJO DEL AÑO JUBILAR DEL DECANATO DE AMEALCO

Huimilpan, Qro., 19 de Diciembre de 2007


"QUE MI BOCA, SEÑOR, NO DEJE DE ALABARTE"

Hermanas y hermanos: 

1. “Que mi boca, Señor, no deje de alabarte”. Con estas palabras del salmo responsorial quiero agradecer a Dios sus inmensos beneficios que, a lo largo de mi vida sacerdotal y de mi ministerio episcopal me ha concedido, sin merecerlos. Deseo que este año de preparación a mi jubileo episcopal sea un himno continuo de alabanzas al Señor y, por eso, he aceptado agradecido la invitación de los presbíteros del decanato de Amealco y la presencia de ustedes en esta celebración. Si a mi voz se unen las numerosas voces de ustedes, la alabanza subirá no sólo con mayor ímpetu sino con mayores méritos a la presencia del Señor. Qué Él, que nos llamó a todos a la fe católica y a su servidor al ministerio sacerdotal y servicio episcopal, acepte nuestra humilde acción de gracias que, por intercesión de la Virgen Inmaculada, de San Miguel Arcángel, de Santa Lucía virgen y mártir, y por los méritos de la preciosísima Sangre de Cristo, que brotó de su Corazón traspasado, elevamos juntos al Padre del cielo. 

2. La santa Palabra de Dios que ha sido proclamada, nos habla de dos mujeres ancianas y estériles, que colaboraron maravillosamente en la historia de la salvación y contribuyeron a preparar la venida de nuestro Señor Jesucristo. Se trata, en el Antiguo Testamento, de la madre de Sansón, cuyo nombre ignoramos, pero no su fe. A ella se apareció el ángel del Señor y le anunció que concebiría de su marido, también anciano, un hijo, “quien comenzaría a salvar a Israel” de la mano de sus enemigos. Ella, junto con su esposo, consagraron ese hijo al Señor, le pusieron el nombre de Sansón, Dios lo dotó de fuerza y “el espíritu del Señor comenzó a manifestarse en él”. Sansón se convirtió en un fuerte guerrero, que salvó al pueblo de Dios del poder de sus enemigos. Dios, por medio de esa  pareja de esposos creyentes, aunque ancianos, suscitó un salvador para su  pueblo. 

3. La otra pareja se sitúa ya a las puertas del Nuevo Testamento. Se trata de Zacarías e Isabel, “los dos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor”, pero no tenían hijos y ambos eran de avanzada edad. Cuando Zacarías, sacerdote de Jerusalén, “ofrecía el incienso” en el templo, el ángel del Señor, Gabriel, le da una feliz noticia: “No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien pondrás el nombre de Juan”. Juan Bautista es fruto de la oración constante y confiada de Zacarías y de su esposa Isabel. Juan el bautista, “lleno del Espíritu Santo… convertirá a los Israelitas al Señor” y le preparará “un pueblo dispuesto a recibirle”. Isabel, por su parte, en la intimidad de su hogar, decía: “Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mi”. La vida santa de esos esposos, Zacarías e Isabel, el cumplimiento de los mandamientos de Dios, la celebración del culto divino en el templo y la oración constante y confiada, obtuvieron su recompensa en el nacimiento de su hijo Juan, el Precursor  de Cristo, que bautizó al Salvador en el Jordán y lo presentó al pueblo de Israel como “el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”. 

4. Estas dos parejas de esposos ancianos y humildes, pobres en bienes materiales pero ricos en fe y confianza en Dios, recibieron la bendición divina y sus respectivos hijos, Sansón y Juan, contribuyeron de manera significativa a la salvación de Israel y a preparar el camino del Salvador. Cuando humanamente nada se podía hacer y esperar a causa de la ancianidad y la esterilidad, la fuerza de la fe aparece en todo su esplendor venciendo la debilidad humana: “Para Dios nada hay imposible”, le explicará el arcángel Gabriel a María cuando le pida, de parte de Dios, que acepte ser la madre del Mesías, a pesar de que ella había hecho voto de virginidad. Dios no violenta a nadie, pero sus caminos son más grandes y sabios que los nuestros. La madre de Sansón y la madre de Juan Bautista, ancianas y estériles, son un preanuncio de lo que Dios hará en la joven y virginal madre de Jesús, a quien nosotros llamamos la Virgen María. En ella, “el Señor hizo cosas grandes” y “levantó la humildad de su sierva y ahora la llamamos bienaventurada todas las generaciones”. Ella concibió un hijo por obra del Espíritu Santo, y bajo la mirada solícita de señor san José, dio a luz y cuidó a Jesucristo, nuestro Salvador. 

5. Hermanas y hermanos: La familia unida, los esposos fieles y temerosos de Dios, el matrimonio bendecido por la santa Iglesia, son un regalo de Dios que la religión católica ha traído a nuestra patria con el evangelio de Jesucristo. La unión estable de un hombre y una mujer con la bendición del Altísimo, fecunda en hijos y sostenida por la comprensión, el perdón y el amor, son un tesoro inmenso que recibimos de la santa Iglesia católica y que todos debemos cuidar y proteger contra las agresiones de todos los días y de cada momento en los medios informativos y en la televisión. Nosotros no nos guiamos por las películas o por las telenovelas sino por la Palabra de Dios, por el Evangelio de Jesucristo enseñado por nuestra santa madre la Iglesia en la doctrina cristiana y el catecismo. Los católicos queremos ofrecer a la sociedad y a la patria hombres y mujeres sanos, honestos,  generosos en el trabajo y en el sufrimiento, sinceros y leales, solidarios con los hermanos y hermanas en necesidad, respetuosos de la dignidad de la mujer y de los más débiles como son los enfermos, los ancianos y los niños. Respetamos la vida, toda vida, desde sus comienzos hasta su fin natural. Los católicos no abortamos a los niños. Estos son los valores humanos y morales que recibimos de nuestros mayores mediante la Iglesia católica y que buscamos defender y transmitir a las nuevas generaciones. Éste es nuestro aporte valioso a la sociedad y a la patria. 

6. Nos duelen especialmente dos heridas muy profundas que llevamos en el corazón: La situación de los hermanos indígenas y la de los hermanos migrantes. Dios no es la causa de la marginación ni de la pobreza, porque ha dado bienes en abundancia para todos. Estas llagas son, en buena parte, consecuencia de la indolencia, de la demagogia y de la corrupción reinantes y de la falta de solidaridad cristiana. A los hermanos indígenas les decimos que respetamos y admiramos sus costumbres y sus tradiciones que, purificadas y fecundadas por la fe cristiana, han dado origen a expresiones de fe y de arte que adornan nuestro entorno nacional y diocesano. Les agradezco su fidelidad y amor a la santa Iglesia y les digo que tanto su obispo como sus sacerdotes estamos cerca de ustedes en su lucha diaria por su superación, para que lleguen a ser “los artífices de su propio destino”, de un futuro mejor, que requerirá del arduo esfuerzo por superar el vicio del alcoholismo y la ignorancia. En este intento cuenten con la simpatía y el acompañamiento solidario de su Iglesia. Las Hermanas Religiosas, que desde hace mucho tiempo conviven con ustedes en San Ildefonso, son un signo vivo del amor de la santa Iglesia. Para ellas un agradecimiento especial ante Dios. 

7. Los hermanos migrantes saben bien que la Iglesia católica, especialmente sus pastores tanto diocesanos como los de la frontera norte, estamos cerca de ustedes. Al irse para el  Norte no dejan de formar parte de su familia, ni de su patria, ni mucho menos de su Iglesia; por eso los juzgamos siempre “nuestros”, oramos por ustedes y hemos levantado la voz defendiendo sus derechos y su dignidad. En este campo, lo decimos con orgullo, la Iglesia católica ha sido pionera y hemos hecho llegar nuestra voz de pastores tanto a las autoridades nacionales como a las del vecino país del Norte. Lamentamos que a los migrantes centroamericanos no se dé en nuestra patria el trato que reclamamos para ustedes. Les pedimos una triple fidelidad: a su familia, a su patria y a su Iglesia y los invitamos a hacer un esfuerzo mayor por superarse personalmente y como miembros de la comunidad hispano-mexicana, de modo que se hagan valer no sólo por su fuerza de trabajo sino también y más por sus virtudes, por sus cualidades humanas, por su cultura y por su fe católica. Los Mandamientos: No matar, no robar, no codiciar la mujer ni los bienes del prójimo; no mentir, ir a misa el domingo, mantener el santo temor de Dios y ser gente de bien, serán principios siempre válidos y necesarios para hacerse respetar y poder prosperar. No podemos exigir respeto si no respetamos a los demás. Los Mandamientos de la ley de Dios son el camino seguro para el progreso y la felicidad. Sólo Dios puede hacernos felices. 

8. “Que mi boca, Señor, no deje de alabarte”. Mi boca no dejará de alabar al Señor por sus beneficios, si ustedes, hermanas y hermanos, se unen a mi pobre canto de acción de gracias. Por mi parte, hago mía la oración del salmista y doy público testimonio ahora, al acercarse el término de mi ministerio, que “el Señor ha sido para mí un refugio durante toda mi vida, ha sido como ciudad fortificada y siempre me ha salvado. Ha sido mi auxilio y mi defensa, y siempre me ha librado de la mano de los enemigos poderosos. Durante mi juventud el Señor me ha sostenido. Él me llamó a su servicio y en él he puesto mi esperanza. Desde el seno materno el Señor ha sido mi apoyo y él me ha sostenido a lo largo de mis días. Por eso, ante esta gran asamblea, le digo al Señor: “Tus hazañas, Señor, alabaré, diré a todos que tú eres justo. Por medio de mis padres me enseñaste a alabarte desde niño y seguir alabándote es mi orgullo”. Queridos padres de familia, si quieren hacer un bien grande a sus hijos y a nuestra patria, vivan como cristianos en la Iglesia católica y trasmitan esa fe a sus hijos. Que ésta sea la gracia y bendición que el Señor les conceda en esta Navidad.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

Este portal diocesano es un servicio diseñado y desarrollado por la RIIAL Querétaro                                                                                            Webmaster