Nuestro Sr. Obispo


Escudo


Cartas Pastorales


Mensajes


Homilías


Circulares


Meditaciones


Entrevistas


Reseña del X Sínodo General Ordinario de los Obispos


Viacrucis Bíblico


 

 

HOMILÍA EN EL XXXI RETIRO NACIONAL DE SACERDOTES

Santiago de Querétaro, Qro., 24 de Noviembre de 2009


Hermanos presbíteros: 

1. La solemnidad de Cristo Rey del Universo da el encuentre teológico al fin del año litúrgico y al inicio del Adviento. Por dos veces los textos de la misa nos invitan a ver, a levantar la mirada porque alguien viene, está viniendo. Daniel dice que “vio a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubles del cielo”, y el texto del Apocalipsis nos decía: “Miren, él viene entre las nubes, y todos lo verán, aún aquellos que lo traspasaron”. Ver, levantar la mirada llena de esperanza, es la actitud religiosa propia de este tiempo, para recibir al Señor que viene a nuestro encuentro. 

 2. En la lectura de hoy, el profeta Daniel también nos invita a “mirar esa estatua gigantesca, de un brillo extraordinario y aspecto imponente”, como en contrapartida de la imagen de Cristo Rey. Esta estatua no viene del cielo, ya está aquí, en la tierra, inmóvil, frágil a pesar de su esplendor. Este contraste escenifica el encuentro de Cristo con Pilato, el reino terreno y el reino que no es de aquí, uno apoyado en pies de barro, otro en las plantas traspasadas pero gloriosas del que fue Crucificado. El gobernante romano presumía de, “tener poder para condenar a Jesús o para dejarlo libre”; Jesús, en cambio, se proclama Rey-Testigo-Mártir de la verdad. Esa piedrecilla, desprendida desde la montaña “sin intervención de mano alguna”, no sólo derribó la estatua soberbia, sino a su descendencia de reyes y príncipes, a lo largo y ancho de la historia humana. Entonces “el Dios del cielo hizo surgir un reino que jamás será destruido, ni dominado por ninguna otra nación. Destruirá y aniquilará todos esos reinos y él durará para siempre”. Este reino es el de Cristo, incoado en la santa Iglesia, de la que nosotros somos hijos y servidores. 

3. En el santo evangelio sólo escuchamos un breve trozo del Apocalipsis de san Lucas, que habría que leerlo todo, porque es un mensaje de esperanza, dentro de la gran tribulación: “Los traicionarán… matarán a algunos de ustedes, y a todos los odiarán por mi causa… Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación”. Así es la venida del Reino de Dios, como fue la pasión de Jesús: Él reina desde la cruz. A nosotros nos toca leer los signos de los tiempos, interpretar la historia, “levantar la cabeza” y saber esperar  la venida gloriosa de nuestro salvador Jesucristo, “hacia el cual confluyen todas las aspiraciones del corazón humano” (GSp 45). 

4. El concilio ecuménico Vaticano II invita “a todo el Pueblo de Dios, pero especialmente a los pastores y teólogos, a auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada” (GSp 44). El sacerdote es un “pastor vigilante”  atalaya, le llama el papa Juan Pablo Segundo que otea el horizonte, detecta el paso de Dios por la historia, interpreta su opaco significado y la convierte en historia de salvación para su pueblo. Ser esta antena guiada por el Espíritu, es parte de nuestro ministerio profético y pienso, en sintonía con lo que afirmamos los obispos en nuestra carta: “Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”, que las mayores dificultades que se presentan a la Iglesia y que la hacen frecuentemente objeto de rechazo, son de índole histórica. Es preciso confesarlo: Quizá no hayamos tenido la suficiente perspicacia, fruto de la escucha atenta de la Palabra divina, de la docilidad al Espíritu y de la oración, para interpretar los signos de los tiempos en nuestro país y ser “fermento de la historia” (GSp 44) como lo pide el Concilio.  

5. También en el momento actual muchos acontecimientos nos causan perplejidad y, con la excepción de algún clarividente, que nunca falta y que suelen ser los santos, nos sentimos abrumados y confundidos, pero el pueblo fiel nos demanda, como a Daniel, una palabra sabia. Pidamos que el Espíritu active en nosotros esa audacia con que Jesús preguntó al ciego de Jericó: ¿Qué quieres que haga por ti?, sabiendo que su poder salvador opera en nosotros mediante la fe, es decir, creyendo en nuestro sacerdocio, que es un actuar in persona Christi. Dejemos que Cristo sea sacerdote en nosotros, y así cooperaremos en la instauración de su Reino. Con sencillez llena de fe decía el santo Párroco de Ars: “¿Qué santa Filomena obedece el párroco de Ars? Claro que sí, si hasta Dios le obedece”. Prestemos a Cristo nuestra obediencia de la fe y él, fiel a su promesa, nos obedecerá también a nosotros, y así podremos colmar las aspiraciones de nuestros fieles, como lo hizo san Juan María Vianney, nuestro Patrono. Que así sea.

 

† Mario De Gasperín Gasperín

VIII Obispo de Querétaro

Este portal diocesano es un servicio diseñado y desarrollado por la RIIAL Querétaro                                                                                            Webmaster