"Turris fortissima nomen Domini ad ipsam cucurrit iustus, et exaltabitur"

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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

DURANTE LA MISA DE NOCHEBUENA

 

Santiago de Querétaro, Qro.,24 de diciembre de 2006

 

Hermanas y hermanos:

San Agustín comienza así uno de sus sermones sobre la Navidad: “Despierta hombre, por ti Dios se hizo hombre. Despierta tú, que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo, con su luz, te alumbrará. Te lo repito: Por ti Dios se hizo hombre. Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a la muerte. Hubieras perecido si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido, si él no hubiera venido a salvarte”(Sermón 185).

Lo que tan vehementemente nos comunica San Agustín en su sermón navideño, es una realidad para nosotros hoy. La liturgia habla del “sacramento de la Navidad”, es decir, que lo que aquí anunciamos y celebramos no es un acontecimiento del pasado, sino que se actualiza hoy y aquí para nosotros. La Navidad no es sólo un recuerdo de un hecho maravilloso de hace dos mil años, sino que se hace presente hoy aquí, en los signos sacramentales, en la celebración litúrgica, para todos nosotros. Por eso los textos de la liturgia nos hablan del hoy de la salvación. Escuchemos algunos: 

“Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.

“Has iluminado esta noche santa con el Nacimiento de Cristo, la luz verdadera”.

“Hoy una gran luz ha bajado a la tierra”.

“Hoy resplandece ante el mundo el maravilloso intercambio que nos salva”.

“Hoy nos ha descendido del cielo la paz verdadera”.

“Hoy ha nacido Jesucristo, hoy ha aparecido el Salvador, hoy en la tierra cantan los ángeles, hoy saltan de alegría los justos”.

“Hoy brilla una luz entre nosotros, porque nos ha nacido el Señor” (Agenda Litúrgica). 

El hecho de que Jesús haya trascendido las barreras del tiempo y del espacio con su resurrección, hace posible que su gracia salvadora, ahora la del Misterio de su Nacimiento, se haga presente y actuante para nosotros en esta celebración litúrgica. Somos verdaderamente contemporáneos del Nacimiento de Cristo, junto con María, José y los pastores. Por eso, es necesario como despojarnos de los sentimientos, legítimos quizá pero un tanto infantiles y no digamos profanos, para penetrar en el Misterio y beneficiarnos de su gracia. Lo bucólico de la escena del nacimiento en la gruta de Belén, no debe hacernos olvidar lo duro del pesebre, el mal olor del estiércol, el frío de la noche, la aspereza de los pañales y la crueldad de la pobreza, anticipos todos ellos del sacrificio del Calvario. Allá, en Belén, toda esta rudeza fue rodeada y mitigada con el amor y la entrega de la madre, con el cuidado solícito del que hizo las veces de padre, con la generosidad de los pastores y con la algarabía del coro de los ángeles, pregoneros de la gracia de Dios. Sólo con los sentimientos amorosos de María, la solicitud eficiente de José, la veneración rendida de los pastores y la alegría desbordante del coro celestial, podemos acercarnos dignamente al misterio de la Navidad. Abramos nuestro corazón a esos sentimientos para celebrar, como conviene a un cristiano,  esta santa Navidad. Amén.

 

† Mario De Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

 

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