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HOMILÍA EN LA MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS DE LA GENERACIÓN 2006-2009 DE LA UNIVA

Santiago de Querétaro, Qro., 27 de Enero de 2010


GENERACIÓN 2006-2009

UNIVA: UNIVERSIDAD CATÓLICA

1. Hermanas y Hermanos: Saludo a todos ustedes con afecto en el Señor y les agradezco su presencia en esta celebración para dar gracias a Dios por los trabajos realizados y felizmente concluidos por la Generación 2006-2009 de la Universidad Católica, la UNIVA, aquí en su Plantel Querétaro.

2. Saludo con particular estima  a su Rector, Monseñor Lic. Guillermo Alonzo Velasco; al Maestro Carlos Pérez Gómez Medina,  Director General Académico y al Maestro Gustavo Muñoz Guzmán, Director de este Plantel Querétaro; y a todos los alumnos Graduados, a sus familiares, a los Maestros y personal administrativo. Quiera el Señor, en su infinita misericordia, recibir nuestra acción de gracias y, por medio de Jesucristo fuente y origen de toda bendición, hacer fructífero su esfuerzo y trabajo en bien de la comunidad. 

3. La santa Palabra de Dios nos ofrece hoy la conocida parábola del Sembrador, que sale a sembrar su semilla con generosidad y abundancia, pero con resultados distintos, según el terreno donde va cayendo la semilla. Aunque Jesús habla de cosas del campo: de semilla, de siembra y de diversidad de terrenos, lo hace “desde la barca”, que, como bien sabemos, es la Barca de Pedro y que ahora se llama la Iglesia católica. Sabemos también que la Universidad católica es una parte pequeña, pero significativa, de esa barca y que tiene que hacerse eco de esta predicación y enseñanza de Jesús. Desde la Universidad católica, mediante la sapiencia y el testimonio de cada uno de sus maestros y de sus alumnos, el mensaje de Jesús tiene que seguir resonando en el mundo.   

4. En primer lugar, debemos anotar que la semilla es la misma, que es buena y capaz de una producción abundante, hasta del ciento por uno. No es semilla vana ni huera; es de primera. El mismo Jesús, en su explicación a los discípulos, les dice que “El sembrador siembra la Palabra”, es decir, que la semilla es la Palabra de Dios, en concreto, su Evangelio. El recibir y aceptar la semilla significa escuchar y llegar a tener conocimiento de la santa Palabra de Dios, lo cual es algo elemental en la vida de un católico, para poder entender algo del “secreto del Reino de Dios”. Es verdad, el  Reino de Dios es para todos, se anuncia a todos sin distinción, pero no todos lo entienden ni mucho menos lo reciben. Tiene su secreto. A los que no lo entienden,  Jesús los llama “los que están fuera”, a quienes “todo les queda oscuro”, que “mirando no ven y oyendo no entienden”. Estos, ahora, son los más.   

5. El grupo de seguidores de Jesús, los que ahora por su misericordia formamos la Iglesia, siempre tendremos que contar con un grupo, no ciertamente pequeño, de quienes prefieren deambular en la periferia, cerrar sus ojos, endurecer sus oídos y permanecer en la oscuridad. Es un designio misterioso de Dios. En alguna otra parábola Jesús los compara con la paja que se quema al final de la cosecha, ciertamente más abundante que el trigo, que se guarda en el granero. Ciertamente, comenta san Agustín, aunque el montón de paja es mucho mayor que el del trigo, en peso y valor es mucho menor. No tiene comparación. 

6. Otra anotación que quisiera hacer a este evangelio, es que el sembrador siembra, casi podríamos decir, sin ton ni son, al voleo, con sorprendente generosidad. De hecho, sabemos  que en la primera predicación de san Pedro, todavía en Jerusalén, lo escucharon con atención gentes venidas de todas las partes del mundo conocido entonces, y residentes en Jerusalén, y que se convirtieron y bautizaron unos tres mil, lo cual significa la sorprendente siembra y fuerza de la Palabra de Dios, sustentada por el Espíritu Santo. La palabra de Dios se esparce por todo el mundo, hoy quizá más que ayer. No escasea su anuncio: “A toda la tierra llega .su pregón y a todo mundo alcanza su mensaje”. Lo que escasean son los oyentes, los que quieran escuchar el Evangelio, y esto a diario lo podemos constatar. Nadie puede decir que no ha oído el mensaje  del Reino de Dios. Por lo menos aquí en Querétaro, el que busca con sinceridad la salvación, tiene oportunidad de escucharla, aunque quizá no sin sacrificio. 

7. Una tercera anotación que quisiera hacer, glosando la explicación de Jesús, es la diversidad del efecto de la siembra, según lo que cada uno lleve en su corazón: tierra apisonada, terreno pedregoso, espinas o tierra buena. Toda siembra de la Palabra de Dios está expuesta a la envidia del Diablo, que la  arrebata del corazón. A esta fuerza opositora al plan salvador de Dios, el hombre colabora con la inconstancia, que no deja echar raíces; con la seducción de las riquezas que ahogan la semilla y terminan por “hacerla estéril”. Esto es sin duda lo más triste para una semilla: la esterilidad, ya que por naturaleza toda semilla es para la fecundidad, para continuar la vida. No existe situación más triste para un miembro del Reino de Dios, para un cristiano, que una vida estéril. El “gris pragmatismo” de la vida cristiana, le llama el Papa Benedicto. Los católicos grises. 

8. Yo les deseo, jóvenes estudiantes y ahora profesionistas egresados de la Universidad Católica, que “den color”, que sean “tierra buena”, que “escuchan la palabra de Dios, la aceptan en su corazón y dan una cosecha de treinta, de sesenta y de ciento por uno”. Sus padres, su comunidad, su patria y su Iglesia esperan de ustedes el ciento por uno. Dice el Papa en el inicio de su encíclica Caritas in veritate: “La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo en su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad... Cristo es el primero y principal factor del desarrollo humano” (CV, 1.8).

 

† Mario De Gasperín Gasperín

VIII Obispo de Querétaro

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