“Son gran cosa letras
para dar en todo luz”
(Sta. Teresa., Camino de
Perf. Cap V).
1.
El “boletín” pertenece al género menor del periodismo, pero su
penetración es mayor en el ámbito particular; debe ser ágil y llamativo
y “no querer decirlo todo” (Horacio).
2.
Es “parroquial”. Es lo esencial. La responsabilidad es del párroco, pero
es para reflejar la vida de la parroquia y no los intereses de un grupo
o persona particular. Nadie se lo debe apropiar, pero es bueno la
colaboración de seglares preparados.
3. La misa no se puede convertir
en clase de lectura; no es pues para que se lea en la misa. Es para
llevar a casa y compartir con la familia y con los vecinos. Los textos y
lecturas de la misa están allí fuera de lugar. Debería repartirse al
final.
4. Debe incluir como
indispensable:
-
Un pequeño texto doctrinal, pues es un deber
enseñar y trasmitir la fe y la sana doctrina. Quizá un texto del
catecismo vendría bien.
-
Un mensaje esperanzador del párroco, que refleje
y eleve el estado espiritual de la comunidad.
-
Un pequeño texto bíblico para meditar y orar, por
ejemplo un salmo o algunos textos sapienciales. Es el espacio para
el Espíritu.
-
Una referencia a los hechos significativos de la
comunidad: tristezas, pequeños heroísmos etcétera, nombrando
personas y grupos. Jamás herir a alguna persona o institución.
-
Una referencia a la vida diocesana. La parroquia
no es una isla, ni el boletín sustituye al periódico diocesano. Lo
debe potenciar.
5. No reproducir lo que otros ya
publicaron, menos “fusilarse” artículos ajenos. Si se llega a reproducir
alguno, citar la fuente.
6.
El boletín es cultura y se debe mostrar cuidando la ortografía, el
estilo y la redacción: Decir las cosas bien, con las menos palabras que
pueda pero sin menoscabo de la claridad: “Lo bueno, si breve, dos veces
bueno” (Góngora).
7.
Creer en el boletín. Que sea verdadera expresión de la “caridad
pastoral” y entonces gozará de la fuerza del Espíritu y dará su fruto.
Los fieles lo agradecerán. ¡Felicidades!