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TESTIGO FIEL


Monseñor Ignacio Leonor Arroyo, primer obispo de la diócesis de Tuxpan en el estado de Veracruz, escribió un hermoso librito titulado “Testigo Fiel: Mis Recuerdos de Monseñor Rafael Guízar y Valencia”. El título describe de manera muy acertada al Quinto Obispo de Veracruz, quien fue de manera eminente testigo fiel del amor de Dios hacia su pueblo. En verdad, toda la vida de San Rafael fue un testimonio fehaciente de la bondad inagotable de Dios, que nos llega por medio de la santa Iglesia y de sus ministros. “Dios lo llene de sus bendiciones y lo colme de su santo amor” era la expresión con que firmaba sus cartas y terminaba sus pláticas y conversaciones. El amor de Dios que llenaba su corazón y activó su ministerio le permitió decir ante su hermano, el señor Obispo de Chihuahua, Don Antonio y los asistentes, que moría tranquilo porque tenía conciencia clara de “no haberle negado nada a Dios” durante su vida sacerdotal. Alguien que, a esa hora de la verdad suprema, puede hacer tranquilamente una afirmación tan contundente, es en verdad un “testigo fiel” del amor de Dios entre nosotros. 

El momento de su muerte lo refiere así Don Justino de la Mora, quien fuera su Vicario General, en sus “Apuntes Biográficos” del Santo: “Después de recibir el santo Viático, pidió la extremaunción que el señor Obispo de Chihuahua le administró con cierta resistencia. El enfermo rogó a su hermano que le recitara en voz alta las preces del Ritual. El piadosísimo enfermo contestaba con plena lucidez las oraciones. Cuando el ministro comenzaba las unciones, se presentó de improviso el ataque cerebral definitivo… El ministro tuvo que apresurar las unciones y, cuando terminó, el Santo Obispo de Veracruz, el Misionero infatigable, el Apóstol de los desvalidos, el Padre de los pobres, plácidamente entregaba su alma purísima, enamorada hasta  la locura de Dios. Fue una agonía envidiable; ni esfuerzos, ni violencias, ni convulsiones; una respiración más profunda que de ordinario, y nada más”. Así San Rafael Guízar y Valencia, “descansó en el Señor” y rindió el testimonio supremo de su vida a Dios. Era el 6 de junio de 1938, a los sesenta años, un mes y diez días de su edad. 

El librito de Monseñor Ignacio Leonor Arroyo contiene sus “recuerdos personales”, llenos de anécdotas y peripecias apostólicas, sobre San Rafael Guízar y Valencia, porque él fue uno de los sacerdotes que lo acompañaron en sus correrías misioneras.  Sin pensarlo, en el título que buscó Monseñor Leonor Arroyo para estos “recuerdos”, él mismo se convirtió también en un “testigo fiel” de la gran labor apostólica de San Rafael GuÍzar y Valencia, cuyas reliquias insignes nos visitarán próximamente en esta ciudad episcopal de Santiago de Querétaro.  

† Mario De Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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