MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI
Al Venerable Hermano
MARIO DE GASPERIN GASPERIN
Obispo de Querétaro
Estando ya próximo tu
Jubileo de Oro Sacerdotal, te enviamos estas letras con afecto
fraterno como signo de nuestro deseo de bienestar y para dar gracias
a Dios, juntamente contigo, por todos los beneficios con los cuales
Él se ha dignado bendecirte.
Es Él, en efecto, la
fuente y el dispensador de todos los dones, que mira a cada uno de
nosotros con particular cuidado, con cuya providencia nos gobierna,
de cuyo amor inefable nos nutrimos y con cuya inmensa bondad en todo
somos sabiamente conducidos.
Por lo cual, Venerable
Hermano, es oportuno que, ante tan solemne acontecimiento de tu
vida, con la debida gratitud celebres al Dios omnipotente, diciendo:
“¿Con qué le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Tomaré
el cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor. En
presencia de todo su pueblo cumpliré mis promesas al Señor” (Ps 116,
12-14).
Acompañado siempre por
su gracia, al sentirte llamado al servicio de Dios y de los hombres,
cumplidos los cursos de los estudios sagrados, y habiendo adquirido
en Roma tanto la licenciatura en Teología en la Pontificia
Universidad Gregoriana como en Sagrada Escritura en el Pontificio
Instituto Bíblico, en esta misma Ciudad Eterna fuiste ordenado
sacerdote.
De regreso a México,
desempeñaste con sabiduría y diligencia diversos oficios en la
Arquidiócesis de Xalapa: Tuviste, en efecto, entre otros cargos el
de Profesor de lenguas clásicas, de Exégesis Bíblica, de
Eclesiología y de Historia de la Salvación en el Seminario Mayor
posteriormente convertido en Regional, y también desempeñaste el
oficio de Párroco, habiendo editado, para utilidad de los fieles,
algunas catequesis sobre los sacramentos.
En 1983 el Siervo de
Dios el Papa Juan Pablo II, nuestro predecesor de santa memoria, te
nombró Obispo de la Iglesia de Tuxpan y, después de algunos años, te
puso al frente de la Diócesis de Querétaro, en cuyo gobierno, puesta
tu confianza en Dios, quien es fortaleza apoyo y protector de todos
los que en Él confían (cfr Ps 18, 2-3.31), empeñaste todas tus
fuerzas en ser signo, testigo y pregonero suyo, dispensador de su
gracia divina y de su misericordia, siempre solícito de la salvación
eterna y de la promoción humana de los fieles a Ti encomendados.
Además, conocemos bien
tu dedicación, consciente de tu oficio, en utilizar los medios de
comunicación social y tu empeño en procurar la renovación pastoral
de la diócesis, de las vocaciones al sacerdocio y del Seminario.
También sabemos de tu
preocupación por el momento cultural que atraviesa la fe, en
especial en lo que se refiere a la interrelación que debe existir
entre la fe y la razón, y de promover el diálogo y la comprensión
sobre cuestiones de bioética: por lo cual, con la presentes letras,
te expresamos nuestro beneplácito y aprecio.
Con ocasión, pues, de
tu Jubileo de Oro Sacerdotal, recibe, Venerable Hermano, nuestras
felicitaciones, que, con ánimo agradecido, encomendamos suplicantes
al Espíritu Consolador, Señor y Dador de vida, para que, bajo el
amparo de Santa María de Guadalupe, te dé su fortaleza para tu
desempeño de Pastor benemérito, te aliente con su consuelo celestial
y te enriquezca continuamente con sus mejores dones.
De todo esto es
portadora, mediadora y testimonio de nuestro afecto fraterno la
presente Bendición Apostólica que desde esta Sede de san Pedro de
corazón te impartimos, a Ti Venerable Hermano, y por tu medio, a
toda la comunidad eclesial de Querétaro.
¡Permanezcan siempre
firmes en la fe, alegres en la esperanza y solícitos en la caridad,
queridísimos hijos todos de México!
Ciudad del Vaticano, 1°
de Octubre, de 2010, sexto de nuestro Pontificado.
Benedicto XVI, Papa