CUARESMA 2010
Con la frente inclinada hacia el polvo, pero con
el corazón levantado hacia el Señor, iniciamos los católicos este
santo tiempo de Cuaresma. Cuarenta días de caminar por el desierto
de nuestra vida descarriada y de nuestros pecados. Días de
penitencia, para llegar al Monte santo de la Pascua, a la nueva vida
con Cristo resucitado.
“Acuérdate, hombre o mujer, que eres polvo y que
al polvo volverás. Conviértete, y cree en el Evangelio”, nos dice la
Iglesia al ofrecernos este signo penitencia, la Ceniza. Primero, hay
que acordarse de la humildad de nuestro origen: el polvo, y que
desde allí nos arrancó la Palabra poderosa de Dios. Luego, volvernos
hacia Él e implorar su misericordia y su perdón.
Creer en el Evangelio es descubrir a Jesucristo
como Salvador. El Evangelio es Jesucristo mismo en el misterio de su
muerte en la Cruz, de su santa Sepultura y de su gloriosa
Resurrección. Creer en el Evangelio es dejarse encontrar por el amor
de Dios manifestado en Jesucristo, y recomponer nuestras relaciones
humanas apartando el gesto amenazador, la palabra agresiva y la mano
levantada contra el hermano.
La santa Iglesia nos recomienda la oración
y la escucha de la Palabra de Dios, para que se nos ablande
el corazón; el ayuno, para que se doblegue nuestra
autosuficiencia y soberbia; y la limosna, para que tendamos
la mano con generosidad al prójimo necesitado.
Si así lo hacemos, dice hermosamente la santa
Biblia, “Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas
sanarán en seguida; la justicia caminará contigo y te seguirá la
gloria del Señor… Serás como un huerto regado, como un manantial
inagotable; reconstruirás viejas ruinas y edificarás sobre antiguos
cimientos… Entonces invocarás al Señor y Él te responderá, pedirás
auxilio y Él te dirá: ¡Aquí estoy!” (Is 58).
Este es el tiempo de renovación espiritual que
nos ofrece la santa Iglesia mediante la Cuaresma. Muchas gracias.