UN OBISPO EN EL SÍNODO DE LOS OBISPOS
Reseña del Sínodo por el Sr. Obispo Don Mario de Gasperín
Gasperín
Presentación
Primera Semana
Segunda Semana
Tercera Semana
Cuarta Semana
Conclusión
PRESENTACIÓN
1. Las
páginas que siguen recogen mis experiencias y reflexiones sobre este
acontecimiento de singular importancia e intensidad eclesial que es el
Sínodo de los Obispos. Es, en efecto, el Sínodo un caminar juntos, un
instrumento de comunión entre los miembros del Colegio Apostólico y
Pedro, su cabeza, que hunde sus raíces en los tiempos frescos del
nacimiento de la Iglesia y, a petición de los padres conciliares del
Vaticano II, fue renovado por el Papa Pablo VI mediante el Motu Proprio
“Apostolica sollicitudo”.
2. Es el Papa
quien lo convoca y quien señala el tema de la consulta. Una vez tratados
en sínodos anteriores los asuntos referentes a los fieles laicos, a los
consagrados y a los presbíteros, correspondía el tema al episcopado; por
eso el tema fue: “El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para
la esperanza del mundo”. El libro de los Evangelios que durante el
rito de la ordenación se impone sobre las espaldas del Obispo mientras
se invoca al Espíritu de soberanía para que gobierne con sabiduría y
prudencia la porción del pueblo de Dios a él confiada, es un signo
evidente de su obediencia al Evangelio al mismo tiempo que del vigor y
fortaleza que de Él recibe. Sobre el pilar firme de la Palabra de Cristo
y la acción del Espíritu Santo se sostiene su misión, se edifica la
Iglesia y se ofrece al mundo la firme esperanza de la salvación.
3. Las
siguientes cifras pueden ayudar a dar una idea de la representatividad
y, por ende, de la importancia eclesial que reviste un acontecimiento
de esta naturaleza. Entre los 247 padres sinodales asistentes, 165
fueron elegidos por las Conferencias Episcopales de los cinco
continentes, 10 por la Unión General de Superiores Religiosos, 35
participaron en función del cargo que desempeñan en la Curia Romana y 37
fueron nombrados directamente por el Papa. El 75 por ciento pertenecían
la clero secular y el 25 por ciento al clero regular. Ninguna asamblea
mundial reviste una representatividad tan grande y es animada por un
afecto colegial y fraterno como lo es el Sínodo.
4. La figura
y oficio del Obispo es central y capital en la Iglesia. Sobre el Colegio
de los Apóstoles, presidido por Pedro su cabeza, fue edificada la
Iglesia de Jesucristo. Esto hizo exclamar a San Ignacio de Antioquía:
“Donde está el obispo, allí está la Iglesia”. Al inicio del tercer
milenio, el Obispo se yergue en la Iglesia y ante el mundo, como al
inicio de la predicación evangélica, como el representante de Cristo
cabeza y esposo de la Iglesia, de Cristo sacerdote, de Cristo maestro,
de Cristo servidor, de Cristo Buen Pastor que da la vida por sus ovejas
para que la tengan en abundancia. Es signo vivo de Cristo que siembra la
fe y alienta la esperanza del mundo mientras vive la caridad. Tarea tan
grande debe ser objeto de especial y constante oración; así lo hace la
Iglesia en el canon de la misa, porque su debilidad y su misión sólo se
sostiene por la gracia de Dios.
5. San
Ambrosio, Obispo insigne y santo de Milán, comentando el último
versículo del salmo 118 que dice: “Me he descarriado como oveja, ven en
busca de tu siervo. No, no me olvido de tus mandamientos”, eleva esta
oración al Señor Jesús, el Pastor de los pastores, diciendo: “Ven
entonces, Señor Jesús. Ven a buscar a tu siervo, a tu oveja exhausta,
ven ¡Oh Pastor!, como José con su rebaño. Tu oveja se ha perdido
mientras tú te retrasabas, mientras estabas en las montañas. Deja tus
noventa y nueve ovejas y busca esta solitaria que se ha extraviado. Ven
sin perros. Ven sin malos trabajadores, sin mercenario, que no me
reconocerá. Ven sin ayudante, sin anuncio, pues te espero desde hace ya
demasiado tiempo; sé que vendrás, porque no me he olvidado de tus
preceptos. No vengas con el bastón, sino con espíritu de caridad y
dulzura... Búscame, porque tengo necesidad de ti; búscame, encuéntrame,
acéptame, llévame... recíbeme de las manos de María, que es virgen en el
cuerpo, íntegra en el alma sin ninguna mancha de pecado. Llévame sobre
la cruz que es salvación para nosotros viandantes, único reposo para
quien está cansado, única vida para quien muere” (Comm. Ps. 118, n. XXII,
28-30).
6. Si quien
esto leyere, acrecienta en su corazón el amor por Jesucristo y su casta
Esposa la Iglesia, y eleva una oración por su autor, su gozo y esperanza
se verán colmados.
Santiago de
Querétaro, Qro.,
Solemnidad de
todos los Santos del año 2001 de la Redención.