1.
PARA COMPRENDER LA LECTURA DE PALABRA DE DIOS
Primera lectura (Jos 5,9.10-12)
9 Entonces el SEÑOR dijo a Josué: Hoy he
quitado de vosotros el oprobio de Egipto. Por eso aquel lugar se ha
llamado Gilgal hasta hoy.10 Estando los hijos de Israel acampados en
Gilgal, celebraron la Pascua en la noche del día catorce del mes en los
llanos de Jericó.11 Y el día después de la Pascua, ese mismo día,
comieron del producto de la tierra, panes sin levadura y cereal
tostado.12 Y el maná cesó el día después que habían comido del producto
de la tierra, y los hijos de Israel no tuvieron más maná, sino que
comieron del producto de la tierra de Canaán durante aquel año.
Esta
lectura tomada del libro de Josué, narra la entrada del pueblo de Israel
a la tierra prometida (5,1). Dos acontecimientos importantes marcan esta
llegada: la circuncisión de todos los hombres (5,2) y la celebración de
la pascua (5,10). La tierra de Canaán a la que entra el pueblo israelita
es un don del Señor, cumple así, lo que había prometido a los
patriarcas. Con la llegada a la tierra prometida el pueblo alcanza la
total libertad, ya no está más en tierra extranjera, lugar de la
esclavitud (Egipto) y de sufrimiento (desierto), ahora posee su propia
tierra que le dará el sustento para una nueva vida (5,11-12). El Señor
ha quitado el oprobio de Egipto (5,9), era la vergüenza de verse
esclavizados en tierra extranjera. El pueblo que llega a poseer la
tierra prometida es un pueblo nuevo, la gente que había murmurado contra
Dios en el camino del desierto ha muerto, por eso, es necesario que la
nueva generación pacte también una nueva alianza sellada por la
circuncisión, signo externo de pertenencia exclusiva a Dios. Una vez
circuncidados todos los hombres puede celebrarse la pascua (5,10), pues
la ley dice que sólo pueden participar en ella los miembros de la
alianza, de la que la circuncisión es signo y testimonio (Ex 12,44). La
celebración de la pascua es conmemoración de la liberación de la
esclavitud, con toda razón debía celebrarse ahora que ya han pasado a la
tierra de libertad, al comienzo de una vida nueva en tierra sagrada,
propiedad del Señor, donde ha puesto su morada junto a su pueblo. El
escritor de esta lectura señala que con la celebración de la pascua en
la tierra santa acaba una época de la historia de la salvación y
comienza otra. Hasta entonces se habían alimentado del maná, ahora
pueden cosechar el alimento de los frutos de la tierra (5,11-12). La
situación de vida cambia, pero Dios es el mismo y sigue fiel a sus
promesas protegiendo a su pueblo y procurándole lo mejor.
Evangelio (Lc 15,1-3.11-32)
1 Todos los recaudadores de impuestos
y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle; 2 y los fariseos y los
escribas murmuraban, diciendo: Éste recibe a los pecadores y come con
ellos. 3 Entonces Él les refirió esta parábola, diciendo: 11 Y Jesús
dijo: Cierto hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos le dijo al
padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él
les repartió sus bienes.13 No muchos días después, el hijo menor,
juntándolo todo, partió a un país lejano, y allí malgastó su hacienda
viviendo perdidamente.14 Cuando lo había gastado todo, vino una gran
hambre en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.15 Entonces fue y se
acercó a uno de los ciudadanos de aquel país, y él lo mandó a sus campos
a apacentar cerdos. 16 Y deseaba llenarse el estómago de las algarrobas
que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.17 Entonces, volviendo en
sí, dijo: "¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra,
pero yo aquí perezco de hambre!18 "Me levantaré e iré a mi padre, y le
diré: 'Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;19 ya no soy digno de
ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores.'" 20 Y
levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo
vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo
besó. 21 Y el hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;
ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo." 22 Pero el padre dijo a sus
siervos: "Pronto; traed la mejor ropa y vestidlo, y poned un anillo en
su mano y sandalias en los pies; 23 y traed el becerro engordado,
matadlo, y comamos y regocijémonos; 24 porque este hijo mío estaba
muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y
comenzaron a regocijarse. 25 Y su hijo mayor estaba en el campo, y
cuando vino y se acercó a la casa, oyó música y danzas. 26 Y llamando a
uno de los criados, le preguntó qué era todo aquello. 27 Y él le dijo:
"Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro engordado porque
lo ha recibido sano y salvo." 28 Entonces él se enojó y no quería
entrar. Salió su padre y le rogaba que entrara. 29 Pero respondiendo él,
le dijo al padre: "Mira, por tantos años te he servido y nunca he
desobedecido ninguna orden tuya, y sin embargo, nunca me has dado un
cabrito para regocijarme con mis amigos; 30 pero cuando vino este hijo
tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, mataste para él el
becerro engordado." 31 Y él le dijo: "Hijo mío, tú siempre has estado
conmigo, y todo lo mío es tuyo. 32 "Pero era necesario hacer fiesta y
regocijarnos, porque éste, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la
vida; estaba perdido y ha sido hallado."
En el
capítulo 15 de san Lucas, Jesús nos invita a la fiesta del Padre, a su
banquete de perdón y de misericordia. En este capítulo se encuentran las
llamadas “parábolas de la misericordia”: la oveja perdida (15,1-7), la
moneda perdida (15,8-10) y la parábola del hijo pródigo (15,11-32) que
es la lectura de este cuarto domingo de cuaresma. Inicia el relato
señalando que los fariseos y los escribas murmuraban contra Jesús porque
permitía que se acercaran a Él los publicanos y pecadores a quienes
invitaba a la conversión. Los escribas y fariseos se tenían como justos
y rechazaban a la gente que consideraban pecadora (15,1-3). Dios quiere
restablecer la unidad en un mundo que ha sido dividido entre justos y
pecadores. En el relato de la parábola el hijo menor pide a su padre la
parte de la herencia (15,12), la ley judía preveía que el hijo más joven
recibiera un tercio de la fortuna de su padre (Dt 21,15-17). Aunque la
división de los bienes podía hacerse en vida, los hijos tomaban su parte
sólo hasta que el padre había muerto (Eclo 33,20-24), indirectamente
este hijo desea la muerte de su padre, o por lo menos ya no quiere tener
ninguna relación con él, que es como matarlo en vida. La actitud del
padre es brindarle la libertad que el hijo deseaba, accede a entregar
los bienes que le corresponden. El hijo se marcha a un país lejano donde
despilfarró todo lo que había recibido (15,13), como no le había costado
esfuerzo en ganarlo, no lo supo aprovechar, lo valoró sólo cuando ya no
lo tenía. Fue tanta su miseria y su necesidad, que tuvo que trabajar y
hasta deseaba alimentarse con el alimento de los cerdos que cuidaba
(15,14-16). El cerdo es uno de los animales impuros para los judíos, de
tal manera que cuidar cerdos era un trabajo vergonzoso. Cuando se
encontraba en esta situación recapacitó y decidió volver (el sentido del
verbo en hebreo es arrepentimiento y conversión) a la casa de su padre
para pedirle trabajo (15, 17-19). El padre cuando lo ve venir se
adelanta, y sin saber nada del cambio de actitud se su hijo, lleno de
emoción, lo abraza y lo perdona (15, 20-24). Esta parábola destaca la
bondad del padre que olvida todo lo que hizo su hijo. Este padre es la
imagen de Dios que tiene para nosotros un amor tan grande que precede a
nuestra conversión. La consecuencia de esta iniciativa del padre se
simboliza en el anillo, que es signo de autoridad (Gn 41,42), y en las
sandalias, que es el calzado del hombre libre, motivo para celebrar una
fiesta. Cuando llega el hijo mayor se niega a participar en la fiesta
(15,25-32). Esta última parte está dirigida más concretamente a los
escribas y fariseos, ellos como el hijo mayor pretendían haber cumplido
todas las exigencias de la ley (Lc 18,19). Se invita a los fariseos a
que aprendan a acercarse a los pecadores y necesitados, como Jesús lo
hacía y de esta manera participen de la bondad y de la alegría del Padre
por la conversión de aquellos que estaban lejos del cumplimiento de la
alianza de Israel.
Segunda lectura (2Cor 5,17-21)
17 De modo que si alguno está en
Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas
nuevas.18 Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo
mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
19 a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo
mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha
encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Por tanto,
somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros;
en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios! 21 Al que no
conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos
justicia de Dios en Él.
San Pablo
dice que quien vive según Cristo es una nueva criatura, lo viejo queda
atrás, en Cristo todo es nuevo (5,17). Esta afirmación está motivada por
las circunstancias difíciles que vive en su relación interpersonal con
los fieles de la comunidad de Corinto. Han llegado a Corinto unos
misioneros itinerantes procedentes de las comunidades cristianas de
Palestina. Estos misioneros presumen de estar conectados con el grupo de
los Doce Apóstoles llamados por Jesús y menosprecian la autoridad de San
Pablo, lo tachan de visionario y exaltado. Además le consideran inferior
a los Doce al no haber convivido con Jesús durante su existencia
terrena, para ellos es un apóstol de segunda categoría. San Pablo
responde que lo importante no son las relaciones cercanas con el Jesús
terreno, sino la unión con el Señor resucitado (5,16). Pablo ha dejado
su vida anterior atrás, sus pecados quedaron en el pasado, cuando
conoció a Cristo llegó a ser una criatura nueva, ha vivido una
transformación personal en su interior. Esta transformación es obra del
mismo Dios, quién ha reconciliado a la humanidad consigo gracias al
sacrificio de Cristo que perdonó los pecados (5,18.19). Ahora San Pablo
que ha experimentado esa reconciliación con Dios, se siente llamado a
ser ministro de la reconciliación (5 20). Pablo vive la angustia del
distanciamiento con sus queridos hijos de Corinto y siente la necesidad
de la reconciliación. Esta reconciliación entre los corintios y Pablo
sólo será posible si antes se reconcilian los corintios con Dios. De
allí el ardiente llamado del apóstol a dejarse reconciliar con Dios. El
hombre puede llegar a ser nueva criatura gracias a la misericordia de
Dios Padre que envió a su Hijo Jesucristo que se hizo solidario con la
humanidad pecadora, a pesar de su absoluta inocencia, acepta ser
considerado y tratado como reo de pecado sin ofrecer ninguna resistencia
(5,21).
2. PARA AYUDARNOS A MEDITAR LA PALABRA ESCUCHADA
Seguimos caminando en el tiempo litúrgico de la cuaresma,
tiempo de arrepentimiento y conversión. Avanzamos motivados por la
celebración de la fiesta más importante de los católicos cristianos, la
pascua de nuestro Señor Jesucristo, que está ya próxima. La Palabra de
Dios que hoy escuchamos nos invita a dirigir nuestra mirada y nuestra
vida a Dios Padre misericordioso, que nos espera con los brazos
abiertos, en un abrazo de perdón y de reconciliación. En la Primera
lectura que escuchamos del libro de Josué, vemos cómo Dios cumple
fielmente sus promesas pactadas con el pueblo de Israel. El amor que
Dios tiene para su pueblo ha quedado de manifiesto cuando compadecido,
lo sacó de la tierra de esclavitud y lo llevó a una tierra buena que les
dará el sustento para la vida. Aunque el pueblo murmuró contra Dios en
el desierto, nunca fue abandonado por Dios, ni apartó de él las promesas
hechas a los patriarcas. Al tomar posesión de la tierra prometida, Dios
les pide que renueven la alianza, que se comprometan a seguir siendo el
pueblo de su propiedad, que renuncien a la murmuración y a la idolatría.
El pueblo acepta la renovación de la alianza con la circuncisión y la
celebración de la Pascua que es reconocimiento de la obra de liberación
realizada por el único Dios. El pueblo de Israel experimenta las
bondades de vivir unido a su Dios: libertad y una tierra propia, con lo
que puede vivir seguro. En el evangelio de hoy, Jesús nos narra una
parábola en la que revela el verdadero rostro de Dios. El Dios en el que
creemos es un Dios misericordioso que se compadece del hombre
extraviado, que espera amorosamente el regreso de aquellos que se han
apartado de su lado segados por los bienes caducos. Dios no quiere que
le amemos por obligación, por eso nos da la libertad para saber elegir
lo mejor. Sin embargo, por nuestras limitaciones humanas, muchas veces
elegimos mal, fascinados por las cosas de este mundo creemos estar
disfrutando la vida, pero en realidad, estamos muriendo poco a poco. Así
es el pecado, nos aparta de Dios con engaños mentiras, hasta que acaba
con el don precioso de la vida. La cuaresma es tiempo de conversión, de
volver a la casa del Padre misericordioso que nos espera para
devolvernos la dignidad de hijos, para vivir la salvación ganada a
precio de sangre por el sacrificio de Jesucristo. Apartemos de nuestra
vida las actitudes del hermano mayor de la parábola, que son las mismas
de los escribas y fariseos, seguros de sí mismos creían haber alcanzado
la salvación y despreciaban a los demás. Ellos se habían convertido en
jueces de sus hermanos tomado una actitud contraria a la que muestra
Jesucristo. Por medio de San Pablo Jesús nos invita a la reconciliación
con Dios y con los hermanos. Dejemos atrás nuestros pecados, vivamos
como hombres nuevos unidos a Jesucristo, celebremos la alianza nueva y
eterna que es la eucaristía que nos congrega como pueblo unidos en una
misma fe y en un mismo amor. Tomemos posesión de la tierra prometida que
es vivir la salvación y la libertad de los hijos de Dios en la casa del
Padre.
3.
COMPROMISO
-
Hacer una buena confesión para
reconciliarme con Dios
-
Buscar la unidad y la reconciliación
especialmente dentro de mi familia
-
Ayudar con mi consejo al hermano que
vive esclavizado en algún vicio
-
Dialogar en la pequeña comunidad o
grupo parroquial para aclarar malos entendidos y vivir la
reconciliación y la unidad
-
Celebrar la eucaristía con un verdadero
sentido de renovar nuestro amor y entrega a Jesucristo nuestro
salvador
-
Trabajar por quitar de mi vida malas
actitudes o vicios que me apartan de la gracia de Dios y de la amistad
del hermano
4. ORACIÓN FINAL:
Leer juntos el Salmo 33
Bendeciré al SEÑOR en todo tiempo;
continuamente estará su alabanza en mi boca.
En el SEÑOR se gloriará mi alma; lo oirán
los humildes y se regocijarán.
Engrandeced al SEÑOR conmigo, y exaltemos
a una su nombre.
Busqué al SEÑOR, y Él me respondió, y me
libró de todos mis temores.
Los que
a Él miraron, fueron
iluminados; sus rostros jamás serán avergonzados.
Este pobre clamó, y el SEÑOR le oyó, y lo
salvó de todas sus angustias.
El ángel del SEÑOR acampa alrededor de
los que le temen, y los rescata.
Probad y ved que el SEÑOR es bueno. ¡Cuán
bienaventurado es el hombre que en Él se refugia!
Temed al SEÑOR, vosotros sus santos, pues
nada les falta a aquellos que le temen.
Los leoncillos pasan necesidad y tienen
hambre, mas los que buscan al SEÑOR no carecerán de bien alguno.
Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el
temor del SEÑOR.
¿Quién es el hombre que desea vida y
quiere muchos días para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal, y tus labios de
hablar engaño.
Apártate del mal y haz el bien, busca la
paz y síguela. Los ojos del SEÑOR están sobre los justos, y sus oídos
atentos a su clamor.
El rostro del SEÑOR está contra los que
hacen mal, para cortar de la tierra su memoria.
Claman los justos, y el SEÑOR los
oye, y los libra de todas sus angustias.
Cercano está el SEÑOR a los quebrantados
de corazón, y salva a los abatidos de espíritu.
Muchas son las aflicciones del justo,
pero de todas ellas lo libra el SEÑOR.
Él guarda todos sus huesos; ni uno de
ellos es quebrantado.
La maldad dará muerte al impío, y los que
aborrecen al justo serán condenados.
El SEÑOR redime el alma de sus siervos; y
no será condenado ninguno de los que en Él se refugian.