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Programa para el
Año de la Liturgia y la Piedad Popular
La Fiesta de Dios
Décima Carta
Pastoral
Oración para el Año de la Liturgia y la Piedad Popular
Reflexiones para los Domingos de Adviento
Reflexiones para el Miércoles de Ceniza y los Domingos
de Cuaresma
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REFLEXIONES DE CUARESMA
Pbro.
José Luis Salinas, Pastoral Bíblica
MIÉRCOLES DE CENIZA
1. Lectura de los textos
En la primera lectura (Jl 2,12-18) el
Profeta invita a la conversión y a la penitencia tomando como punto de
partida dos acontecimientos catastróficos que está viviendo el pueblo:
una plaga de langostas, que destruyen la agricultura (Jl 1,2-13), y una
terrible sequía (Jl 1,14-20). Estas dos situaciones hacen pensar al
profeta en el “día del juicio del Señor”, que puede ser igual de
terrible. La catástrofe nacional exige una actitud de conversión
interior (vv. 12.13), que se manifiesta en el ayuno y en la celebración
penitencial comunitaria donde participa todo el pueblo desde los niños
hasta los ancianos junto con los ministros del templo (vv. 15.16). La
llamada del profeta es una invitación a la esperanza, porque Dios es
misericordioso (v. 13), que perdona y salva a su pueblo (v. 18).
En el evangelio (Mt 6,1-6.16-18) Jesús
invita a practicar los actos de piedad con sinceridad y autenticidad
(v. 1), está en contra de la hipocresía de los fariseos (vv. 2.5.16) que
practicaban y querían imponer a otros el cumplimiento externo de la ley
de Moisés, pues para ellos, la práctica sola de los actos de piedad
hacen al hombre merecedor de la salvación. Entre los fariseos del tiempo
de Mateo los actos de piedad eran fundamentalmente tres: la limosna, la
oración y el ayuno; pero para muchos estas prácticas se habían
convertido en una cuestión meramente externa y en un motivo de orgullo,
por eso que les gustaba que los vieran. Jesús deja claro que la
recompensa que vale es la que dará el padre del cielo que conoce lo
secreto de las acciones del hombre.
En la segunda lectura (2Cor 5,20-6,2)
san Pablo sintiéndose verdadero apóstol invita a los corintios a
reconciliarse con Dios por medio de Cristo (v.20). La reconciliación
consiste en vivir en paz con Dios, recuperar la paz de la que gozaba el
hombre al ser creado y que el pecado arrebató, pero Jesucristo ha hecho
posible nuevamente mediante el sacrificio de la cruz que purifica a los
hombres (v. 21). Jesucristo ha hecho posible la salvación, está al
alcance de todos, y mientras vuelve es tiempo oportuno que no se debe
desaprovechar (6,2).
2. Meditación de la Palabra
Dios se revela en la historia y nos
cuestiona a través de los acontecimientos, así lo entendió el profeta
Joel. En nuestros días también vemos situaciones destructivas: guerras
entre los pueblos, odios raciales, intolerancia religiosa, violencia de
todo tipo, asesinatos constantes, abusos de autoridad, discriminación,
un ambiente generalizado de relajamiento moral y espiritual. Estas
situaciones también nos cuestionan hoy, necesitamos tomar conciencia de
la urgencia de la conversión personal y comunitaria, desde los pequeños
hasta los mayores. Nuestro mundo necesita el testimonio de una vida
auténtica y sincera como la pide el Señor Jesús en el evangelio, ya
basta de hipocresías y egoísmos vanos que destruyen y llevan a la
muerte. Una vida de relación íntima con Dios y el esfuerzo constante por
ser mejores nos llevarán a hacer verdaderas obras de caridad, a ser
constructores de una humanidad que se renueva constantemente. Aún es
tiempo, porque tenemos vida, no debemos echar en saco roto la gracia que
Dios nos da en Jesucristo, en los sacramentos, en el hermano. La
cuaresma debe ser un tiempo de renovación personal en la que nos
purifiquemos y liberemos de las obras muertas del pecado que destruye.
Es un tiempo oportuno que ofrece la Iglesia para que juntos, en un
camino de conversión y purificación personal seamos embajadores
entusiastas que trabajen por reconciliar a la humanidad entre sí y con
Dios. ¡Toda vía es tiempo!
3. Compromiso
-
Hacer de la cuaresma un tiempo oportuno
de reflexión
-
Intensificar mis momentos de oración y
mi participación en los sacramentos especialmente la reconciliación y
la eucaristía
-
Tomar conciencia de la necesidad de mi
participación en la vida social y política para la transformación de
un mundo mejor .
-
Reconocer que la vida espiritual debe
manifestarse en obras concretas y sinceras de caridad con los
necesitados.
-
Organizarme con mi grupo o movimiento
para realizar alguna obra a favor de mi comunidad.
4. Oración: Recitamos juntos el salmo 50
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra tí, contra tí sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, oh Dios. Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
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