Discípulos y
misioneros de Jesucristo
“Padre santo, fuente y
origen de todo bien.
Tú, en el bautismo, das
nueva vida a los creyentes
y los haces partícipes
del Misterio Pascual de
tu Hijo.
Tú los confirmas con el
sello de tu Espíritu,
mediante la imposición
de manos
y la unción real del
crisma.
Así, renovados a imagen
de Cristo,
el ungido por el
Espíritu Santo
y enviado para anunciar
la buena nueva de la salvación,
los haces tus comensales
en el banquete eucarístico
y testigos de la fe
en la Iglesia y en el
mundo”.
“Danos entrañas de
misericordia
ante toda miseria
humana,
inspíranos el gesto y la
palabra oportuna…
Que tu Iglesia, Señor,
sea recinto de verdad y
de amor,
de libertad, de justicia
y de paz,
para que todos
encuentren en ella
un motivo para seguir
esperando”.
En este nuevo paso de
nuestro caminar pastoral
queremos agradecerte
el don de poder
acercarnos a tu presencia
por tu Hijo Jesucristo,
nuestro Gran Sacerdote
y darte, por El y en El,
el culto que mereces en
“Espíritu y en Verdad”
como es tu santa
voluntad.
“Que la bienaventurada
Virgen María,
quien como humilde
sierva escuchó tu palabra
y la conservó en su
corazón”,
nos enseñe a servirte
con amor y cantar con alegría tus alabanzas.
“Que ella siga mostrando
su amor y protección
a la Iglesia que
peregrina hacia la vida eterna
hasta que venga el
Señor, lleno de gloria”.
Te lo pedimos en el
nombre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Amén.