MISA DE
ACCIÓN DE GRACIAS CON S.E.R. MONS. CHRISTOPHE PIERRE,
NUNCIO
APOSTÓLICO EN MÉXICO
EN LA
BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES DE SORIANO
Soriano, Colón, Qro.,
8 de Febrero
de 2009
Inició el tercer día de celebraciones en la nueva Basílica de
Nuestra Señora de los Dolores de Soriano con la Santa Misa en que
ciento ochenta niños y niñas recibieron por primera vez la Comunión,
fue Mons. Javier Martínez Osornio quien presidió y animó a niños,
padres y padrinos a tener a la Santísima Virgen cerca de sus vidas,
visitarle frecuentemente en su Basílica a nutrirse con la Palabra de
Dios y de la Eucaristía, que hoy por primera vez recibieron.
Ya al
final de la Eucaristía arribó el señor Nuncio Apostólico Cristoph
Pierre, le recibieron a los pies de la imagen del Pantocrátor,
nuestro señor obispo Don Mario De Gasperín, el señor Secretario de
Gobierno Alfredo Botello Montés y el Pbro. José Rogelio Cano, Rector
de la Basílica.
Unas
guirnaldas de rosas blancas fueron colocadas tanto al señor Nuncio
Apostólico como a nuestro Pastor Diocesano, que cruzando la plaza
saludaron a los miles de fieles que se encontraban en ella, los
niños que recibieron la Primera Comunión y sus familias trazaron el
camino adornado por un tapete de aserrín con hermosos dibujos. Al
final del recorrido el señor Presidente Municipal de Colón,
Alejandro Nieves les dio la bienvenida en nombre de la comunidad y
entregó simbólicamente las llaves de la ciudad al señor Nuncio
Christophe Pierre.
Con
gran atención y gusto el representante del papa Benedicto XVI en
México visitó la Capilla del Apocalipsis, las instalaciones de la
casa de Ejercicios Espirituales, el Museo de los Milagros y la
Huerta de la ahora Basílica. Emotivo fue llegar al Camerín de la
Santísima Virgen de los Dolores, así como al interior de la misma
Basílica. El rector de la Basílica, el Pbro. José Rogelio Cano
López, guió la visita, comentando y narrando el sin fin de detalles
y hechos que rodean cada uno de los lugares de esta casa de la
Virgen.
Terminado el recorrido se procedió a la ceremonia para el izamiento
de las banderas, tanto de México como de El Vaticano. Las
autoridades civiles, recordaron que fue una imagen de la Virgen de
Guadalupe quien encabezó al ejército en la lucha de independencia, y
el significado de los colores del lábaro patrio. Por su parte
nuestro señor obispo manifestó que contar con está basílica nos
vincula y compromete para conocer y vivir el magisterio del Santo
Padre Benedicto XVI, a quien agradeció en la persona del Nuncio
Apostólico este hermoso gesto para con la iglesia en Querétaro. En
un silencio pleno de profunda atención de los miles que estuvimos
presentes se izó primero la bandera de nuestra patria y
posteriormente la bandera de El Vaticano. Un suave viento apenas las
invitó a ondear sobre la comunidad de Soriano, y sobre la Diócesis
de Querétaro. La entonación de los himnos nacionales de los dos
países se dejaron escuchar y nos dispusimos para la solemne acción
de gracias presidida por el señor nuncio Christophe Pierre.
Al
medio día inició la celebración Eucarística con la bendición de la
Plaza de la Coronación, que nuevamente se encontraba colma de
fieles.
En su
homilía, el Sr. Nuncio, nos ha recordado que como peregrinos hemos
venido a presenciar el cumplimiento del Decreto Pontificio para
elevar al antiguo Santuario a la dignidad de Basílica Menor. Que
nos mueve el amor filial a nuestra Madre Santísima del cielo y que
hoy damos testimonio de unidad como Iglesia.
Nos
ha dicho de nuestro señor obispo:
“Movido por su amor a la Virgen Santísima, por su anhelo de
promover el culto a Santa María de los Dolores, Patrona de
Querétaro, y por enaltecer este santuario corazón principal de la
Diócesis, nuestro querido Mons. Mario De Gasperín Gasperín, pidió el
privilegio de la elevación de este Santuario a Basílica Menor; mismo
que el Santo Padre Benedicto XVI quiso conceder como signo de
paterno amor y para alegría de los tantos y tantos devotos de la
venerada imagen de Santa María de los Dolores, que día con día la
visitan procedentes de muchas partes de Querétaro y de México”.
También nos dijo de nuestra Patrona diocesana, que debemos gozar al
celebrar a nuestra madre celestial en su bendita imagen de Nuestra
Señora de los Dolores. Démosle de todo corazón gracias a Dios porque
tuvo a bien, enviarnos como misionera de consuelo, de aliento, de
conversión y de salvación, a su Madre amorosa; indicándonos el
camino de la vida, de la justicia y de la paz; y sosteniendo nuestra
fe en Cristo, Verdad, Vida y único camino de la realización humana,
de la fraternidad y de la convivencia social, de la salvación y de
la felicidad en la historia y en la eternidad.
“Han transcurrido ya tres siglos a lo largo de los cuales el Señor
no ha cesado de tendernos su mano en María Santísima, que a través
de esta bendita imagen sigue manifestando su materno amor a todos
los hijos que a Ella se acercan, y que, devotos y agradecidos, le
han construido, conservado, renovado y embellecido esta Misión y
este templo; esta casita, desde la cual quiere escuchar sin
interrupción las súplicas de todos sus hijos con inagotable amor de
Madre. Amor de María Santísima al que nosotros nos esforzamos por
corresponder con aquella profunda devoción que toca todo ser y nos
empuja a amar, a escuchar, a obedecer.
Devoción que se enclava en el corazón y aflora a los labios como el
susurro de un niño que confiado se acurruca en los brazos de su
madre; como el suspiro que escapa del pequeño niño que, alzando los
ojos, al contemplar radiante y sonriente el rostro de su madre,
olvida todo miedo y todo dolor, seguro de que en ninguna parte podrá
encontrarse mejor y más seguro.
Así nosotros, dirigiendo nuestra mirada de hijos a María, nos
sentimos seguros, reconociendo en su sonrisa la misma "sonrisa de
Dios", el reflejo inmaculado de la luz divina, encontrando y
recibiendo de ella esperanza, incluso en medio de los problemas, de
los retos y de los dramas del mundo.
La nuestra es y debe ser una devoción profunda y sencilla, pero,
también, fiel y obediente; porque el amor sincero no pude no
empujarnos a esforzarnos por ser fieles a María, a ella que, ya
desde las Bodas de Caná nos ha recomendado hacer día con día: "Hagan
lo que Él —su hijo Jesús—, les diga". Sí, hermanos, la mayor alegría
que María Santísima puede recibir, es la que nosotros le
proporcionamos cuando, obedientes a su palabra, hacemos lo que Jesús
nos dice. Un hacer que exige que acojamos y cumplamos la Palabra de
Jesús, que es antorcha que ilumina el sendero que nos conduce hacia
la paz y la felicidad en el hogar y en la convivencia social y hacia
la vida eterna.
No cabe duda, hermanos, que en María Santísima se han cumplido y se
cumplen a la perfección las palabras que san Pablo dirigió a los
Corintios y que nosotros hemos escuchado hace unos momentos: "Me he
hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me he hecho
todo a todos, a fin de ganarlos a todos" (1ª Cor 9, 23). Sí, María
nuestra Madre, se acerca a nosotros, pequeños, porque quiere
ganarnos a todos para ponernos en las manos de su Hijo Jesús.
¡Bendigamos, pues, al Señor, por la generosidad con la que nos ha
favorecido dándonos como Madre a su misma Madre; por hacernos ver y
sentir a Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, como nuestra
madre humilde y amorosa y como ejemplo en el seguimiento de Jesús!”.
El señor Nuncio nos exhortó a convertirnos en discípulos de Jesús,
en misioneros, en heraldos y comunicadores de su mensaje
maravilloso: el mundo, el hombres y mujeres, todos nosotros, tenemos
en Jesús al único por quien podemos obtener la salvación y el perdón
de los pecados.
Nos invitó a exclamar con alegría y profundo fervor ¡Salve gloriosa
Virgen de los Dolores de Soriano! Acudimos a ti hoy para reafirmar
nuestra fe en Jesucristo. Acudimos a tu nueva Basílica para
reafirmar nuestra alegría de ser hijos de Dios, y nuestra fidelidad
como discípulos de Jesucristo. Hoy queremos también reafirmar
nuestra decisión de proclamar, de difundir, enseñar a los niños, a
los jóvenes, a todos en Querétaro y a todos los mexicanos, el
Evangelio luminoso de Jesucristo.
Y al final, Mons. Pierre nos invitó a unirnos a la oración que el
Santo Padre le dirigió a nuestra Madre Reina y Señora, el 8 de
diciembre pasado en Roma, ¡Oh María Santísima! "en este momento
quisiera confiarte y especialmente a los "pequeños" de nuestra
ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están
gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las
consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y
haz que sientan, el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el
calor del amor de Dios.
Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los
inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las
familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no
encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo
indispensable para seguir adelante.
Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a
colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a
cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es
público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra
ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con
conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más
justa y solidaria.
¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza
y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada!
Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible
la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la
gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el
rescate de cualquier esclavitud.
Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien,
a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia,
por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a
no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y
responsabilidad la realidad, con sus problemas. Así lo hiciste tú,
joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor.
Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de
ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los
cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la
historia.
Aquí, en tu nueva Basílica reafirmamos nuestra devoción filial,
nuestro amor, nuestro deseo de imitarte y de seguir a Jesucristo.
Fortalécenos en la unidad. Ayúdanos a seguir a Jesucristo y a
anunciarlo, proclamando con valentía los grandes valores de su
Reino: "Reino de la verdad y de la vida; de la santidad y la gracia;
de la justicia, el amor y la paz". Amén.”
Este portal diocesano es un servicio diseñado
y desarrollado por la RIIAL y CODIPACS Querétaro
Comentarios y dudas a:
webmaster@diocesisdequeretaro.org.mx