EL
PASTOR DIOCESANO EN EL II
ENCUENTRO DIOCESANO DE LAICOS
Santiago de Querétaro, Qro.,
17 de Mayo
de 2009
En el
Centro Cultural de Formación Humana y Religiosa, el señor obispo Don
Mario De Gasperín celebró la Eucaristía en el II Encuentro Diocesano
de Laicos, en el que participaron 26 movimientos laicales que se
encuentran trabajando en la Diócesis de Querétaro.
El
presidente de la Comisión Diocesana para la Familia Juventud y
Laicos, Pbro. Jaime Gutiérrez y el Pbro. Mauricio Ruíz, responsable
de la Dimensión de Laicos en la Diócesis concelebraron con el Sr.
Obispo en la celebración.
Durante el encuentro, los dirigentes reflexionaron sobre
conclusiones del pasado Encuentro Nacional de Laicos celebrado en
esta Diócesis: El perfil del laico en los movimientos en tanto su
testimonio personal, participación comunitaria y vivencia pastoral.
Y sobre lo que dice el documento de Aparecida y los laicos en la
Iglesia.
Mons.
De Gasperín agradeció la invitación para esta celebración y el
trabajo que desarrollan los movimientos laicales en la Diócesis de
Querétaro.
En la
homilía, haciendo referencia a que el Evangelio de este Domingo es
continuación al del Domingo anterior, planteo la pregunta: "¿Qué
vamos a hacer con la vid? con Cristo la vid verdadera, plantarla en
nuestro hogar, en nuestra vida, en nuestro hogar, en nuestra
comunidad para disfrutar de sus frutos y ser felices".
El
amor como mandamiento, fue el centro de la reflexión, "¿de qué
amor se trata cuando nos manda amarnos los unos a los otros? es el
mismo amor que une al padre y al hijo es decir el Espíritu Santo,
tiene su origen en la Santísima Trinidad, es el mismo Dios que es
Amor, la fuente del amor está en Dios y no en el hombre. el amor del
hombre cuando es bueno nos asemeja a Dios. se trata de una
experiencia vital. Es el amor salvador, redentor y divinizante. Este
amor divino es asequible a nosotros por Jesucristo que entregó su
vida por nosotros. Estamos obligados a hacer de su amor una
inspiración para nuestra vida".
Con
el mismo amor con que amamos a Dios es el que tenemos a nuestro
prójimo. El discípulo debe nutrir su vida del verdadero amor.
Sugirió hacer visible este amor de Dios en un altar familiar, "al
centro un crucifijo, a su derecha la Virgen Santísima, el santo de
nuestra devoción, la Palabra de Dios, el Catecismo de la Iglesia
Católica, ante este altar encontraremos la solución a todos los
problemas".
Concluyó diciendo: "El fruto que espera el viñador de su viña es
la felicidad verdadera".
Homilía en audio del Sr. Obispo
D. Mario De Gasperín Gasperín
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