63 ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DEL PUEBLITO,

PATRONA DE LA CIUDAD EPISCOPAL

Santiago de Querétaro, Qro., 17 de Octubre de 2009

En el templo de San Francisco de Asís, el señor obispo Don Mario De Gasperín Gasperín presidió la celebración Eucarística para recordar el 63 aniversario de la Coronación de Nuestra Señora del Pueblito, patrona de la Ciudad Episcopal, le acompañaron el Pbro. Juan Manuel Pérez Romero, Rector del Templo de La Congregación, sacerdotes franciscanos de los templos de San Francisco, San Antonio, del Santuario de Nuestra Señora del Pueblito, hermanos franciscanos en formación, miembros de asociaciones de devotos y fieles de la Santísima Virgen.

En la homilía Monseñor De Gasperín invitó a dar gracias a Dios por la hermosa advocación de Nuestra Señora del Pueblito. A imitar a Santa María Virgen en el seguimiento de su hijo Jesucristo. A dar gracias a Dios por los ochocientos años de la presencia franciscana en el mundo, en la Iglesia. Para que los pasos de san Francisco sigan resonando en estas tierras, en esta ciudad episcopal y contribuyan en la formación de auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo.

"La Virgen está siempre presente en los misterios de nuestra redención porque fue íntima colaboradora de su hijo Jesús, presente desde la Encarnación hasta la venida del Espíritu Santo. Acompañó a nuestro Señor en su predicación, pasión y muerte y los primeros pasos de la santa Iglesia. Ella nos enseña a ser dóciles al Espíritu Santo.

Ella es la hija de Sión, la flor más hermosa del pueblo de Israel, la llena de gracia, la bendita entre todas las mujeres. En el momento de la anunciación creía en un solo Dios verdadero, creador de todas las cosas, se sentía dependiente de El, tenía fe en el Dios que hizo una alianza con su pueblo escogido de Israel.

Ella sufrió las consecuencias del pecado del Pueblo de Israel que no guardo la alianza con Dios. Israel era un pueblo de frente de acero, de tendones de hierro, de corazón de piedra. No cumplió con los mandamientos de Dios.

Ella tuvo su confianza puesta solo en Dios como los pobres, los débiles de su pueblo. Ella creyó en un Dios providente.

Nosotros la coronamos como Madre Reina y Señora, a ella nos encomendamos, encomendamos a toda la obra franciscana, a nuestra ciudad episcopal para que nos conceda Dios la fraternidad y la paz, que ella nos cubra y cobije como hijos, que vivamos siempre como hermanos en la fraternidad, la reconciliación, el perdón, la hospitalidad, virtudes que se nutren de la devoción  a nuestra Madre santísima". 

Homilía en audio del Sr. Obispo D. Mario De Gasperín Gasperín

 

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