El Sr. Obispo Don Mario
De Gasperín Gasperín presidió la Eucaristía en el templo de Santa
Clara y consagró en el Orden de las Vírgenes a María del Carmen
Santoyo Navarro, fiel de la parroquia del Sagrado Corazón en esta
Ciudad Episcopal. Le acompañaron Mons. Salvador Espinosa Medina
Vicario General de la Diócesis, Pbro. Jorge Valencia García, Decano
de Santiago, sacerdotes de la Diócesis, la Hna. Marilú Loyda
Benítez, Coordinadora del Ordo Virginum, vírgenes consagradas,
religiosas, adoradores, familiares y amigos.
Mons. De Gasperín,
durante en la homilía, exaltó la Consagración de las vírgenes,
testimonio de amor y fidelidad a Jesucristo, describió su belleza,
grandeza y nobleza cristiana en estos tiempos de corrupción de las
costumbres y de marcado paganismo. Ubicó los orígenes del rito de
consagración de las vírgenes desde tiempos de la Iglesia primitiva
con los Apóstoles, destacando que así lo muestra la historia y el
santoral presentando vidas de vírgenes famosas, que dieron
testimonio de entrega fiel a su Señor, Lucía, Inés, Cecilia, Águeda,
Anastasia, Marcelina, todas vírgenes y casi todas mártires. Se
refirió a la evolución del rito de consagración y su restauración en
el Concilio Vaticano II, que puso en el candelero de la Iglesia el
orden de las vírgenes.
El Sr. Obispo dio
gracias a Dios, porque el Espíritu Santo inspira este deseo de
consagración, de entrega de cuerpo y alma al servicio de los
hermanos en el mundo, dando testimonio con su vida de la entrega
total a Jesucristo. Afirmó el Pastor Diocesano: “Estamos en el
terreno de la gracia de Dios, de la inspiración del Espíritu Santo,
de la belleza de la vida cristiana, de la nobleza, grandeza y
santidad de la vida consagrada al Señor”.
La virgen al ser
consagrada recibe una vela encendida, sobre su cabeza el velo, en su
mano derecha un anillo y colocando sus manos entre las del señor
obispo que la consagra invocando al Espíritu Santo con una oración
densamente teológica y hermosamente poética, muestra que Dios sale a
nuestro encuentro también con palabras hermosas como las del esposo
a su esposa.
Mons. Mario afirmó:
“Son tiempos difíciles para vivir la vida cristiana, pero siempre
Cristo revela su grandeza, belleza y esplendor”. La labor y
testimonio de las vírgenes consagradas es personal o asociadas, en
el ambiente donde viven, en su trabajo, en su parroquia. Siempre de
entrega total y atentas a la voz de su esposo Jesucristo. “Es una
gracia de Dios tener vírgenes consagradas en nuestra Diócesis de
Querétaro”.
Concluyó el señor obispo
invitando a la asamblea a orar para que Dios acompañe a María del
Carmen y mantenga firme su propósito: “No está sola la
consagrada, le acompaña su comunidad, su párroco y su obispo, sus
hermanas consagradas. Todos corresponsables con quien hace esta
opción hermosa en honor a Jesucristo y que ennoblece a la Iglesia y
a la comunidad. Por eso oramos por ella hasta que llegue su esposo y
escuche la dulce voz del esposo que viene a su encuentro”.
En la Diócesis de
Querétaro, once Vírgenes Consagradas dan testimonio de amor y
fidelidad a Jesucristo.