En la explanada
del templo de Santa Clara, donde la Dimensión Diocesana de Jóvenes
se reunió para celebrar la edición diocesana de la Jornada Mundial
de la Juventud, inició la procesión de ramos del Domingo de la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, presidida por el Sr.
Obispo D. Mario De Gasperín Gasperín, quien acompañado de Mons.
Javier Martínez, Vicario General de la Diócesis, del Pbro. Guadalupe
Martínez, Rector de Catedral, del Pbro. Rogelio Olvera, Director de
la Dimensión de Jóvenes y numerosas familias caminaron en procesión
hacia la santa Iglesia Catedral, donde se celebró la Misa.
En este Domingo se lee la Pasión, que
este año correspondió al Evangelio de san Mateo (26, 14-27, 66),
Mons. De Gasperín reflexionó en su homilía, haciéndonos descubrir el
testimonio que varios personajes que reconocen a Jesús como hombre
justo: Judas, Pedro, la esposa de Pilato y el Centurión:
"Una de las preocupaciones o de las intenciones de san Mateo en este
relato de la Pasión del Señor es el testimonio que diversos
personajes van rindiendo de que se trata de un hombre justo, y que
por lo tanto se ha cometido con Él una inmensa injusticia. Como que
en Jesús se centra toda la injusticia de la humanidad. El mismo
Judas que lo traicionó, que lo vendió, cuando ve que Pilato lo
condenó a muerte, se arrepiente y va a los sumos sacerdotes a
devolverles las treinta monedas y hace una confesión:
―He vendido a
un hombre justo.
Sin embargo, esta confesión la hizo ante a un grupo adverso a Jesús,
con el corazón duro. No lo acogieron, al contrario, allá tú, tú te
las arreglas. Y Judas se ahorcó. No hubo una comunidad, no hubo
alguien que acogiera su dolor o su arrepentimiento. Se desesperó y
se ahorcó.
Otro discípulo que traicionó también a Jesús fue Pedro, de una
manera muy vergonzosa, con juramento dijo que no conocía al Maestro,
le echaba maldiciones, jurando que no conocía a Jesús. Un pecado tan
grande como el de Judas. Sin embargo, Pedro tuvo la fortuna de
encontrarse con la mirada de Jesús y en la mirada y en el rostro de
Jesús descubrió el perdón y la misericordia de Dios, y lloró
amargamente su pecado.
Otro personaje que confiesa la inocencia de Jesús es quizá donde
menos lo esperamos, la mujer de Pilato, tiene sueños y ve que su
marido está pronto a cometer una grande injusticia y le dice:
―No te metas
con ese justo. Esa mujer pagana da testimonio de que Jesús es justo,
de que su esposo está a punto de cometer una tremenda injusticia.
También fuera de la Iglesia hay quien reconoce a Jesús como el
hombre justo, aunque le falte todavía la fe, pero la Pasión de
Cristo, también puede curar sus almas, encontraste con la mujer de
Pilato, Él confesando que Jesús es justo, sin embargo, otros
intereses lo llevan a condenarlo a muerte, se lava hipócritamente
las manos y su gesto queda ahí para la historia como signo de
cobardía, sin embargo reconoce que Jesús es justo.
Finalmente, otro reconocimiento público de la inocencia de Jesús
está en el centurión, o el capitán de la guardia que custodiaba a
Jesús cuando lo ve expirar:
―Verdaderamente
este hombre es justo, verdaderamente este es el Hijo de Dios. En
boca de ese pagano nosotros confesamos a Jesús el Hijo de Dios,
nuestro Salvador".