En la santa iglesia Catedral, el Sr.
Obispo D. Mario De Gasperín celebró la Misa vespertina del Jueves
Santo, en la que habló de los tres dones que hemos recibido de Dios:
"Hoy la liturgia se fija especialmente en tres dones, tres
regalos que el Señor nos ha hecho por medio de la santa Iglesia:
el don del sacerdocio cristiano, el don de la santa Eucaristía y
el mandato del amor fraterno con el deber de lavarnos los pies
unos a otros. Jesús es nuestro sumo y eterno sacerdote, oficio
del sacerdote es interceder por el pueblo y ofrecer a Dios el
sacrificio, así el sacerdote es pontífice, tiende el puente
entre los hombres y Dios. Jesús levantado entre el cielo y la
tierra fue nuestro pontífice, intercedió al Padre por nosotros y
se ofreció a sí mismo en sacrificio.
Él
―el
Cordero Inmaculado―,
sin pecado, era la única víctima que el Padre podía aceptar.
Jesús se ofreció voluntariamente por amor. Cristo obediente a la
voluntad del Padre se entregó por amor a nosotros. Y en Él y por
Él pagamos nosotros la deuda de amor y de obediencia que
teníamos con el Padre. Jesús nuestro gran sacerdote intercede y
se ofrece constantemente por nosotros en el sacramento del altar
por manos de los sacerdotes, a quienes Él comunica su poder
sagrado para salvación de sus hermanos.
Después de predicar sobre el
sacerdocio, habló del don de la Eucaristía:
El memorial de su amor y de su
sacrificio nos lo dejó Jesús presente en la santa Eucaristía el
pan convertido en su cuerpo y el cáliz transformado en su
sangre, son el alimento de vida que sustenta a su santa Iglesia.
Todos los días se celebra en nuestros templos el sacrificio
redentor de Jesús: la santa Misa. En ella recordamos su muerte,
anunciamos su resurrección y pedimos su retorno glorioso
porque cada vez que
comemos de este pan y bebemos de este cáliz anunciamos la muerte
del Señor hasta que vuelva.
...el cristiano mantiene vivo el recuerdo de su salvador,
participando en la Misa dominical, 'sin la celebración del
Domingo no podemos vivir', confesaron esos cristianos que fueron
martirizados por celebrar la Eucaristía Dominical. La Iglesia
vive de la Eucaristía, así como cada uno de nosotros. Damos pues
infinitas gracias a Jesús por el don vivificante y precioso de
la santa Eucaristía.
Y luego habló del tercer regalo, el
mandato del amor:
Finalmente, el mandato del amor fraterno
―recibido
de Jesús―,
mediante el gesto de lavarnos los pies unos a otros, este es
para Jesús el signo distintivo de los cristianos, si lo
practicamos lo seremos, sino no lo seremos. En tiempos de Jesús
el que lavaba los pies a otro era el esclavo. Jesús nuestro Dios
y Señor, se hizo hombre, servidor y esclavo nuestro.
Comprendemos la reacción de Pedro:
―'No
me lavarás tú a mí los pies, jamás'. Pero también queremos
también comprender después con Pedro que estamos necesitamos de
que Jesús nos lave, para poder nosotros lavar los pies a los
demás, para poder servirlo, como Jesús se entregó por nosotros.
Con humildad debemos de aceptar el servicio a los demás y con
mayor humildad debemos entregar nuestra vida a su servicio.
Al terminar la
homilía, Mons. Mario De Gasperín y Mons. Javier Martínez lavaron
los pies a doce hombres, como signo de servicio y amor fraterno
entre los hermanos.
Esta Misa concluyó
con la procesión con el Santísimo, que fue trasladado hasta el
monumento preparado en el crucero oriente de la Catedral.
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