P. José Morales Flores
En estos días, nuestro Querétaro tiene
la dicha de ser visitado, en distintos templos y colegios, por las
Reliquias de seis jóvenes sacerdotes que mostraron su deseo de ser
santos, venciendo las debilidades humanas, en una generosa entrega
al Señor con la gracia del martirio.
Con respeto y devoción recordamos sus
nombres:
El P. Miguel de la Mora de la Mora,
de Tecalitlán, Jal. Cuidó del campo y de los ganados, fue buen
jinete. En 1927 fue aprehendido y fusilado en la caballeriza del
cuartel sobre el estiércol de los caballos, mientras rezaba el santo
rosario.
El P. Pedro de Jesús Maldonado
Lucero, nacido en Chihuahua, Ch. Fue alegre, amable, bondadoso y
muy estudioso. Estando confesando a mucha gente el Miércoles de
Ceniza de 1937, hombres ebrios y armados lo capturaron; un cacique
de la región, con la colaboración de autoridades, le rompió el
cráneo con un golpe de pistola y quedó moribundo mientras apretaba
contra su pecho el relicario con la Eucaristía.
El P. José María Robles Hurtado,
de Mascota, Jal. Muy devoto del Sagrado Corazón de Jesús, al que le
cantaba y dedicaba poesías. Fundó una Comunidad Religiosa. En 1927
bendijo y besó la soga con la que le iban a ahorcar. Fue
condiscípulo del Cardenal José Garibi Rivera.
P. Rodrigo Aguilar Alemán, de
Sayula, Jal. Buen literato. Desempeñó su ministerio con celo y
dedicación. Soportó una continua persecución, y decía "Los soldados
nos podrán quitar la vida, pero la Fe nunca". En 1927 fue ahorcado
en la Plaza Central de Ejutla. En lugar de gritar: "Viva el supremo
gobierno", gritó, "Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe".
P. Luis Batiz Sáinz, de S.
Miguel de Mezquital, Zacatecas. Promovió la Asociación Católica de
la Juventud Mexicana (ACJM), a los Obreros Católicos, una Escuela
Apostólica. Fue atento, amable, alegre, bondadoso. Siempre de buen
humor, sobre todo con los niños. Con un gran amor a la Eucaristía.
Dijo que la persecución era a causa de nuestros pecados, que los
católicos no debían levantarse en armas. Lo fusilaron en 1926.
P. Mateo Correa Magallanes, de
Tepechitlán, Zacatecas. En 1926 el Gral. Eulogio Ortiz lo mandó
confesar a los rebeldes que iba a fusilar, lo quiso obligar a que le
dijera los pecados oídos. El sacerdote fue fusilado por guardar el
sigilo sacramental.
De Mons. Rafael Guízar Valencia
(cuyas reliquias también nos visitan), conocemos su gran santidad y
devoción popular.
Estos mencionados sacerdotes nos
muestran el decidido esfuerzo que a diario hacen los miles y miles
de seres humanos consagrados a Dios, siguiendo su vocación.