SENTIDO E INTENCIONES DE LA XXIX PEREGRINACIÓN NACIONAL JUVENIL A CRISTO REY

1. NUESTRA REALIDAD Y LA NECESIDAD DE UNA RESPUESTA

Como seres humanos y como cristianos que apreciamos el sentido de la vida y de la paz, somos conscientes de que nuestro México ha vivido en los últimos años un ambiente de violencia e inseguridad gravísimo que ha provocado una profunda herida de sufrimiento y dolor en todos. Reconocemos que el mal actúa en nuestra vida personal y social; re-conocemos en esta crisis de inseguridad y violencia, los síntomas de sus obras. La ruptura entre los valores trascendentes y la forma de vivir ha provocado la pérdida de la paz, el ataque a la vida y a las familias, las luchas de poder, la violencia del narcotráfico, el embate de la delincuencia, y el desorden en muchos otros aspectos de la vida de los mexicanos, lo cual atenta contra nuestra identidad y vocación de nación cristiana.

Es muy claro que este ambiente denota una pérdida del sentido de Dios que lleva al desprecio de la vida del hombre, un ambiente que influye negativamente en la formación de la conciencia y de los valores, donde encontramos modelos de realización equivocados, metas y aspiraciones intrascendentes, fruto de una cultura consumista, marcada por el materialismo imperante a nivel global.

Ante esta realidad de inseguridad y violencia que se vive en nuestro país, los católicos, unidos en el seno materno de la Iglesia de Jesucristo, tenemos la misión de dar Testimonio de Él y de alentar la Esperanza en todos, especialmente en aquellos que por estas circunstancias viven con miedo, con dolor e incertidumbre.

Cumplimos esta misión siguiendo los pasos de Jesús y haciendo nuestras sus actitudes (Cf. Mt 9,35-36); de Él aprendemos la sublime lección de anunciar el Evangelio de la paz con la confianza puesta en la fuerza transformadora del Amor.

La gravedad de la situación y la urgencia de la paz, exigen de nosotros respuestas inaplazables, así este año 2012, como parte de esa respuesta y de esa misión de la Iglesia, los jóvenes mexicanos convocados por el Movimiento Testimonio y Esperanza, ofrecemos la XIX Peregrinación Nacional Juvenil a la Montaña de Cristo Rey, para manifestar nuestra fe y reforzar el compromiso al llamado que el Señor nos ha hecho de luchar por la construcción de la Paz y la Civilización del Amor. Acogemos la oportuna enseñanza del Santo Padre Benedicto XVI que nos invita promover, con la caridad en la verdad, el auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad.

Asumimos la misión que como discípulos misioneros tenemos en México de servir a la construcción de la paz para la vida digna del pueblo de México.

Ahora es el momento de manifestar con mayor claridad el testimonio de la alegría de ser discípulos de Cristo; de contemplar desde su mirada la redención del mundo y de asumir un compromiso por eso invitamos a todos los jóvenes de México a unirse a esta Peregrinación, para que juntos en el encuentro con el Salvador, con Cristo Rey, continuemos el camino hacia la construcción de la Paz.

 

CRISTO NUESTRA PAZ

Ante la situación que hoy vivimos, nuestra debilidad y miseria humana podrían llevarnos a la desesperanza de creer que todo está perdido, o bien, a poner nuestros empeños en tareas que no construyen la paz de una forma real y trascendente. Sin embargo, como hombres y mujeres de fe, sabemos que la única y verdadera fuente de paz es Cristo, que con su amor en la cruz, ha vencido a la muerte y nos ha devuelto todo lo que hemos perdido por el pecado, que nos ha reconciliado con el Padre de quien proviene todo bien. Esta realidad deberá transformase en acción y compromiso para trabajar arduamente por la paz en los ambientes temporales, especialmente para los jóvenes que nos encontremos con Cristo y lo aceptemos como Rey de nuestras vidas mediante esta peregrinación.

En Jesucristo, Dios cumple la promesa mesiánica de la paz que engloba para nosotros todos los bienes de la salvación. En Él, «imagen de Dios invisible» (Col 1,15), se nos descubre plenamente el misterio de Dios y el misterio del hombre. La persona de Jesús es pues para nosotros, en sí misma, una buena noticia de vida. El Evangelio lo presenta como aquél que con su vida y su persona empieza a hacer realidad la esperanza de la paz definitiva y la promesa del Reino de Dios.

Jesús rechazó la violencia como forma de sociabilidad y lo mismo pide a sus discípulos al invitarlos a aprender de su humildad y mansedumbre (Cf. Mt 11,29). Para romper la espiral de la violencia, recomienda poner la otra mejilla (Cf. Mt 5, 39), perdonar siempre (Cf. Mt 18,22) y, amar a los enemigos (Cf. Lc 6,35), paradoja incomprensible para quienes no conocen a Dios o no lo aceptan en sus vidas.

Jesús mismo fue testigo, con su vida, de su enseñanza: dejó como testamento espiritual a sus discípulos el don de la paz: «les dejo mi paz, mi paz les doy. Una paz que el mundo no les puede dar» (Jn 14,27); desde la cruz perdonó a la turba violenta que lo había crucificado (Cf. Lc 23,33); el día de la resurrección les entregó el don de su Espíritu y, con estos dones, la misión de ser servidores del perdón y de la reconciliación de los hombres con Dios y de los hombres entre sí (Cf. Jn 19,23) y llamó bienaventurados a los mansos y a los que luchan por la paz (Cf. Mt 5,5.9).

Con esta Peregrinación queremos volver a poner toda nuestra esperanza en Cristo Rey, nuestra paz verdadera, encontrando en Él y por su gracia, la fuerza renovadora que necesitamos, así como la transformación interior que será el fermento de una nueva sociedad, que luche y sea capaz de configurarse según los valores cristianos, que la hagan volver al Padre y construir una realidad diferente en la que pueda vivir plenamente la Paz.

 

LLAMADOS A CONSTRUIR LA PAZ

El llamado que Dios nos hace a construir la Paz viene implícito en nuestra vocación cristiana personal y de nación, y ante esto, nadie puede permanecer pasivo observando cómo la violencia destruye todos los bienes que Dios nos ha confiado. Los cristianos, en un contexto de inseguridad como el que vivimos en México, tenemos la tarea de ser constructores de la paz en los lugares donde vivimos y trabajamos, así como el compromiso de servir a los demás y de buscar juntos caminos de justicia.

México es un pueblo de tradiciones con profundas raíces cristianas, amante de la paz, solidario, que sabe encontrar en medio de las situaciones difíciles razones para la esperanza y la alegría y lo expresa en su gusto por la fiesta, por la convivencia y en el gran valor que da a la vida familiar.

Jesús alienta a quienes le siguen a trabajar por la paz, que es don de Dios y tarea del hombre. Quienes se comprometen en construirla son llamados «hijos de Dios» (Mt 5,9).

Jesús eligió a sus discípulos y los formó para que fueran capaces de proponer un estilo de vida alternativo al proyecto del mundo: ante el servilismo, servicio; ante el odio, el amor; ante el egoísmo, la entrega de la vida; contra la marginación, la inclusión.

Los creyentes sabemos que ninguna realización temporal se identifica con el Reino de Dios. La violencia y la maldad no son parte del proyecto de Dios. Por ello confiamos en que el esfuerzo solidario de todos, con el auxilio de la gracia divina, por hacer más humana nuestra vida no es en vano8. La paz es un don de Dios que debemos compartir con los demás. Construir la paz exige el respeto de la dignidad de todas las personas y de los pueblos y el esfuerzo de vivir la fraternidad.

Los jóvenes católicos queremos contribuir para recuperar la paz en México mediante esta Peregrinación, una paz que no solamente significa la ausencia de violencia, sino la verdadera Paz de Cristo, que significa plenitud, bien común y vivencia en la virtud.

Sabemos que sólo con Cristo podemos alcanzar la paz, Él es el único que puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia y el amor, al que todos aspiramos. Peregrinamos así convencidos hacia Cristo Rey, pidiéndole por la paz y la salvaguarda de la vida y de las familias especialmente en nuestro país, y comprometiéndonos a defender estos valores con una fe firme, un corazón dispuesto, valiente y una voluntad dócil a la divina, que nos lleve al triunfo de Cristo, nuestra Paz, en la sociedad.

El reconocimiento que hacemos de Cristo como Rey mediante esta Peregrinación, será un signo de compromiso de los jóvenes con México y con la Iglesia, así como un nuevo camino de fe que nos lleve a la acción que queremos emprender para ser la base de nuevas sociedades, de un México en Paz, que viva como una gran familia en la que se viva el espíritu de los primeros cristianos: Mirad cómo se aman.

 

JÓVENES CATÓLICOS QUE PEREGRINAMOS

Estamos orgullosos de ser jóvenes, de ser católicos y de ser mexicanos, pueblo elegido por Dios para ser punta de lanza en la nueva evangelización bajo el manto protector de María de Guadalupe. Al pertenecer a la Iglesia católica, entendemos que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal9. Con nuestro peregrinar a Cristo Rey, queremos también promover y defender con la alegría de la juventud a esta gran familia que es la Iglesia, institución divina que nos lleva a la santidad y la salvación.

Los jóvenes de México responderemos de manera especial al llamado, manifestando y reafirmando nuestra fe, así como la fidelidad a Cristo y a sus enseñanzas, mediante este encuentro en la Montaña de Cristo Rey. Así lograremos dar un testimonio de que los jóvenes cristianos somos una esperanza real para México y el Mundo ante los signos del mal que vivimos actualmente.

Con esta Peregrinación, demostraremos que la fuerza de la fe y la Paz de Cristo se expresan en la caridad. Así como muchos santos que han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; también nosotros queremos comprometernos en los distintos ámbitos de la vida social, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que nos viene de Dios y que queremos recibir y acoger en nuestro camino hacia Cristo Rey, nos llevará a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras.

Peregrinando, los jóvenes mexicanos daremos testimonio público de nuestra fe, de que somos capaces de responder cristianamente a los desafíos de nuestro tiempo con el arrojo y la alegría de un joven, siendo portavoces de que queremos un México distinto, que crea en Dios y también en sí mismo, y se comprometa para lograr la tan anhelada paz y armonía en Cristo.

Este encuentro con Cristo, será una oportunidad de renovar y fortalecer a todos los asistentes, para que puedan llevar y transmitir el ideal Cristiano de Paz, Verdad y Caridad en cada rincón de México, mediante una aplicación eficaz del Evangelio en su entorno, logrando transformarlo y ordenarlo según Cristo.

 

2. CARACTERÍSTICAS DE LA XXIX PEREGRINACIÓN

El Movimiento Testimonio y Esperanza ha asumido la responsabilidad de organizar ésta peregrinación anual desde hace 27 años, cada una ha reunido en torno a Cristo Rey a miles de jóvenes que ahora ven sus vidas tomando en cuenta la perspectiva de Dios en ellas y dan testimonio de lo que aquí han conocido contagiados del amor de Cristo.

Mediante este peregrinar, realizamos también una acción de gracias por todos los favores concedidos durante el año transcurrido, rogando por que la Reconciliación y la Paz de Nuestro Señor impregne cada rincón de nuestra patria, y para que cada vez más jóvenes tengamos el valor y la fuerza de voluntad de entregar día a día nuestras vidas a Cristo Rey, manteniéndonos firmes y haciendo crecer nuestra fe, fortaleciendo nuestra esperanza y aumentando nuestra caridad, mediante la acción y la fuerza del Espíritu Santo en nosotros.

 

LEMA

En este año 2012 los jóvenes mexicanos queremos comprometernos por ser constructores de Paz y sabemos que sólo con la fuerza de la gracia que Dios nos brinda a través de Cristo Rey, podremos renovarnos y actuar para alcanzar la Paz que hemos perdido, y construir una Civilización de Amor con base en ideales y valores cristianos, libre de la esclavitud del Pecado que hoy nos agobia y que es la fuente de todos nuestros males.

De esta forma y atendiendo también al llamado que nos hacen nuestros Obispos de luchar por la paz en Cristo para que nuestro México tenga vida Digna, el lema que hemos adoptado para nuestra XXIX Peregrinación Nacional a la Montaña de Cristo Rey es: CRISTO NUESTRA PAZ.

 

FIDELIDAD A LA IGLESIA Y AL SANTO PADRE

Ya se ha dicho que como Iglesia verdadera de Jesucristo, tenemos la misión de ser constructores de la paz a partir de la realidad que hoy vivimos, pues la misma iglesia reconoce que no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. El dinamismo de la vida social, política, económica y cultural representa desafíos a la misión de la Iglesia de construir el Reino de Dios.

En no pocas ocasiones S. S. Benedicto XVI ha exhortado particularmente a los jóvenes para que como iglesia se renueve con la fe, el idealismo y la generosidad que los caracteriza para poder ser siempre joven en el Espíritu. Es por eso, que nuestro caminar en esta peregrinación, lo ofrecemos también y de manera especial por la Iglesia y el Santo Padre este 2012.

Históricamente, esta Peregrinación nació como signo de fidelidad de los jóvenes mexicanos al Vicario de Cristo, lugar que corresponde a S.S. Benedicto XVI a quien queremos manifestar esta fidelidad y afecto de manera concreta, así como nuestro compromiso y voluntad de participar en la misión de la Iglesia, caminando como una sola familia, unida por la misma fe a través de la oración. De esta manera, queremos corresponder a la confianza que el Papa y nuestros Obispos han depositado en nosotros los jóvenes.

Hoy queremos hacer mucho más patente esta unión a la Iglesia, ofreciendo nuestra Peregrinación para que Dios derrame gracias abundantes sobre su Iglesia y especialmente en cada uno de los jóvenes mexicanos.

Invitamos a todos los peregrinos a demostrar su compromiso y adhesión a la Iglesia participando en el ramillete espiritual que se ofrecerá en la peregrinación por el Papa Benedicto XVI, por la Paz, las Familias y por todo el magisterio de la Iglesia en general, especialmente ahora que tendremos la alegría y el honor, al igual que el año pasado, de contar con la presencia del nuncio apostólico en México Christophe Pierre, así como la de algunos de nuestros obispos.

 

SENTIDO EUCARÍSTICO

Sabemos que es en el corazón del hombre donde comienza nuestra paz, y estamos convencidos de que la comunión íntima con Cristo a través de la Eucaristía, debe ser el primer paso para que los jóvenes seamos capaces de transmitir, vivir y luchar por esa paz, para que se realice después en las estructuras sociales, pues la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida eclesial y proyecto de solidaridad para toda la humanidad, actualiza en todos los discípulos misioneros de Jesucristo la vocación y misión de ser artífices de paz. Quien participa en la Eucaristía de manera activa, consciente y responsable, «aprende de ella a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida».

La vida de gracia, la oración y la unión íntima, fiel y de colaboración con la Iglesia, son el camino que nos llevará al pleno cumplimiento de nuestra vocación como jóvenes que peregrinamos hacia el Padre en una nueva y difícil sociedad, jóvenes que encontramos nuestra verdadera fuerza y sentido trascendente en Cristo vivo que se nos da en la Eucaristía.

No podemos olvidar entonces que el punto culminante y que da sentido a toda nuestra Peregrinación es, precisamente, la Celebración Eucarística, fuente y culmen de la vida cristiana que en esta ocasión ofreceremos por la Paz en nuestros corazones, en nuestros hogares y en toda la nación mexicana.

 

PEREGRINACIÓN GUADALUPANA

En nuestra identidad católica ocupa un lugar de primera importancia Santa María de Guadalupe, pues el acontecimiento guadalupano permea la historia, la sociedad, la cultura y la religiosidad personal y colectiva de los mexicanos. El mensaje guadalupano conserva gran actualidad pues, al mismo tiempo que es una permanente invitación a abrirnos al misterio del verdadero Dios por quien se vive, también es un llamado a la promoción humana, a la reconciliación y la paz.

Es por eso que ofrecemos también nuestro peregrinar a María de Guadalupe, reconociéndola como madre e intercesora de todos los mexicanos y como Reina de la Paz. Queremos que ella esté con nosotros y guíe nuestro caminar y nuestra vida, pues confiamos que con su intercesión lograremos llegar a Cristo y cumplir con nuestro compromiso de luchar por la fe y los valores humanos y cristianos que hacen falta para instaurar la paz en nuestro país.

Ante el miedo y la incertidumbre que vivimos hoy, el “fiat” de María nos inspira, pues ella es reina de todas las virtudes que hay que vivir para ser verdaderos servidores del Rey e imitadores del Maestro. De su mano, confiados en las palabras que dirige a todo el pueblo de México a través de Juan Diego “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”, y sabiendo encontrar en ella una segura guía, consuelo e intercesión, peregrinaremos sin temor en la búsqueda y el anuncio de la Paz.

Como jóvenes afortunados por nacer en la patria mexicana, cuya vocación histórica está marcada por las apariciones de nuestra señora de Guadalupe, somos conscientes de que sólo con su auxilio y el fiel seguimiento de su ejemplo podremos dar testimonio de Cristo, del amor y la paz de la manera que ella nos enseñó, siempre preocupándonos por aquél hermano más necesitado, “el más pequeño”, a lo largo de nuestro peregrinar por la vida.
 

VOCACIONAL

Nuestra peregrinación, al ser un encuentro juvenil con Jesucristo vivo, ofrece a los jóvenes la oportunidad de reflexionar sobre la llamada específica que Dios nos hace en nuestras vidas, para poder descubrir o reafirmar nuestra vocación personal y la respuesta que hemos de dar como discípulos y misioneros del mundo moderno a este llamado, para colaborar en la construcción del reino de Dios, que es el renio de la Paz, pues sabemos que la vocación cristiana incluye el llamado a construir comunidades fraternas y justas; el compromiso de servir al hermano y de buscar juntos caminos de justicia y ser así constructores de paz. De esta manera la Iglesia es fiel a su esencia misma que es ser sacramento de unidad entre Dios y la persona humana, de los hombres y mujeres entre sí.

Al peregrinar, emprendemos un camino hacia algo, una búsqueda que debe darse con respecto al llamado personal que Dios hace a cada uno. Una invitación tan exigente supone en los destinatarios la capacidad de entusiasmo. ¿No es ésta una característica típica de vuestra edad? Por eso, os digo: ¡pensad en grande! ¡Tened la valentía de ser atrevidos! Con la ayuda de Dios, «trabajad por vuestra perfección». Dios tiene un proyecto de santidad para cada uno de vosotros.

Queremos así encontrar en Cristo Rey la inspiración y la valentía para dar un “sí” generoso a ese llamado que no podemos ignorar. Mediante esta peregrinación, hacemos palpable nuestro deseo de caminar con fe hacia Cristo mediante el cumplimiento de nuestra vocación personal, como jóvenes, como nación católica y miembros del cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. Así pues, rogamos a Dios que esta peregrinación contribuya al reconocimiento y cumplimiento pleno de nuestra vocación.

 

COMPROMISO JUVENIL

Frente a nuestros Obispos, junto a nuestros hermanos que peregrinarán con nosotros, y con la fuerza del Espíritu que esperamos obtener en nuestro caminar, haremos un compromiso con, por y en Cristo Rey, al momento de finalizar la Eucaristía. En él manifestaremos nuestra adhesión al trabajo por construir la Civilización del Amor en todos los ambientes sociales, siendo así testigos del Amor de Dios, particularmente con la promoción y defensa de la PAZ en México.

A través de nuestra adhesión a este compromiso, manifestaremos nuestra unidad de la Iglesia, en torno a nuestros Sacerdotes, el Papa y los Obispos, y nuestra firme y decidida participación para hacer que nuestro México sea ¡SIEMPRE FIEL A SU IDENTIDAD CATÓLICA! Para que así alcance la paz.

Mediante el apego y cumplimiento de este compromiso, podremos llevar a la realidad temporal, todo aquello que durante nuestro peregrinar hasta los pies de Cristo Rey hayamos descubierto, reconocido y recibido por la gracia de Él mismo, para conseguir que verdaderamente en nuestra nación y en todo el mundo reine el corazón amoroso de Jesús.

 

3. GENERALES

CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

Es el punto CENTRAL de toda la Peregrinación, no tiene ningún sentido nuestro caminar si no es para encontrarnos con aquel a quien vamos buscando. Por esta razón invitamos a los peregrinos a visitar el monumento a Cristo Rey y a estar presentes en la Celebración Eucarística.

La participación de esta Eucaristía ha de hacernos volver a nuestras diócesis fortalecidos y llenos del espíritu de Cristo, que nos invita a reinar junto con Él a través del servicio, dando testimonio de aquello que hemos visto, oído y encontrado; haciendo vida el compromiso de colaborar en la construcción del Reino de Dios en el Mundo, basado en la Cultura de la Vida, en la Esperanza, la Paz y en la que el Amor sea una realidad, concretando la vivencia de ese compromiso mediante una actitud de servicio y participación social activa en este tiempo que nos ha tocado vivir.

 

RECONCILIACIÓN

Para poder tener un verdadero encuentro con Cristo en la Eucaristía le pedimos a todos los peregrinos que hagan todo lo posible por asistir confesados. Durante la Peregrinación habrá confesiones pero por la cantidad de asistentes a veces es difícil poder encontrar disponible a algún sacerdote. Invitamos a los sacerdotes asistentes a apoyarnos con la impartición de éste sacramento durante el ascenso y antes de la Misa, junto al altar.

 

OBISPOS, SACERDOTES Y MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA EUCARISTÍA

Invitamos a todos los Obispos de México a estar presentes en esta peregrinación juvenil, sin embargo sabemos que no a todos les es posible estar con nosotros ese día, por lo que les pedimos se hagan presentes con un mensaje a los jóvenes peregrinos.

A los Sacerdotes que asistan les pedimos lleven sus vestiduras para la concelebración en la misa y en cuanto lleguen al lugar de la misa les pedimos se reporten dentro del seminario para que asistan a concelebrar.

Para repartir la Comunión se pide que los Religiosos (as) y ministros extraordinarios de la Eucaristía, se reporten también a un lado del altar para que apoyen en el momento de distribuir la Comunión.

 

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