Con una celebración Eucaristía el equipo formador y
alumnos del Seminario Conciliar han agradecido a Dios por los 18 años
de presencia de nuestro Sr. Obispo Dr. D. Mario De Gasperín Gasperín,
en la Diócesis de Querétaro.
El Evangelio del día fue Mc 10, 17-27, el del joven que
cumplía con los mandamientos, pero que al recibir la invitación de
Jesús a seguirle, no lo hizo por sus muchas riquezas.
Durante la homilía Mons. De Gasperín dijo: "Los
mandamientos de la ley de Dios son el mínimo que se nos pide, pero no
es suficiente. Con la ayuda y la gracia de Dios hay que mirar más allá
de los mandamientos de Dios. Nuestro modelo es Jesucristo, el Buen
Pastor. Yo los invito a levantar su mirada, a aspirar a los bienes del
cielo y a los de la tierra. Necesitamos quien quiera ir a buscar las
ovejas, a dar la vida por ellas. La riqueza más grande que tenemos es
el tiempo que Dios nos concede.
Necesitamos sacerdotes con grandes propuestas, con
proyectos, que abran perspectiva. Sacerdotes con entusiasmo, que vayan
adelante abriendo camino. Este tiempo del seminario es para cultivar
su mente, sus dones, sus dotes humanos, prepararse para un servicio de
calidad, para ser pastores sabios, capaces de descubrir la voluntad de
Dios para cumplirla.
El Papa Benedicto XVI decía a los Obispos reunidos
en la V CELAM: Los bienes del cielo y Dios son una realidad, y son la
fuente y el sustento de toda realidad.
Que la Virgen Santísima nos alcance el conocer la
voluntad de Dios para cumplirla".
Al concluir la Eucaristía se reunieron todos en torno a
la mesa para convivir, ahí el Pbro. Martín Lara Becerril, Rector del
Seminario, dirigió estas palabras al Sr. Obispo:
"Excmo. Sr. Obispo: Cada etapa en la historia de
salvación, merece su reconocimiento y su acción de gracias, así es
como queremos ver y leer la historia.
Hace 18 años su llegada a tierras queretanas marcó
la historia y la historia de salvación en nuestra Diócesis y nuestro
seminario.
Nuestros antecesores, formadores y alumnos lo
recibieron como el Obispo, el pastor de las ovejas, el maestro, el
padre y amigo. Y a 18 años de caminar juntos, somos testigos de
primera mano de esta realidad, herencia de nuestros mayores.
Vemos en usted al enviado y custodio de nuestra fe,
al maestro de ella, al guía espiritual y ejemplo a seguir.
Pero de manera especial, queremos agradecer desde
nuestro seminario, corazón del Obispo y pupila de la Diócesis:
-
Su presencia permanente y constante en nuestro
seminario.
-
Su ejemplo de cristiano, presbítero y Obispo.
-
Su preocupación prioritaria por el Seminario: la
persona de los seminaristas, sus programas de formación, sus
actividades, sus necesidades, sus sacerdotes y sus nuevas
adaptaciones.
-
Sus cartas pastorales, hemos procurado que cada
seminarista las tenga y las lea. En ellas encontramos la voluntad de
Dios para nuestra Diócesis y nuestro seminario. Según sus
orientaciones pastorales hemos procurado encaminar el seminario y
animarlo con su enseñanza diocesana, siempre pensando en responder a
las necesidades eclesiales.
-
Su apoyo sin ninguna vacilación en el momento duro
de prueba y de dificultad.
Sr. Obispo, el Seminario Mayor es su presbiterio
inmediato del futuro, aquí están sus colaboradores más próximos, sus
vicarios y párrocos del futuro.
Hoy, equipo formador y alumnos le agradecemos a Dios
sus 18 años de intensa actividad pastoral y evangelizadora, pero
también agradecemos a usted su esfuerzo, entrega, dedicación y
preocupación. Sabemos por experiencia propia que su Seminario ocupa el
primer lugar en su corazón y esto nos llena de alegría y
agradecimiento a Dios y a su persona tan generosa.
Queremos ofrecerle un sencillo reconocimiento
material a usted, por tanto que ha hecho por nosotros. Pero sobre
todo, le ofrecemos el corazón de los seminaristas ardientes en sed
sacerdotal, jóvenes con inquietudes grandes de servir y amar a sus
hermanos, jóvenes que luchan por la santidad, aunque muchas veces
envueltos en debilidad.
Que Jesús el Buen Pastor resucitado le bendiga en
abundancia en este año jubilar episcopal que ya se acerca, que el
Espíritu Santo lo llene de su fuerza santificadora para que nos siga
guiando y acompañando, y que nuestro Padre Dios lo cobije en sus
brazos paternales para poder llevar adelante su ministerio y que su
servicio a este seminario y a esta Diócesis se transforme en un
renacer, en una primavera fecunda de vocaciones y en ardiente amor a
la Santa Eucaristía.
Con cariño y respeto para usted, su seminario,
alumnos y formadores".
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