En el centro de la Ciudad Episcopal de
Santiago de Querétaro está el Templo de Nuestra Señora de la Merced,
donde este Lunes 24 de Septiembre se celebró a la Santísima Virgen.
El Sr. Obispo Dr. Don Mario De Gasperín
Gasperín fue invitado por los padres mercedarios, para que presidiera
la Celebración Eucarística, en la que participaron también los padres
franciscanos y miembros de diversas asociaciones de laicos.
Mons. De Gasperín inició así su
homilía: "Qué hermosas palabras, hermanas y hermanos, de la santa
Escritura del apóstol san Pablo, cuando llegó la plenitud de los
tiempos. Dios tiene su tiempo, el tiempo está en las manos de Dios. Y
cuando Dios va interviniendo en ese tiempo, ese tiempo se va
convirtiendo en tiempo sagrado y ese tiempo en el que transcurre
nuestra vida, se llama historia. Y cuando Dios interviene en este
tiempo y en nuestra historia, se llama historia de salvación. Porque
Dios, hermanos y hermanos, es el Señor del tiempo y la historia".
Luego habla de la Virgen: "Dios
escoge a la Hija, a la Virgen, Hija de Sión, a la flor preciosa del
pueblo de Israel, la Virgen Santísima es la floración más hermosa de
todo el pueblo de Israel. Y sobre Ella que fue preservada de toda
mancha de pecado, desciende el Espíritu Santo, el Señor y Dador de
Vida y concibe un Hijo, que es Jesucristo nuestro Salvador. Dios así
cumple sus promesas y se apiada de nosotros. Este momento de la
Encarnación y del nacimiento del Hijo de Dios es el momento cumbre de
nuestra redención, de nuestra salvación".
También se refirió a la invitación de
los Obispos en Aparecida: "dar gracias a Dios por el don de la fe y
a alegrarnos con el Señor y la Virgen Santísima,
por este regalo maravilloso que es la
fe católica y que es la santa Iglesia, nos invita por ejemplo a
reconsiderar nuestro bautismo, a darnos cuenta de lo que ha pasado ya
en nuestra vida, de las bendiciones inmensas con que Dios nos ha
bendecido por medio de la santa Iglesia y a entonar con la Santísima
Virgen un Magnificat, un canto de acción de gracias por el don de la
fe y la pertenencia a la familia de los hijos de Dios y en ella y por
ella, por la Iglesia, la esperanza de salvación".
Concluyó así: "La Madre de
Jesucristo, nuestro Salvador y Libertador, nos ayude a vernos siempre
libres de pecado, de esas esclavitudes que trajo Satanás y que todavía
se enseñorea de la humanidad y quizá también de nosotros. La Virgen
nos alcance, pues, la plena libertad de los hijos de Dios, que nos
trajo su Hijo Jesucristo. Que así sea".
Al concluir la Misa, Fray Germán Mejía,
Superior de los padres mercedarios, agradeció al Pastor Diocesano por
acompañarles en esta fiesta de la Santísima Virgen María.
Los fieles desfilaron bajo el manto de
la Santísima Virgen para pedir sus mercedes y sentirse cobijados con
su manto de Madre.