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CELEBRAN ANIVERSARIO DE LA PARROQUIA
DE LAS BIENAVENTURANZAS
Santiago
de Querétaro, Qro., 20 de Octubre de 2007
En
el XVIII Aniversario de la Parroquia de Las Bienaventurazas de la
Ciudad Episcopal, el Sr. Obispo D. Mario De Gasperín Gasperín fue
invitado por el Sr. Cura Pbro. Leodegario Sergio Ramírez González,
para impartir los sacramentos de la Confirmación y de la Eucaristía a
miembros de la comunidad, y también para bendecir la casa cural.
Mons. De Gasperín habló así en la homilía:
"En el bautismo ya nos marcaron en la
frente con la cruz de Cristo, ahora el Sr. Obispo también los va a
marcar en la frente con la cruz gloriosa de Jesucristo, junto con ese
signo de la cruz, van a recibir la marca en su corazón, van a recibir
al Espíritu Santo de Dios. Antiguamente a este sacramento de la
Confirmación se le llamaba 'sello', porque el Espíritu Santo es el
sello de Dios, que nos marca el alma y el corazón con el rostro de
Jesucristo.
El Espíritu Santo es el Espíritu de
Jesucristo, el del hijo de Dios. Entonces, cuando el Sr. Obispo les
haga la señal de la cruz en la frente con el santo crisma —el óleo
perfumado—, en ese momento el Espíritu Santo, les va a marcar en el
corazón, en el alma, la imagen de Jesucristo para siempre. Van a
quedar —dice la santa Biblia, san Pablo— configurados con Cristo,
configurados con la misma figura de Jesucristo, el mismo rostro de
Jesucristo se va a grabar en su corazón por la acción del Espíritu
Santo, con el fuego del Espíritu Santo, por eso el Espíritu Santo se
le representa también con unas llamas de fuego que penetra hasta el
fondo del alma".
Concluyó su predicación con estas palabras:
"Me da mucho gusto, nuevamente estar
con ustedes, animarlos, felicitarlos por todo el trabajo realizado, e
invitarlos también a crecer en la fe, dar gracias a Dios por tantos
beneficios, pedir a estos jóvenes, a sus papás y padrinos, que el
Espíritu Santo no se muera en su corazón, sino que trabaje, haga su
obra, la obra divina, la obra de Dios en su corazón. Que vaya
reflejando en sus vidas, en su conducta, en su modo de ser, el rostro
de Jesucristo —en sus diversos paso—, rostro de joven, rostro de niño,
de Cristo doloroso cuando tenemos que sufrir, sobretodo con la
esperanza de que el rostro de Cristo resplandeciente brille en
nuestras vidas para la eternidad allá con Jesús en el cielo. Que así
sea."
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las fotos para ampliarlas.
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