CÍRCULO BÍBLICO - I DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO C


Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma

Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Profética

 

 

 

1. LECTURA DEL TEXTO: Lc 21, 25-28.34-36

(Se pide la luz del Espíritu Santo. Cada uno lee en su Sagrada Escritura)

 

En aquel tiempo,  Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre los habitantes de la tierra. Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre.

 

Repasar el texto leído

(Se pregunta a los participantes y responden leyendo los versículos en su Biblia) 

¨ ¿Dónde habrá señales prodigiosas y qué sucederá en la tierra? v. 25

¨ ¿Qué pasará a los hombres y en qué momento? v. 26

¨ ¿Cómo será la venida del Hijo del hombre? v. 27

¨ ¿Qué se debe hacer cuando sucedan estas cosas? v. 28

¨ ¿Qué vicios distraen el corazón y evitan estar preparados para ese día? v. 34

¨ ¿Cómo será el día en que venga el Hijo de hombre? v. 35

¨ ¿Cómo podemos presentarnos sin temor ante el Hijo del hombre? v. 36

Explicación del texto

Jesús hace este discurso al ver la admiración que causaba el Templo de Jerusalén en algunos judíos (21,5).  El Templo era una construcción magnífica, símbolo de identidad judía, era el lugar visible donde Dios habitaba en medio del pueblo elegido. Herodes el Grande lo amplió y lo acondicionó, pues había quedado en malas condiciones hacia el año 586 a. C. debido a la invasión y al saqueo de Nabucodonosor rey de Babilonia. Herodes, le dio mayor esplendor al edificio, completando la reconstrucción iniciada al regreso del destierro de Babilonia. Esta construcción estuvo en pie desde el año 20 a. C. hasta el 63 d. C. aproximadamente. El esplendor del Templo se debía a sus grandes piedras, las cintas de oro adheridas a sus paredes externas que reflejaban los rayos del sol y mostraban a los peregrinos la magnificencia de la construcción a una gran distancia, la inmensa riqueza contenida en su interior, el oro, las magníficas ofrendas. Pero de todo eso no quedaría “piedra sobre piedra” (21,6). Las palabras de Jesús se convierten en proféticas, de hecho, la destrucción del Templo fue una catástrofe confirmada hacia Agosto-Septiembre del año 70 con el Emperador romano Tito. Con este acontecimiento se esfuma el esplendor del Templo y del culto que ahí se celebraba, para nunca más volver a ser lo mismo.

Con este discurso Jesús quiere responder a las preguntas de los oyentes: “¿Cuándo sucederá eso? ¿Cuál será la señal de que todo eso está por ocurrir?” Jesús responderá haciendo una invitación a la vigilancia (21,34-36). La mención de la ruina de Jerusalén, es el punto de partida para que Jesús se refiera también a los acontecimientos que sucederán a nivel mundial-cósmico, a modo de preludio para la liberación auténtica que se cumplirá con la segunda venida del Hijo del hombre (21,25-36). El texto no habla de la aniquilación del mundo, el lenguaje está cargado de símbolos apocalípticos (reveladores), Jesús vendrá por segunda vez con poder de juzgar. Los signos de la convulsión en la naturaleza es una manera de hacer entender la intervención divina, cuando opera el poder divino nada ni nadie permanece indiferente. Ante todo, son para el creyente los signos de una intervención salvífica de Dios en favor de los hombres.

 

2. MEDITACIÓN DEL TEXTO

(Cada participante puede compartir su reflexión personal) 

Con este domingo comenzamos el tiempo litúrgico del Adviento que nos prepara a la celebración de la Navidad. Es el fin de un año y el comienzo de otro en nuestro calendario de celebraciones litúrgicas. El sentido del Adviento consiste en ser al mismo tiempo fin y comienzo. En las primeras dos semanas, las lecturas bíblicas nos orientan a reflexionar en el “fin de los tiempos” es decir, nos preparan para recibir a Jesús que vendrá por segunda vez al final de los tiempos, pero ahora como Juez, en la gloria de su Reino. En las siguientes semanas se acentuará más la preparación para celebrar el nacimiento de Jesús, recordando su entrada en la historia cuando nace en Belén de Judá. 

La Palabra de Dios de este domingo nos da esperanza en la segunda venida de Jesús, porque será una presencia liberadora (v.28). El discípulo no está llamado, ni siquiera a partir de este texto, a vivir su fe movido por el temor. A pesar del lenguaje apocalíptico y catastrófico, la segunda venida del Hijo del hombre, será un gran acontecimiento de liberación. No debemos centrar nuestra atención en las descripciones de la catástrofe final, son un medio literario de la época. El texto no permite deducir la aniquilación cósmica y tampoco la humana. Nuestra fe no está puesta en los acontecimientos descritos, sino en la venida del Hijo del hombre. El cristianismo no tiene informaciones secretas sobre el fin y por tanto, no nos dejamos llevar por especulaciones “gnósticas” olvidándonos de vivir el mundo presente. La actitud del cristiano debe ser de esperanza y nunca de temor. La venida del Hijo del Hombre trae nuestra liberación definitiva, liberación de la que ya participamos gracias al sacrificio de Jesús en la cruz. 

La verdadera actitud del cristiano debe ser de vigilancia, hay que evitar el dejarse arrastrar por la forma de actuar de los insensatos, aquellos que piensan que lo tienen todo para vivir al margen de Dios, seguros de sí mismos. El creyente cristiano tiene que vivir como el servidor que espera en cualquier momento la vuelta de su señor. Los cristianos no deben sucumbir a las atracciones de este mundo que nos puedan apartar del camino evangélico; para ello es necesario la oración vigilante, así podrán presentarse ante el Señor como Juez sin temor a ser rechazados.  El presente tiene que vivirse sin olvidar la esperanza del futuro. A través de las opciones hechas hoy es como el cristiano prepara su encuentro misterioso, lleno de esperanza, con el Hijo del hombre. La vigilancia y la oración son dos comportamientos que reciben su fuerza de su meta: el encuentro decisivo con el Señor resucitado. Jesús previene a sus oyentes de tres actitudes: el libertinaje, la glotonería; la embriaguez y la intranquilidad o preocupaciones de este mundo. Las dos primeras actitudes hacen referencia a un estilo de vida disipado en el cual, el placer del vientre es la norma máxima. La tercera hace referencia a un estilo de vida acongojado y por lo tanto, falto de confianza en la providencia. Estas actitudes contra las que previene Jesús, adquieren otros matices: suponer la ausencia de Dios, creer en un Dios muy lejano que no se preocupa por el hombre; vivir como si Dios no existiera, considerando que le somos indiferentes y que nuestras acciones no importan, ni los afanes, ni los sufrimientos, ni el dolor humano. En estas actitudes el verdadero discípulo no ha de ser sorprendido al regreso del Hijo del hombre. 

El tiempo de adviento que ahora comenzamos es un tiempo oportuno para revisar nuestra vida y confrontarla con el plan de Jesús. Es un tiempo de conversión personal y comunitaria, porque nos lleva a tomar conciencia de que somos peregrinos en este mundo y vamos en camino hacia la patria eterna. Que la esperanza en la salvación definitiva en Jesús nos lleve a vivir con la cabeza levantada con dignidad y la seguridad de que no estamos solo, Jesús camina con nosotros hasta la vida eterna.

 

3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO

(Cada participante puede proponer compromisos personales y comunitarios) 

¨ Hacer un programa de vida para vivir mejor el Adviento

¨  Hacer un buen examen de conciencia y confesarse para renovar la comunión con Jesús

¨ Intensificar los momentos de oración personal y comunitaria

¨ Evitar caer en el sinsentido del consumismo que ofrece el mundo hoy

¨ Vivir el tiempo de Adviento como tiempo de salvación

 

4. ORACIÓN

 

Si vienes conmigo y alientas mi fe,

si estás a mi lado a quien temeré.

A nada tengo miedo, a nadie he de temer,

Señor si me protegen tu amor y tu poder.

Me llevas de la mano, me ofreces todo bien,

Señor tú me levantas si vuelvo a caer.

Qué largo mi camino, qué hondo mi dolor:

Ni un árbol me da sombra, ni escucho una canción.

¿Será que a nadie puedo mirar sin sonreír?

Señor, Tú sólo quedas, Tú sólo junto a mí.

E n cosas que se mueren yo he puesto el corazón,

fue tierra mi tesoro, fue vana mi ilusión;

en cosas que se mueren me voy muriendo yo:

Tú sólo vienes siempre, Tú sólo mi Señor.

 

 

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