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EL ARTE SACRO EN LA LITURGIA Y EN LA
PIEDAD POPULAR
Pbro.
Prisciliano Hernández Chávez, CORC.
1. Textos
Clave
Se ofrecen
estos textos clave como punto de partida y de reflexión
para introducirse en la dinámica
del arte sacro y de su finalidad específica
en orden a la pedagogía mistagógica y a la experiencia
contemplativa.
Tenemos en
gran estima la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia,
el
Magisterio de la Iglesia, la enseñanza de los santos y de los teólogos
en comunión con la Iglesia, el magisterio de nuestro Obispo Don Mario
de Gasperín Gasperín. En una palabra, todo el riquísimo patrimonio
que hemos heredado también en los bienes culturares de la Iglesia.
El conjunto de
la tradición que recibimos, que hemos de asimilar, venerar, hacer vida
y cultura en nuestro tiempo. El discernimiento en apertura al Espíritu Santo y a la Palabra de Dios, nos
permitirá no sólo conservar sino también acrecentar
este patrimonio, herencia decorosa, digna y bella de los
que nos precedieron en la misma fe; ésta es la clave por
excelencia en la perspectiva de la encarnación y del misterio pascual
de Cristo.
¡Qué
deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma se
consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne se
alegran por el Dios vivo. (…) .Dichosos los que viven en tu casa
alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al
preparar su peregrinación.(…). Un solo día en tu casa vale más que
otros mil, prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los
malvados. (Salmo 83/84).
Lex
orandi, lex credendi, lex celebrandi, lex vivendi, lex aedificandi.
(Interrelaciones, interdependencias, organicidad, jerarquía).
Oh Dios,
santificador y guía de tu Iglesia, / celebramos tu nombre con
alabanzas jubilosas, / porque en este día tu pueblo quiere
dedicarte, para siempre,/ con rito solemne,/ esta casa de
oración,/ en la cual te honra con amor, se instruye con tu
palabra y se alimenta con tus sacramentos./ Este edifico
hace vislumbrar el misterio de la Iglesia,/ a la que Cristo
santificó con su sangre,/ para presentarla ante sí como Esposa
llena de gloria,/ como Virgen excelsa por la integridad de la
fe,/ y Madre fecunda por el poder del Espíritu./ Es la Iglesia
santa, la viña elegida de Dios,/ cuyos sarmientos llenan el mundo
entero,/ cuyos renuevos, adheridos al tronco,/ son atraídos hacia lo
alto, al reino de los cielos./Es la Iglesia feliz, la morada de
Dios con los hombres,/ el templo santo, construido con
piedras vivas,/ sobre el cimiento de los Apóstoles,/ con Cristo
Jesús como suprema piedra angular./ Es la Iglesia excelsa,/ la
Ciudad colocada sobre la cima de la montaña,/ accesible a
todos, y a todos patente, / en la cual brilla perenne la
antorcha del Cordero/ y resuena agradecido el cántico de los
bienaventurados./ Te suplicamos, pues, Padre Santo,/ que te dignes
impregnar con santificación celestial/ esta iglesia y este altar,/
para que tus hijos, Padre, muertos al pecado, renazcan a la vida
nueva./
Que tus fieles, reunidos junto a este altar, celebren el memorial
de la Pascua/ y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de
Cristo./ Que resuene aquí la alabanza jubilosa/ que
armoniza las voces de los ángeles y de los hombres,/
y que suba hasta ti la plegaria por la salvación del mundo./
Que los pobres encuentren aquí misericordia,/ los
oprimidos alcancen la verdadera libertad,/ y todos los hombres
sientan la dignidad de ser hijos tuyos, /hasta que lleguen,
gozosos, a la Jerusalén celestial./ Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo/ que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo/y es Dios, por los siglos de los siglos./ Amén.(Oración
de la Dedicación de una iglesia, Pontifical y Ritual Romanos, pág
403-404, CELAM 1978).
La
liturgia, único arte total
que existe para manifestar una y otra
vez la Pascua, cada amanecer, cada domingo, cada equinoccio de
primavera. La iglesia, único espacio de celebración capaz de
llenar poco a poco de eternidad a los seres y a las cosas.
En la iglesia todo se convierte en un juego escatológico
en torno a Cristo, porque Él vuelve, para que Él vuelva. (Olivier
Clément).
(…) el
arte en que debemos ejercitarnos en el trabajo actual y transición
del mundo es la contemplación de quien aprende a escrutar las
Escrituras y los Santos, a escrutar la Iglesia y la
Liturgia y los Sacramentos, de forma que veamos, en el
mundo en torno a nosotros y dentro de nosotros, cómo se
realiza el misterio pascual, para captar lo que tiene
peso y lo que es paja ante la Cruz del Señor. (Crispino Valenciano). También en el orden de lo bello del
arte sacro.
Y todo lo
que puede ocurrir entre el hombre y Dios, entre el nacimiento y la
muerte del hombre, la luz lo encuadra entre la cruz, la agonía y la
tumba vacía, las vendas blancas, la resurrección. La luz abre
nuestra mirada a la vida y nos la hace ver como el escenario del
triduo pascual. La transfiguración es la seguridad de que la
clave pascual es la clave de una mentalidad sapiencial. Por
tanto, es la clave de la estética y de la poética litúrgica de
la Iglesia. (Crispino Valenciano).
2.
Concilio Vaticano II
Dignidad
del Arte Sacro
Entre las
actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con
razón, las bellas artes, principalmente el
arte religioso y su cumbre que es el arte sacro. Estos,
por su naturaleza, están relacionados con la infinita belleza de
Dios que intentan expresar de alguna manera por medio de obras
humanas. Y tanto más pueden dedicarse a Dios y contribuir a la
alabanza y a sus gloria cuanto más lejos están de todo propósito que
no sea colaborar lo más posible con sus obras para orientar
santamente los hombres hacia Dios. (SC 122, a).
Cualidades de las Obras de Arte Sacro
(…) la
Iglesia se consideró siempre, con razón, como árbitro de las
mismas (bellas artes), discerniendo entre las
obras de los artistas aquellas que estaban de acuerdo con la
fe, la piedad y las leyes religiosas tradicionales y que eran
consideradas aptas para el uso sagrado. (SC 124, b).
Los
Ordinarios, al promover y favorecer un arte auténticamente sacro,
busquen más una noble belleza que la mera suntuosidad.
(SC 124, a).
Libertad
Artística de la Iglesia
La
Iglesia nunca consideró como propio estilo artístico alguno,
sino que, acomodándose al carácter y las
condiciones de los pueblos y a las necesidades de los diversos ritos,
aceptó las formas de cada tiempo, creando en el curso de
los siglos un tesoro artístico digno de ser conservado
cuidadosamente.(SC 123).
(…) la
Iglesia aprueba y admite en el culto divino
todas las formas de arte auténtico que estén adornadas
de las debidas cualidades. (SC 112, c).
Arte
Moderno en la Iglesia
(…) el
arte de nuestro tiempo y el de todos los pueblos
y regiones ha de ejercerse libremente en la Iglesia, con tal
que sirva a los edificios y ritos sagrados con el debido
honor y reverencia. (SC 123).
(…)
las nuevas formas artísticas, que convienen a
nuestros contemporáneos según la índole de cada nación o región,
sean reconocidas por la Iglesia.
Recíbanse en el santuario, cuando elevan la mente a Dios, con
expresiones acomodadas y conforme a las exigencias de la liturgia. (G
et S 62 d).
Estima de
la Iglesia por los Artistas
(…) hay que
esforzarse para que los artistas se sientan comprendidos por la
Iglesia en sus actividades y, gozando de una ordenada
libertad, establezcan contactos más fáciles con la comunidad
cristiana. (G et S 62, a).
(…) la
santa madre Iglesia fue siempre amiga de las bellas artes,
buscó constantemente su noble servicio y apoyó a los artistas…
(SC 122, b.
Los
artistas que llevados por su ingenio desean glorificar a Dios en la
santa Iglesia, recuerden siempre que su trabajo es una cierta
imitación sagrada de Dios Creador y que sus obras están
destinadas al culto católico, a la edificación de los fieles y a
la instrucción religiosa. (SC 127, c).
Formación Artística
Los
Obispos, sea por sí mismos, sea por medio de sacerdotes competentes
dotados de conocimientos artísticos y aprecio por el arte,
interésense por los artistas, a fin de imbuirlos del
espíritu del arte sacro y de la sagrada liturgia. SC
127, a).
(…)
deben los seglares recibir la preparación artística,
doctrinal y moral adecuada, multiplicándose para ello el número de las
escuelas, facultades e institutos. (IM 15, b).
Los
clérigos, mientras
estudian filosofía y teología deben ser instruidos
también sobre la historia y evolución del arte sacro, sobre los sanos
principios en que deben fundarse sus obras, de modo que sepan
apreciar y conservar los venerables monumentos de la Iglesia y
puedan orientar a los artistas en la ejecución de sus obras.
(SC 129).
3.
Catecismo de la Iglesia Católica
Donde
Celebrar
1179 El culto
“en espíritu y en verdad” (Jn 4, 24) de La Nueva Alianza no está
ligado a un lugar exclusivo. Toda la tierra es santa
y ha sido confiada a los hijos de los hombres. Cuando los
fieles se reúnen en un mismo lugar, lo fundamental es que ellos
son las “piedras vivas”, reunidas para “la edificación de
un edificio espiritual” (1P 2, 4-5). El Cuerpo de Cristo
resucitado es el templo espiritual de donde brota la fuente de
agua viva. Incorporados a Cristo por el Espíritu Santo “somos templo
de Dios vivo” (2Co 6,16).
1180 Cuando el
ejercicio de la libertad religiosa no es impedido (Cf. DH 4), los
cristianos construyen edificios destinados al culto divino. Estas
iglesias visibles no son simples lugares de reunión,
sino que significan y manifiestan a la Iglesia que vive
en ese lugar, morada de Dios con los hombres reconciliados y unidos en
Cristo.
1181 “En la
casa de oración se celebra y se reserva la sagrada Eucaristía, se
reúnen los fieles y se venera para ayuda y consuelo de los fieles la
presencia del Hijo de Dios, nuestro Salvador, ofrecido por nosotros en
el altar del sacrificio. Esta casa de oración debe
ser hermosa y apropiada para la oración y para las celebraciones
sagradas” (PO 5; cf. SC 122-127). En esta “casa de Dios”, la
verdad y la armonía de los signos que la constituyen deben
manifestar a Cristo que está presente y actúa en este lugar
(Cf SC 7):
Altar
1182 El
altar de la Nueva Alianza es la Cruz del Señor (Cf
Hb 13,10), de la que manan los sacramentos del Misterio pascual. Sobre
el altar, que es el centro de la Iglesia , se hace
presente el sacrificio de la cruz bajo los signos sacramentales.
El altar es también la mesa del Señor, a la que el
Pueblo de Dios es invitado (Cf IGMR 259). En algunas liturgias
orientales, el altar es también símbolo del sepulcro
(Cristo murió y resucitó verdaderamente).
Tabernáculo/Sagrario
1183 El
tabernáculo debe estar situado “dentro de las iglesias en un lugar
de los más dignos con el mayor honor (MF-Mysterium
Fidei). La nobleza, la disposición y la seguridad
del tabernáculo eucarístico (SC 128) deben favorecer la
adoración del Señor realmente presente en el Santísimo Sacramento
del altar.
Santo
Crisma y Santos Oleos
El Santo
Crisma (Myron), cuya unción es
signo sacramental del sello del don del Espíritu Santo, es
tradicionalmente conservado y venerado en un lugar seguro
del santuario. Se puede colocar junto a él el óleo de los
Catecúmenos y de los enfermos.
La sede
1184 La
sede (cátedra) del obispo o del sacerdote “debe
significar su oficio de presidente de la asamblea y
director de la oración” (IGMR 271).
El ambón
“La
dignidad de la Palabra de Dios
exige que en la iglesia haya un sitio reservado para su anuncio, hacia
el que, durante la Liturgia de la Palabra, se vuelva espontáneamente
la atención de los fieles” (IGMR 272).
Bautisterio
1185 La
reunión del pueblo de Dios comienza por el bautismo, por tanto el
templo debe tener lugar apropiado para la celebración del
bautismo y favorecer el recuerdo de las promesas
del bautismo (agua bendita).
Confesionarios/Capilla penitencial
La renovación
de la vida bautismal exige la penitencia. Por tanto el templo
debe estar preparado para que se pueda expresar el arrepentimiento
y la recepción del perdón, lo cual existe asimismo un lugar
apropiado.
Ambientación
El templo
también debe ser un espacio que invite al recogimiento y a la
oración silenciosa, que
prolonga e interioriza la gran plegaria de la Eucaristía.
Significado Escatológico del Templo
1186
Finalmente, el templo tiene una significación escatológica.
Para entrar en la casa de Dios ordinariamente se franquea un
umbral, símbolo del paso del mundo herido por el pecado al
mundo de la vida nueva al que todos los hombres son llamados. La
Iglesia visible simboliza la casa paterna hacia la
cual el pueblo de Dios está en marcha y donde el Padre “enjugará toda
lágrima de sus ojos” (Ap 21, 4). Por eso también la iglesia es la
casa de todos los hijos de Dios, ampliamente abierta y
acogedora.
Imágenes
Sagradas
1159 La imagen
sagrada, el icono litúrgico representa principalmente a Cristo.
No puede
representar a Dios invisible e incomprensible, la Encarnación
del Hijo de Dios inauguró una nueva “economía” de las imágenes:
En otro
tiempo, Dios que no tenía cuerpo ni figura no podía de ningún modo
ser representado con una imagen. Pero ahora que se ha hecho ver en
carne y que ha vivido con los hombres, puedo hacer una hacer una
imagen de lo que he visto de Dios…con el rostro descubierto
contemplamos la gloria del Señor (San Juan Damasceno, imag. 1, 16).
Iconografía
1160 La
iconografía cristiana transcribe mediante la imagen el mensaje
evangélico que la Sagrada Escritura transmite mediante la palabra.
Imagen y palabra se esclarecen mutuamente:
Para
expresar brevemente nuestra profesión de fe, conservamos todas las
tradiciones de la Iglesia, escritas o no escritas, que nos han sido
trasmitidas sin alteración. Una de ellas es la representación
pictórica de las imágenes, que está de acuerdo con la predicación
de la historia evangélica, creyendo que, verdaderamente y no en
apariencia, el Dios Verbo se hizo carne, lo cual es tan
útil y provechoso, porque las cosas que se esclarecen mutuamente
tienen sin duda una significación recíproca. (Cc. De Nicea II, año787:
COD 111).
Imágenes
de la Santísima Virgen y de los Santos
Todos
los signos de la celebración litúrgica hacen referencia a Cristo:
también las imágenes sagradas de la Santísima Madre de Dios y de los
santos. Significan, en efecto, a Cristo que es glorificado en ellos.
Manifiestan “la nube de testigos” (Hb 12, 1) que continúan
participando en la salvación del mundo y a los que estamos unidos,
sobre todo en la celebración sacramental. A través de sus iconos,
es el hombre “a imagen de Dios”, finalmente trasfigurado “a su
semejanza” (Cf Rm 8, 29; 1Jn 3, 2), quien se revela a nuestra fe, e
incluso los ángeles, recapitulados también en Cristo:
Siguiendo
la enseñanza divinamente inspirada de nuestros santos Padres y la
tradición de la Iglesia católica (pues reconocemos ser del Espíritu
Santo que habita en ella), definimos con toda exactitud y
cuidado que las venerables y santas imágenes, como también la imagen
de la preciosa y vivificante cruz, tanto las pintadas como las de
mosaico u otra materia conveniente, se expongan en las
santas iglesias de Dios, en los vasos sagrados y sacramentos, en las
paredes y en cuadros, en las casas y en los caminos; tanto las
imágenes de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo, como las de
nuestra Señora inmaculada la santa Madre de Dios, de los santos
ángeles y de todos los santos y justos (Cc. De Nicea II: DS 600).
Contemplación de las Sagradas Imágenes
1162 “La
belleza y el color de las imágenes estimulan mi oración.
Es una fiesta para mis ojos, del mismo modo que el espectáculo del
campo estimula mi corazón para dar gloria a Dios” (S. Juan Damasceno,
oraciones sobre las sagradas imag 1, 27). La
contemplación de las sagradas imágenes, unida a la meditación de
la Palabra de Dios y al canto de los himnos litúrgicos,
forman parte de la armonía de los signos de la celebración para que
el misterio celebrado se grabe en la memoria del corazón
y se exprese luego en la vida nueva de los fieles.
4.
Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia
(Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Vat. 2002).
El
santuario, lugar de relación entre la liturgia y la piedad popular.
El santuario,
tanto si está dedicado a la Santísima Trinidad como a Cristo el
Señor, a la Virgen, a los Ángeles, a los Santos o a los Beatos, es
quizá el lugar donde las relaciones entre Liturgia y la piedad
popular son más frecuentes y evidentes. “En los
santuarios se debe proporcionar a los fieles de manera más abundante
los medios de la salvación, predicando con diligencia la Palabra de
Dios y fomentando con esmero la vida litúrgica, principalmente
mediante la celebración de la Eucaristía y de la penitencia, y
practicando también otras formas aprobadas de piedad popular”.
(261, a).
Según la
revelación cristiana, el santuario supremo y definitivo es Cristo
resucitado (cf 1Pe 2,5; Ef 2, 19-22).
Desde un
punto de vista teológico, el santuario, que no pocas veces ha
surgido de un movimiento de piedad popular, es un signo de
la presencia activa, salvífica, del Señor en la historia y un refugio
donde el pueblo de Dios, peregrino por los caminos del mundo hacia la
Ciudad futura (cf Hb 13, 14), restaura sus fuerzas para continuar la
marcha.
El
santuario, como las iglesias, tiene un gran valor simbólico:
es imagen de la “morada de Dios con los hombres” (Ap 21, 3) y
remite al “misterio del Templo” que se ha realizado en el cuerpo
de Cristo (Cf Jn 1,14; 2,21), en la comunidad eclesial (cf 1Pe 2,5) y
en cada uno de los fieles (cf 1Cor 3,16-17; 6, 19; 2Cor 6, 16).
A los ojos
de los fieles los santuarios son:
- por su
origen, quizá recuerdo de un acontecimiento
considerado milagroso, que ha determinado
la aparición de manifestaciones de devoción duradera, o de
testimonios de la piedad y el agradecimiento de un pueblo por
los beneficios recibidos;
- por los
frecuentes signos de misericordia que suceden en ellos,
lugares privilegiados de la asistencia divina y de la intercesión de
la Virgen María, de los Santos o de los Beatos;
- por la
situación, con frecuencia aislada y elevada, y por la
belleza, ya sea austera, ya exuberante de los lugares en los que se
encuentran, signo de la armonía del cosmos y reflejo de la belleza
divina;
- por la
predicación que allí resuena, llamada eficaz a la conversión,
invitación a vivir en la caridad y aumentar las obras de misericordia,
exhortación a lleva una vida caracterizada por el seguimiento de
Cristo;
- por
la vida sacramental que allí se desarrolla, lugar de fortaleza y
esperanza en la aflicción;
- por el
aspecto del mensaje evangélico que expresan, una interpretación
especial y casi una prolongación de la Palabra;
- por su
orientación escatológica, una invitación a cultivar el
sentido de la trascendencia y a dirigir los pasos, a través de los
caminos de la vida temporal, hacia el santuario del cielo (Cf Hb
9, 11; Ap 21, 3).
Siempre y
en todo lugar, los santuarios cristianos han sido, o han querido
ser, signos de Dios, de su irrupción en la historia. Cada uno de ellos
es un memorial del misterio de la Encarnación y de la redención.
(263).
Reconocimiento canónico (264)
El
santuario como lugar de celebraciones cultuales.
El
santuario tiene una función cultual de primer orden. Los fieles se
acercan, sobre todo, para participar en las celebraciones
litúrgicas y en los ejercicios de piedad
que tienen lugar allí. Esta reconocida función
cultual del santuario, no debe oscurecer en el ánimo de los fieles la
enseñanza evangélica de que el lugar no es algo determinante para el
auténtico culto al Señor (Cf Jn 4, 20-24).(265).
+
Valor ejemplar. (266).
+ Celebración
de la penitencia. (267).
+ Celebración
de la Eucaristía.(268).
+ Celebración
de la unción de los enfermos. (269).
+ Celebración
de otros sacramentos. (270).
+ Celebración
de la liturgia de las horas. (271).
La
celebración de los sacramentales
Desde la
antigüedad, la Iglesia ha tenido la costumbre de bendecir personas,
lugares, alimentos, objetos… (272, a).
Preferir la
celebración comunitaria a la individual o privada y comprometer a los
fieles para que participen de manera plena y conciente (272, d).
Es deseable
que los rectores de los santuarios establezcan a lo largo del día, en
los períodos de mayor afluencia de peregrinos, momentos
especiales para celebrar las bendiciones; en
ellos, mediante una acción ritual caracterizada
por la verdad y la dignidad, los
fieles comprenderán el sentido genuino de la bendición y el
compromiso de observar los mandamientos de Dios, que comporta la
“petición de una bendición”. (273).
Santuario como
lugar de evangelización. (274).
Santuario
como lugar de caridad (…)es por sí mismo un hogar que irradia la luz y
el calor de la caridad (…). (275).
El
santuario como lugar de cultura
Con frecuencia
el santuario es ya, en sí mismo, un “ bien cultural”,
en él se dan cita y se presentan, como resumidas en una síntesis,
numerosas manifestaciones de la cultura de las poblaciones
vecinas: testimonio históricos y artísticos, formas
de expresión lingüística y literaria, expresiones musicales típicas.
Desde este
punto de vista, el santuario resulta con frecuencia un punto de
referencia válido para definir la identidad cultural de un pueblo.
Y en cuanto que en el santuario se da una síntesis armoniosa entre
naturaleza y gracia, piedad y arte, se puede proponer como
expresión de la Via pulchrituninis para contemplar la
belleza de Dios, del misterio de la Tota pulcra , de las
admirables experiencias de los Santos.
Además, cada
vez se tiende más a hacer del santuario un “centro de cultura”
específico, un lugar en el que se organizan cursos de
estudio y conferencias, donde se acometen interesantes
iniciativas editoriales y se promueven representaciones sagradas,
conciertos, exposiciones y otras manifestaciones artísticas y
literarias.
(…) los
responsables de los santuarios deben procurar que la dimensión
cultural no adquiera una importancia mayor que la cultual. (276).
La
peregrinación
- Dimensión
cultual. La peregrinación es esencialmente un acto de culto: el
peregrino camina hacia el santuario para ir al encuentro con Dios,
para estar en su presencia tributándole el culto de su adoración y
para abrirle su corazón.
En el
santuario, el peregrino realiza numerosos actos de culto, tanto de
orden litúrgico, como de piedad
popular. Su oración adquiere formas diversas; de alabanza y
adoración al Señor por su bondad y santidad; de acción de gracias por
los dones recibidos; de cumplimiento de un voto, al que se había
obligado el peregrino ante el Señor; de imploración de gracias
necesarias para la vida, de petición de perdón por los pecados
cometidos.
Con mucha
frecuencia la oración del peregrino se dirige a la Virgen María, a los
Ángeles y a los Santos, a quines reconoce como intercesores validos
ante el Altísimo. Por lo demás, las imágenes veneradas en el santuario
son signos de la presencia de la Madre y de los Santos, junto al Señor
gloriosos, “siempre vivo para interceder” (Hb 7, 25) a favor de los
hombres y siempre presente en la comunidad que se reúne en su nombre (Cf
Mt 18,20; 28,20): La imagen sagrada del santuario, sea de Cristo,
de la Virgen, de los Ángeles o de los Santos, es un signo santo de la
presencia divina y del amor providente de Dios; es testigo de
la oración, que de generación en generación se ha elevado ante
ella como voz suplicante del necesitado, gemido del afligido, júbilo
agradecido de quien ha obtenido gracia y misericordia. 286).
- Dimensión
de comunión. El peregrino que acude al santuario está en comunión
de fe y de caridad, no sólo con los compañeros con quines realiza e
“el santo viaje” (Cf Sal 84, 6), sino con el mismo Señor, que camina
con él, como caminó al lado de los discípulos de Emaús (Cf Lc 24,
13-35); con su comunidad de origen, y a través de ella, con la Iglesia
que habita en el cielo y peregrina en la tierra con los fieles que, a
lo largo de los siglos, han rezado en el santuario; con la
naturaleza que rodea el santuario, cuya belleza admira y siente
movido a respetar; con la humanidad, cuyo sufrimiento y
esperanza aparecen en el santuario de diversas maneras, y cuyo ingenio
y arte han dejado en él numerosas huellas. (286,m ).
- Desarrollo
de la peregrinación. Desde la
antigüedad, el peregrino ha querido llevarse un “recuerdo”
del santuario visitado. Se debe procurar que los objetos,
imágenes, libros, transmitan el auténtico espíritu del
lugar santo. Se debe conseguir que los lugares de venta no
estén en el área sagrada del santuario, ni tengan el aspecto de un
mercado. (287, h).
5. Enseñaza
de Nuestro Obispo, Mons. Mario de Gasperín Gasperín
Piedad
popular y liturgia
La
piedad popular consiste en las
diversas manifestaciones de índole cultural y religioso
que expresan la fe y las creencias de un conglomerado humano, no
con los ritos propios de la Liturgia sino con prácticas y formas
particulares derivados del modo de ser y de la cultura de un pueblo.
Cuando los contenidos dicen referencia a la fe cristiana y se inspiran
en ella, estas expresiones adquieren un gran valor y deben ser
tratadas con respeto y aprecio, pues manifiestan la fe del pueblo
sencillo y conllevan a veces grandes sacrificios. (…) la Iglesia
nos invita a revisar y confrontar dichas prácticas religiosas con la
Palabra de Dios y a relacionarlas siempre con las celebraciones
litúrgicas. La auténtica piedad popular se inspira en la
liturgia y conduce a ella; no la contradice ni la suplanta,
sino que la enriquece con su vitalidad. (…) Al no entender la
naturaleza de la Liturgia, los contenidos, o sea, misterios santos que
se celebran y los signos qu3e los expresan, los files prefieren las
prácticas sencillas de la piedad popular, para ellos más
significativas, que poco a poco se van deteriorando y sustituyendo a
la Liturgia. La piedad popular es un tesoro valioso, pero
frágil, que hay que cuidar con esmero y celo pastoral.( La
Fiesta de Dios, pág 24 y 25)
Culto y
belleza
En las
celebraciones litúrgicas se
manifiesta de muchas maneras la belleza de Dios, en la
arquitectura, la música, la pintura, la escultura, los ornamentos, la
poesía; a veces de manera
suntuosa, como en las grandes catedrales, a veces de manera humilde,
como en nuestras artes populares. La Iglesia aprecia y
cultiva la belleza para gloria de Dios. (…) El arte sacro refleja la
belleza de Dios y sirve al hombre para elevarse hasta El. Dios
hizo todas las cosas, y las hizo buenas y las hizo
bellas. El es la Belleza increada y la creación es su reflejo.
El arte y la belleza en la liturgia no es un lujo, sino una
necesidad. Esto no quiere decir suntuoso, sino con noble
decoro. (…) La belleza siempre comienza con el orden y la
limpieza y es expresión de amor. (…)La Iglesia no tiene un
arte propio, sino que asume y recrea todo lo noble y bello que existe
en las culturas, a las que fecunda con la savia del Evangelio. En
México, la Iglesia tomó, asimiló y ennobleció todas las
manifestaciones artísticas de los pueblos
autóctonos y dio por resultado la riqueza de nuestro arte
religioso y popular. Esto se llama ahora inculturación del Evangelio.
(Ibidem pág 31 y 32).
Fiesta
Patronal
- Las
fiestas patronales expresan la riqueza de la piedad popular.
- En las
fiestas patronales la primacía corresponde a las celebraciones
litúrgicas, y éstas no deben mezclarse con acto de piedad popular.
- Las
expresiones de piedad popular deben cultivarse e irse purificando,
de modo que expresen cada vez con mayor madurez y autenticidad de la
fe de la Iglesia.
- La
fiesta patronal es la celebración del misterio pascual de Cristo
cumplido en sus miembros. (Celebremos la fiesta, Nº 11 pág
5).
Las
danzas
(…) atender
cuidadosamente a este sentido profundamente religioso de las danzas
indígenas, para incorporarlas debidamente a la
fiesta religiosa cristiana, comenzando por el aseo y por el
correcto y digno vestuario de los danzantes. (…).(Ibidem
No. 26, pág 139)
Participación económica
(…) Con esa
participación económica deben mejorase el templo, las instalaciones
parroquiales y el ajuar litúrgico: cálices, ornamentos, misal, sonido,
etcétera(…). (Ibidem No. 28, pág 14).
Las
flores
Las flores
expresan no sólo la belleza, sino la verdad del corazón, lo agradable
y lo que nos asemeja a Dios, la gratitud; manifiestan también lo que
perdura, a pesar de lo efímero de la existencia, es decir, la vida
trascendente y duradera. Por eso las flores son un elemento
esencial a la expresión religiosa popular. Si bien es
aconsejable no caer en el despilfarro, debemos entender y
respetar este significado profundo que tienen las flores para nuestro
pueblo creyente; deberá eso sí, cuidarse la estética del altar,
evitar el amontonamiento de flores y, por supuesto, eliminar las
flores de platico, expresión de una cultura utilitaria y
ajena. Las flores de plástico no tienen cabida en el altar. (Ibidem
No. 33.1, a pág 18)
La luz
El simbolismo
de la luz está unida al día, al sol y a Dios; Dios es luz. (…). (A
la veladora) debe dársele en el templo un lugar y uso apropiado
dentro de las celebraciones litúrgicas y en las manifestaciones
populares de fe. (Ibidem 33.1, d pág 20).
Imágenes y estandartes
Las cofradías
o asociaciones piadosas suelen tener y llevar en procesión sus
imágenes y estandartes, así como los fieles usar cruces,
escapularios y medallas (…).Las imágenes y estandartes suelen
traerse en procesión, la cual a veces se entiende como visita del
Santo peregrino al Santo de la fiesta, visita que luego deberá ser
correspondida. Este es un sencillo pero hermoso signo de comunión y
fraternidad, que debe cuidarse y resaltarse dada la propensión de los
pueblos a vivir no sólo separados sino enfrentados para salvaguardas
su identidad. (Ibidem 33.2 e pág 20 y 21)
Las
medallas
(…)Conviene
recomendar la costumbre cristiana de bendecir y portar al cuello las
medallas, y evitar así la moda pagana actual de colgarse signos
del zodiaco y amuletos de todo género, como dientes de coyote, patas
de conejo y ojos de venado. (Ibidem 33.2 k pág 24),
Teatro
religioso
Es nuestro
deber cuidar que estos actos no suplan ni suplanten a las
celebraciones litúrgicas, que se desarrollen en un contexto religioso,
que la actuación y el vestuarios sean decorosos y que
los actores lleven una vida cristiana digna.(…). Habrá que hacer de
ellas un verdadero instrumento educativo y evangelizador. (Ibidem
33.2 l pág 24 y 25).
6. Espacio
celebrativo
La santa
Madre Iglesia desea ardientemente aquella participación plena,
consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la
naturaleza de de la Liturgia misma (… SC 14).
(Los textos y ritos) … se han de
ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que
significan y en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas
fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración
plena, activa y comunitaria (SC 21).
Estos son los
textos clave para la construcción del templo y para la confección de
las obras de arte en la iglesia. Diríamos, la regla de oro, el
criterio fundamental del arte sacro del Concilio Vaticano II es que
el ámbito sirva para que los fieles puedan participar en la
celebración plena, activa y comunitaria. Luego el canon,
la medida, el criterio fundamental o la regla es la
participación.
Después de la
resurrección y ascensión del Señor, los Apóstoles y la Comunidad
actualizaban el misterio pascual el domingo, día del Señor. Esta
celebración se tenía en casas privadas; no se tenía templos, ya que el
nuevo templo era Jesús con su pléroma, la
Iglesia, su cuerpo: la Asamblea.
A través de un
recorrido histórico de este tema, se puede encontrar diversas
ordenaciones del espacio celebrativo, condicionado por los edificios
ya existentes, como las Basílicas de uso público, como por los
materiales constructivos-el gótico el uso de la piedra sobre el
ladrillo-, hasta las ideas centradas de manera impropia en algún
aspecto de la celebración o la barrera del idioma usado en la
liturgia, que nos introdujo en una progresiva ruptura del celebrante y
la asamblea.
Con el
Movimiento Litúrgico se permite retomar lo antiguo: permitir la
participación de la Asamblea en la acción litúrgica.
Por eso se ha de considerar a la Asamblea como el punto de referencia
del trabajo arquitectónico y de arte sacro y por supuesto el honor de
Dios, creador y redentor.
Ámbito
o ambiente
Los
espacios donde la liturgia y/o la piedad popular se celebra y/o se
desarrolla, implican un lugar y todo lo que el lugar contiene: arte,
arquitectura y todos los demás objetos y elementos que se encuentran
dentro o fuera del templo. A esto lo llamamos ámbito o ambiente.
El arte
ilustra la Palabra, la Palabra explica la imagen
El arte
sacro, y por supuesto, el arte litúrgico,
no se circunscribe a la pintura, a la escultura o a todo
tipo de ajuar religioso o litúrgico (custodias, cálices,
vinajeras, forros o pastas artísticas de los libros litúrgicos,
vestiduras litúrgicas, manteles, etc., en los cuales se ha de buscar
la calidad, la autenticidad y una sencillez elegante), sino el
altar, el ambón y la sede, deben de ser obras artísticas, dentro de
una armonía.
Focos de
atención por excelencia
El altar,
el ambón, la sede, el crucifijo, la imagen de la santísima Virgen, el
Santo Patrono, deberían ser
confeccionados de manera artística; es en estos elementos donde se ha
de poner todo el empeño artístico y todos los esfuerzos conducentes a
lograrlo.
Ajuar
litúrgico, utensilios sagrados
Para todo su
mobiliario y ajuar, la Iglesia acepta el estilo artístico de cada
región, con tal de que responda a uso sagrado para el que se destinan
(cf 3ª ed t IGMR, 325)
La
naturaleza y belleza del lugar y de todos los utensilios sagrados han
de ser capaces de fomentar la piedad y manifestar la santidad de los
misterios que se celebran (cf 3ª ed t
IGMR, 294).
El ajuar
litúrgico comporta todos los enseres necesarios para la liturgia.
Ajuar, es el conjunto de enseres y equipamiento que la novia
lleva a su matrimonio y a su vida. La Iglesia es Novia, Esposa y
Madre ( cf Ap 21, 9-11).
El mantel
debe de ser blanco, digno, acorde en forma, medida y ornamentación
(cf 3ª ed t IGMR, 304) a la solidez y a la belleza del altar. Un
mantel impropio y mal escogido va en detrimento de la dignidad
litúrgica.
Es necesario
atender al diseño y a la comodidad de las bancas y reclinatorios,
dentro de la armonía estética del espacio.
Los
cálices, los copones, las vinajeras, los objetos del lavatorio
de las manos, deben no sólo de ser dignos y decorosos, sino
han de tener un impacto visual por su tamaño y su diseño,
adecuados a su utilidad.
Las
vestiduras litúrgicas, de
materiales dignos, confeccionados con una elegante sencillez. Evitar
la ornamentación sobreañadida. La ornamentación puede llevar
figuras, imágenes o símbolos que indiquen su uso sagrado. (cf 3ª ed t
IGMR, 344)
Las
velas, los candeleros, las flores, mal seleccionados pueden arruinar
un espacio celebrativo.
Pueden existir
elementos complementarios que pueden ser parte del espacio como
los vitrales, los relieves, decorados en el pavimento o en el techo.
Pueden existir objetos móviles. Estos han de coadyuvar a actualizar
con su belleza lo que es la liturgia memorial de la
Pascua del Señor en la asamblea.
La
sacristía puede ser un lugar donde se
puedan guardar los enseres de manera ordenada e higiénica. Los
libros litúrgicos deberían de estar en un lugar que exprese
su dignidad, el respeto y el cuidado que se les ha de tener. Es
penoso constatar que los misales, leccionarios o rituales están
sucios, desojados y en pésimo estado.
Las
instalaciones hidráulicas, sanitarias,
eléctricas, pararrayos, climáticas, alarmas, extintores, no sólo han
de existir, sino han de estar en perfecto estado, si el caso lo
requiere, actualizadas. Los instrumentos sonoros como el
órgano, las campanas, los relojes, los micrófonos y las bocinas, han
de ser adecuados, que funcionen y que funcionen bien.
Los
principios artísticos
Para hacer el
buen discernimiento según los principios
que nos han de regir para la obra de arte sacro o de arte litúrgico:
a) transparencia
del misterio celebrado o manifestado, b) noble sencillez,
c) autenticidad, d) belleza, e) calidad y cualidad, f) integridad, g)
hospitalidad, h) aceptar las formas de cada tiempo. No temer al arte
contemporáneo, ni inculturado.
Evitar el
mal gusto, la suntuosidad, lo superfluo, lo deficiente de calidad y
cualidad.
Es necesario
recordar lo que dice el Código del Derecho Canónico: 1& Procuren
todos aquellos a quienes corresponde, que en las iglesias haya la
limpieza y pulcritud que convienen a la casa de Dios, y evítense en
ellas cualquier cosa que no esté en consonancia con la santidad de
lugar. 2& Para proteger los bienes sagrados y preciosos deben
emplearse los cuidados ordinarios de conservación y las oportunas
medidas de seguridad (c.1220).
Se pueden
unir elementos del pasado y del presente; se deben unir las
generaciones en el gran concierto de alabanza y adoración mediante el
decoro de la Casa del Señor, que también es la Casa de nuestros
hermanos, de ayer, de hoy y del futuro.
El
atrio
Es el
umbral de la Casa del Señor y el lugar del encuentro informal, para el
antes y el después de las celebraciones.
El hombre
contemporáneo está perdiendo contacto con sus semejantes, con la
naturaleza. El atrio es un lugar necesario para estos tiempos; los
atrios han de servir para la fraternidad, para la socialización donde
los hijos de Dios se interrelacionan. El cuerpo, el alma y la
comunidad, han de experimentar la redención también en este espacio.
Es también el espacio para el equipo de acogida.
Espacio
para la asamblea
La
iglesia es el edificio sagrado destinado al culto divino,
al que los fieles tiene derecho a entrar para la celebración, sobre
todo pública, del culto divino. (CIC, 1214). Obviamente sea para la
liturgia o para la piedad popular.
Todos los
espacios son importantes, pero el de la asamblea es primordial.
Los demás espacios entran en relación con éste. Este espacio es
fundamental para la mejor participación y para que encarne su realidad
de modo más auténtico. Al respecto, en la Ordenación General del Misal
Romano, dice (…) la disposición general del edificio sagrado conviene
que se haga de tal manera que sea como una imagen de la asamblea
reunida (257). Básicamente se ha de tomar en cuenta: ver las
acciones, oír las palabras, el sentirse cerca de la acción
celebrativa. Incluso se podría acercar el altar a la
asamblea en las iglesias antiguas.
La schola
de los cantores forma parte de la comunidad de los fieles y
en ella tiene un oficio particular; el espacio se ha de buscar donde
mejor desempeñe su ministerio litúrgico donde cómodamente les sea
posible la plena participación sacramental en la Misa (3ª
ed t IGMR, 312).
Se ha de
tomar en cuenta en el espacio de la asamblea, las procesiones de la
misma asamblea, sea la de los dones o la de la comunión. Este espacio
que exige cierta movilidad, nunca es espacio perdido.
Espacio
del Presbiterio
El
presbiterio es el lugar donde está el altar, se proclama la Palabra de
Dios, y donde el sacerdote, el diácono y los demás ministros
desempeñan su oficio.
El presbiterio debe quedare diferenciado
respecto a la nave de la iglesia, bien por su cierta elevación, bien
por su estructura y ornato peculiar. Sea de tal capacidad que en él
pueda cómodamente desarrollarse y ser vista la celebración de la
Eucaristía. (3ª ed t IGMR, 295).
7. Importancia de la estética y del arte en la
pastoral. Valoración según diversos personajes
Este tema, más
allá de su especificidad, incide en el corazón y en la mente de
nosotros pastores. Nuestra formación integral, en la cual se ha de
atender no sólo al yo pensante, se ha de tomar en cuenta nuestro yo
volente, nuestro yo afectivo, en una corresponsabilidad interpersonal
bajo el imperio de Cristo según la tutela de la Iglesia, no puede,
no debe de prescindir del sentido de la estética y de las artes como
instrumentos pastorales, según aquello de Dostoyevski y recordado
por el Papa Juan Pablo II en su carta a los artistas la
belleza salvará al mundo. Bástenos recordar su
pertinencia en dos anécdotas. Paul Claudel (1868-1955) había
perdido la fe. Al pasar por la Catedral de Notre Dame y escuchar el
oficio coral y solemne de la liturgia de las horas la tarde de la
Navidad, se convirtió en un profundo creyente. Sus poemas, la
literatura, el teatro, sus ensayos son sumamente bellos, simbólicos y
realistas, de altísima inspiración y en cierto modo algunas de
carácter místico. Este hombre de enorme sensibilidad se convirtió a la
verdad del Evangelio proclamado por la Iglesia, atraído por el Buen
Pastor a través del arte en su vertiente de música y canto sacros.
Otro tanto
podemos decir de ese gran escritor vigoroso, emotivo, autodidacta,
contundente que lo fuera Giovanni Papini, (1881-1956), el autor
del libro negro y famoso por su Historia de Cristo,
un hombre acabado y Gog .Era profundamente anticlerical e
increyente. Sin embargo, permitió que sus hijas recibieran las
catequesis para su primera comunión por el interés y entereza de su
madre, mujer sencilla y devota. Al ver extasiado a sus hijas el día
de su primera comunión, contempló tal belleza, transparencia y
devoción en sus hijas, que se convirtió en un ferviente católico,
pues la verdad tenía que estar necesariamente en tanta belleza.
Cierto que no
podemos ser simplistas: ni pelagianos, ni ilusos pseudo-místicos
pasivistas del cuño de Miguel de Molinos. La buena factura e
inspiración estética han de estar unidos a la gracia del Señor. Se
ha de confiar totalmente en Dios como si todo dependiera de El, pero
se ha de trabajar como si todo dependiera de nosotros, recordando a
San Agustín cima del pensamiento y volcán de sensibilidad.
Hablar sobre
el arte sacro necesariamente se implican juicios estéticos de valor
en vertientes filosóficas, teológicas y también históricas, para
poder abordar su significación de objetos que
producen esos juicios de belleza, de sublimidad o de menosprecio,
por su fealdad.
Para San
Agustín la belleza sensible es una
ordenación de percepciones, una síntesis de racionalidad y
de impresiones sensitivas donde la forma resulta decisiva. Así por
ejemplo, la belleza arquitectónica hace gozar a nuestra mirada y arrea
el ánimo hacia sí; también la dulzura musical es una estructura
racional que proporciona placer al oído; de no ser bellos los
movimientos de la danza, la vista acusará desagrado.
(De ordine). En las Confesiones (10, 34), la belleza física tiene
valor por haber sido creada por Dios, pero no es más que reflejo de la
belleza suprema, que es Dios mismo.
San Juan
Damasceno (+749) en contra de la
concepción maniquea afirma la composición del hombre, materia y
espíritu, y en consecuencia, el arte responde a esta dualidad. Las
realidades espirituales se captan a través de las impresiones
sensibles. Mediante la palabra oída se capta el sentido inmaterial de
los conceptos. Por medio de la contemplación de las obras
artísticas sensibles se asciende a la contemplación espiritual.
Según
Grosseteste (1175-1253) la belleza depende de una identidad de
proporciones.
Santo
Tomás define lo bello al decir que es
aquello que gusta al ser contemplado, id quod visum placet.
Hace concesión a lo sensible. Pero el placer que suscita el objeto
bello es de índole intelectual, pues la belleza reside en la forma
interior de carácter ontológico. Lo que constituye la belleza
no es la apariencia sensible, sino la forma que subyace en la
apariencia sensible. A esto responde otra definición de
belleza como splendor formae, esto es, en dicho de Maritain,
el esplendor de los secretos del ser que se irradian en la
inteligencia (Poesía y el Arte). En esta línea de Santo Tomás
(Suma Teológica 1, q.5, a 4, ad 1) continúa Maritain: La inteligencia
es la facultad propia de aprehensión de la belleza. Si la
belleza deleita al intelecto, se debe esto a que hay en las cosa
cierta excelencia adecuada al intelecto: hay en la belleza la
nota de integridad, por la que el intelecto se complace en la plenitud
del ser; la nota de proporción, por la que el intelecto se complace en
el orden y en la unidad; y por último, la nota de esplendor o
claridad, por la que el intelecto se complace en la luz, que, emanando
de las cosas, determina que el intelecto vea.
Dice
Tatarkiewicz que en la alta edad media se llegaron a
intelectualizar las nociones del arte a tal punto que su estudio vino
a ser objeto de las ciencias especulativas: se asocia el
arte a la ciencia.
El
Renacimiento retoma esta aspiración
científica. La perspectiva y la proporción, serán los
grandes temas.
Piero de la
Francesca (14-1492) pretende
solucionar la problemática de la perspectiva según los principios de
la óptica.
Para
Alberti (1404-1472) la belleza es contemplada con los ojos, pero
valorada por la razón; el arte ha de ceñirse a reglas generales que
sean expresión de un orden, una proporción y una armonía de
formas.
Para
Leonardo da Vinci (1452-1519) el arte es inseparable de la
ciencia.
Para el
Cardenal Nicolás de Cusa (14-1464) el autor de la docta
ignorancia, en el arte la mente es la medida de todas las
cosas, su señorío es absoluto.
Para
Marsilio Ficino y la Academia Florentina tanto la belleza como el
arte dependen de una armonía cósmica.
En los
tiempos actuales, se ha separado lo esencial de lo existencial, lo
objetivo de lo subjetivo y emocional. Se privilegia la imaginación, el
sentimiento, la impresión, hasta llegar incluso a lo caótico y
nihilista.
Valoración
de la obra de arte
Por razón de
espacio se pueden sintetizar los criterios de valoración en dos: el
que responde a la teoría subjetivista y el que responde
a la teoría objetivista. La primera responde a quien
aprecia la obra de arte, por tanto no en relación a la obra misma sino
al consumidor estético. Es bella si te agrada. Aquí podrían entrar la
subjetividad en el plano sociológico, lo que agrada a la mayoría.
Aunque habría de constar, si en verdad la obra es buena. Se ha de
señalar, sin embargo, que uno es el mérito de la obra y otra muy
diferente el veredicto de quienes la juzgan. La segunda postura
objetivista señala que las propiedades constitutivas del valor
estético o que hacen estéticamente valioso un objeto son las
propiedades del mismo objeto a considerar. Aunque si se atribuye
valor estético a una obra de arte se está atribuyendo valor a la obra
misma, por la naturaleza del objeto. El hecho de que agrade es
signo del hecho de poseer este valor estético.
Baste señalar
como conclusión de estas dos posturas subjetivismo-objetivismo, que la
capacidad del objeto, bajo ciertas condiciones adecuadas de los
contempladores para producir cierta respuesta estética es la adecuada
valoración estética. Por tanto sugerimos la postura
realista-fenomenológica, en la valoración estética.
Apostilla
Crítica de Luis Cencillo
A
pesar de no parecerlo, la belleza es uno de los componentes básicos
y más importantes del mundo humano, es una dimensión del modo de
dársenos la realidad en cualquier circunstancia ( y su opuesto, la
fealdad, pero como accidente)…Nada está desprovisto de la pátina de
la belleza/antibelleza y las cosas…van mostrando su belleza o su
fealdad como una dimensión que se asocia a las otras experiencias
esenciales y nunca falta.- Todas las cosas que van posando junto y
frente a nosotros las encontramos o bellas o feas o vulgares. Lo que
nunca falta es esta dación aspectual estética…El caso es que si no
hubiese bellaza en las cosas y en sus conjuntos, ambientes y
panoramas, si todo fuese estéticamente neutro e insípido en nuestros
entorno, el mundo nos resultaría por sí mismo depresivo.. Y ésta
es el lubricante que hace tolerables los lugares y los sucesos. Nos
referimos a la belleza natural tanto como la artificial.- Porque a
partir de los aspectos bellos de los paisajes, los animales, las
piedras y el firmamento, la especie humana ha empleado su praxis
constitutiva en crear más belleza, belleza de otra manera, y no
puede prescindir desde que el hombre fue sapiens sapiens de dar a sus
hachas, a sus armas, as sus cuencos y a zonas de la piel de su cuerpo
formas y representaciones bellas.-
De
ordinario se permite hacer toda clase de excentricidades, y los
excéntricos y los que salen del armario se exhiben y son aplaudidos,
lo que no se permite es decir cosas sensatas o profundas, si incomodan
de lejos al Poder. Así se están formando dos elites, como en las
dictaduras; la artificialmente fabricada o la elite oficial
mediática, y la elite real en la clandestinidad, activa y
fermentaria. Por eso se ha acabado deconstruyendo la tradición
occidental de lo bello. Y se reduce a kitsch (cursilería)
lo oficial y tradicionalmente bello. Prueba de ello es que los
galeristas dictan las vigencias y determinan acriticamente lo que en
cada temporada se cotiza como arte. El negocio ha sobrepasado lo
bello en sí. Y lo bello en sí es aquel modo de estar
configurado un objeto que produce catarsis, una moderada
iluminación cósmica y una emergencia asociativa de ciertas
representaciones inconscientes. La vida inconsciente y la superación
de la inmersión en lo parcial cotidianamente momentáneo son los dos
modos extremos de percibir lo real que dan paso a la vivencia
estética. Por eso mismo el arte basurero redime la basura de su
condición antiestética y con sólo contextualizarla de otro modo, la
hace rendir estéticamente, la hace aparecer como parte válida y
expresiva casi universalmente significativa d e lo real.Y por eso,
lo mismo que el hombre actual trata de pisar suelo de Marte a tan
altos precios, va pisando la esfera del no-arte para implantar y
desarrollar en ella su creatividad pretendidamente inagotable. La
última paradoja de la belleza es que al repetirla, el arte se va
devaluando y haciéndose comercial.-
El arte
es precisamente el gusto abierto y abocado a lo que no es gusto
subjetivo, sino amor altruista y grato asombro ante lo objetivo;
lo que supera todo lo previsible. El asombro, decían los
griegos, es el origen del saber. Y lo que asombra es precisamente
aquello que no se sabe, pero que se transparenta asombrosamente en la
belleza cósmica y en el arte. (Paradojas
de la Belleza, BAC, 2003).
Algunos
textos sobre arte y religión
(Citados por
Juan Plazaola en Introducción a la Estética, 3ª ed, Deusto,
Bilbao. 1999, pág 611 a 616)
Es oportuno
conocer por sus expresiones a creadores eminentes de arte. Impacta
conocer sus vivencias estéticas que son sumamente iluminadoras.
Plotino:
el que no llega a ver bellos colores o hermosos cuerpos no es más
desgraciado que el que carece de poder, de la magistratura o de la
realeza. El desgraciado es el que no halla la belleza, sola
la belleza; para obtenerla hay que dejar los reinos y el dominio
de la tierra entera, del mar y del cielo; si, gracias a esa renuncia y
a ese menosprecio, puede uno dirigirse a ella para
contemplarla…Nuestra patria es el lugar de donde venimos y nuestro
Padre está ahí… Basta cerrar los ojos, cambiara nuestra manera
ordinaria de mirar por otra distinta y despertar esa facultad que
todo el mundo posee, pero que pocos usan. (Enéadas 1,
6.7-8).
Beethoven: La música es una revelación más
alta que toda sabiduría y toda filosofía…No tengo amigos. Debo vivir
solo. Pero yo sé que, en mi arte, Dios está más cerca de mí
que de los demás; yo me acerco a El sin temor; yo siempre le he
reconocido y comprendido. Por eso, la suerte de mi música no mi
inquieta; ningún mal puede provenir de ella; el que la comprenda se
liberará de la miseria que arrastra a los hombres (Carta
a Betina Arnim, 1810).
Baudelaire:
Por la poesía y a través de la
música es como el alma entrevé los esplendores situados detrás de la
tumba; y cuando un poema exquisito trae las lágrimas a los ojos,
esas lágrimas no son la prueba de un exceso de goce; son más bien el
testimonio de una melancolía irritada, de una exigencia de los
nervios, de una naturaleza desterrada en lo imperfecto y que
querría apoderarse inmediatamente, sobre esta tierra misma de un
paraíso revelado.(Noticias sobre
Edgar Poe).
Tonellé:
El esplendor de un atardecer, la
calma de un paisaje, un soplo de aire tibio primaveral que acaricia mi
rostro, la pureza divina de una frente de madona, una cabeza griega,
un verso, un canto, ¡cómo me llena todo de sufrimiento! Cuanto más
grande es la belleza entrevista, deja el alma más insatisfecha y más
llena de una imagen inasible. (Fragments
sur l´ art).
Rodin:
si la religión no existiese, habría
que inventarla. Los verdaderos artistas son los más religiosos de
entre los mortales. Se cree que los artistas solo vivimos para los
sentidos y que nos basta el mundo de las apariencias. Se nos considera
como niños que se emborrachan de atrayentes colores y que se
divierten con las formas como con muñecas… Se nos comprende mal.
Las líneas y los matices no son para nosotros más que signos de
realidades ocultas. Más allá de las superficies, nuestra mirada se
hunde hasta el espíritu, y, cuando luego reproducimos contornos, los
enriquecemos con el contenido espiritual que ellos cubren…El
escultor, ¿no hace un acto de adoración cuando percibe el carácter
grandioso de las formas que estudia; cando, entre líneas fugaces,
sabe desprender el eterno de cada ser; cuando sabe discernir en el
seno mismo de la divinidad los modelos inmutables según los
cuales todas las criaturas están modeladas? (L´Art,
Entretiens recuellis par Paul Gsell).
Emile
Bernard: Si Cristo hubiera pintado,
nada habría hecho que no fuera divinizado. Pónganse en ese punto de
vista, y tendrán la verdadera concepción del arte.-Imaginen que
trabajan para satisfacer a Dios y no a los hombres. Cristo decía a los
suyos: ustedes verán a Dios. El arte dice lo mismo a los suyos.-
Ser artista es unir la obra de Dios y la propia. No la materia, sino
el espíritu divino a su alma.- El arte es divino cuando es el
resultado de nuestra unión a Dios por la naturaleza .- En pintura,
como en la santidad, es necesaria la locura de lo sobrenatural.-
Nuestra sensibilidad es el teclado sobre el cual resuena la obra de
Dios; pero ella debe resonar en espíritu y no en deseo de la
imitación natural (Sur l´art et sur les maitres, 1922).
George
Desvallieres: el arte es tan
religioso por esencia, que son las palabras de los grandes santos las
que nos vienen al espíritu cuando se busca definirlo. Y para explicar
la palabra de Miguel Ángel –toda obra de arte es devota- y para
darle su verdadero sentido pienso en el famoso “ama y haz lo que
quieras” de San Agustín. Yo diría también a los pintores: “sean
artistas y hagan lo que quieran”. Pero ¿qué es lo que hace el
artista? El amor. ¿Qué amor? El amor divino… (Revu
d ´Accion francaise, 1912-1913).
Caso
aparte: Urs von Balthasar
Lo que
es auténticamente verdadero, también es genuinamente bueno y bello y
uno. Aparece un ser, tiene una epifanía: es bello.
Al aparecer se da, se entrega: es bueno. Y al entregarse se dice, se
desvela a sí mismo: es verdadero. Así se puede empezar por una
estética teológica: Dios aparece. Se manifiesta a Abrahán, a Moisés, a
Isaías, y llegada la plenitud de los tiempos la máxima
automanifestación-autorevelación en Jesucristo.
El propósito
de su obra es desarrollar la teología cristiana a la luz del tercer
trascendental: lo bello, el pulchrum: completa la visión del
verum y del bonun con el pulchrum. El abandono de
esta perspectiva ha empobrecido el pensamiento cristiano. Esto no
quiere decir que al retornar a lo pulchrum sustituya a lo
lógico y a lo ético, pues los trascendentales son inseparables entre
sí. El descuido de uno de ellos repercute catastróficamente en
los otros dos trascendentales. El camino hacia la meta
específica es la belleza en teología, a la cual llama gloria, de la
revelación misma. Considera que no ha existido ni puede existir
alguna teología intrínsecamente grande e históricamente fecunda que no
haya sido expresamente concebida y dada a luz bajo el signo de lo
bello (kalón) y de la gracia (xaris).
Si lo bello se
sitúa objetivamente en la encrucijada de aquellos dos momentos que
Santo Tomás llama species y lumen, la forma y el esplendor,
su encuentro se caracteriza por dos momentos correspondientes de
percibir y del ser arrebatado. La fe adopta una actitud de
entrega al percibir la forma de la revelación, a la vez que la gracia
se apodera del creyente y lo eleva hacia la dimensión de Dios. A la
estética teológica ha de seguirle una dramática teológica
y de una lógica teológica. Si la primera trata de la
percepción de la verdad de la manifestación divina, la dramática
trata del obrar de Dios con el hombre, encuentro de libertades; la
lógica la habrá de centrar en los modos de expresión humano-divinos, y
por tanto, desde un principio teológicos. Sólo así quedaría el
pulchrum en su debido lugar dentro de la estructura del conjunto: será
el modo en que el bonum Dei se otorga y el que Dios lo expresa como
verum y como tal es comprendido por el hombre.
Para von
Balthasar la verdad es misterio en sentido ontológico y por
tanto del ser. Este presenta dos caras el fondo y su aparición, su
intimidad y su exterioridad. Es accesible sólo en su
manifestación. El fondo no se ofrece sino en su revelación, por eso el
fondo excede a su manifestación: el fondo tiende a manifestarse,
sólo así se le contempla y por otra parte la manifestación se oculta.
La conjunción de estos elementos es el misterio.
La más grande
revelación es el máximo ocultamiento, el máximo ocultamiento es la
más grande revelación, en el plano teológico.
La generación
del Hijo comporta una cierta kénosis intradivina de recibir y
autodonarse en una eterna acción de gracias al Padre. Por eso la
Eucaristía ha de verse como centro de la Trinidad.
La razón
última del misterio que se revela y se oculta es siempre el amor del
Padre.
Sólo la
oración y la contemplación amorosa pueden llevarnos a la experiencia
suprema del misterio amoroso e inagotable del Dios uno y trino, y de
de su revelación en el Crucificado. La mística en este sentido
será la máxima estética, la máxima estética de estos
misterios, será necesariamente la mística.
8. A Modo
de Conclusión: La simpatía
o empatía simbólica. Tota pulchra es María.
No
existe creación artística ni contemplación estética sin una
interrelación objeto sujeto.
Ya que la
tendencia profunda de nuestra vida afectiva tiende a proyectarse en
los objetos con los que simpatizamos, particularmente con los objetos
bellos y en esta misma proyección podemos identificarnos con ellos,
así se puede tener una experiencia vital del yo.
En el objeto
estético, lo sensible es símbolo de un contenido espiritual. Por eso
el objeto adquiere valor.
Existe una
diversidad de modos y a la vez de unidad, como la unidad del cuerpo y
del alma. De aquí la diversidad y la unidad, su expresividad y su
plasticidad: poesía, teatro, pintura, arquitectura. La música puede
ser la gran sintetizadora y evocadora de esta simpatía-empatía.
Nuestra
empatía-simpatía teológico-estética-vivencial a la Santísima Virgen
María.
A Ella la hemos contemplado en la pintura, en la
escultura, en la música, en la poesía; en su honor se han levantado
catedrales, basílicas, santuarios y ermitas; la llevamos como
ethos y pathos de nuestro existir cristiano; la hemos cantado
en sus dogmas y la hemos sentido tan cerca porque ella nos ha
hecho con su hágase, cencalli, i.e., enteramente de casa, de
la Casa del Padre, nuestro Hogar. Por eso no existe poesía más
bella que canta la gloria de Dios, como ella misma en su misterio de
su persona y de su misión maternal. Si en otro tiempo
ella inspiró tantos prodigios de amor y de arte, ahora le decimos con
toda nuestra sinceridad de hijos pequeños: tota pulchra es María, toda
hermosa eres, María. Y con el himno de la liturgia de las
primeras vísperas de la Asunción de María:
El cielo se
maravilla,
Virgen,
viendo como a vos
junto
así ha dado Dios
la
más eminente silla.
Sobre los
altos confines del más levantado cielo
subisteis,
Virgen, del suelo
en
hombros de serafines.
Y mucho se
maravilla
el
cielo de ver que a vos
junto
así os ha dado Dios la más eminente silla.
¡Oh Dios,
quién supiera ahora
significar
la alegría
que
todo el cielo tendría
con su
nueva emperadora!
Ángeles
podrán decilla
Virgen,
y lo que con vos
hizo
vuestro Hijo y Dios
cuando
os dio tan alta silla. Amén.
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