
Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma
Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Profética
(Invocación al Espíritu Santo)
1. LECTURA DEL TEXTO BÍBLICO (2Tim 1,1-14)
Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de la vida que nos ha hecho Jesucristo, a Timoteo, mi hijo querido; gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.
Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia, según me enseñaron mis mayores, y me acuerdo de ti constantemente, día y noche, en mis oraciones. Al recordar tus lágrimas de despedida, siento un gran deseo de verte para llenarme de alegría, pues me acuerdo de la sinceridad de tu fe, esa fe que tuvo primero tu abuela Loida y tu madre Eunice y que, estoy seguro, tienes tú también.
Por eso te aconsejo que reavives el don de Dios que te fue conferido cuando te impuse las manos. Por que Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de buen juicio. No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; por el contrario, con la confianza puesta en el poder de Dios, sufre conmigo por el evangelio. Dios nos ha salvado y nos ha llamado a una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia voluntad y por la gracia que nos ha sido dada desde la eternidad en Jesucristo. Esta gracia se ha manifestado ahora en la aparición de nuestro Salvador, Jesucristo, que ha destruido la muerte y ha hecho irradiar la vida y la inmortalidad mediante el anuncio del evangelio, del cual yo he sido constituido mensajero, apóstol y maestro. Ésta es la razón de mis sufrimientos; pero yo no me avergüenzo, pues sé en quién he puesto mi confianza y estoy persuadido de que tiene poder para conservar hasta el último día la doctrina que me encomendó. Ten como norma, en la fe y el amor de Jesucristo, la sana enseñanza que has recibido de mí. Conserva con la fuerza del Espíritu Santo que habita en nosotros, esa hermosa doctrina que se te ha encomendado.
Con su Biblia en mano repasamos el texto respondiendo las siguientes preguntas:
¿Para qué ha llamado Jesús a Pablo? v.1 ¿Qué desea Pablo a Timoteo? v.2 ¿Quién le enseñó a Pablo dar gracias a Dios? v.3 ¿Para qué desea Pablo ver a Timoteo y de qué se acuerda? vv.4-5a ¿Quiénes le comunicaron la fe a Timoteo? v.5b ¿Qué le aconseja Pablo a Timoteo? v.6 ¿Qué espíritu nos ha dado Dios? v.7 ¿De qué no debe avergonzarse Timoteo y qué le pide Pablo? v.8 ¿A qué nos ha llamado Dios después de salvarnos? v.9 ¿Cuándo y cómo se ha manifestado esta gracia de Dios? v.10 ¿Qué ha sido constituido Pablo en relación con el evangelio? v.11 ¿Cuál es la razón del sufrimiento de Pablo? v.11 ¿De qué está persuadido Pablo? v.12 ¿Qué debe tener como norma Timoteo? v.13 ¿Qué debe conservar con la fuerza del Espíritu Santo? v.14
Para comprender mejor el texto tengamos en cuenta lo siguiente:
- Tanto la primera carta a Timoteo como ahora esta segunda carta, fueron escritas entre los años 90 y 100 después de Cristo.
- Seguramente fueron algunos discípulos de Pablo quienes las escribieron recordando todas las enseñanzas que habían aprendido de él.
- Los destinatarios de las cartas son los líderes de las primeras comunidades cristianas.
- La segunda carta a Timoteo habla de Pablo como prisionero, preparándose para el martirio.
- Presenta sus reflexiones sobre su vida y su ministerio, y cómo fue abandonado por muchas personas.
- Pablo le pide a Timoteo que necesita mantenerse firme aún en el sufrimiento, aunque esto implique más dolor.
2. MEDITACIÓN DE LA PALABRA ESCUCHADA
(Antes de leer esta breve reflexión conviene que cada participante comparta su meditación en el grupo)
El autor de esta carta se presenta como Pablo, apóstol de Jesucristo. Recordemos que Jesús se apareció a Pablo en el camino hacia Damasco, y ahí le reveló cuál era su vocación: llevar a Israel y a todo el mundo el mensaje del evangelio. Este encuentro fue para él un don gratuito, por eso dice que su vocación de apóstol es por la voluntad de Dios y no por un deseo meramente humano. Dios lo ha llamado para anunciar la vida eterna prometida por medio de Jesucristo. Desea a Timoteo los dones más excelentes que Dios puede otorgar: la gracia, la paz y la misericordia.
Pablo es consciente también de que ha cumplido con fidelidad el mandato del Señor, por eso da gracias por su elección y da testimonio de su conciencia limpia, la cual le asegura que ha cumplido con lealtad y generosidad la misión que le fue confiada. Pablo con un verdadero espíritu eclesial ora continuamente por todos sus colaboradores y por toda la Iglesia, sabiendo que la responsabilidad del crecimiento de la Iglesia es de todos, pero también sabe de la importancia de apoyarse con la oración, pues sin ella no se puede fortalecer la fe. Pablo añora la presencia de su fiel discípulo Timoteo, pues era un hombre con una fe ejemplar, le hace saber el profundo recuerdo que guarda de la fe sincera de su madre y de su abuela de donde él se alimentó. Es en las familias profundamente cristianas en donde surgen y maduran la vocaciones apostólicas, la fe profunda de su madre y de su abuela seguramente fueron para Timoteo el primer lugar del encuentro con Jesús resucitado.
Pablo comienza presentando los motivos que deben impulsar a Timoteo al fiel cumplimiento de su tarea apostólica:
El primero debe ser el recuerdo de su ordenación en la que le fue conferida la gracia de Dios, la cual debe reavivar constantemente, para que le siga proporcionando estímulo para mantener las cualidades que le ayudarán a superar su juventud y timidez: la fortaleza frente a las dificultades, el amor que lo impulsará a una entrega total a Cristo y al bien de los hombres, y la prudencia necesaria para el gobierno de la comunidad. Con todo esto podrá dar un valiente testimonio de Cristo, y lejos de avergonzarse de la prisión de su maestro, se sentirá dispuesto a soportar, juntamente con él, todos los sufrimientos que vengan por el cumplimiento de su tarea apostólica.
El segundo motivo que tiene que impulsarle a cumplir su misión es la voluntad salvífica de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Para cumplir con este proyecto tanto Pablo como Timoteo han sido constituidos ministros, es decir servidores de la comunidad, como medios que comunican de parte de Dios la salvación a sus hermanos. Dios es la fuente de la salvación que gratuitamente se nos ofrece gracias a la pasión de Cristo, la fe que se nos exige es sólo como condición que manifiesta que estamos dispuestos a aceptar esa gracia divina. Esa salvación responde al plan de Dios, quien por amor, nos predestinó a ser hijos suyos por medio de Cristo. Con esa filiación nos ha otorgado la vida feliz inmortal junto a Dios. A ella tenemos acceso por la fe y la aceptación del evangelio.
El tercer motivo es el ejemplo de Pablo que sufre penalidades en la prisión sin sentirse por ello desanimado. Sabe en quien ha puesto su confianza y tiene seguridad absoluta de que no se verá defraudado. La doctrina que Timoteo tiene que guardar con toda fidelidad, es la que ha recibido de Pablo, y que con el poder de Cristo será predicada a todas las gentes, cuenta para ello con la acción del Espíritu Santo, a la que como Pablo, ha de someterse dócilmente.
3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO
- Valorar y agradecer a Dios por la fe en Jesucristo, que hemos recibido, en la mayoría de los casos, de parte de nuestros padres en el hogar y de muchas personas a través de la catequesis.
- Fortalecer nuestra fe a través del estudio de la Sagrada Escritura y del Catecismo de la Iglesia.
- Defender nuestra fe con el testimonio de nuestra vida, ante muchos grupos e ideologías que nos pretenden confundir y desorientar.
- Compartir nuestra fe con los hermanos, mediante el ministerio de la evangelización en la misión parroquial.
- Hacer de nuestras familias lugares de trasmisión de la fe y de los valores humanos.
4. ORACIÓN
Oh Jesús, el otro día, en presencia de personas,
tampoco yo tuve el valor
de declararme cristiano,
la audacia de exponer las razones de mi esperanza.
Tuve miedo de parecer diferente de los demás,
de ser santo,
y te negué como Pedro.
Oh Jesús, dame la compunción de corazón
para que pueda arrepentirme,
llorar por mis pecados y oír cantar
la victoria del perdón sobre las culpas.
El arrepentimiento consiste
en abandonarse en tus brazos,
para llenarnos de tu misericordia.
Amén.